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El cuarteto: Harry, Ron, Draco y Hermione — capítulo 6

¡Lumos! Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.

Los tres amigos salieron corriendo rápidamente de la habitación, varita en ristre, hacia la habitación de Hermione. Al llegar ahí, se encontraron con una desgradable sorpresa: Un hombre, encapuchado, con una túnica negra y una máscara tenía a su amiga agarrada fuertemente por atrás, clavándole la varita mágica en el cuello.

-¡Sólo quiero al rubio y a Potter! -gritó el mortífago- ¡Me encargaré de la sangre sucia y el traidor a la sangre después!

-¡¡Suéltela!! -chilló Draco.-No, está bien -aceptó con tristeza Harry-. Yo me entregaré. Solo... suéltela.

-¡Entrégate tu también, o me aseguraré de que la muerte de esta idiota sea lo más lenta y dolorosa posible!

-Está bien -dijo Draco, sin esperanzas.

-¡¡Pongan las varitas en el suelo!! -dijo el mago tenebroso.

Hicieron lo que les pedían. Los dos chicos fueron caminando lentamente hacia el mortífago. Después, sin que nadie se diera cuenta, Harry fue pateando su varita mágica conforme fue avanzando. Harry se puso detrás del hombre y Draco tomó de la mano a Hermione fuertemente. El mortífago no era muy listo que digamos. No se dio cuenta de estos detalles hasta que Harry le hizo Expelliarmus y Desmaius; Draco jaló a Hermione y Ron le dio un patadón en la cara, salpicando su asquerosa sangre por el suelo.Hermione exclamó ¡Bauleo! y las cosas de sus amigos salieron por los aires a posarse dentro de sus bolsito de cuentas. Draco recogió su varita y la de el mortífago.

Los cuatro amigos salieron rápidamente de la habitacíón, ignorando a las personas que salían de sus respectivas habitaciones, intentando averiguar el motivo de aquél escándalo que habían hecho los chicos. Cuando llegaron a las escaleras, oyeron los gritos de asombro que hicieron los huéspedes de la posada al encontrar el cuerpo inerte del hombre que los había atacado.

Al llegar a la recepción, Draco decidido, se acercó a la mujer que atendía el mostrados y le apunto con la varita.

-¡Obliviate! -murmuró el rubio.-Bien hecho -dijo Harry con admiración.

Salieron corriendo antes de que las personas  que estaban arriba llamaran a la policía y se mezclaron con la gente que estaba afuera, metida en sus propios asuntos. No se dieron cuenta de que Hermione sollozaba, o de que Draco estaba pálido.Luego, Ron preguntó a Hermione:

-¿Ahora a dónde vamos?

-En eso pienso. Otra pregunta: ¿dónde estabas anoche? -dijo la chica.-Esto... fui a tomar aire, ya sabes... -mintió el pelirrojo.

-No es cierto -espetó Harry.

-Oh, está bien... Entonces les contó. Les explicó a sus amigos que había ido en busca de Lavender, pues no soportaba ni un minuto más estar lejos de ella, y que había pasado la noche en casa de la joven bruja. Al decirles esto, Draco, Harry y Hermione se calmaron un poco. Draco le dió palmadas en la espalda.

-Oigan, ¿y si vamos a Grimmauld Place? -preguntó Harry tras un largo silencio.

-¡No! -se opuso su amiga- ¡No es segura, Harry!-Si, hasta Ojoloco lo ha dicho -confirmó Draco-. Ahora que Dumbledore murió, Snape o Bellatrix pueden entrar a la casa, ¿no?

Empezaron a discutir. Al final, Harry dijo:

-Miren, si Snape viene, me alegraré de verlo. Tengo un trabajo pendiente con él. Al igual que con Bellatrix Lestrange. Al final, sus tres amigos accedieron a regañadientes, pasar una noche por lo menos en la ex-casa de Sirius Black.

Se aparecieron en la plaza que tan bien conocían y entraron en la casa. Al momento de pisar la raída y vieja alfombra, una voz preguntó:-¿Severus Snape?

Los cuatro amigos sintieron como si se les pegara la lengua al paladar. Al instante siguiente ya la tenían en su lugar.

En ese momento, una figura que parecía hecha de polvo se levantó y con la mano izquierda extendida se deslizó rápidamente hacia ellos. Hermione gritó.

-¡¡NO!! ¡Nosotros no fuimos! ¡Nosotros no lo matamos! -chilló Harry, presa del pánico.rn En cuanto el azabache pronunció la palabra "matamos" la figura desapareció.

Harry volteó a ver a sus amigos, conmocionado. Hermione estaba sollozando acurrucada en el suelo y Ron estaba pálido como la cera. Draco rodeó a Hermione con un brazo y con el otro, agarró la varita y dijo:

-¡Homenum revelio!

No pasó nada. Hermione se empezaba a recuperar y susurró:

-Estamos solos.

¡Travesura realizada! Nox.

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