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Tres slytherin, tres amores — capítulo 10

Desprecio:

   Ginny estaba harta. Sencillamente, ella no era una cualquiera. Él no podía ir y venir a su antojo y luego tomarla como si fuera una fulana. No, no se lo permitiría. Ella tenía su orgullo.

   Hace mucho tuvo un amor. Uno dulce y tierno, que comenzó cuando era una niña. Primero, lo idolatraba, luego, le provocaba una terrible timidez, pero después, le demostró de lo que era capaz y, justo cuando ya había pasado pequeñas cosas con él, viene Lord Voldermort y lo arruina todo. De un momento a otro pierde a su familia, a sus amigos, a sus compañeros de colegio y al él… A Harry. Todo porque los malditos mortífagos la agarraron desprevenida, la torturaron, la violaron y hicieron prisionera. Y para colmo de males, quien se hace acreedor de su persona resulta ser un idiota presumido que cree qu ella le debe obediencia y respeto. ¡Está loco!

   La primera noche que pasaron juntos él no le habló sólo la hizo desearlo y luego aprovecharse de eso. El muy canalla la tomó para sí sin siquiera preguntarlo antes. De hecho, jamás le ha dirigido la palabra, como si ella fuera tan despreciable que fuera necesario hablarle. Salía todo el día y la dejaba aburriéndose sola ahí, en esa inmensa casa. Luego, llegaba en las noches, la despertaba y la llevaba derecho a su recamara, para volver a apoderarse de su cuerpo sin que ella pueda hacer nada para detenerlo, porque el muy bastardo la seduce con su cuerpo. A veces, ni siquiera alcanzan a llegar a su recamara y terminan haciéndolo en su propia habitación o a medio camino. Eso era denigrante.

    Pero esa noche no lo iba a aceptar. Le iba a decir unas cuantas cositas antes. Él la iba a escuchar.

   Sintió el portazo en la planta baja. Él había llegado. Tomó aire, se armó de valor esperando a que apareciera. Cuando se abrió la puerta, y él dio un paso dentro, ella levantó las manos delante de su cuerpo, como queriendo protegerse de él, y dijo:

-No.

  • Más bien se lo gritó. Reuniendo fuerzas continuó con el discurso que tenía preparado. - Ya no aguantó más. Esto no puede seguir. - En ese instante, se atrevió a mirar sus oscuros ojos. - No puedes venir aquí y tomarme cuando se te de la gana. Yo soy una persona, una mujer. Y no una cualquiera a la cual domines a tu gusto. No, no lo soy. No soy una… - Y bajó la mirada tratando de encontrar una palabra adecuada.

-¿Puta?

  •  Cuando volvió a subir su mirada, se encontró con sus ojos llenos de ira. - Porque no te has portado precisamente como una santa todas estas noches junto a mí. - Al escuchar  eso, ella sintió que se llenaba de una fuerza descomunal: rabia. Y no una rabia cualquiera, era una rabia Weasley, que podía ser mortal.

-No me puedes estar llamando así. ¿Qué eres? ¿Un cretino? - Ya llena de rabia. - ¿Qué podía esperar de un..? - Pero no alcanzó a terminar el insulto porque él la detuvo con una respuesta.

-Cuidado con lo que dices, Weasley. - mirándola con mucha ira en la mirada. - no querrás ser castigada. - y sonrió, dándole a entender de lo que se traba el castigo.

-No te atrevas a tocarme. - lo dijo roja de indignación. - Yo no spy una cualquiera para que me insultes.

-¿A no? - se lo decía todo con tal altanería, que ella sentía ganas de golpearlo. - ¿Qué no eras tú la puta de Potter? O ¿Qué? ¿Creías que nadie lo sabía? Pues te equivocaste querida, todo el mundo conocía tu relación con el cara rajada. Tenías una reputación bastante maltrecha. Todo el colegio quería saber ¿Qué te hacía el Potter para que corrieras tras él como un perrito faldero?


   Debía reconocer que ver sus ojos agrandarse de ese modo y su semblante empalidecer lo había hecho sentir en la maldito de los malditos. Un verdadero imbécil. Todavía no entendía por qué le había dicho todas esas palabras. Seguramente para fastidiarla.

   No entendía por qué quería decirle todas esas cosas ahora. Precisamente ahora. Él no entendía a esa mujer, como tampoco entendía lo que le hacía a él. Como ella, una griffindor, una Weasley, una pobretona podía hacer que él un sangre pura, de Slytherin, con un buen apellido, cayera rendido a sus pies, con sólo mirarla. Sólo en el sentido físico, por supuesto. Es que ella lograba en una mirada hacer lo que otras logran luego de una buena tanta de besos y caricias. Con ella no era necesario.

   Cada noche, él iba a bares, coqueteaba con mujeres, las seducía, las llevaba a habitaciones de hoteles y hacía el amor con ellas. Y quedaba satisfecho. Todas eran espectaculares y bastante expertas. Pero al llegar a casa, siente ese aroma característico de ella, sube las escaleras embobado en sensaciones y se dirige sin saber por qué a su recámara para verla durmiendo angelicalmente. Su cuerpo responde al instante. Y, pese a haber pasado tardes enteras en los brazos de otras mujeres, la toma y le hace el amor toda la noche. Claro que siempre debe seducirla antes. Y esa es una tarea que le encanta.

   Al ver sus ojos dolidos, sintió deseos de darse de patadas a sí mismo.


   No podía creer lo que estaba oyendo. Él no sólo la insultó, sino que también la despedazó de a poquito. Se sintió tan humillada, que hasta hubiera preferido que le hubiera golpeado en la cara antes que eso.

   Pero ese sentimiento se fue convirtiendo en odio, en rabia, en ira. Una ira tan grande que no pudo sostener más su cuerpo y se lanzó contra él, con uñas, dientes, manos y pies. No veía, solo golpeaba. Era tanta su desesperación, que no sentía el dolor al golpearlo. No sentía nada.

   Él no hacía nada para defenderse. Se dejó hacer. Estuvo luchando por desangrarlo un buen rato antes que sintiera caer a la cama con él encima. Cuando se dio cuenta, se miró y luego a él.

   Tenía sangre en la camisa. Rasguños en su rostro, cuello brazos y manos.

   Cuando lo vio, acercó su mano, instintivamente, a uno de los rasguños, pero él la detuvo. Ella lo miró a los ojos.

-Lo siento. - susurró. Él sólo la contemplaba. Luego de unos segundos:

-No lo sientas. Lo merecía. - Agarró su mano con más fuerza. - escucha, yo… No soy un hombre que crea en el amor. Mi padre murió cuando era un pequeño y mi madre…

  • pensó un momento antes de seguir. - Bueno, digamos que mi madre no ha tenido mucho tiempo para estar conmigo. Por eso no entiendo tu devoción por tu familia, por tus amigos o por Potter. Sé que los debes extrañar mucho. Pero… - No pudo continuar, porque ella le tapó los labios con uno de sus dedos.

-Shhh.

  • Acercó sus labios a los del slytherin y los besó suavemente.

   Ella sabía que era sincero. Jamás un slytherin abriría así su corazón. Además, ella se sentía bastante mal por lo que había hecho. Él tenía derechos con su cuerpo. Si quisiera la podría tomar a la fuerza, pero no lo hace, se da el trabajo de seducirla hasta que ella cede. Esta vez sería distinto. Le entregaría su cuerpo sin dudas. Debía admitir que estar con él era mucho muy placentero. Él la hacía ir a las nubes. Por eso hizo lo que hizo.

   Se separó de él un poco y, mirándolo a los ojos, se fue quitando la ropa. Él pestañó como confundido. Pero cuando se deshizo de toda la ropa, se acercó a él y lo besó con mucha más ansia que antes. Con agua limpió y vendó sus heridas. Y luego ambos se consumieron en una pasión desbordante.

   Esa mañana, los tres jóvenes slytherins recibieron una carta de alarma. La cual los hace considerar que sus vidas y la de sus jóvenes amantes cambiarán de una forma drástica.

Guerreros del Señor Tenebroso:

Se les comunica que la aparición de Harry Potter es un hecho. Ha reunido a un ejército de magos que lucharán contra nuestro señor y contra nosotros. Nos pondremos en contacto, cuando se necesite de sus servicios.

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Espero que les guste...

este capitulo da un giro en 180 ° a la historia...

por favor sigan comentando.