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Historia 114959 — capítulo 26
Capítulo 26: Nuestra Niña.
Al ver al pequeño tesoro que había entre mis brazos me dio gusto saber que todo lo bueno y lo malo que me había pasado valió la pena, todo porque nuestra pequeña naciera.
-¿Cómo se llamara?- me pregunto Alec.
-había estado pensando en eso, y bueno, ¿Qué te parece Laia Mackenzie Vulturi?- ladee un poco la cabeza arrullando a mi princesa.
-me parece hermoso, además le queda a una preciosa princesa- sonrió mirando a nuestra niña, Laia.
-¿No es preciosa?-
-se parece a ti, igual de hermosa que su madre- me dijo mirándome y recargándose en la pared.
Sonreí feliz, jamás pensé que sería tan feliz como lo era ahora, ¿Tanta felicidad podía ser para mí? Si, tal vez alguien me hizo un milagrito y me mando esta felicidad.
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2 meses después.
-¡Laia, no corras! - grite mientras trataba de atraparla para poder darle la comida que le había preparado.
-yo no quiero eso mami, sabe feo- hizo unas muecas adorables de disgusto.
-tienes que comerlo cariño, sabes que eso te hace bien- trate de que hiciera caso.
-tu mamá tiene razón princesa, además si comes eso, te prometo llevarte a cazar un animal grandote, ¿Qué me dices, hum?- Alec estaba arriba de una rama de uno de los árboles de la gran casa que teníamos mirándonos desde lo alto, había llegado de cazar.
-¿Lo prometes papi?- le dijo mirándolo con los preciosos ojos heredaros de su padre.
-lo prometo princesa.-
-está bien, comeré lo que has hecho mami-
Mi hija camino a mi lado y tomo mi mano, estábamos en medio del jardín. Nuestra princesa aparentaba los tres años pero apenas tenía dos meses de nacida, Alec y yo disfrutábamos cada día con nuestra niña ya que ella crecía como Renesmee.
En estos dos meses, me di cuenta que Alec era un gran padre, cariñoso y amoroso y además era muy protector con Laia.
Entre Alec y yo le regalamos un precioso collar de corazón rojo, donde estaba incrustado en una placa color dorado, y atrás estaba una escritura en italiano, "il nostro piccolo gioiello" (nuestra pequeña joya) era algo que Alec y yo habíamos pensado, además de que el corazón reflejaba el escudo Vulturi y en la placa el Quileute, era para la protección de nuestra niña.
Laia era una niña muy inteligente, le gustaba el ballet y le gustaba el piano además de que también le gustaba verme en forma de lobo, jugábamos en el jardín, claro con mucho cuidado, ella siempre reía y decía que era su enorme peluche.
Ella había heredado las habilidades de su padre, pero también heredo parte mía, la regeneración rápida y casi mi temperatura, ella era preciosa, era un precioso angelito caído desde el cielo.
Era tan feliz, pero ahora solo tenía que hacer algo… un pequeño detalle.