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Hogwarts: Desde otra mirada. — capítulo 14
-¡Glacius!- gritó Laura en el momento justo en el que el licántropo dirigía sus fauces al cuello de Astoria, un destello azul salió de su varita llenando de hielo el hocico del animal.
La bestia se volvió hacia Laura comenzando a triturar el hielo que le impedía morder, por fortuna la voz de Laura había hecho que las demás volvieran en sí, Luna y Lia se acercaron a levantar a Astoria, quien estaba en shock, y cuando el hombre lobo se arrojó sobre Lau con el hocico medio despejado cayeron sobre él varios hechizos.
-¡Protego maxima!- lanzó Ginny en dirección a su amiga para protegerla de la embestida, el animal apenas si retrocedió un poco.
-¡Depulso!- probó Lia.
-¡Incarcerous!- dijo Laura y una cuerda se enredó en las patas del licántropo, pero este las rompió con sus poderosos colmillos.
-¡Filipendo!- conjuró Ginny.
-¡Avis!- dijo Luna y fue el mejor hechizo que se le pudo haber ocurrido, el licántropo vio la bandada de pájaros que le revoloteaban encima y se puso a tirarles mordidas fastidiado, una fracción de segundo después cuatro chorros de luz le dieron de lleno en el estómago.
-¡Desmaio!- habían gritado Laura, Ginny, Luna y Lia al mismo tiempo.
En el momento en el que la bestia cayó hacia atrás todas corrieron en dirección hacia el lago, Laura y Lia ayudaban a Astoria que estaba como atontada.
-¿Cómo estás? ¿Te sientes bien?- le preguntaba Laura, Astoria asentía con convicción pero la voz se negaba a salirle, estaba muy asustada, llena de barro y con rasguños en los hombros.
-¿Crees que…?- preguntó Ginny mirando los rasguños.
-No, no- se apresuró a decir Laura -no, la saliva es la que infecta, no la mordió, no corre peligro de transformarse.
Apenas llegar a la orilla del lago más alejada del castillo el frio y una extraña sensación de tristeza de apodero de las muchachas, Lia apartó unas ramas y ante los ojos de todas se reveló la escena de cientos de figuras encapuchadas cubriendo el cielo nocturno en círculos, Laura miró la dirección en la que miraban los dementores y descubrió dos figuras tiradas en el suelo, las reconoció de inmediato, una era de Sirius Black y la otra de Harry Potter, ella hizo ademan de ir en su ayuda y solo logró que los dementores se fijaran en ellas, se deslizaron en su dirección cuando un imponente ciervo plateado apareció embistiendo a todos los dementores, protegiendo así a Sirius, a Harry y a ellas.
-Vamos por ayuda- sugirió Luna.
Volvieron a emprender la marcha, apenas pisar los terrenos del colegio una sombra se cernió sobre ellas, al levantar la vista se encontraron con la figura de Buckbeack, el hipogrifo de Hagrid que se suponía debía estar muerto, porque había sido condenado por el Ministerio, sobre su lomo llevaba montados a Hermione y a…
-¿Qué ese no era Harry?- preguntó Luna.
-No puede ser- dijo Ginny un tanto preocupada mientras miraba hacia atrás -lo estoy viendo tendido junto al lago.
-¿Qué demonios pasa?- se quejó Lia.
-¡Escóndanse!- avisó Laura -alguien se acerca.
Acababan de ocultarse tras unos arbustos cuando vieron pasar a Snape muy cerca de ellas con dirección al lago, poco después regresó con Sirius y Harry en un par de camillas que hacia volar sobre el suelo. Solo cuando estuvieron seguras de que habían entrado ya a Hogwarts, las muchachas salieron de su escondite, caminaban a la entrada principal cuando vieron a Buckbeack pasar de nuevo, esta vez el jinete era Sirius.
Laura se talló los ojos pensando que estaba viendo alucinaciones, luego estiró la mano hacia las grandes puertas de madera, pero antes de tocarlas estas se abrieron de par en par.
-¿Qué están haciendo aquí?- gruñó la imponente figura gigantesca de Hagrid.
Cuando Astoria comenzó a balbucear palabras como bosque, hombre lobo y ataque, supieron que todo estaba perdido, Hagrid comenzó a reprenderlas fuera de sí, contrario a su carácter, lo siguiente que supieron fue que estaban en el despacho de Dumbledore, esperándolo a él, al profesor Flitwick, a la profesora Sprout y al profesor Snape, vigiladas por McGonagall que miraba a Laura y a Ginny de vez en cuando y sus ojos refulgían de ira, sus labios se apretaban mas, como si eso fuera posible, las muchachas supieron que lo más probable era que pasaran castigadas lo que les restaba de colegio, eso si no las expulsaban.
Cuando Dumbledore llegó junto con los otros profesores la escena se tornó entre cómica y tensa, ni Luna ni Astoria habían visto jamás tan enfadados a los jefes de sus casas, pero para Laura ellos parecían sonrientes comparados con la profesora McGonagall, Snape sin embargo estaba lívido y pálido, miró a Lia y bajó la vista como decepcionado, Lia abrió la boca como intentando decir algo pero al final calló. Los profesores Flitwick y Sprout comenzaron a regañar a sus alumnas, mientras Snape y McGonagall se limitaban a miradas, lo cual era mucho peor.
El profesor Dumbledore mientras tanto, rodeó su escritorio y se sentó juntando sus largos dedos delante de su rostro, sus ojos azules centelleaban detrás del cristal de sus anteojos de media luna.
-Silencio- pidió con voz tranquila, al instante Flitwick y Sprout se callaron, todos dirigieron su mirada al anciano profesor. -Siéntense- dijo a las alumnas y apareció cuatro sillas mas, Astoria ya estaba sentada, apenas llegar al despacho se había derrumbado en la única silla disponible con los ojos muy abiertos y temblando de frio y miedo.
Cuando Laura se sentó, sintió una clara desventaja con los profesores, que seguían de pie, parecían altos e imponentes, salvo quizá Flitwick que era tan bajito, pero en ese momento estaba igual de autoritario que los demás.
-Hagrid ya me contó a grandes rasgos lo sucedido- dijo Dumbledore mirando a Laura fijamente -ahora cuéntenme ustedes su versión.
-Yo engañé a mis compañeras para ir al Bosque Prohibido- dijo Laura.
-No nos engañaste- brincó Ginny de inmediato.
-Fuimos por voluntad propia- agregó Luna.
-Todas estuvimos de acuerdo, señor- le dijo Lia a Dumbledore.
-Mentira- insistió Laura mirando a sus compañeras de una forma difícil de explicar.
Era cierto que la idea había sido de ella y que ella había organizado todo, aunque no las hubiera forzado a seguirla, sin embargo Laura estaba empeñada en culparse a sí misma y tratar de reducir el castigo de las demás. Pero ellas no estaban dispuestas a dejarla cargar con todo, no hasta que Dumbledore dijo con una media sonrisa.
-Muy bien, señorita Aguilar, usted las obligo a entrar, ¿qué pasó después?
Laura le narró todo lo que había pasado, salvo por supuesto lo de Harry, lo de Sirius y lo de Buckbeack. Mientras hablaba Dumbledore la miraba a los ojos y Laura sentía que no podía ocultarle nada, sin embargo había cosas que no podía revelar en presencia de los profesores, y si Dumbledore le leía el pensamiento, como a ella le daba esa sensación, pues que lo hiciera porque él era el único que valía la pena que supiera la verdad.
Cuando Laura terminó de hablar Astoria dijo con voz apagada -Laura fue la primera en reaccionar, evitó que fuera mordida y entre todas me protegieron.
-Es algo que tomaremos en cuenta- dijo Dumbledore. -Creo que todas están consientes de que lo que hicieron fue insensato y que sus acciones merecen una represalia ¿no es así?- las muchachas asintieron cabizbajas -cada una recibirá el castigo que el jefe de su casa crea más conveniente y lo cumplirán al pie de la letra, yo añadiría una larga reflexión sobre las decisiones erróneas que han tomado y reconsiderar sus visitas al Bosque Prohibido. Por ahora vayan a descansar, profesora Sprout ¿sería tan amable de llevar a la señorita Lewis con Madame Pomfrey? Señorita Aguilar, usted espere un momento, quisiera hablarle un poco más.
-Sí, señor- respondió Laura permaneciendo en su lugar taladrada por la mirada de McGonagall.
-Minerva, creo que puedes dejar tu conversación con las señoritas de Gryffindor para mañana, ve a descansar, ha sido una noche agotadora.
Laura suspiró al ver que todos salían del despacho de Dumbledore, donde los retratos de antiguos directores, aparentemente dormidos abrían los ojos furtivamente.
-Así que usted engañó a sus amigas para entrar furtivamente al Bosque Prohibido ¿no es verdad?- preguntó Dumbledore.
-No me creyó ¿o sí?
-No- respondió Dumbledore.
Laura miró al anciano profesor ¿Por qué nunca había conversado con él? Parecía del tipo de personas que prefieran escuchar y conocer antes de juzgar, tenía un aire tranquilo, noble e indulgente que nunca había visto, sus ojos claros reflejaban una mente clara y abierta, una inteligencia sin par y un espíritu poderoso, Laura sintió por él un cariño y un respeto que antes solo había sentido por sus padres, además de una profunda admiración.
-Pues es casi cierto señor, fue mi idea, yo lo he planeado, y yo he hecho las propuestas casi siempre.
-Pero no las ha obligado, señorita Aguilar.
-Puede llamarme simplemente Laura, señor. Y no las he obligado, pero he sido la causante y las puse en peligro.
-¿Sientes culpa por lo que pudo haber pasado, Laura?
-Quisiera no pensar en eso, porque lo que pudo haber pasado es algo intangible, Tory está bien y las demás también, pero lo usaré como recordatorio para ser más cuidadosa la próxima vez.
-¿La próxima vez?- dumbledore levantó una ceja -¿piensas volver?
-Tal vez debería cambiarle el nombre al Bosque Prohibido, resulta demasiado atractivo señor. ¿Puedo hacerle una pregunta? Además de esta por supuesto.
-Puedes- sonrió Dumbledore.
-¿Cuándo era joven no se sentía atraído por lo que le decían que no hiciera?
Dumbledore pensó un momento -sí, es parte de la juventud.
-Eso creí, pero la mayoría de los adultos se niegan a aceptar que han sido como nosotros y se presentan a sí mismos como ejemplos de rectitud, ¿usted también?
-No, eso es lo que me ayuda a tratar de comprender a los jóvenes y descubrir cosas que otros no pueden, tú, por ejemplo, estoy francamente sorprendido por tu mente tan despierta y tu conversación fluida.
-Eso es porque he decidido hablarle con toda sinceridad, pregúnteme lo que quiera y responderé con verdad.
-¿Por qué has tomado esa decisión?
-¿Usted sabe leer la mente?
Dumbledore soltó una risa un poco ronca pero verdaderamente divertida. Laura no obtuvo la respuesta a su pregunta, pero igualmente no la necesitaba, sabía que Dumbledore era capaz de leer la mente.
-Hay algo que me preocupa, señor ¿habrá sido el profesor Lupin quien nos atacó? No me gustaría haberlo lastimado, es tan buen profesor y tan buena persona.
-¿A qué te refieres?- preguntó Dumbledore con un chispazo en los ojos que indicaba que se había puesto en alerta.
-Bueno, sé que el profesor Lupin es licántropo, lo se hace mucho, Lia y yo lo sospechábamos cuando desaparecía en luna llena y luego volvía con el rostro demacrado, lo pudimos confirmar cuando el profesor Snape se empeñó en que estudiáramos a los hombres lobo.
-Impresionante, muy impresionante- murmuró Dumbledore -no te preocupes, si ha sido el profesor Lupin, estará muy contento de saber que han podido defenderse de él, mas lo lastimaría saber que le ha hecho daño a alguien.
Después de eso hubo un largo silencio.
-¿Puedo irme, señor?
-Antes hay algo que quisiera preguntarte.
-Yo no sé nada, señor- respondió Laura viendo llegada la conversación por la que sabía que Dumbledore la había retenido - no sé qué Harry intentó ayudar a Sirius Black, no sé qué Black no es el criminal que todos creen, no sé que Buckbeack sigue vivo, tampoco sé que Hermione tiene un giratiempos porque no vi como había dos Harrys y dos Hermiones en la misma línea del tiempo, y por supuesto tampoco sé que usted lo sabe, y no se preocupe, no intentaré atar los cabos que quedan sueltos y no le diré nada a nadie porque yo no sé nada. Y mis amigas tampoco saben nada.
Dumbledore sonrió -ya que no sabes nada, no voy a preocuparme. Puedes ir a descansar. Volvamos a conversar alguna vez.
-Por supuesto, señor. Por cierto, le recomiendo visitar ese claro del Bosque del que le hablé, seguro usted sabrá apreciar su belleza, pero revise el mapa lunar antes. Descanse.
-Duerme bien.
-Lo dudo, a pesar de lo que le dije voy a pasar la noche pensando en lo que pudo haber pasado, creo que se llama culpa.
En efecto, al volver a su dormitorio, Laura descubrió que Ginny la esperaba despierta con intenciones de saber lo que había hablado con Dumbledore, pero antes Laura corrió a su baúl en busca del mapa lunar que había consultado y descubrir el fallo, su deducción sobre la luna llena había sido correcta, el problema estaba en que el mapa era del año anterior. Después de esto Laura le contó a Ginny su plática con Dumbledore y pasaron gran parte de la noche repasando los sucesos que habían experimentado y el escalofrío les recorrió el cuerpo de solo pensar que Astoria pudiera ser mordida por Lupin y de las complicaciones que eso pudo haber causado en su vida futura.
La mañana siguiente se levantaron temprano, con la firme intención de buscar al profesor Lupin, tuvieron que esconderse de Colin y Alex que estaban ansiosos por saber si los rumores eran ciertos, el primero quería tomar fotos, el segundo preguntar si podía acompañarlas alguna vez al Bosque, con mucha precaución lograron salir de la Sala pero apenas traspasar el retrato de la Dama Gorda se encontraron con el severo rostro de la profesora McGonagall, las llevó a su despacho y les lanzó una reprimenda que duró horas, porque no conforme con decirles las cosas una sola vez les repitió todo, Laura puso cara de culpa y se desconectó apenas volvió a empezar con el discurso.
Cuando salieron del despacho de McGonagall el desayuno había concluido y se había perdido los postres, pero llevaban consigo la promesa de la profesora que apenas empezar el nuevo curso le quitaría a Gryffindor cincuenta puntos por cada una y pasarían por lo menos dos meses castigadas para mantenerla ocupadas ya que disponían de tanto tiempo libre.
-Va a ser difícil saldar la deuda de puntos- se quejó Ginny.
-Más que difícil, aburrido- corrigió Laura.
-Aburridos, los días de castigo.
Ambas suspiraron.
Al llegar al despacho de Lupin tocaron la puerta. Lupin les dijo que podían pasar, lo encontraron con sus viejas maletas de viaje hechas junto a él, miraba con nostalgia las paredes vacías, tenía las manos en los bolsillos, un aspecto bastante desmejorado y la cara llena de rasguños.
-Creo que se me ha caído una muela- dijo Lupin.
-Lo siento profesor, creo que esa fui yo- dijo Laura -le aparecí hielo en la boca y tuvo que triturarlo.
Lupin volteó a verlas con una sonrisa propia de su amable carácter, aunque estaba un poco triste y preocupado. -Dumbledore me contó todo, ¿su amiga está bien?
-Si- respondió Ginny -un poco asustada pero bien.
-¡Ay profesor!- exclamó Laura y lo abrazó para sorpresa de él y de Ginny.- Discúlpenos por haberlo hechizado- dijo cuando lo soltó.
Lupin rio brevemente -al contrario, me hace muy feliz que sepan defenderse.
-¿Ha dimitido profesor? O Dumbledore…- preguntó Ginny.
-He renunciado, y es una lástima porque este empleo es de mis favoritos, pero soy demasiado peligroso.
-Si es una lástima, usted es mi maestro favorito, y por mucho- suspiró Laura.
-Bueno, me tengo que ir- atajó Lupin cuando la cosa comenzó a ponerse demasiado sentimental.
-¿Podemos escribirle?- preguntó Laura.
-Por favor- dijo Lupin tomando sus valijas y un contenedor de cristal.
Laura y Ginny lo vieron atravesar la puerta y avanzar hacia el pasillo, ellas caminaron hacia las cocinas y en el último momento decidieron mirar a través de una ventana, vieron al profesor Lupin desaparecer con dirección al puente cubierto como hacia tantas veces, pero esta ocasión no lo verían volver.
Uuy actualizo porque los deje en suspenso, pero tranquilos, todos siguen bien jaja.
Un saludo especial a Juli ly que al parecer le gusta amenazarme de muerte jeje, comienzo a creer que es mortifaga ¬¬ o eres del estilo de Umbrigde (el lobo vestido de cordero rosa??)
Saludos a todos!! Nos vemos hasta la proxima y gracias por sus comentarios!!