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La máscara de Balduino. — capítulo 16

Jerusalén, 1184.

-         - Jaque - anunció Balduino.

La joven movió su rey antes de que se lo mataran.

-         - Me estás dejando sin ejercito- dijo Sherezade bromeando-. Déjame que te mate alguna ficha, por favor.

--Te estoy dejando. Es que tú no te das cuenta.

--¿Ah, sí?

Balduino volvió a mover una ficha.

--Jaque mate. Lo siento Rayo de Sol.

--A ti no se te puede ganar nunca.

Desde que Sherezade había llegado Balduino dejó de estar todos los días solo. La joven iba casi todas las tardes a visitarlo y hacerle compañía. Charlaban de cosas del pasado y jugaban al ajedrez.

--¿Te has enfadado?

-         - ¿Yo? No. Has ganado justamente.

Balduino la miraba intentando intimidarla, por mucho que Sherezade lo evitaba acabó por admitirlo.

--Bueno, sí. Estoy algo cabreada. Es que no te gano nunca. ¿Por qué eres tan bueno en esto?

--He pasado muchas tardes aquí encerrado jugando yo solo. Cada día perfeccionaba una técnica.

Sherezade intentó cambiar de conversación.

-         - ¿Sabes algo de Godofredo?

Hacía una semana que Godofredo junto a unos hombres se marchó a Francia para visitar a su hermano.

--No. Solo ha pasado una semana. Habrá acabado de llegar a Messina.

--¿Lo hechas de menos?

-         - Claro. Como todo el mundo.

--Esperemos que lleguen pronto noticias suyas.

-         - Sí.

Sherezade lo veía preocupado, notaba algo en sus ojos que no le gustaba.

--Ahora vuelvo- anunció la joven.

--¿A dónde vas?

--A por una cosa que he de enseñarte. No tardo.

Cuando la joven volvió estaba vestida con ropas de baile, para danza del vientre. Iba de blanco y con adornos dorados.

-         - ¿Pero… que? ¿De que te has vestido?-dijo Balduino con la boca abierta, pero la máscara no le dejaba mostrar aquella expresión.

--¿Qué? ¿Te gusta?

--¿Por qué te has vestido así?

-         - Tú dices que durante estos años has aprendido a jugar mejor al ajedrez en tus momentos de soledad. Pues yo en mis momentos de soledad me he ensañado a bailar.

--¿Y quieres enseñarme como bailas?

--¿Por qué no?

--No sé… pensaba que eso era más privado.

--Balduino, tú y yo tenemos confianza. ¿Quieres que te enseñe como bailo o no?

--Mujer… Sí quieres baila, no te dejaré sin esa ilusión.

Balduino no estaba muy convencido de que bailara, pero al mismo tiempo lo deseaba. Nunca había visto a una mujer vestida con poca ropa y bailar para él. Y pensar que el cuerpo de esa chica hubiera podido ser suyo.

Sherezade le hizo una sonrisa y empezó moviendo el vientre y la cadera.

--¿Y no te rompes la cadera con esos movimientos?- dijo el rey bromeando.

--Ha, ha… Que gracioso.

La joven siguió bailando haciendo cada vez movimientos más sensuales, haciendo que por primera vez Balduino sintiera deseo. Ahora el rey conocía aquella sensación. Estuvo todo el rato callado comiéndosela con la mirada. Y aunque la máscara no lo mostrara, estaba sonriendo.

Cuando Sherezade terminó le hizo una reverencia. Balduino aun embobado la aplaudió.

--¿Te gusta mi técnica de ajedrez?- preguntó la joven bromeando.

--¿Para que la utilizas? ¿Para embobar a tu adversario y así ganar tú? Te he pillado.

-Sherezade se sentó sobre las rodillas del rey y le dio un beso en la mejilla de la máscara.

--¿Por qué has hecho esto?

--Siempre he soñado en bailar para ti. No he encontrado mejor ocasión.

La joven lo abrazó y apoyó su cabeza en su pecho.

--¿Cómo es que nunca te has casado, Sherezade?

-         - Pagué a un médico para que le mintiera a mi padre diciéndole que no podía tener hijos. Desde entonces ningún hombre quiso casarse conmigo.

--¿Por qué hiciste eso?

--Porque yo solo soy tuya.

--Tu padre rompió nuestro compromiso porque yo no podía darte hijos. Lo hizo para que pudieras llegar a tenerlos. ¿E hiciste eso?

--Mi padre se lo tomó como un castigo por haber roto nuestro compromiso. Yo no he querido nunca a otro hombre. Todo cuanto he querido en mi vida eres tú.

Al oír aquello Balduino la rodeó con sus brazos. Nunca en su vida llegó a pensar que una mujer le dijera "te amo". Y ahora la tenía a ella, su antigua prometida, la única mujer que lo amaba de verdad no como lo amaba Sibila. En los ojos de Balduino volvió a aparecer la chispa de la felicidad. No supieron cuanto tiempo estuvieron así abrazados.

La tristeza volvió a cernerse sobre Balduino.Su madre Inés de Courtenay estaba apunto de morir. Le quedaban días, puede que horas. Así que sus hijos fueron a despedirse de ella. La primera fue Sibila.

--¿Madre?- dijo la princesa esperando a que la mujer abriera los ojos.

--Hola Sibila. ¿Vienes a despedirte de tu madre?

--No. Vengo a ver como está mi madre. Todavía es demasiado pronto para despedirse.

--Tú sabes tanto como yo que no es demasiado pronto.

Sibila le cogió la mano.

--Mi niña… ¿Quién me iba a decir que te hubieras convertido en la mujer tan hermosa que eres?

--Soy igual de hermosa que tú.

-         - No. Tus rasgos son los de tu padre. Ese pelo negro tan hermoso que tienes no es mio. Y esos ojos tampoco.

Las dos se miraron sonriéndose.

-         - Cuida siempre de tu hermano. Jamás le lleves la contraria. Y cuando él muera haz que perdure la paz que él ha conseguido.

--Lo haré.

--Hazlo Sibila. Él te quiere más que a su vida.

--Y yo a él mamá.

-         - No me encuentro muy bien. Pídele a tu hermano que venga antes de que sea demasiado tarde. Despídete de mi nieto de mi parte.

--Claro que sí mamá. Ahora le digo a Balduino que venga.

--No hará falta. Ya estoy aquí.

Sibila se dio la vuelta y se encontró a su hermano mirándolas con la mirada triste.

-         - Yo os dejo solos- anunció Sibila.

La princesa salió de la habitación sin siquiera mirar a su hermano a la cara. Balduino no se enfadó con ella, sabía que no lo miraba por lo de la máscara.

El rey se acercó a su madre y le cogió la mano.

--¿Como os encontráis?

-          -Mal, me estoy muriendo, cariño. ¿Cómo crees que debo encontrarme?

--Um… perdón.

--Balduino… Cuida de tu hermana y tu sobrino.

--Ya lo hago madre.

--Lo sé. No te enfades con tu hermana si no va a verte. Ella lo está pasando muy mal.

--Ella ya me dio razones y yo las entendí. No me enfado con ella.

--Eres un gran rey, hijo mio. Mucho mejor que tu padre.

--Lo soy por toda la ayuda que me habéis dado tú, Godofredo, Tiberias… todo esto os lo debo a vosotros.

--¿Quisiera pedirte un favor?

--¿Cuál?

--Me gustaría que te quitaras esa máscara para poder ver tu verdadero rostro por última vez.

--No madre. Quiero que te quedes con él recuerdo de como era antes.

-         - Por favor, Balduino. Hazle ese favor a tu madre. Solo pido ver a mi hijo por última vez. Por favor…

--No es una buena imagen.

--Me da igual. Yo te traje a este mundo y te aceptaré siempre.

Balduino le coincidió ese último deseo a su madre. Cuando Inés vio el rostro de su hijo no pudo evitar cerrar los ojos y hacer un suspiro.

--¿Estoy horrible verdad?

Inés abrió los ojos y le hizo una sonrisa. Luego puso la mano en la mejilla de su hijo.

--Mi niño… nunca dejarás de ser hermoso.

Balduino apartó la mano de su madre de su cara. Se dio la vuelta para volver a ponerse la máscara. Cuando se la puso se volvió hacia su madre.

--¿Mamá?

Inés lo miraba, pero en sus ojos ya no había vida. El rey cerró sus parpados y le acarició la mejilla.

--Adiós madre.

Al salir de la habitación Balduino se encontró con la criada de su madre.

-         - Mi señor- saludó la chica haciendo una reverencia.

--¿Dónde vas, Amira?

--A ver si la señora me pide que haga algo, majestad.

--No creo que mi madre vuelva a pedirte algo.

--¿Cómo? ¿La señora ha…?

--Sí. Ve y da la alarma.

En el entierro de Inés Balduino soltó unas cuantas lágrimas, pero parecía que no lloraba porque las lágrimas le corrían por dentro de la máscara. Sherezade no se apartó de su lado en ningún momento. Sibila estaba algo más distante. Balduino quería acercarse pero al estar Guy acompañando a su hermana decidió mantener distancias.

Dos semanas más tarde Balduino recibió una carta desde Messina de parte de un jefe de los Caballeros Hospitalarios que acompañaba a su tutor en su viaje a Francia.

--¿Carta de Godofredo, mi señor?- preguntó Tiberias.

--No. Del Hospitalario que lo acompañaba.

--Qué raro. Leedla a ver que pone.

Balduino abrió la carta y empezó a leer.

--No… no… no puede ser.

--¿Qué pasa mi señor?

Balduino le entregó la carta a Tiberias.

-          -Godofredo… Tú no- dijo Balduino llorando.

--¿Godofredo muerto?- dijo al llegar a la parte de la carta donde lo ponía.

--¡Dios no! ¡Maldita sea!

El rey se levantó furioso y estuvo a punto de tirar todos los objetos que había encima de su escritorio al suelo, pero Tiberias lo paró.

--Cálmese, majestad.

-         - ¡¿No ha habido bastante con la muerte de mi madre que ahora esto?!

Tiberias le ayudó a sentarse en una silla y estuvo allí consolándole hasta que se calmó.

Godofredo había muerte por las fiebres que le habían producido una herida de flecha. Le prepararon una emboscada a él y a sus hombres.

Balduino estuvo en cama sin querer levantar cabeza. Le habían quitado a su tutor, a su segundo padre. No podía creerse que no lo volvería a ver en su vida. Aquel hombre que le había enseñado todo cuanto sabía, lo había apoyado, había estado a su lado en los momentos más difíciles, lo había ayudado a enfrentar su enfermedad y ahora estaba muerto.