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Domestique a su Merodeador. 2.0 — capítulo 9

9

Cuando la orden realiza su primera misión**.**

Lily Evans fue la primera en reaccionar.Apoyó una mano en el hombro de Sirius yse inclinó a lado del joven que parecía un enjuto chiquillo gimoteando por un juguete perdido.

-Hay que ir por ella- sentenció Lily.

Como si la voz de la pelirroja fuera un estimulante, Sirius Black se puso de pie, dispuesto a entrar a las gélidas aguas del lago negro. Lily Evans igual se levantó, decidida a acompañar a Sirius Black en aquella aventura con final incierto, pero James Potter se planto frente a ella, con los brazos extendidos horizontalmente, como un Cristo crucificado impidiéndole el paso.

-Tú te quedas. Sirius y yo iremos por Starkey.- ordenó James Potter. Lily Evans abrió la boca para protestar pero James la interrumpió- No empieces Evans…

-¿Cómo qué no empiece? - replicó haciendo caso omiso a las palabras de James- Estoy cansada que no me creas lo suficiente capaz para enfrentar estos peligros…

La voz de Lily se quebró cuando James la tomó de los hombros y la perforó con los ojos.Las mejillas de James se tiñeron de carmesí, pero nadie más que Lily lo noto en medio de esa oscuridad opaca.

-Entiende que no es porque no te considere capaz. Tengo miedo de perderte… Lily- susurró desviando la mirada avergonzado. Las palabras de James se repitieron intermitentemente en la cabeza de Lily. Ella intentó decirle algo pero sólo balbuceó palabras incomprensibles.- por favor quédate.- Sus labios rosaron la frente blanquecina de Lily como si en beso pudiera expresar la maraña de sentimientos que no entendía. El corazón de Lily dio un brinco y perdió un latido.

Lily Evans se quedó plantada sobre la tierra húmeda, viendo a James Potter alegarse con Sirius Black para entrar en aquellas aguas turbias.

-Usa el hechizo casco-burbuja- gritó Marlene McKinnon a unos metros de Lily, pero para la pelirroja la voz se escuchó lejana. Una angustia comenzó a borbotear en su pecho y se preguntó si ese era el miedo al que se refería James Potter… miedo a perderlo.

Cuando Sirius Black y James Potter van tras Claire Starkey.

La bocanada de aire pasó por su tráquea como una señal de vida, apenas el encantamiento casco-burbuja hizo efecto. Dieron unas patadas dentro del agua pero las pesadas túnicas hacían dificultoso el movimiento. Optaron por desvestirse mientras avanzaban quedándose únicamente en ropa interior.

Tenían sus varitas encendidas buscando con frenesí el cuerpo de Claire Starkey. Sirius la vio, descendiendo a unos metros de ellos. Con los ojos abiertos clavados sobre la superficie pero sin intención aparente de regresar. A Claire le daba vueltas la cabeza por la falta de oxígeno y las imágenes comenzaban a adquirir el matiz de manchas difusas embarradas sobre un lienzo.

Súbitamente Claire Starkey sintió el oxígeno circular en sus pulmones pero su cuerpo no dejó de caer a las profundidades. Unas manos sujetaron sus muñecas y Claire reconoció el rostro de Sirius Black aún dentro de esas aguas oscuras.

-*Y no regreses-*la voz del enmascarado volvió a sonar dentro de la cabeza de Claire.

Como si su cuerpoy sus acciones no le pertenecieran, Claire le dio un limpio puñetazo en el estomago Sirius.Él se contrajo y miró con sorpresa a Claire.

-¿Qué te sucede?- preguntó pero, aún con el encantamiento casco-burbuja, su voz no resonaba bajo el agua.

Sirius desenvainó su varita para enfrentarla. Claire no tardó en imitarlo pero una expresión de pánico desencajaba con su actitud. Los dos se dedicaron miradas confusas en medio de un mar de incertidumbre y levantaron sus varitas dispuestos a atacar.

-*¡Desmaius!-*antes de que Claire o Sirius se atacaran, James Potter le lanzó un hechizo aturdidor.

Sirius sujetó a la joven inconsciente y le dirigió una mirada de reproche a su mejor amigo. James se encogió de hombros como toda respuesta.

Los dos merodeadores comenzaron a patalear para llegar a la superficie. La cabeza de James era enredo de sentimientos y en su mente se recreaba una escena donde besaba con dulzura la frente de Lily Evans. ¡Él había besado antes a decenas de chicas! ¿Entonces por qué le daba importancia a una muestra de afecto tan infantil?

Sirius Black tenía el cuerpo de Claire Starkey aferrado a su pecho. En esas condiciones no tenía forma de comprobar si Claire continuaba respirando, razón por la que continuaba intranquilo. Intentaba comprender el motivo por el que Claire se había lanzado al lago. Recordó el brillo extraño que tenía la chica en su mirada y su sorpresa cuando blandió la varita… como si ella no fuera dueña de sus acciones.

Ambos estaban tan sumidos en sus propios mundos que no se percataron de las criaturas que se acercaban. James Potter sintió que le sujetaban el tobillo y dio una patada suponiendo que se había enredado con un alga. Volvió a patalear pero una fuerza lo jaló hacia abajo.

-¡James qué estas…- pero antes de que Sirius Black formulara la pregunta que nadie iba a escuchar, una masa de grindylows igual se abalanzó sobre él.

Sirius daba puñetazos y patadas intentando alejar a los grindylows de la inconsciente Claire. James lanzaba hechizos a diestra y siniestra pero eran demasiadas criaturas aferradas a su cuerpo.

Todo había comenzado a volverse nebuloso para ellos hasta que unos enormes tentáculos se enrollaron en sus tórax y piernas.

En ese momento James Potter estaba seguro que su fin había llegado.

Cuando Alice Stone lanzóchispas rojas.

Apenas Sirius Black y James Potter se sumergieron en aquel manto acuífero, Alice Stone levantó su varita al aire.

-¡PERICULUM!- exclamó. Chispas rojas salieron de la punta de la varita y como fuegos artificiales pintaron el cielo.

-¿Qué haces?- preguntó Peter con nerviosismo.

-Pedir ayuda- informó Alice.

Frank Longbotton la había instruido sobre esa señal cuando él comenzó a tener su entrenamiento de auror en el ministerio. *"Si necesitas ayuda lanza chispas rojas al cielo, si alguien está cerca vendrá a tu auxilio".*Alice no podía dudar de las palabras de Frank.

-Está señalando nuestra posición- explicó Remus con mayor elocuencia.

-¿Y si no hay nadie para ver las chispas rojas?- cuestionó Dorcas.

Ella se sentía completamente ajena a esa situación. Todos los presentes de alguna forma compartían algún lazo en común, pero Dorcas era como una intrusa que acaba de irrumpir en una casa. Pensó en irse pero algo impedía que despegara sus pies de la tierra húmeda… una extraña sensación.Miró con ojos inquietos la espesura del bosque prohibido, como si esperara ver un par de ojos escondidos que le devolvieran la mirada.

-Hay que tener un poco de fe al respecto.- murmuró Lily todavía con los ojos fijos en el lago negro.

Dorcas bufó internamente. La fe no devolvería a Starkey, Black y Potter. Fe: cuento para niños en el que Evans estaba empeñada en creer.

Alice Stone, por segunda vez, pringó el manto estrellado con luces escarlata.

-No estoy segura de que nos encuentren- comentó escéptica Marlene- Lo mejor será regresar al castillo y…

-No- interrumpió Lily por fin despegando sus penetrantes ojos verdes del lago negro -¿Y si Potter y Black necesitan ayuda? Tenemos que estar aquí para ellos.

Alice Stone miró la expresión enérgica de Lily Evans y supo que nadie podría hacerla cambiar de opinión; no por su testarudez, sino porque un sentimiento se había transformado en su corazón.

-¿Entonces qué propones?- cuestionó Peter encogiéndose por el frío. Pero antes de que Lily diera una respuesta, todos dirigieron su mirada al bosque prohibido porque algo se había removido entre la maleza.

-¿Quién está ahí?- preguntó Lily armándose de valor.

De la espesura salió una ballesta cargada por un semigigante con barba enmarañada y ojos oscuros como escarabajos.

-¡Hagrid!- exclamó Remus aliviado.

-¡Por los calzoncillos bombachos de Merlín! ¿Qué diantres hacen aquí?- cuestionó bajando la ballesta.

-Es una larga historia- suspiró Marlene. Fang salió por detrás de Hagrid y se lanzó sobre Dorcas embadurnándola de baba.

-¿Una Slytherin? ¡Vaya grupo tan peculiar!- observó Hagrid cuando Dorcas comenzó a jugar con Fang como si se conocieran desde antes- Vi las chispas rojas y vine enseguida. Le mandé una lechuza al Profesor Dumbledore así que debe llegar en unos minutos. Ahora explíquense. ¿Qué sucede?

Los miembros de la Orden se dirigieron miradas precavidas. No estaban seguros si sería apropiado contarle a Hagrid que hacían en el bosque prohibido a altas horas de la noche.

-Una alumna cayó en el lago- informó Remus, quien era el más precavido de los presentes- Claire Starkey. James Potter y Sirius Black fueron por ella pero no han regresado.

-Vaya dilema Señor Lupin- dijo una voz pausada a sus espaldas.

Los estudiantes se pusieron de piedra al notar la presencia del Albus Dumbledore.

-¿Quién lanzó las chispas rojas?- cuestionó el anciano profesor acomodándose sus gafas de media luna.

-Yo profesor- contestó Alice tragando saliva.

-Muy inteligente Señorita Stone- sentenció Dumbledore.- Bien lo mejor será sacar al Señor Potter, al Señor Black y a la Señorita Starkey del lago.

Albus Dumbledore caminó con parsimonia a las orillas húmedas mojando el dobladillo de su túnica. Abrió los labios y de su garganta salieron una serie de chirridos guturales. El sonido era parecido a una orquesta de cierras eléctricas. Los demás se taparon los oídos y se encogieron para intentar opacar ese ruido sofocante.

Los chirridos cesaron y el agua comenzó a removerse en el lago como un caldero burbujeante que había alcanzado la temperatura de ebullición. Los tentáculos del calamar gigante salieron a la superficie aprisionando con sus ventosas a James Potter, Sirius Black y la inconsciente Claire Starkey.

-Buenas noches- saludó Dumbledore con su pausada voz.

-Buenas noches… profesor- contestó James Potter carraspeando y escupiendo agua. El encantamiento casco-burbuja había sido desactivado.

-Creo que lo mejor será llevar a la señorita Starkey a la enfermería- indicó Dumbledore haciéndole una seña a Hagrid- y todos ustedes- enarcó las cejas y una mirada severa apareció en su expresión- a mi oficina. Ahora.

Las ramas crujieron pero nadie las escuchó. Regulus Black se dio la media vuelta desde su escondite. Claire Starkey no había muerto pero el daño emocional a su hermano era su venganza, así que la segunda prueba había sido cumplida. Hurgó en su bolsillo y sacó una probeta con una sustancia plateada entre líquida y gaseosa: tomar los recuerdos más importantes de Claire Starkey había sido un trofeo ingenioso.

Antes de fundirse en la oscuridad le lanzó una última mirada a Dorcas Meadowes, quien examinaba con una mirada minuciosa la espesura, tal vez buscándolo a él. ¿Acaso sabría Dorcas que él había causado ese ataque? Regulus suspiró, comprendiendo que ya era demasiado tarde para los dos. Él había aceptado un camino desde hacía tiempo y ella acababa deelegir uno completamente opuesto al suyo.

Ya no había marcha atrás.

Cuando Albus Dumbledore impone un castigo.

La sala circular permanecía en un silencio sepulcral. Él único sonido perceptible era el siseo de los delicados instrumentos de plata y el ronquido falso que salió del retrato de Phineas Black.

La profesora MgGonagall y el profesor Slughorn estaban parados a la derecha de Dumbledore. El pijama floreado y gorrito rosado desentonaban con la expresión furiosa de la subdirectora. En cambio, el hombre barrigón con bigote de morsa miraba la escena con confusión bajo su bata verde olivo con dragones bordados.

-Sigo sin comprender esta completa falta de buen juicio- bramó McGonagall y el gorro rosado se deslizó graciosamente hacia el frente- Vagar en la noche, a orillas del bosque prohibido, conociendo la serie de ataques que se están dando en el colegio… sobre todo ustedes tres- señaló con un dedo acusador a Lily Evans, Remus Lupin y Marlene McKinnon- rompiendo las medidas de seguridad cuando…

-Es suficiente Minerva- Dumbledore puso una de sus apergaminadas manos sóbrele hombro de McGonagall- Ha sido una noche muy larga para todos.- le dirigió una mirada severa a todos los presentes.

James Potter y Sirius Black permanecían en un rincón tiritando bajo unas mantas gruesas. Claire Starkey ya había sido trasladada a la enfermería y en ese momento estaba bajo los cuidados de Madame Pomfrey.Remus Lupin y Lily Evans mostraban rostros compungidos y apenados por haber faltado a sus deberes de prefectos, en cambio, Marlene McKinnon estaba más preocupada en saber si su mejor amiga ya estaría en condiciones estables. Alice Stone se esforzaba por vencer al sueño y mantener los ojos abiertos, a diferencia de Peter Pettigrew, quien ya dormía plácidamente a lado del perchero donde descansaba Fawkes. La única que no encontraba velo en el entierro era Dorcas Meadowes, quien miraba con nerviosismo al Director.

-Como consecuencia perderán cincuenta puntos cada uno- sentenció Dumbledore.

-¡Cincuenta!- James Potter dio un brinco dejando caer la manta que lo cubría y quedando en ropa interior- ¡Eso haría que Gryffindor perdiera doscientos cincuenta puntos!

-Por favor Señor Potter ¡Cúbrase!- exclamó McGonagall escandalizada. Lily Evans había clavado la mirada en un punto fijo sobre el cuadro de Armando Dippet, pero sus ojos verdes volteaban a ver de reojo a James Potter y su ropa interior- ¡Tenga algo de decoro!

-Lo siento Profesora- James volvió a taparse con la manta- ¡Pero con todos esos puntos menos será imposible recuperarnos!

-El partido de mañana será una oportunidad- comentó Dumbledore.

-¿Mañana? Dirá pasado mañana… Profesor- intervino Sirius Black.

-Pariente mío tenía que ser- farfulló Phineas Black desde su cuadro. - ¡Contradecir al Director! ¡JA!

-Son las 2.00 A.M Señor Black. Eso significa que ya es miércoles.- comentó Dumbledore- y todavía hay que discutir el castigo

-¿Castigo?- cuestionó Dorcas Meadowes- Pero yo…- se cayó al captar la mirada áspera de Slughorn.

-Tengo entendido que la Señorita Starkey estaba planeando una fiesta de Halloween. Creo que sería buena idea que todos ustedes se involucren en la organización.

McGonagall miró con incredulidad a Dumbledore, pensando que el anciano profesor había perdido la chaveta.

-Bien, ahora pueden retirarse.

La oficina quedó vacía a excepción de Dumbledore y McGonagall, quien seguía dirigiéndole al Director una expresión desconcertada.

-¿Qué planeen una fiesta de Halloween? ¡Con lo que está sucediendo en Hogwarts lo más apropiado sería cancelarla!- Replicó McGonagall. Dumbledore negó con la cabeza.

-El ahogamiento de la Señorita Starkey no fue una coincidencia. Estaba bajo el influjo de una maldición. Al parecer los estudiantes están siendo atacados por una razón y nosotros no somos los únicos que queremos descubrirla- dijo refiriéndose a los chicos que acababan de salir de su despacho- Lo mejor es dejar que ellos permanezcan cerca y ver como los eventos toman un curso.

-¿Estás insinuando qué permitirás que investiguen el origen de esos ataques? - cuestionó McGonagall- Son sólo unos niños… ¡No podemos exponerlos a esa clase de peligro!

-Nosotros no los estamos exponiendo a nada Minerva. Ellos fueron los que tomaron esa decisión. Yo sólo les daré los medios para que puedan permanecer juntos con mayor facilidad. Para que puedan protegerse entre ellos.- se justificó Dumbledore.

Clavó sus ojos azules sobre Fawkes y deseó que, como siempre, su juicio no estuviera equivocado.

Cuando Lily Evans va en busca de la verdad.

Salió a hurtadillas del dormitorio, antes de que cualquier Gryffindor bajara a la sala común.

-*Urbi et Orbi-*susurró para que la Dama Gorda le diera paso.

-¡Vaya pinta!- señaló el retrato viendo las ojeras de Lily Evans.- Necesitas un buen tónico querida.

Lily Evans ignoró a la mujer salió pitando hasta la enfermería. Si tenía suerte, Madame Pomfrey la dejaría entrar. Recordó en el consejo de la Dama Gorda y pensó que el tónico sería una buena excusa para poder pasar.

La puerta de la enfermería se encontraba entreabierta. Cuando se quiso asomar en el umbral una luz la cegó por un segundo. Se volvió a mirar y encontró a Bozo tomando fotos a diestra y siniestra a Claire Starkey quien se veía bastante animada contándole una serie de disparates a Rita Skeeter. La vuela-pluma de Rita iba como loca registrando la nueva historia para el Oráculo**estudiantil.

-Y un par de sirenios quisieron enfrentarse a nosotros, pero Sirius les lanzó una maldición congelante y se quedaron de piedra- explicó Claire- iban montados en unos caballos de mar gigantes que lanzaban chorros de agua hirviendo…

-Buenos días- Lily tomó valor y entró a la habitación. La vuela-pluma se detuvo y Rita Skeeter le lanzó una mirada fulminante a Lily Evans.

-¡Lily!- exclamó Claire Starkey como si ambas fueran mejores amigas- Si no fuera por ella podría darme por muerta- le explicó a Rita- Evans sabe hablar sirenio así que ella pudo negociar nuestra liberación luego de que fuimos apresados.

Lily miró con sorpresa a Claire Starkey y negó con las manos intentando desmentir los inventos de Claire.

-Vamos Lily no seas modesta - dijo Claire con ánimo- Espero que la inteligencia y bondad de mi amiga sean mencionadas en tu artículo Rita.

-Sin duda- contestó Rita Skeeter ya con un tic en el ojo derecho- Si nos disculpan dejaremos la entrevista para después. Vamos Bozo.

Rita Skeeter y Bozo salieron de la enfermería.

-¿Por qué le inventaste todo eso?- cuestiono Lily.

-Sólo le doy la historia que ella está buscando- comentó Claire quitándole importancia al asunto- Además, por las preguntas que me hizo, en la Sala Común de Ravenclaw ya salieron rumores más disparatados. Por cierto… ¿Qué te trae por aquí a estas horas de mañana?

-Quería saber cómo estabas y saber qué fue lo que te pasó.- explicó Lily. Claire se puso una mano en el pecho.

-Tú tan encantadora como siempre. - dijo Claire con dulzura. Lily no le veía lo encantador al asunto así que solo tomo asiento en la orilla de la cama de Claire.

-¿Podrías contarme?

-Francamente no lo recuerdo bien- explicó Claire- Salí de la torre de Ravenclaw, se que insististe en que fuéramos acompañados pero ya sabes que me gustan los retos- Lily rodó los ojos- Iba todo bien hasta que escuché un ruido. Pensé que era Peeves así que me escondí y saqué un poco de polvo de oscuridad peruana (Te puedo vender 100 gramos por 1 galeón) por si tenía que planear un escape rápido. Inesperadamente sentí una respiración a mi lado, pero cuando volteo ya no recuerdo nada. Todo se vuelve oscuro.

-¿Nada?

  • cuestionó Lily. Claire negó con la cabeza.

-Sólo una voz pausada que dijo *Imperio.*Así que asumo que estuve bajo el influjo de esa maldición.

-¿Crees que fueron los duelistas enmascarados?- preguntó Lily.

-No lo sé. Ellos no solían atacar así. Te daban la oportunidad de defenderte. Ahora parece que quieren arrastrarte a una muerte segura. Es como si hubieran cambiado de estrategia.

-Entonces ya no les interesa el duelo, simplemente hacer daño- susurró Lily Evans.

-Si es así Evans… debo de admitir que esto se está volviendo más peligroso.- Lily miró los enormes ojos castaños de Claire y vio en ellos reflejados el miedo que la chica nunca antes había sentido.

-Peligroso…- Lily volvió a pensar en James Potter, en el beso en la frenteen la angustia que oprimió su pecho. El miedo a perderlo volvía a florecer.

Cuando Severus Snape planea su venganza.

Hojeó las páginas del apergaminado libro que era alumbrado por los rayos del amanecer. Severus Snape era el único ser despierto en el dormitorio. Sus dedos cetrinos se detuvieron en una capítulo en particular una sonrisa torcida se dibujó en sus facciones.

-*Somnium mortiferum-*murmuró para sí- El sueño que te hace revivir tus peores pesadillas.

Pensó James Potter, el partido que se jugaría al día siguiente y en la maquiavélica venganza que comenzaba a trazar en su cabeza.