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Tres slytherin, tres amores — capítulo 9
Demonios Internos:
Draco la había llevado a una hermosa casa, que era grande, pero no tanto como la mansión Malfoy. Se le otorgó una linda habitación, espaciosa y bien iluminada. Pero una vez instalada, él salió de la casa y no volvió a aparecer.
Hermione intentó no desesperarse. Estaba sola en esa casa. Sólo estaba un pequeño elfo a su servicio, aunque para ella era más fácil hacer las cosas por sí misma. Casi ni se veían. Ella se lo pasaba metida en la biblioteca de Malfoy, que parecía casi tan grande como la de Howarts. Bueno, no tanto, pero sí era muy grande. Pasaba días enteros leyendo cuanto libro veía. Aunque sí quería que sucediera algo interesante en esa casa, también trataba de aprovechar al máximo su tiempo a solas.
Lo más horrible era la noche. Las pesadillas la atormentaban. Y luego, llegaba el insomnio. Al final terminaba pensando en todos, en sus amigos, sus padres e, incluso, en el rubio. ¿Qué estaría haciendo? ¿Cuándo llegaría? ¿Qué estará pensando hacer con ella? ¿Es que acaso planeaba mantenerla encerrada ahí hasta que se muera? Estaba cayendo en una desesperante necesidad de gente a su alrededor.
Una noche, luego una de las más espantosas pesadillas que había tenido. Hermione, sintió un ruido proveniente del primer piso. Lo cual era absolutamente imposible de no oír con el silencio imperante de esa casa.
Se levantó de la cama, salió de su habitación y bajó las escaleras. Abajo se encontraba un rubio bastante desaliñado, con los ojos rojos y con un apestoso olor que era una mezcla entre alcohol, cigarros y olor corporal. Él subió su mirada y se encontró con la suya. Cuando la castaña iba a decirlo algo, él comenzó a caminar alejándose de ella, rumbo a su oficina.
Lo alcanzó cuando él estaba hurgando entre unos papeles.
-Hola. - No supo que mas decirle. - Nos has vuelto hace mucho. - Él levanto la cabeza y la miró fijamente. - ¿Dónde estuviste?
-Eso no es de tu incumbencia. - Lo dijo sin perderla de vista. Luego, tomó algunas cosas y se dispuso a marcharse, pasó al lado de ella, esta vez sin mirarla.
-Draco…
- Como él no se volvió, su rabia comenzó a fluir. - Maldición Malfoy… No puedes ser un poco más considerado. Sobre todo, teniendo en cuanta que yo no he salido ni he hecho ninguna cosa más que estar encerrada aquí, leyendo todo a mi paso y tú has estado afuera haciendo no sé qué.
Draco se quedó inmóvil al oír el ataque de histeria que le dio a la castaña. Primero, porque desde que estaban en el colegio que no la oía gritarle de ese modo. Y segundo, porque le dio un vuelco al corazón verla de esa forma tan desamparada. Parecía un cachorrito perdido. Pero no. Él no podía enternecerse por ella. No podía. No podía enternecerse por esa sangre sucia muggle. Por esa sabelotodo amiga de Potter. Por esa castaña, amor secreto a voces del pobretón del Weasley. Simplemente iba contra todo lo que creía. Así es que prefirió ser lo más frío y cruel posible. Para que ella sea la que lo desprecie tanto que no soporte estar cerca de él.
-Y ¿Qué se supone que quieres que haga, entonces? ¿Abalanzarme sobre ti y repetir lo que hicimos la última vez que estuvimos en una cama? - Ella abrió los ojos de par en par. - o quizá no quieras una cama, tal vez te gustaría que te tomara aquí y ahora. - Se acercó poco a poco, a medida que lanzaba esas crueles palabras. Cuando estuvo a unos centímetros de ella, le dijo: - Tal vez prefieres hacerlo con los ojos cerrados para imaginar que quien te está tocando es él, Weasley. - Le susurró. Viéndola estremecerse. - O ¿qué?, ¿Creías que no lo sabía? ¡Por favor! Todo el colegio lo sabía. Era un secreto a voces. Ambos se gustaban, pero ninguno tenía el coraje de expresarlo con palabras al otro. Y eso que son los leones, los que poseen un extraordinario coraje. - Terminó casi gritando. Y se alejó de ella.
Hermione sentía la ira crecer a grandes pasos dentro de ella. No podía creer lo que estaba escuchando. Primero, la insulta con lo que pasó entre ellos. Luego, se mete en su relación con Ron. Y, más encima, se atreve a llamarla "Cobarde". Eso era el colmo, pero no lo dejaría así.
-Eres… un… maldito… imbécil… - Lo dijo casi escupiendo las palabras. - ¿Qué maldita cosa te pasa? ¿Me puedes explicar? - Sus ojos casi echaban chispas de los ojos.
- No entiendo como fui tan estúpida de caer tan bajo para meterme en la cama contigo. Pero no lo seré de nuevo. No cometeré ese error dos veces. ¿Me oyes? - en ese punto prácticamente le estaba gritando - Y no permitiré que metas a Ron en esto. Él no tiene nada que ver, ni nada que envidiarte. Sino al revés, deberías ser más como él. - Se le acercó apuntando a su pecho con su dedo índice, para darle más énfasis a sus palabras. - ¿Y quién eres tú para hablar de cobardía? El más cobarde de todos. - dijo levantado las manos. - Eres el títere de tu papá. Lo has sido toda tu vida. Y ahora, además eres el títere de Lord Voldemort. Y ¿Tú me vienes hablar a mí de miedo? Cuando tú eres el rey de los cobardes… - Y no pudo seguir más, porque un fuerte golpe en su mejilla la había mandado directamente al suelo.
Una terrible quemazón se apoderó de su rostro. Lo miró totalmente estupefacta. En su mirada había puro odio. Nada más. Tanto que le hizo contener el aliento de puro miedo. Después de todo tenía razón, ella era una cobarde. Él dio media vuelta y se alejó.
Hermione, se quedó un momento en el suelo, esperando que el miedo pasase. Cuando recuperó un poco la capacidad de movimiento se fue derecho a la biblioteca. En ese lugar, se puso a ojear un libro. Mientras pensaba, se arrepentía de sus palabras. Prácticamente le enroscó en sus narices lo que todos sabían de él. Además, ¿Qué culpa tenía él que su padre fuera un auténtico cretino? ¿O que lo criaran a él como a un cretino?
Mientras estaba leyendo, sintió una mirada sobre ella. Al levantar la vista se encontró con unos ojos grises totalmente apagados. Es como si sus ojos representaran como se sentía su alma en esos momentos. Cuando él comenzó a acercarse, ella se levantó, como por instinto. Aunque se contuvo de salir corriendo de ahí. Él levantó una mano y suavemente le rozó la mejilla golpeada. Se notaba que se estaba conteniendo, para no hacerle daño. Pero ella no aguantó ver esa mirada tan triste.
-Lo siento. No debí… - Cualquier disculpa que hubiera podido decir, se esfumó cuando él puso su dedo sobre sus labios y la miró a los ojos. Luego todo se difuminó, cuando de repente Draco se abalanzó sobre sus labios. Para ella fue magnífico. Maravilloso sentir sus labios. Aunque esta vez el beso no era para seducir, sino para sanar. Era para que él se desechara de todos sus demonios. Para que él se sintiera mejor.
Draco siempre supo que cuando estuvo la primera vez con la castaña en la cama fue para que ella pudiera enfrentar lo que le había ocurrido y para que disfrutara de una entrega y no de un robo a su persona. Porque cuando ella estuvo entre los mortífagos, se le arrebató todo lo que una mujer se esmera en cuidar para el hombre que ellas consideran "el adecuado". Y eso fue precisamente un "robo".
Pero ahora, era él el que tenía que enfrentar ciertas cosas. Por eso fue, que cuando la comenzó a besar, ya no hay nada que pensar, sino actuar. La necesitaba, no sabía hasta qué punto. Pero sabía que su cuerpo la necesitaba. Y como ella se entregó con todo al beso, él supo que ella así lo entendía.
Profundizó el beso. La verdad es que tenía mucha hambre de su cuerpo. La levantó y la colocó encima de la silla. De a poco se deshizo de la ropa de ambos. Y se encontró en una vorágine de sensaciones. Cuando por fin pudo entrar en el cuerpo de la castaña ambos dieron un suspiro de satisfacción. Antes de terminar le dijo lo que había estado rondando en su cabeza desde hace mucho.
-Perdóname.
- Fue breve. Pero él sabía que ella comprendería. Y por su expresión, lo había hecho.