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Hogwarts: Desde otra mirada. — capítulo 11
Faltaban diez minutos para la medianoche en el reloj de la Sala Común de Gryffindor cuando Laura y Ginny ocultas por el hechizo desilusionador bajaron con mucho cuidado y con el menor ruido posible para que un par de alumnos de séptimo que aun estaban junto a la chimenea no las notaran. Se dirigieron al agujero del retrato y salieron.
-¡Ah! Rufianes, malandrines, mostradse ante mí…- masculló Sir Cadogan mas dormido que despierto.
-Vamos a pegarle- propuso Laura con anhelo.
-¿Y si arma un escándalo y hace que McGonagall o alguien más venga? Mejor después- opinó Ginny.
Laura suspiró -está bien, pero si veo a la señora Norris…
El camino que hicieron juntas de la torre de Gryffindor al quinto piso resultó de lo más sencillo, había luna nueva y su brillo alumbraba los pasillos tenuemente, pero les permitía avanzar sin ayuda del hechizo de luz. Cuando llegaron a las escaleras que conducían a la Torre de Ravenclaw las amigas se despidieron, había acordado que era más sencillo que Laura fuera sola por las demás, puesto que no se veían era fácil separarse o chocar entre ellas, el camino recorrido lo habían hecho tomadas de los dedos meñiques para caminar juntas.
Ginny tomó el camino hacia la entrada principal, y Laura se movió con dirección a Ravenclaw, avanzó casi sin novedades ni contratiempos, hasta que llegó a la escalera de caracol que llevaba a la puerta con aldaba de águila de Ravenclaw, uno de los personajes de un retrato estornudó asustándola, la muchacha ya había dado el primer paso hacia la escalera pero se tropezó y fue a golpearse en una espinilla, soltó un gritito y el retrato despertó preguntando "¿quién anda allí?" Laura no respondió, comenzó a subir la escalera y al final vio a Luna entornando los ojos hacia ella.
-Soy Laura- susurró la chica.
-¿Por qué hiciste tanto ruido?- le preguntó Luna sin enfocarla.
-Para darle emoción al asunto- respondió Laura entre dientes -bueno, voy a hacerte el hechizo desilusionador y te vas a reunir con Ginny a la entrada mientras yo voy por Astoria.
-Bien- susurró Luna meciéndose con los talones y las puntas de sus pies.
A Laura no le tomó ni cinco minutos desvanecerla, escuchó un suave "adiós", unos pasos en las escaleras y luego silencio total. Ella se dirigió entonces a la entrada de Hufflepuff cojeando levemente, cuando llegó al pasillo de las armaduras que llevaban a las cocinas vio a Pevees flotando encima de varias de ellas, desacomodándoles los yelmos y dejándolos pendiendo de forma peligrosa.
-¿Quién anda allí?- preguntó el hombrecillo cuando Laura entró al pasillo, entornó sus malignos ojos hacia ella - sé que estas allí alumno travieso, ven con el viejo Pevees, te voy a llevar con el bueno de Filch.
Laura se escondió en la esquina apretujándose contra la pared, si Pevees alcanzaba a ver el leve contorno vaporoso en que estaba convertida o si la llegaba a coger (porque venía hacia ella agitando las manos) estaban perdidos todos sus planes.
-Alumnos fuera de la cama a estas horas- decía Pevees cada vez más meloso -eso no es bueno, debo decírselo a alguien, sabes que debo decirlo.
-¡Pevees!
Rugió una voz cuando Pevees estaba ya por doblar la esquina donde estaba Laura, Filch apareció furioso al otro lado.
-Pevees, ya sé que has estado abriendo los grifos del baño de los prefectos ¡le diré al profesor Dumbledore! Quédate allí.
Pevees empezó a reír a carcajadas y se echó a volar haciendo espirales mientras Filch corría tras el azotando sus pies planos a cada paso. El conserje pasó tan cerca de Laura que pensó que se tropezaría con ella, afortunadamente siguió de largo y en un instante el habitual silencio volvió a recorrer los pasillos oscuros.
Cuando Laura emprendió la marcha nuevamente descubrió que tenía las manos empapadas de sudor, se limpió en los pantalones y volvió la vista hacia atrás, cuando la regresó de topó de frente con una persona que salía de las cocinas y daba un paso hacia ella, el leve choque fue inevitable y de inmediato comenzó un forcejeo lleno de grititos de susto, pero pronto Laura alcanzó a ver quién era.
-¡Astoria! Soy yo, soy yo- le decía tratando de calmarla.
-¿Laura?
-Sí, con el hechizo desilusionador. ¿Qué haces en las cocinas?
-Acababa de salir de mi casa cuando Pevees se puso a tararear una canción, supuse que se acercaba y no iba a esperarlo, tampoco quería volver a Hufflepuff, así que vine a las cocinas. ¡Los elfos me dieron un montón de golosinas! ¿Quieres?
Laura no podía negarse a un dulce así que tomó un par de varitas de regaliz, un paquete de meigas fritas y un panecillo de chocolate del montón que le ofrecía Astoria, comenzó a mordisquear una varita de regaliz mientras la desvanecía.
-¿Quieres que vaya contigo?- preguntó Astoria.
-Nah, lo peor ya pasó, Pevees y Filch deben estar jugueteando por el cuarto o quinto piso ahora.
Astoria rio, lo que sea que estuvieran haciendo aquellos dos no era jugar -nos vemos en un rato entonces.
Cuando Laura llegó a la entrada de Slytherin ya solo le quedaba media varita de regaliz y unas boronitas del panque de chocolate en uno de los bolsillos. Lia esperaba de pie con los ojos bien abiertos y mirando constantemente de un lado a otro, estaba abrazándose a sí misma, fue inevitable la sonrisa que se dibujó en el rostro de Laura, oportunidades como esa no podían dejarse pasar.
Laura se acercó a ella de puntitas, se agachó y le rasguñó la pierna, Lia gritó sobresaltada.
-¿Quién es?- preguntó Lia revisando el espacio con la vista. -¿Laura? ¿Eres tú?
Laura rio -sí, soy yo.
-¡Tonta! No hagas eso, casi me matas del susto- la riñó Lia, aunque ahora que ya se había tranquilizado soltó una sonrisa.
El buen humor de Laura se disparó después de molestarla y todavía entre risitas las desapareció.
Juntas y casi sin chocar entre ellas llegaron a la entrada del castillo. Se reunieron con las demás y emprendieron el camino hacia la aventura.
Afuera el aire estaba muy frio, había en el piso una ligera capa de nieve que había caído por la tarde, el vaho se les escapaba de la boca y la nariz y gracias a eso sabían donde estaban las otras, el camino se volvió muy sencillo, llevaban las varitas en la mano, listas para usarse por si llegaba a hacer falta, pero pasaron por los jardines sin novedad, llegando a la cabaña de Hagrid, Fang comenzó a ladrar, luego vieron la cabeza del desgreñado guardabosques asomándose por la ventana, todas se quedaron quietas, aguantando la respiración hasta que volvió a desaparecer detrás de la cortina. Reemprendieron la marcha y entraron al Bosque.
Caminaron un poco antes de encender las varitas y deshacerse del hechizo desilusionador, solo hasta que se sintieron bien cubiertas por la maleza se fueron acercando a Laura para que les revirtiera el hechizo.
-Mejor así- opinó Laura mirando a la redonda.
El lugar era tétrico, oscuro y lleno de sonidos extraños alrededor de ellas, se dejaba sentir un emocionante temor a lo desconocido que las impulsaba a explorar, era impresionante lo osadas que todas podían llegar a ser, aunque estaban algo indecisas y se miraban unas a otras.
-Bueno, pues ya estamos aquí- dijo Lia con voz un poco temblorosa -apeguémonos al plan de seguir por el sendero hasta que el miedo se nos pase. Si Neville sobrevivió al Bosque, nosotras también podemos.
-Laura sonrió -tienes razón, sigamos adelante, tu guías Lia.
-¿Qué? Bueno dame una pareja.
-Bien, elige a quien quieras que vaya adelante, contigo.
-Ginny.
Lia y Ginny tomaron la delantera seguidas por Luna, Laura y Astoria formaron otra pareja para la retaguardia, siguieron el sendero medio oculto por las zarzas y las hojas caídas, mientras más avanzaban más espeso se volvía todo, pero no veían nada fuera de lugar con la floresta, salvo por esas ramas retorcidas que de confundían fácilmente en la penumbra con delgadas manos que querían apresarlas, o las sombras que creaba la poca luz en los lugares más oscuros, llegó un momento, después de haberse adentrado casi una hora en que no sabían que sonido era más fuerte, si el de las hojas y ramas que se quebraban bajo su peso o el de los latidos de sus corazones, además de eso a sus oídos no llegaba ningún otro sonido salvo quizás… ¿risitas?
-¿Quién se ríe? ¿Eres tu Laura?- se quejó Lia rompiendo el silencio.
-No, mi risa no es tan aguda.
Las muchachas se reunieron en grupo compacto y miraron hacia atrás, las risitas provenían de unos arbustos a unos pasos detrás de Luna.
-¿Qué será?- preguntó Luna cuando los arbustos comenzaron a moverse y las risitas se hicieron más insistentes y ruidosas.
-Quien sabe, pero preparen su mejor hechizo defensivo…- dijo Laura y casi al momento soltó la carcajada, ¿acababa de ver una papa con ojos entre aquellos arbustos? No, se dirigió al lugar y empezó a sacudir las ramas con el pie, casi de inmediato salieron por lo menos tres docenas de gnomos, unos enojados, otros riendo más fuerte, todos echaron a correr hacia los pies de las demás, pero ellas los apartaron con ligeras patadas. -¡Gnomos!- exclamó Laura volviendo con sus amigas, llevaba uno pegado en las agujetas de sus botas, el gnomo trataba de morderle el pie, pero los dientes no atravesaban el cuero así que Laura ni siquiera intento apartarlo.
-Son horribles- dijo Ginny, en el jardín de mi casa hay muchos y no los soporto, menos con las palabrotas que Fred y George les han enseñado.
-A mí me divierten mucho, cuando no me muerden claro, mi abuela tenía un primo que tenía esta plaga dentro de su casa, eran tan extraño.
Las demás sonrieron aliviadas, todas los conocían al menos en dibujos, y la conversación de Laura y Ginny las distrajo.
-¡Así que estos son los gnomos de los que hablan Fred y George!- exclamó Astoria.
-¿Los que dicen que arrojan del jardín? Sí- respondió Ginny.
-Ahora entiendo porque no sienten remordimiento, no son rechonchos y bonitos como los de los jardines muggles.
-¿y tú como sabes cómo son los gnomos de los jardines muggles?- cuestionó Laura muy interesada.
-¡Ah! Pues… bueno…- Astoria se sonrojó -es que… Colin me enseñó algunas fotos de su jardín.
-¿Colin?- se extrañó Ginny.
-Ajá- dijo Astoria tratando de evitar el tema al reanudar la caminata.
Los gnomos iban brincando junto a ellas, saltaban dentro de agujeros o se les metían entre los pies, el gnomo que Laura llevaba en la bota iba la mar de divertido balanceándose adelante y atrás con cada paso. Era algo molesto caminar con ellos y tratar de no pisarlos, pero habían relajado mucho el ambiente, Astoria sin embargo comenzaba a desesperarse y en su intento de librarse de ellos uno se le enredó en los pies y ella tropezó directo a las ramas bajas de un pequeño nogal, sus rizos se enredaron de inmediato en las ramitas, Astoria trataba de zafarse, pero mientras más lo intentaba mas se enredaba, de pronto, lo que habían tomado por ramitas comenzaron a moverse sobre su cabeza tirándole del cabello.
-¡Cúbrete los ojos!- gritó Luna cuando vio que se trataban de unas criaturas que parecían trozos de madera. Astoria la obedeció y comenzó a chillar mientras la rasguñaban, Luna se le acercó tratando de ayudarla, pero la lastimaron también.
Laura metió la mano en el bolsillo de su cazadora y sacó las boronitas de su panque, las arrojó sobre Astoria y Luna y las criaturas se detuvieron, soltaron a Astoria y brincaron a la tierra para coger los restos de pan.
-Vámonos antes de que sepan que no son cochinillas- dijo Laura.
-¿Que eran esas cosas?- preguntó Ginny mirando los rasguños de sus amigas.
-Bowtruckles- dijo Luna -están en los arboles de madera que sirve para hacer varitas, son muy huraños y se te arrojan a los ojos. Los conozco porque en casa hay un árbol con varios de ellos. Les gustan la cochinillas, buena idea la de distraerlos Lau.
-No fue gran cosa.
-¿Oigan?- dijo Lia de pronto -¿escuchan algo?
Las demás se detuvieron a escuchar, estaba todo muy silencioso.
-¿Y los gnomos?- observó Astoria.
Los gnomos habían desaparecido. Laura bajó la mirada a su bota y la encontró vacía, casi al mismo tiempo notó que estaba cerca de un desnivel no muy alto, cubierto de hojarasca, arbustos y ramas y al fondo se movía algo, Laura dio un paso más hacia el borde del desnivel y enfocó la vista: una mancha negra posada en sus cuatro patas alzó la vista hacia ella y sus ojos brillaron con destello naranja, Laura sintió miedo pero antes de que pudiera decir nada Lia gritó:
-¡Centauros!- la sorpresa embargó a la Slytherin y echó a correr en la dirección donde los había visto, pero al hacerlo, sin querer le dio un leve empujón a Laura.
Laura se vio obligada a dar un paso al frente y la orilla cedió bajo su peso, escuchó que gritaban su nombre y lo siguiente que supo fue que rodaba al fondo del desnivel, las espinas le rasguñaban la piel y las piedrecillas le lastimaban el cuerpo. Estaba mareada y dolorida cuando llegó a suelo firme, se sentó despistada y miró a su alrededor, nada, todo era oscuridad, arriba sus amigas la llamaban, podía ver haces de luz intentando traspasar la oscuridad un sonido frente a ella le hizo recordar que no estaba sola, no tenía la varita en la mano pero por fortuna la encontró a los dos o tres manotazos que dio en el suelo, se levantó, dio un paso hacia atrás y se topó con el tronco de un árbol, encendió la varita y lo que vio le arrancó un grito ahogado: a un palmo de distancia estaba el rostro sucio y demacrado de Sirius Black, mirándola fijamente, pero había algo en él que no cuadraba con la descripción de El Profeta, no parecía desequilibrado, ni la había atacado, o quizá lo extraño estaba en la forma en la que la estaba viendo, admirando cada línea de su rostro mientras en sus ojos se reflejaba un sentimiento cálido… esos ojos, el color, la forma, dejaron a Laura embelesada, ella los conocía, eran iguales a los que veía cada mañana cuando se miraba al espejo, eran sus ojos…
-Marie- susurró Sirius con voz oxidada.
-No- respondió Laura apenas audible -no, yo soy su hija.
Sirius dio un respingo y enfocó la vista como si acabara de regresar de una visita por el pasado.
-¿Su hija? Si ya veo, el cabello no es el mismo, ni… ni… tus ojos- murmuró Black frunciendo el ceño como si tratara de descubrir algo.
-¡Laura!- se escuchó la voz de Ginny cada vez mas angustiada, el tronco donde Laura se encontraba la ocultaba para las demás. -Responde por favor.
Laura se había olvidado por completo de sus amigas, levantó la vista hacia ellas y dijo -estoy bien, no se preocupen- ¿por qué decía eso? Estaba a merced de un asesino ¿y decía que estaba bien?, no pudo seguir cuestionando sus palabras porque junto a ella se escucharon las pisadas fuertes de unas patas grandes y musculosas, antes de que Laura pudiera echar un vistazo un perro negro, enorme, salió disparado hacia arriba, en dirección a las muchachas, Laura escuchó gritos y vio como pasaba entre ellas arrojándolas al piso, curiosamente Laura soltó una risita, tenía la sensación de que aquel animal no pretendía lastimarlas, tan solo asustarlas para divertirse. Se dio cuenta de que Sirius ya no estaba y en su mente comenzaron a formarse teorías improbables y descabelladas.
Cuando Laura casi llegaba arriba fue ayudada por Lia y Ginny, esta ultima la abrazó preocupada -¿estás bien?- le preguntó.
-Si- respondió Laura -¿y ustedes?
-¿Lo viste?- preguntó Astoria al borde de la histeria -¿viste al grim?
-¿Qué?- preguntó Laura antes de comprender que se refería al perro negro que las había asustado -eso no era un grim.
-Pues un perro callejero tampoco era- apuntó Luna.
-¡Era un grim! ¡Un presagio de muerte! ¡Todas vamos a morir!- exclamó Astoria mientras Ginny trataba de tranquilizarla.
Lia puso los ojos en blanco -hey Lau siento haberte empujado y claro Tory, todas moriremos, o ¿acaso piensas que somos inmortales?
Laura sonrió -creo que es hora de volver al castillo.