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Domestique a su Merodeador. 2.0 — capítulo 14
14
Cuando la clase de pociones se convierte en un hervidero de noticias.
Las pociones multijugos borboteaban en los calderos con una parsimonia mañanera. Los olores se filtraban con los murmullos que brotaban boca a boca de los estudiantes. Los temas de conversación circulaban en torno a la fiesta de Halloween. Los volantes ya habían sido repartidos y muchos esperaban la próxima salida a Hogsmeade para ir a comprar sus disfraces.
Claire Starkey, quien siempre buscaba nuevas formas para juntar dinero, ya había colocado un clandestino de disfraces por encargos que estaba teniendo bastante éxito.
-¡Quién diría que esta tontería de Potter y su fiesta de Halloween me beneficiaria tanto!- le murmuró esa mañana a Marlene cuando un estudiante de primero se acercó para pedirle una botarga de basilisco.
El otro tema que causaba escalofríos entre el alumnado, era el ataque a Emmeline Vance. Aunque todos intentaban mantener la calma, varios estudiantes ya comenzaban a caer en una histeria colectiva. Los vendedores de amuletos no perdieron la oportunidad de salir al mercado, pero sorprendentemente Claire no se encontraba entre ellos. Lily Evans suponía que Claire ya tenía suficiente con la venta de disfraces pero, la realidad era que vender artículos de alta calidad; y no charlatanerías como caca de doxy petrificada, figuraba como una de las políticas principales de la compañía Starkey.
Slughorn paseaba por el salón dando pasos saltarines que bamboleaban su enorme trasero de morsa. Se acercaba constantemente a Lily Evans para otorgarle sus conocidas felicitaciones. El profesor estaba de un inusual buen humor.
-Si vuelve a venir para darte un cumplido meteré mi cabeza al caldero para ahogarme en la poción- advirtió Alice Stone a su mejor amiga cuando Slughorn se alejaba.
-Primero te morirás por las quemaduras de tercer grado- observó Lily echando la piel de serpiente arbórea a su caldero.
-Lo digo enserio Lily. Llevo dos semanas y media removiendo la misma poción.- replicó Alice. - Además se parece al vomito de Pettigrew
-¿Cuándo has visto el vomito de Pettigrew?- cuestionó Lily.
-Es un momento que prefiero no recordar- puntualizó Alice.- Además hay temas más importantes que hablar.
Pero antes de que Lily pudiera preguntar cuales eran esos dichosos temas, Alice se volteó a la mesa de atrás, donde Claire Starkey y Marlene McKinnon tenían una acalorada discusión.
-¡No desperdicies la piel de serpiente arbórea!- farfullaba Marlene intentando arrebatársela a Claire, quien había comenzado a cortar muñequitos en ella.
-Es para fines científicos, Marlene- se justificó Claire imitando la pomposa voz de Slughorn.
-¡Hey! - llamó Alice. - Creo que hay una misión nueva para la Orden que tendrán que hacer ustedes.
Marlene y Claire dejaron de discutir para prestarle atención a Alice. Lily no tenía conocimiento de la nueva misión a la que se refería Alice, así que se acercó para aguzar el oído.
-Hay que ir a interrogar a Emmeline Vance- informó Alice con una sonrisa extraña.
-¿Y por qué nosotras tenemos qué ir?- cuestionó Marlene mientras sutilmente le quitaba la piel de serpiente arbórea a Claire.
-¿Está en Ravenclaw con ustedes no? En el mismo año. ¡Duermen en el mismo dormitorio!- exclamó Alice.
-Pero no tenemos una muy buena relación con ella gracias a Claire- Marlene le lanzó una mirada recriminatoria a su mejor amiga.
-No fue mi culpa- replicó Claire mientras buscaba la piel que había desaparecido.- Si no hubiera estado husmeando dentro de mi baúl el escarbato jamás habría saltado sobre su cara.
-¿Por qué guardabas un escarbato en tu bául?- preguntó Lily con una expresión de incredulidad. Claire soltó una carcajada.
-Era una broma para Sirius- se justificó. Alice imitó la mueca de Lily. Definitivamente la relación de esos dos era sumamente peculiar.- Fue antes de que fuéramos novios- explicó Claire- Sirius me hizo un pedido de tres cajas de whiskey de fuego para una fiesta que planeaba hacer en su sala común. Cuando fui a cobrarle se negó a pagar lo que debía, por lo que tuve que poner cartas en el asunto. Mi plan era esconder el escarbato en su casillero de quidditch pero, cuando subí a buscarlo a mi dormitorio ya estaba sobre la cara de Emmeline Vance.
-Desde eso nos retiró la palabra- sentenció Marlene.
-¿Y tú que tienes que ver en todo ese embrollo?- interrogó Alice.
-¡Alguien tenía que salir en defensa de Claire!- saltó Marlene atrayendo varias miradas - Tuve que intervenir porque las otras chicas del dormitorio ya se habían puesto agresivas. A partir de ese día no nos tienen mucha estima.
-Entonces será un buen momento para que hagan las paces- sentenció Alice.- Claire deberías llevar uno de tus disfraces como una ofrenda de paz.
Claire iba a replicarle a Alice que no era ninguna filántropa para estar regalando sus disfraces a los heridos y necesitados, pero su voz fue opacada por el cuchicheo de los estudiantes que había aumentado. James Potter había aparecido en el umbral ya recuperado.
-¡Señor Potter!- exclamó Slughorn agitando su bigote de morsa por la sorpresa- ¡Un gusto que nos acompañe nuevamente! Tome asiento- indicó.
Davey Gudeon agitó su mano frenéticamente para que se sentara junto a él pero James Potter sólo veía a Lily Evans. Las mejillas de Lily se tiñeron ligeramente aunque cualquiera podía creer que era por el calor sofocante del aula. Su mente volvió a la cama de la enfermería y al rostro de James a unos centímetros del suyo. Su corazón latió con frenesí.
James Potter tomó asiento y Davey Gudeon le dijo algo que nunca escuchó. La mirada permanecía en Lily y su corazón igual embistió su pecho al imaginar todas las posibilidades que pudieron haber existido mientras los dos se escondían bajo las sábanas.
-¡Les traigo una excelente noticia!- compartió Slughorn regresando abruptamente a Lily Evans y a James Potter a la clase de pociones. - Las pociones están casi listas, pero nos falta un ingrediente fundamental *Descurainia Sophía.*Pero para que lapoción sea realizada correctamente la Descurainia Sophía tiene que ser recogida en luna llena, por lo que tendremos mañana una pequeña excursión nocturna al bosque prohibido.
Hubo unos cuantos gritos ahogados. Los estudiantes no solían ir al bosque prohibido y los sucesos de las últimas semanas habían aumentado el terror colectivo. Claire Starkey levantó un puño al aire, emocionada como si le hubieran dicho que iban a ir a un parque de diversiones y no a un tenebroso bosque lleno de peligros.
-Pero Señor- Davey Gudeon alzó la mano, le temblaba la voz- si hay luna llena es probable que hayan…- hizo una pausa para tragar saliva- …hombres lobo.
-No nos introduciremos tanto al bosque Gudeon- comentó Slughorn- además todo será por fines científicos.
James Potter pego su mano contra su frente recordando que normalmente acostumbraba acompañar a Remus en sus transformaciones. Los merodeadores lo matarían por faltar pero no tenía ninguna excusa que darle al viejo Slughorn.
-Además- pensó mirando nuevamente a Lily- tengo una razón para quedarme.
Severus Snape se removió en su asiento controlando la ira que se empeñaba en salir. El juego de miradas de James y Lily no había pasado desapercibido para él. Por un instante deseo que James Potter fuera un sangre sucia para dejarlo seco… sin una gota de sangre.
Cuando Dorcas Meadowes es citada en el despacho de Dumbledore.
Capítulo dedicado a Liberiangirl.
Dorcas Meadowes miró la imponente gárgola que custodiaba el despacho de Dumbledore y se preguntó porqué el anciano profesor la habría citado. Todavía conservaba en el puño la nota que Regulus Black le había entregado a la hora del desayuno, pensó que podría ser cualquier cosa menos un mensaje del director.
-Piña confitada- dijo y la gárgola le dio paso. Dorcas ascendió por las escaleras hasta encontrarse con una doble puerta de roble. Puso un puño sobre esta, titubeó por un segundo pero finalmente llamó dando dos golpes.
-Adelante
- la invitó a pasar la voz de Albus Dumbledore.
Dorcas Meadowes entró y descubrió tres figuras femeninas de espaldas, mirando al director. Una se giró ligeramente y descubrió la penetrante mirada de Bellatrix Black. Sintió como si hubiera deglutido una pila de rocas.
-La estábamos esperando Señorita Meadowes- dijo Dumbledore con una admirable templanza- Creo que por el momento será mejor que ustedes dos se retiren.
Dorcas reconoció a Andromeda Black, compañera de sexto año con quien compartía el dormitorio. Ella se había volteado bruscamente, desesperada por salir de ahí, pero las palabras Narcisa, su hermana menor, la dejaron paralizada como un hechizo congelante.
-Nuestra madre insistió en vernos a las tres aquí- espetó Narcisa. Andrómeda cerró los ojos y Dorcas imaginó que en la mente de la chica cruzaron una serie de maldiciones que se abstuvo de gritar.
-Señorita Black- habló Dumbledore con suavidad- puedo asegurarle que no es necesario. Aquí la problemática se centra entre la Señorita Meadowes y su hermana- señaló a Bellatrix, que estaba roja por la furia. Parecía haber injerido un kilo de diablillos negros de pimienta.
-Disculpe Profesor- se atrevió a hablar Dorcas- ¿podría explicarme para que fui llamada?
Dumbledore abrió los labios pero no pudo contestar. La puerta fue azotada con fuerza presentando a una de las mujeres más terroríficas que Dorcas había visto en su vida. Druella Black entró al despacho y, antes de saludar a cualquiera, se acercó con ferocidad a Andrómeda y le asestó un violento bofetón. Dorcas dejo escapar un grito ahogado, horrorizada por lo que acababa de ver. Unas cuantas lágrimas brotaron de los enormes oscuros ojos de Andrómeda y una marca roja apareció en su mejilla izquierda.
Albus Dumbledore se puso de pie abruptamente y dijo con una autoridad que pocas veces salía de su boca.
-Aquí no aceptamos esos actos de violencia Señora Black- bramó con fuerza. Lamentablemente a Druella Black le valía un comino lo que aceptara Dumbledore. Cogió a su hija del cabello y la sacudió como un costal de papas.
-¡Salir con un hijo de muggles! ¡Acaso eres estúpida!- gritó con ira contenida- ¡La mayor deshonra que podrías cometer en nuestra familia! - Druella se calló al observar la varita Dumbledore apuntando directamente hacia su rostro.
-Como dije antes Druella, en Hogwarts no estamos de acuerdo con esa clase de comportamiento.- dijo Dumbledore con voz pausada pero firme- si no te controlas, temo que tendrás que retirarte.
Druella soltó con una delicadeza inusual a su hija, quien lloraba en silencio. Le dedicó una gélida sonrisa al director y tomó asiento frente a él.
-Claro, ¿Qué se podía esperar de Albus Dumbledore, el protector de muggles y sangres sucia?- escupió Druella aun conservando la sonrisa que se veía fuera de lugar. Dumbledore ignoró el comentario que pretendía ser un insulto.
-La razón por la que la mandé a llamar Señora Black, es porque me llegó una denuncia contra su hija Bellatrix. - explicó con firmeza- Se le acusa de haber atacado a la Señorita Meadowes en la torre de Slytherin.
Druella se percató por primera vez de la presencia de Dorcas Meadowes. Giró la cabeza para verla y le dedicó una de sus frías sonrisas que no conseguían nada más que aterrorizar a los presentes.
-La hija de Henry Meadowes ¿Cierto?- comentó observándola de pies a cabeza. Dorcas pretendía decir que sí, pero el miedo le había cortado la voz. Asintió con suavidad esforzándose por verse serena. - Recuerdo tus fotografías en el Profeta. - murmuró con una dulzura escalofriante y giró su rostro hacia el director- Como dije antes Dumbledore, usted siempre en defensa de los sangre sucia… y traidores.
-El asunto es que Hogwarts ya no puede seguir tolerando esta clase de ataques. Bellatrix está recibiendo un ultimátum. La próxima vez que se le sorprenda dañando a algún estudiante será expulsada de este colegio- sentenció Dumbledore con frialdad.
-No puede estar hablando enserio- chilló Narcisa- Nuestro tatarabuelo fue Director de Hogwarts- señaló el retrato de Phineas Nigellus Black que dormitaba en su marco- Los Black llevamos generaciones en esta institución.
-Con más razón espero un comportamiento ejemplar por su parte y la de sus hermanas, Señorita Black- sentenció Dumbledore- Por el momento tendré que pedirles que se retiren… a excepción de Andrómeda y Dorcas. Me gustaría entablar unas cuantas palabras con ustedes.
Druella Black se levantó bruscamente de la silla que ocupaba y le lanzo una mirada fulminante a Dorcas y a Andrómeda, antes de salir, violenta como una revolución, seguida de sus otras dos hijas.
Albus Dumbledore tomó un pergamino y comenzó a redactar una carta con parsimonia.
-Supuse que sería muy incomodo para ustedes tener que enfrentarse a la compañía de Druella, Bellatrix y Narcisa, sin mi presencia como intermediario- comentó Dumbledore con asertividad.
Andrómeda y Dorcas no respondieron pero suspiraron agradecidas por permanecer unos minutos más en la oficina del director. Andrómeda se secó discretamente las lágrimas.
-Gracias- murmuró. Los Black no solían ser agradecidos, pero ella sabía que el Director la había salvado de una paliza. Ted Tonks figuró en su cabeza y una angustia borboteó en su estomago. Su madre no la perdonaría por amar a Ted.
-Disculpe Señor- Dorcas Meadowes dio un paso frente al escritorio de Dumbledore.- ¿Podría decirme quién fue la persona que puso la denuncia contra Bellatrix?- Dumbledore levantó la cabeza y la miró comprensivamente.
-No es obvio Señorita Meadowes. Sólo una persona presencio el ataque en la sala común…
-Regulus- sentenció. Dumbledore no contestó.
-Será mejor que se retiren las dos- se puso de pie y caminó hacia la puerta. -Ya no deben haber moros en la costa- dijo asomándose. Dorcas y Andrómeda caminaron hacia la salida- Muchas veces nos es complicado entender el amor ¿No es así?- fueron las últimas palabras de Dumbledore antes de cerrar la puerta.
Dorcas y Andrómeda no comprendieron a quien Dumbledore había dirigido esa última frase.
Cuando Marlene McKinnon y Claire Starkey visitan la enfermería.
Observaban en silencio la puerta de la enfermería que les parecía más grande e imponente de lo que en realidad era.
-Necesito que te comportes Claire- habló Marlene como una madre que reprende a su hija. Claire rodó los ojos.
-No te preocupes, no traigo ningún escarbato en el bolsillo- replicó Claire sin muchos ánimos. Era evidente que era el único lugar en la tierra donde no le apetecía pararse.- ¿No agarraste ninguno de mis disfraces Marlene?- preguntó amenazadoramente- Porque le deje claro a Alice que no soy ninguna filántropa para estar regalando mi mercancía a…
-Sí, sí, sí- interrumpió Marlene- tú mantente tranquila.
Marlene empujó la puerta de la enfermería y fueron recibidas por la suspicaz mirada de Madame Pomfrey.
-¿Se les ofrece algo?- preguntó Madame Pomfrey.
-Venimos a ver a Emmeline Vance- anunció Claire Starkey dando una paso al frente- somos compañeras de casa- Claire señaló la insignia de Ravenclaw que traía en el uniforme- ¡Inclusive dormimos en la misma habitación… AUCH!- Claire chilló por el pisotón que le había propinado Marlene.
-Estamos muy preocupadas por ella Madame- habló Marlene en un tono afligido- Nadie ha podido decirnos como se encuentra Emmeline- dejó escapar un falso sollozo.
-Pueden pasar mientras no sean esa tal Rita Skeeter- comentó Madame Pomfrey- ya se intentó colar tres veces con su asistente Bozo para sacarle fotografías a la Señorita Vance- soltó un bufido molesto- pasen, está detrás del biombo blanco.
Caminaron titubeantes hacia la cama oculta. Emmeline Vance se encontraba esperándolas con los brazos cruzados y una ceja en alto.
-Marlene, Claire- saludó con hosquedad- ¿Qué hacen aquí?
Ellas no esperaban un recibimiento mejor.
-Escuchamos que fuiste atacada. Estábamos preocupadas porque, cómo sabrás, a las dos nos pasó lo mismo. - explicó Marlene diplomáticamente- Igual entendemos lo fastidioso que es permanecer aquí sin visitas.
-Espero que no hayas traído ningún escarbato- ironizó Emmeline.
-No, pero te trajimos los deberes- anunció Claire sacando varios libros de su mochila- suponíamos que no querías retrasarte- para un Ravenclaw, una pila de tarea era un detalle muy significativo por parte de los suyos.
-Gracias. - dijo Emmeline tomando su ejemplar de hechizos avanzados con emoción.
-Igual tenemos esto para ti- Marlene extrajo de su mochila una botella ambarina: Whiskey de fuego. Los ojos de Claire centellaron al reconocer su mercancía.
-¡Marlene te dije que…- Emmeline la miró con suspicacia-… que lo envolvieras! No puedes ir por la vida llevando presentes sin la envoltura adecuada- replicó.
-Por mí está bien así- comentó Emmeline extendiendo el brazo para tomar la botella de whiskey de fuego. Marlene le lanzó una mirada de advertencia a Claire pero ella no lo notó porque sus ojos se clavaron en las palabras que Emmeline traía grabadas en el brazo, sangre sucia.
-¿Qué les parece si brindamos?- Claire saco su varita debajo de la túnica y apareció tres copas vacías. Emmeline aceptó y las llenó del líquido ámbar.
-Por nosotras- exclamó Claire- ¡Las tres sobrevivientes!- las copas chocaron y las tres se bebieron el whiskey. El líquido chorreó por su garganta y calentó su cuerpo. El ambiente se relajó.
-Compártenos Emmeline, ¿Cómo sobreviviste a este ataque?- preguntó Claire con curiosidad- Marlene fue atacada por el duelista misterioso y yo me salve de un intento de ahogamiento…
-Él quería mi sangre.
Fue como si hubieran apagado la calefacción. Las palabras de Emmeline fueron tan punzantes como una puñalada en el pecho.
-¿Disculpa?- cuestionó Marlene abriendo sus ojos como platos.
-El duelista enmascarado.- explicó Emmeline frunciendo los labios- mi atacante llevaba una máscara. Me inmovilizó contra una pared y me hizo esto. - mostró a las presentes la herida que había visto Claire. Marlene se tapo la boca horrorizada.
-Pero tú dijiste que él quería tu sangre- comentó Claire. Emmeline asintió.
-El llenó una ampolleta con mi sangre- susurró Emmeline y las ganas de llorar la invadieron. Recordó el pasillo oscuro y solitario…la varita cortando su piel… el hombre de la máscara blanca.- Luego me dejó ahí, desangrándome. Me desmaye al minuto y cuando desperté ya estaba en la enfermería.
Marlene y Claire se lanzaron una mirada de complicidad. Alice había sido muy asertiva al mandarlas a aquel sitio. Ahora sabían que los siete enmascarados estaban recolectando sangre y, por lo que suponían sólo la de los hijos de muggles.
Cuando Lily Evans y James Potter van a la sección prohibida.
Lily Evans pensó que muchas situaciones se desarrollaban según la perspectiva en que las vieras. Normalmente los oscuros pasillos del Colegio podrían llegar a parecerle terroríficos. A cualquiera se le ponían los pelos de punta cuando escuchaba los crujidos de las puertas, o el viento recio golpeando las ventanas. Pero con James Potter las perspectivas cambiaban.
Las estrellas titilaban juguetonas y la luna, casi llena, enredaba sus rayos en el cabello de Lily Evans, proyectando rojizas sombras bajo la capa de invisibilidad. James Potter permanecía abstraído, como si escabullirse en los pasillos junto con Lily fuera parte de un maravilloso sueño del que no quería despertar.
-Ya llegamos- anunció Lily dándole la vuelta al pasillo.
-Espera- James la tomo del brazo. El contacto hizo que la piel de Lily se erizara y su corazón bombeara con una rapidez inusual.
Ella se mantuvo serena, intentando disimular lo que James Potter provocaba con un simple roce.
-¿Qué sucede?- masculló Lily. James se puso el dedo índice sobre los labios pidiendo silencio y señaló hacia arriba. El barón sanguinario flotaba a unos metros sobre ellos. Permanecieron en silencio, con la respiración contenida, hasta que el barón atravesó un muro y desapareció de sus vistas.
-Tienes que ser más silenciosa.- le susurró James- casi nos descubren.
-Disculpa Señor Merodeador- dijo con sarcasmo- Ya puedes soltarme por cierto.- Lily señaló la mano de James que parecía haberse amoldado a su brazo.
-Puedo pero no quiero-dijo mirándola con intensidad, pero finalmente la soltó con delicadeza. Hurgó en el bolsillo de la sudadera y sacó el mapa del merodeador- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
Ambos pegaron sus cabezas para cerciorarse que no hubiera ningún profesor haciendo guardia por esa zona. Los pasillos permanecían desiertos. Tan sutiles como un susurro se colaron a la biblioteca.
-Por aquí- Lily salió de la capa de invisibilidad y avanzó con rapidez hacia la soga que separaba a los otros libros de la sección prohibida. James extendió la mano para intentar detenerla pero Lily había sido demasiado ágil. Se arrancó la capa y la alcanzó a grandes zancadas.
-No salgas de la capa de invisibilidad bajo ningún motivo- la reprendió James. Lily Evans lo miró sorprendida - Recuerda que el papel del estudiante rebelde e impulsivo lo tengo yo, no intentes robármelo- dijo James con una media sonrisa.
-¿Y qué papel tengo yo?- cuestionó Lily levantando una ceja con suspicacia.
-El de la estudiante valiente pero prudente, que está enamorada secretamente del estudiante rebelde e impulsivo pero se niega a admitirlo- explicó James con elocuencia.
-¡Ja! Muy gracioso James. Mejor continúa cuidándome la espalda mientras vigilas con ese mapa al que le susurras palabras como un amante- habló con sarcasmo Lily. - Yo mientras me pondré a buscar en esta pila de aburridos libros.
-Está bien, sólo mantente cubierta- James extendió la capa al aire y la colocó sobre el cuerpo de Lily Evans. El rostro pecoso adornado con una mata de cabello rojizo parecía estar flotando. James mantuvo sus manos sobre los hombros de Lily contemplándola por unos segundos. Un sentimiento parecido a la dulzura lo invadió. Lily notó como James bajaba el rostro como si repentinamente se sintiera avergonzado.- Yo estaré aquí, cuidándote la espalda- murmuró antes de cubrirla por completo.
…
El minutero del reloj ya había avanzado 45 minutos pero Lily Evans no había tenido suerte en su búsqueda. James Potter permanecía desparramado en el piso, apoyado en un estante. Las gafas estaban chuecas y dormitaba constantemente.
-A lo mejor mi atacante no ha devuelto el libro- sugirió James mientras se quitaba las gafas para tallarse los ojos- o tal vez es un maestro en las artes oscuras y aprendió esa maldición en otro sitio.
Lily no quería admitir que probablemente James tenía razón. Soltó un suspiro y se acomodó a su lado completamente agotada. Dejó que la capa escurriera sobre su cuerpo y no hizo además de querer levantarla.
-Creí que podríamos hacerlo. - se lamentó Lily y dobló sus piernas para abrazar sus rodillas.
James volvió a sentir esa extraña dulzura recorrer su interior.
-¡Venga Lily!- se puso de pie y extendió un mano hacia ella- Hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance. Encontraremos otra forma….
Los ojos verdes de Lily Evans destellaron emocionada por un nuevo descubrimiento. Detrás del librero donde antes había estado apoyado James, había un libro desgastado, Maldiciones de la mente.
Lily tomó la mano de James y lo haló nuevamente al piso.
-Si te di la mano era para ayudarte a que te pongas de pie, no para regresar nuevamente al suelo- explicó James airado. Lily sacó el polvoso libro del estante y lo puso frente a James.
-A mí se me hace que aquí encontraremos lo que estábamos buscando- comentó Lily con una sonrisa triunfal.
Abrió el libro y se dirigió hacia el índice.
-No quiero imaginarme quien podría leer esta clase de libro- dijo James observando los terroríficos temas que estaban enlistados. Todos eran de magia negra. Lily señaló en el índice un título que rezaba "Somnium Mortiferum" la maldición de las pesadillas.
Lily buscó ese capítulo y leyó.
-Somnium mortiferum. Esta maldición toma la forma de una mariposa negra para pasar desapercibida. Provoca que tu enemigo reviva sus más profundas pesadillas y no sea capaz de distinguir el sueño y la realidad.- le lanzó una mirada inquisitiva a James y él sólo asintió.
-Creo que suena bastante familiar- dijo James a modo de broma. Lily se mantuvo seria. Buscó la contraportada del libro y encontró el sobre donde siempre se guardaba la tarjeta de registros de la biblioteca. Ahí debía estar escrito el nombre de la última persona que había retirado el libro.
-¿Listo James?- murmuró Lily y sus ojos verdes miraron con intensidad al chico. Lily sacó la tarjeta del sobre y repentinamente la sangre se le enfrió por completo.
-¿Qué dice?- preguntó James acercando el rostro.
-Severus Snape.