Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← En Llamas. ¿Qué pasaría si...? · de

En Llamas. ¿Qué pasaría si...? — capítulo 47

-Estamos dentro.-susurra Haymitch. Detecto cierto tono de miedo en sus palabras, e intento no pensar en lo arriesgada que debe ser esta misión para provocar miedo en Haymtich.

-¿Y ahora qué?-murmuro yo, algo asustada.

-Bajaréis cuando saquen la comida.-responde él, casi sin mover los labios.

Tras habernos tomado, lo que me han parecido al menos, cien fotos, y firmar algunos autógrafos, por fin estamos en el salón principal de la mansión de Snow. Somos de los primeros en llegar, la sala aún está algo vacía. La velada está amenizada por una música, a volumen muy bajo. Es una canción lenta, cantada por un hombre de voz grave, relajante.

A medida que pasan los minutos, va llegando más gente. Distingo a muchas de las personas más influyentes del Capitolio, la mayoría, patrocinadores. Saludo con una sonrisa a los que ayudaron a Gale o Emily en el estadio, y tengo que soportar comentarios como "*Lo siento, chica, no pudo ser"*o "A ese primo tuyo se le veía muy interesado en Marcy, ¿no?"

También los mentores de otros distritos llegan. Saludamos a Johanna Manson, que nos dice que siente nuestra pérdida. Vemos también a Garry o Isabella, con los que entablamos fácilmente conversación. Peeta y yo distraemos a Haymitch cuando Charlotte entra en la habitación, pero no da resultado. Él la ve y ambos funden miradas. Ella, finalmente, le saluda con la mano con una sonrisa tímida. Sin embargo, Haymitch le da la espalda.

-Vámonos de aquí.-nos dice, con voz entrecortada.

Los minutos pasan lenta, muy lentamente. Finalmente, cuando parecen haber pasado horas, todas las luces de la sala se apagan, y los focos enfocan un gran balcón del piso de arriba. Al cabo de unos pocos segundos, Snow aparece sobre él. La habitación explota en aplausos. Él sonríe.

-¡Felices Juegos del Hambre!-exclama.-Estos, sin duda, han sido unos juegos que no han dejado con mal sabor de boca a nadie. Finalmente, y tras mucha lucha, ha sido Philippe, del distrito 4 el vencedor.-Más aplausos.-Coronaremos a Philippe en el Coliseo de las Estrellas dentro de una semana, cuando esté recuperado. Sin embargo, no podemos empezar esta fiesta sin reconocer la labor del Distrito 12 en estos juegos…-¿Distrito 12? El corazón me empieza a latir con violencia. Unos segundos después, un enorme foco se posa por encima de nuestras cabezas.-El Distrito 12, vencedor del año pasado, ha llevado a sus dos tributos a la final. ¡Enhorabuena, mentores! Sin embargo, como la señorita Everdeen comprenderá, no todo es posible. De todas formas, ¡enhorabuena por llegar tan lejos!-Todas las personas de la sala vuelven la cabeza y nos miran, aplaudiendo con ganas. Noto cómo alguien me da palmaditas en la espalda. Los aplausos duran algo más de lo normal, y Peeta, Haymitch y yo no sabemos qué hacer. Nos limitamos a sonreír y a asentir con la cabeza.-Basta, basta…Pero el distrito 12 no ha sido el vencedor este año…El vencedor este año ha sido el distrito 4, cuyos mentores han sido Finnick Odair y Mags, ¡un fuerte aplauso para ellos!

Noto cómo las luces dejan de enfocarnos para centrarse en dos siluetas que salen con torpeza de uno de los pasillos de la mansión. Más sonriente, atractivo y seductor que nunca, aparece un radiante Finnick Odair de entre las sombras, con una Mags entusiasmada del brazo. La sala le da una cálida bienvenida con cientos de aplausos.

Finnick viste un elegante traje negro con una pajarita azul. De refilón, veo cómo lleva los gemelos de tridentes. Mags, lleva un vestido de tono celeste que le llega hasta los pies. Ambos agradecen los aplausos, y cuando éstos cesan, Finnick se acerca al micrófono.

-¡Muchas gracias a todos por venir para celebrar la victoria de Philippe!-exclama, lo que provoca de nuevo aplausos.-Tanto Mags y como yo queremos agradeceros vuestra presencia. Pero sobre todo, queremos agradecer a los patrocinadores que apostaron por Philippe, que tomaron la decisión correcta, y con los que quizá, sin ellos, no estaríamos aquí.-Las luces enfocan a un grupo de hombres extravagantes de unos setenta años de edad, que sonríen con ganas. -Gracias a todos, de verdad. Y ahora… ¡que empiece la fiesta!-concluye, guiñando un ojo, lo que provoca gritos agudos por la mayoría de las chicas de la sala.

La música, ahora a un volumen más alto vuelve a comer. Esta vez, se trata de una canción de rock, en la que la guitarra tiene mucha presencia. Pocos minutos después, docenas de carritos de comida entran en la habitación, uno de ellos es llevado por Wendy.

-Es la hora. Ve a la cocina y reúnete con Wendy.-me dice Haymitch, con una sonrisa en la cara, para aparentar que hablamos de algún tema divertido.-Suerte. Venga, vete.

Me dispongo a besar a Peeta, pero Haymitch nos separa, diciendo que no se debe de notar que me voy.

Así, comienzo a caminar entre la multitud, apretando las manos de desconocidos y devolviendo sonrisas. De repente, choco contra alguien.

-¡Woh!-exclama con sorpresa la susurrante voz de Finnick Odair, levantando su copa, que casi derrama sobre mi pelo al chocar contra él.

-¡Finnick!-digo yo, con entusiasmo.-¡Enhorabuena!-añado, dándole un abrazo.

-Muchas gracias, Katniss.-responde él, con una sonrisa radiante en su rostro.-Siento lo de…bueno, ya sabes. ¿Qué tal estás?

-Estoy.-contesto yo, encogiéndome de hombros.

-Lo superarás.-dice Finnick, colocando su mano sobre mi hombro.-Yo te veo fantástica, ¡menudo vestido!

Yo me río y él me dedica una sonrisa cariñosa.

-Tú también estás genial, Finnick…

-Oh, Katniss, tengo que irme.-me dice, mirando por encima de mis hombros, saludando a alguien.-Te veré luego, ¿vale?-A continuación, me sonríe por última vez, guiña un ojo y se marcha.

Yo observo cómo saluda con una gran sonrisa a un grupo de patrocinadores, y me pregunto si alguna vez más veré a Finnick. Al menos me hubiera gustado despedirme de él, o haber apuntado su número de teléfono, para seguir en contacto.

Entre la multitud, distingo a un Haymitch de mal humor que hace aspavientos con las manos, indicándome que vaya a la cocina.

Yo obedezco y me abro paso entre una multitud que disfruta de un delicioso banquete.

En la cocina se disputa un caos total. Hay carritos llenos de comida por todas partes, al igual que asistentes que discuten entre ellas.

-¿Estás lista?-me pregunta una voz a mis espaldas.

Me doy la vuelta, y ahí está Wendy, con rostro asustado.

-Sí, eso creo…

-Pues venga, adentro.-me dice con insistencia, levantando el mantel del carrito y dejando al descubierto un pequeño hueco en él.

-Pero… ¿aquí?-pregunto yo, alterada.

-Nadie nos mira.-afirma ella.-Además, estamos fuera del campo de visión de la cámara de la cocina.-Venga, vamos.

Sin pensármelo dos veces, respiro hondo y me acomodo en el hueco. Es un poco estrecho, pero lo suficientemente largo. Wendy deja caer rápidamente la tela del mantel que me ocultará y todo aquí dentro se vuelve oscuro. Me aseguro de que ninguna esquina de mi vestido asome. No es así, el vestido se ajusta perfectamente. Al cabo de unos segundos, el carrito empieza a moverse, y mi corazón empieza a latir con violencia.

-¿Carla, vamos abajo, entonces?-oigo la entrecortada voz de Wendy desde abajo.

-¡Sí, claro!-responde una segunda voz, muy animada.

El carro para por unos segundos, esperando al de Carla, unos segundos después, comienza a deslizarse a gran velocidad.

Me desplazo unos cuantos segundos más, quizás un par de minutos, hasta que el carro vuelve a parar.

-¿Dónde van?-pregunta una áspera voz, arrastrando las palabras.

-Les llevamos un aperitivo a los vigilantes de abajo.-responde Wendy, con un tono de voz firme.

El carrito no se mueve de inmediato. Pasan unos segundos hasta que por fin, entramos en el ascensor. Supongo que el guardia se lo habrá pensado antes de dejarnos bajar.

Noto la bajada del ascensor y siento mi corazón en la garganta. Las puertas del ascensor se abren con el sonido de unas alegres campanas y el carrito vuelve a moverse, esta vez, más despacio.

-¿Les apetece un café?-pregunta la voz de Carla.

-¡Sí, claro! Como estamos aquí, parece que todo el mundo se olvida de nosotros.-responde una voz masculina, muy alegre.

Wendy ríe nerviosamente y puedo oír el tintineo de tazas en mi carrito.

-A mí con sacarina en vez de azúcar, por favor.-dice una segunda voz, ésta mucha más seria que la primera.

-Yo lo quiero acompañado de galletas.- dice una tercera voz.

Tres voces. Tres guardias a los que drogar y a los que arrebatar las llaves. A continuación, compruebo asustada como dice una cuarta voz, mucho más temible que las anteriores:

-Yo no tomaré nada, gracias.

-¿E-está seguro?-titubea Wendy, con nerviosismo.

-Sí, gracias.

El corazón me late aún con más violencia. Esto no lo habíamos planeado, no será posible rescatar a Gale si uno de los guardias permanece despierto…

-El café que preparamos está delicioso…-comenta Wendy, y detecto un cierto tono de desesperación en sus palabras.

-He dicho que estoy bien.-dice la voz de nuevo, perdiendo la paciencia.

Wendy no dice nada más. Sigo oyendo el tintineo de tazas, y puedo oler el delicioso aroma a café. ¿Será Wendy lo demasiado consciente para no añadir el somnífero a los cafés?

-Bueno, esto ya está listo….-anuncia Carla, con alegría.

A continuación, oigo como Carla entrega a cada guardia su café.

-¿Sabe qué? Crep que al final sí que tomaré un café…

-Perfecto.-dice Wendy.

Otra vez, el tintineo de tazas, cucharas…pero esta vez más rápido, por lo que comprendo que Wendy ha echado el somnífero en los cafés.

-Tú ya puedes irte, Carla.-le aconseja Wendy a su compañera.

-Está bien.-responde la otra.-Hasta luego, caballeros.

Oigo cómo Carla abandona la sala y los mecanismos del ascensor.

Unos segundos después, oigo pasos, y finalmente, la cuarta voz.

-Gracias.-Unos segundos de silencio en los que aprecio cómo el guardia remueve su café con la cuchara y separa la taza del plato.-Pero…¿Qué diablos?

Unos profundos golpes de gente cayendo contra el suelo me alertan de que el somnífero ya ha hecho efecto en el resto de guardias.

-¿Pero qué hace?-exclama el guardia.

A continuación, oigo forcejeos.

-¡Suélteme!-grita el cuarto guardia, aunque con un extraño tono de voz, como si estuviera siendo obligado a tragarse algo por la fuerza.

Y finalmente, tras unos pocos segundos, silencio. Silencio que sólo es alterado por el sordo golpe del cuarto guardia cayendo al suelo.

De inmediato, levanto el mantel y salgo del carrito. Wendy y yo nos encontramos en una estancia oscura. Los cuatro guardias están en el suelo, inconscientes, aunque, compruebo horrorizada como hay manchas de café por toda la habitación.

-No lo ha bebido todo.-me informa Wendy, asustada.-Podría despertar en cualquier momento.

Yo suelto un taco y me pongo en marcha.

Estamos en una habitación pequeña, sólo hay cuatro sillas, una para cada guardia, una lámpara y una mesa. A la izquierda de la habitación hay una puerta metálica, con un soporte para manos, igual que las puertas del volcán de estos juegos.

-¿Cuál de estos cuatro crees que es el jefe?-le pregunto a Wendy, mirando con preocupación la puerta.

-Supongo que el último. Pero es el más pesado, no sé si podremos moverle hasta allí, Katniss..-

-Tendremos que poder.

Wendy yo nos agachamos y empujamos por el suelo al último guardia, que es el más gordo de os cuatro. Tenemos que emplear mucha fuerza para arrastrarle hasta el soporte, y tardamos varios segundos en hacerlo, pero finalmente, lo conseguimos.

Entre las dos lo levantamos y colocamos su mano sobre el soporte, que da positivo. La puerta metálica se abre rápidamente, dejando ver un pasillo a oscuras. Sólo está la luz de una débil bombilla de baja intensidad, que se apaga y enciende, sin dar luz constante.

Miro a Wendy una última vez, que con un movimiento de cabeza, me invita a entrar. Le hago caso y, con miedo, pero a la vez con decisión, me sumerjo en el pasillo.

Lo primero que siento es un desagradable olor: una mezcla de sangre, sudor y orines. Cuando mis pasos se oyen, el silencio se rompe y comienzo a escuchar gemidos de súplica, de malestar...Hay más personas aquí. Hay muchas más.

-¿Gale?-digo, con un hilo de voz.-¿Gale? ¿Puedes oírme? ¡Soy Katniss!

 Los gemidos de los prisioneros aumentan. Durante unos instantes, la bombilla se ilumina, y aprecio un largo, larguísimo pasillo muy estrecho, con docenas de celdas a ambos lados.

-¿Gale?-repito, más alto y con tono de súplica.

Pero nadie responde. Sólo más gemidos.

A continuación, grito al notar como una mano que sale del lado derecho del pasillo me tira del vestido.

-¿Gale?

Pero no es Gale. La bombilla vuelve a iluminarse, lo que me deja ver como un hombre anciano agarra con la mano desde su celda mi vestido.

La luz vuelve a irse. Camino a través del pasillo, llamando a Gale, pero él no responde. Vuelvo a soltar otro grito ahogado, cuando alguien me da un golpecito en el hombro.

Se trata de Wendy, con una linterna y con el juego de llaves de las celdas, recordándome que no tenemos demasiado tiempo.

Con la linterna avanzo más rápido, y al ver la luz, los gemidos de súplica aumentan.

Me detengo intentando pensar en una solución, en un plan mejor para encontrar a Gale.

-¡Gale!-vuelvo a gritar.-¡¡GALE!!

Los gemidos continúan, pero entre ellos, distingo algo…

-¡SILENCIO!-ordeno, y las quejas cesan algo.

Entonces, lo oigo, no muy lejos de mí, alguien llama mi nombre…

"Katniss."

-¡GALE! ¡YA VOY!

Corro a través del pasillo, mientras que las súplicas de Gale aumentan, *"Katniss, Katniss, Katniss…"*Corro, tan rápido como puedo, hasta que noto su voz a mi lado, a pocos centímetros de mí. Enfoco con la linterna a las celdas que están a mí lado, y le veo.

Hecho un pequeño ovillo, aún con el traje de tributo y con el cuerpo lleno de heridas, ahí está Gale. Está tumbado del lado de las rejas, con los ojos abiertos, y aunque esté a su lado, sigue susurrando mi nombre, con desesperación. Noto en sus ojos cómo toda su fuerza se ha ido, parece que sus ojos están muertos, han perdido todo el brillo, el color, la vida.

-Gale…ya estoy aquí. Te voy a sacar de aquí...-murmuro, cogiendo el juego de llaves que Wendy me ha entregado.

Sin embargo, él no parece saber que estoy ahí, con él, no me mira, centra sus ojos en un punto perdido de la celda y continúa repitiendo mi nombre.

Compruebo e número de su celda, que es el 39, y comienzo a buscar con torpeza la llave en la que esté escrito un 39.

36, 37,38…y por fin. Cojo una pequeña llave oxidada, sujeto la linterna con la boca y enfoco la cerradura. A continuación, con las dos manos, inserto la llave y compruebo aliviada cómo ésta encaja. Giro la llave ligeramente y la puerta de la celda de abre con un chirriante sonido.

Entro en la celda y me arrodillo al lado de Gale.

-Gale, levanta tenemos que salir de aquí…

Pero él sigue sin hacer caso, como si no se diera cuenta de que estoy en la habitación.

-Gale, joder, vamos…

No reacciona. Con mucho esfuerzo, consigo darle la vuelta, ponerle de frente a mí, pero el ya ha cerrado los ojos. Le sacudo el hombro, pero nada da resultado. Al final opto por darle una torta con todas mis fuerzas y le pongo la linterna delante de la cara. Por fin, Gale abre los ojos, asustado. Tarda algo en reaccionar, en ubicarse, pero me ve, delante de él y abre incluso más los ojos.

Tiene el rostro demacrado, lleno de heridas, moratones y cicatrices.

-Katniss…-murmura, con un hilo de voz, casi ineludible.

-Gale.-le digo yo, con cariño.-Tienes que escucharme. He venido a sacarte de aquí, pero no tenemos tiempo. ¿Crees que podrás caminar?

Gale abre la boca, intentando hablar, pero no le salen las palabras. Finalmente, asiente.

-Vale. Vamos a ello, entonces. ¿Preparado?-Él vuelve a asentir y coloca su brazo sobre mi hombro. Yo me esfuerzo al máximo, y tras unos segundos, los dos estamos de pie.

Sin embargo, la estabilidad no dura mucho. Cuando intentamos dar el primer paso, Gale se derrumba. Está mucho más débil de lo que me imaginaba.

-Está bien, Gale. Voy a tener que llevarte en brazos. ¿Preparado?

Una vez más, Gale asiente. Coloca sus brazos alrededor de mi cuello y le elevo en el aire. Es mucho más ligero de lo que pensaba, aunque aún así, no podré sostenerle durante mucho tiempo.

-Está bien, larguémonos de aquí.-digo, finalmente, saliendo de la celda.

Los dos comenzamos a caminar a través del pasillo, y por un momento, pienso que lo vamos a conseguir. Pero de repente, mientras caminamos, oigo de nuevo su voz.

-Katniss…-me llama.

-¿Qué pasa, Gale?-digo yo, deteniéndome.

Él empieza a mover los labios, intentando decirme algo. Por su cara, veo que es algo importante, y observo la frustración en sus ojos.

-Gale, ¿qué intentas decirme?-pregunto con insistencia.-Tenemos que irnos…

Cuando empiezo a caminar, Gale comienza a sacudir la cabeza enérgicamente, indicándome que aún no podemos salir. Sin embargo, yo decido ignorarle, ya me lo agradecerá más tarde.

Justo cuando estoy a punto de salir de las celdas, Gale vuelve a abrir la boca, y ésta vez consigue decírmelo.

-E-e-mily. Emily.-murmura, con un hilo de voz.

-¿Qué pasa con Emily, Gale?-pregunto, con nerviosismo.

-Emily.-repite él, y a continuación, señala con la cabeza las celdas.

-¿Quieres decir que Emily también está aquí?-digo, sin poder creer mis palabras.

Finalmente, Gale, derrotado, muy lentamente, asiente con la cabeza.