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En Llamas. ¿Qué pasaría si...? — capítulo 48

-No podemos. No, Wendy, no me mires así. No podemos llevarla con nosotros. Sacaremos a Gale de aquí y nos iremos.-digo, evitando la mirada suplicante de Wendy.

-Tenemos que hacerlo, Katniss. Y tenemos que hacerlo ya.

-No hay tiempo.-insisto, intentando meter a Gale en uno de los carritos.- ¿Podrías ayudarme, sabes?

-Entonces yo iré a por ella. Dame las llaves.-me dice, intentando arrebatarme las llaves.-

-Wendy, no…¡NO! ¡No voy a arriesgar la vida de Gale y la nuestra por Emily Burdock!-exclamo, alterada.

-¡SI NO LO HACES ELLA MORIRÁ!-grita ella, con aún más fuerza que yo. Se le salen los ojos de las órbitas y respira con dificultad.

Yo sin decir nada, me vuelvo hacia Gale, que está tumbado en el suelo, con medio cuerpo dentro del carrito.

-Gale, escúchame.-Él me mira, para demostrarme que tengo su atención.-Necesito que me digas el número de la celda de Emily. Y tiene que ser rápido.

Gale reacciona antes de lo que esperaba, y abre la boca rápidamente para intentar decir algo. Sin embargo, sólo es capaz de emitir unos vagos gemidos.

Me mira asustado durante unos instantes, y después, casi sin fuerza coge el juego de llaves, y  empieza a pasar llaves, hasta llegar al número 25. Me señala el número y me entrega el juego.

Sin pensarlo dos veces, sin plantearme los problemas, sin si quiera acordarme de la cámara que hay en las celdas, salgo corriendo. Ignoro los gemidos de súplica del resto de los presos, sólo corro y llamo a Emily.

Celda 22, 23, 24…

-¡Emily!

Dentro de la celda 25 está la chica que jamás pensé que volvería a ver. Ahí, con un aspecto terrible, está la chica que hizo que suspendiera aquel estúpido trabajo escolar. Sus ojos verdes me miran con sorpresa y tono suplicante. Sin embargo, es consciente de todo lo que está pasando. Es consciente de que estoy allí, y de que voy a salvarla.

-Katniss…-dice, con un hilo de voz, pero con serenidad.-

Abro su celda lo más rápido posible. Emily sigue sin entender qué está pasando.

-No tenemos tiempo, Emily. Tenemos que salir de aquí. ¿Puedes caminar?

-Creo que sí.-responde ella, asimilando toda la información y levantándose con dificultad.

A continuación, lentamente, las dos empezamos a atravesar el pasillo.

-Espera, Katnis. No podemos dejarlos.-dice Emily, de repente y señalando las celdas.

-No podemos sacarlos a todos.-argumento yo, con insistencia.

-Que lo hagan ellos.-dice ella, con una lucidez sorprendente. Me arrebata las llaves, y se las da a un prisionero.-Suerte, Karl. Salid de aquí. Vamos, Katniss.

Las dos atravesamos con rapidez el pasillo, acompañadas del sonido de cientos de celdas que se abren. Cuando llegamos, Gale ya está debajo del mantel de unos carritos. Wendy nos mira asustadas.

-¿Y ahora qué? Las dos no cabemos en el carrito, yo iba justa…-comento, nerviosa.

Wendy arruga el entrecejo.

-Que Emily se meta en el carrito. Tú irás conmigo. Esperemos no llamar la atención demasiado. Venga, rápido.-nos ordena Wendy.

Nosotras obedecemos, y unos segundos después estamos listas para salir. Sin embargo, algo nos distrae y nos deja paralizadas durante un instante. Un bostezo, alguien desperezándose, alguien despertándose. Horrorizadas, miramos para atrás y comprobamos cómo el guardia jefe se despierta, lentamente.

-Vámonos.-dice Wendy, en voz muy, muy bajita, mirando preocupada al guardia.

Echamos a correr, cada una con un carrito, y llamamos al ascensor con insistencia.

Más bostezos, cada vez más débiles…

-¡EH! ¡VOSOTRAS!-grita la enfadada voz del guarida jefe, mientras se levanta con dificultad del suelo.

Me arrepiento de no haber traído ningún arma conmigo. El guardia se levanta del todo, saca su arma y empieza a correr hacia nosotras. El ascensor aún no está aquí, y, por si fuera poco, el guardia saca su radio e informa de un "código 22" a sus superiores.

Oigo el ascensor más cerca, casi está aquí….Pero las zancadas del guardia también aumentan, y dentro de poco nos cogerá. Escucho la campana de mi salvación, la que indica que el ascensor está listo, pero puede que sea demasiado tarde. El carrito, de repente se ha hecho más pesado, y empujarlo no es tarea fácil. Veo cómo Wendy ya está dentro, con el carrito que lleva a Gale, y, al notar la mano del guardia agarrando la cola de mi vestido, siento impulsos de dejarlos ir, que se salven ellos. Pero no, casi sin pensarlo, propino una fuerte patada al guardia, lo que le hace soltar el vestido. Empujo el carrito fugazmente dentro del ascensor. Lo último que puedo ver antes de que se cierren las puertas de éste es la cara de furia del vigilante…y justo detrás de él, docenas de prisioneros, enfadados, furiosos, dispuestos a hacer lo que sea por salir. *Lo que sea.*Y de repente, al pensarlo, me pregunto si el vigilante jefe saldrá vivo de allí.

El ascensor nos eleva suavemente hasta la planta baja. Wendy y yo respiramos, sin apenas mirarnos.

-¿Y ahora qué? -le pregunto, con miedo.

-Ahora corremos.-responde ella.

Antes de lo que esperaba, el sonido de una campanita, nos indica que estamos arriba. La puerta se abre, y respiro tranquila al ver cómo ningún ejército de vigilantes armados nos espera, sólo los dos de antes.

Wendy y o salimos como si nada, sin embargo, mi presencia les llama la atención, porque mientras nos alejamos, uno de ellos grita.

-¡Katniss Everdeen no bajó contigo! ¡Eh, ven aquí!

Yo detengo mi carrito ligeramente, pero Wendy hace como que no ha oído a los guardias y sigue caminando, como si nada.

-¡EH!-grita uno de ellos, y escucho pasos ajetreados detrás de nosotras.

Entonces descubro cómo la mano de Gale asoma dentro del carrito.

-Corre.-me ordena Wendy.

Obedezco. Empiezo a correr, sigo a Wendy hasta la cocina. No debería ser demasiado difícil, el aerodeslizador está tan sólo a unos cuantos metros…

Pero no lo está. Cuando entramos en la cocina, bloqueamos la puerta y salimos al jardín, contemplamos cómo no hay ningún aerodeslizador salvador. Mi corazón empieza a latir con violencia. Y ahora, ¿qué?

-¿Wendy?-nos dice Carla, con tono de miedo, ya que se empiezan a escuchar golpes para intentar desbloquear la puerta.-Un hombre ha venido y nos ha ordenado decirte que ha habido un problema. El aerodeslizador te espera en el jardín principal.

Wendy no responde, sólo me repite que corra. Ella empuja su carrito todo recto, en dirección, imagino, al jardín principal.

-¿Emily?-grito al carrito.- ¿Puedes correr?

-Creo que sí.-responde ella, desde abajo.

A continuación sale de su escondite, y ambas empezamos a correr. Lo último que veo de la cocina es cómo las puertas se abren y por ella entran, lo que diría que son, cientos de guardias armados hasta los ojos. Unos instantes después, horrorizada, distingo la voz del propio Snow entre el alboroto.

-¡ATRAPADLOS! ¡DISPARAD A MATAR SI ES NECESARIO! ¡A LA CHICA NO, A LOS DEMÁS PODÉIS MATARLOS!

Corremos. Emily, con una fuerza admirable, me saca unos metros, siguiendo a Wendy, que lleva el carrito con dificultad.

Yo corro lo más rápido que puedo, aunque el vestido me molesta, me molesta mucho. Tropiezo con su tela a cada instante, y el pequeño tacón de mis zapatos tampoco es apropiado.

Sin embargo, me obligo a correr. Me obligo a correr, sin importarme mi vestido, ni mis zapatos, nada, pensando en Gale, en Peeta, en Prim. Pensando en la vida que podríamos tener si corro. No me permito mirar atrás, porque sé lo que me encontraría, puedo oír cientos de pisadas, pisadas de personas que se rifan mi cabeza.

Veo de refilón cómo Emily gira a la derecha. Unos segundos después, yo también lo hago. Entonces lo veo, un gran aerodeslizador nos espera. Hay una gran explanada que correr, pero ahí está, nuestro billete a la libertad, nuestra salvación.

Wendy nos saca unos pocos metros, pero compruebo, que el carrito con Gale dentro pesa demasiado. A continuación, sin previo aviso, una figura sale de dentro del aerodeslizador. Más tarde, veo el pelo rubio de Peeta ondeando al viento. Tras unos pocos segundos alcanza a Wendy, que se detiene. Peeta saca a Gale del carrito, se lo carga al hombro y empieza a correr de vuelta al aerodeslizador.

Contemplando la escena, casi tropiezo con Emily, que ha caído al suelo, y se queja de su rodilla. Por un momento, por tan sólo un instante, la idea de dejarla y seguir corriendo pasa por mi mente. Pero automáticamente me paro, y le ofrezco mi mano.

Mientras ella se levanta, por primera vez, miro hacia atrás. Cientos y cientos de guardias, vestidos totalmente de negro, corren hacia nosotras. Entonces comprendo que son demasiados, y van a acabar alcanzándonos. Si no lo hacen, alcanzarán el aerodeslizador y evitarán su despegue.

Como medida desesperada que me ayude a correr más deprisa, me quito el vestido, quedándome sólo en una camiseta interior de tirantes y mi propia ropa interior. El aire frío de la noche acaricia mi piel. También me quito los zapatos, descalza correré más rápido.

Compruebo que Emily está lista, y las dos empezamos a correr. Peeta, cargando con Gale, alcanza el aerodeslizador. Primero le entrega el cuerpo de Gale al que creo que es Haymitch, y después él mismo se mete en el aerodeslizador. Por un segundo, respiro tranquila. Tanto Peeta como Gale están a salvo.

Sin embargo, yo sigo corriendo. Wendy llega al aerodeslizador. Haymitch la ayuda a subir, ya sólo quedamos Emily , que me saca un poco de ventaja, y yo.

Siento una fuerte punzada de dolor en el costado, me cuesta respirar y tengo la boca totalmente seca. Unos segundos después, mi cabeza empieza a dar vueltas, y siento cada vez más cerca los pasos de los guardias.

Justo cuando estoy a punto de abandonar, de tumbarme en la hierba y dejar que me detengan, veo algo que me ayuda a seguir. Peeta se asoma por la puerta y, al poder apreciar el color de sus ojos, me doy cuenta de que estoy cerca, muy cerca. Puedo ver sus ojos, el brillo que hay en ellos. Puedo ver el cariño que siente por mí reflejado en ellos, sé que él confía en mí, sé que él confía en que pueda hacerlo.

Peeta empieza a decir algo como "Venga, venga", y me anima con sus manos.

Olvido el dolor, la sed, el miedo, el malestar, y sigo corriendo. Sin embargo, observo cómo las luces del aerodeslizador se encienden, cómo toda su estructura comienza a vibrar…Emily lo alcanza y Peeta la ayuda a subir. Ya sólo quedo yo, aunque parece que el aerodeslizador comienza a despegar, sin mí…

¿De verdad se irían sin mí? ¿De verdad me dejarían? ¿Serían capaces?

Horrorizada, compruebo que sí, compruebo cómo el aerodeslizador se eleva del suelo. Sin embargo Peeta y sus ojos siguen en la puerta, mirándome con preocupación. Cada vez se hacen más reales, más cercanos…Estiro el brazo, como rogándoles que no me dejan. Peeta también lo estira, y sé que él está conmigo. Corro con más fuerza, con toda la fuerza que mi corazón me permite. Entonces lo veo. El aerodeslizador sigue elevándose, pero de la puerta cuelga una pequeña escalinata de color negro, que se hace más larga a medida que el aerodeslizador sube.

Corro más. Cada vez está más cerca, ya casi la alcanzo…Y sin darme cuenta, estoy sujetando la cuerda.

-¡Katniss, sube!-grita la voz de Peeta desde arriba.

Miro hacia abajo y observo lo altos que estamos ya. Intento subir, pero la escalera tiembla mucho, no es lo suficiente estable para poner los pies sobre el escalón.

-¡NO PUEDO!-grito, esperando que Peeta pueda oírme.

Al principio, no hay respuesta, cada vez estamos más altos y cada vez la escalera tiembla más…

-¡KATNISS!-exclama Peeta.- ¡AGARRATE FUERTE, VAMOS A SUBIRTE!

Unos segundos después, noto cómo la cuerda sube, sube más rápido, acercándome a Peeta, que sonríe, cada vez su sonrisa se hace más grande…

Entonces caigo en sus brazos, miro alrededor y…lo he conseguido, estoy dentro. Respiro con dificultad, miro a Peeta y le abrazo, con fuerza, con más fuerza que nunca.

Me permito mirar hacia abajo, y no puedo evitar sonreír al sólo distinguir desde el aire una pequeña mancha de color rojo, que debe de ser mi vestido. Se agita con violencia, arriba abajo, arriba abajo. Imagino que será Snow, zarandeando con furia el único rastro que ha dejado La Chica En Llamas al huir de sus afiladas garras.