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La máscara de Balduino. — capítulo 17

Jerusalén, 1184.

Hacía poco más de una semana la corte de Jerusalén había recibido la noticia de la muerte del barón de Ibelin. Ahora recibían una nueva noticia. Godofredo tenía un hijo bastardo al que nombró barón de sus tierras antes de morir. Su nombre, Balian.El muchacho ya se había echo famoso en todo Jerusalén, con solo llegar ya había aniquilado a uno de los jefes de Saladino por la disputa de un caballo. Saladino no vio razones de romper en el compromiso de paz dado que Balian ganó el combate justamente.

Sibila al enterarse de que Godofredo tenía un hijo, quiso ir corriendo a verlo. Ensilló su caballo y se fue a la casa donde se alojaba.

La princesa entró a lomos de su caballo por el patio delantero de la casa. Un joven apuesto se acercó a ella.

--¿Dónde está el señor?- preguntó Sibila.

--No tengo- contestó el joven.

Sibila se bajó el pañuelo que le cubría la cara y se quedó mirando detalladamente al muchacho. Tenía los ojos castaños, barba y pelo negro que le llegaba hasta los hombros. Era un joven guapísimo.

--Dame agua- ordenó la princesa.

El joven le tendió un cacharro lleno de agua. Sibila lo tomó y bebió sin quitar la vista de encima del muchacho.

--Te doy las gracias- dijo mientras le devolvía el recipiente-. Y si ves a Balian, hijo de Godofredo, dile que Sibila ha venido.

El joven le hizo una sonrisaque hizo que la princesa se derritiera. Después de aquello se marchó a palacio.

--¿Godofredo tenía un hijo?- preguntó la joven extrañada.

--Ya ves… - contestó el rey.

--¿Y de que edad?

--Creo que de la edad de mi hermana.

Sherezade paseaba por la habitación mientras Balduino revisaba unos documentos.

--Veo que todo el mundo siempre tiene algún secreto- dijo la joven.

--Seguro que Godofredo fue allí por eso. Para traerlo a Jerusalén con él. Pero el pobre no pudo regresar.

--¿Querrás conocerlo, no?

-          -Me gustaría mucho conocerlo.

--Tiberias dijo que hoy iría a verlo. Seguramente lo habrá invitado a comer a palacio.

Balduino dejó los documentos y se quedó mirándola. Sherezade le hizo una sonrisa picarona.

--Ya es la hora de comer. ¿Quieres que avise a Tiberias de que quieres conocer a Balian?

--Corre ve. Que si no vas explotarás.

--Ahora vuelvo.

--La princesa Sibila de Jerusalén y su marido Guy de Lusignan- anunció un guardia a los presentes.

Sibila y Guy entraron cogidos de la mano haciendo que los presentes se pusieran de pie. Cuando la pareja se sentó, seguidamente se sentaron los otros.

Allí estaba él, sentado junto a los otros presentes y sin quitarle la vista de encima a Sibila.

--Decidme… ¿Cuántos caballeros habéis encontrado en Francia?- preguntó Tiberias a Guy.

--Cincuenta.

--¿Han jurado lealtad al rey?

--Por supuesto Tiberias. Es obvio.

Guy iba a echar un trago de su copa de vino, pero se paró en seco al ver a Balian. Guy se fue a Francia al mismo tiempo que Godofredo y conoció a Balian en aquel viaje. Y al parecer los dos no se caían muy bien.

--¡Estás sentado en mi mesa!- le dijo Guy.

--¿No es esta la mesa del rey?- contestó el joven.

--¿Ah, sí? Hace años que no veo al rey en ella.

Sibila miró a su marido con rabia. Luego le hizo una mirada de disculpa a Balian.

-         - No puedo comer… me incomoda la compañía- dijo Guy mirando rabiosamente al joven-. En Francia este no podría heredar. Pero aquí… no hay normas civilizadas.

Tiberias y Guy se miraron. Los dos se levantaron de la mesa a la vez.

-         - Tengo asuntos en oriente- anunció Guy.

Se acercó a Sibila y se puso detrás de ella.

--Mi esposa no lamenta mis ausencias- dijo mientras le acariciaba la nuca-. O es la mejor de las esposas o la peor de las peores.

--¿Vais a ver a Reinaldo?- le preguntó Tiberias.

--No mi señor, él está mal visto y yo soy miembro de esta corte. ¿Por qué iba a asociarme con ese alborotador?

Guy desapareció de la sala.

--¡Por la mejor de las esposas!- exclamó Tiberias levantando su copa.

--¡Dios bendiga Jerusalén!- dijo Sibila uniéndose al brindis de Tiberias.

--¡Dios bendiga Jerusalén!- respondieron los presentes levantando sus copas.

Un guardia se acercó a Tiberias y le dijo algo al oído.

-         - El rey quiere ver al hijo de Godofredo- anunció el mariscal.

Cuando iba a levantarse la princesa lo paró.

--Yo le llevo.

Los dos caminaban por los pasillos de palacio sin decir una sola palabra. Cuando ya iban por el pasillo de los aposentos de Sibila y su hermano, el joven Balián por fin habló:

--Esta mañana he hablado sin saber quien erais.

--Yo sí lo sabía. No hay lugar a dudas. Amaba a vuestro padre y os amaré a vos.

Balian hizo una sonrisa tímida. Se le veía incomodo.

--¿Os da miedo estar conmigo?- preguntó Sibila.

-         - No.

Los dos se pararon enfrente a una puerta.

--Pero sí- afirmó el joven haciendo reír a la princesa.

-         - Una mujer de mi posición tiene dos caras. Una para el mundo y otra que muestra en privado. Con vos seré solo Sibila.

Oyeron un pequeño ruido. Cuando los dos se dieron la vuelta se encontraron a uno de los guardias de Tiberias espiándolos.

--Tiberias me considera imprevisible- explicó Sibila-.Y soy imprevisible.

Sibila abrió la puerta de la habitación y entró, cuando Balian fue tras ella lo frenó.

-         - No. Allí- dijo señalándole con el dedo la puerta de al lado.

El joven recorrió un pasillo lleno de antorchas hasta llegar donde estaba el rey. Lo vio sentado en su escritorio encapuchado.

--Acércate- le ordenó-. Me alegra conocer al hijo de Godofredo. Él fue uno de mis mejores maestros. Él vio como mientras jugando con otros niños me hice un corte. Y fue él, no los médicos de mi padre quien advirtió que no sentía dolor.

Balduino se levantó y se quitó la capucha mostrando al joven su rostro enmascarado.

-         - Lloró cuando tuvo que informar a mi padre, de que padecía lepra.

Balian se quedó algo sorprendido. El rey se acercó a él.

--Los sarracenos dicen que esta enfermedad es una venganza divina por nuestra vanidad. Pero por grande que sea mi desdicha, ellos creen que el castigo que me espera en el infierno es mucho más severo y duradero. Si eso es cierto… me parece injusto.

Balduino dirigió su mirada hacia su mesa de ajedrez.

--Ven, sientate- le ordenó al joven.

Los dos fueron a sentarse en la mesa de juego mientras un sirviente le servía una copa de vino a Balian.

--¿Juegas?- preguntó el rey.

--No.

-         - El mundo es un ajedrez. Un mal movimiento y podrían matarte- dijo moviendo una ficha-. Si haces lo que sea excepto quedarte donde estás no puedes saber como acabarás. ¿Alguna vez has sabido como acabarías?

--Eso creía.

--¿Y como era?

--Enterrado a cien metros del lugar donde nací.

--¿Y ahora?

--Ahora estoy en Jerusalén, ante un rey- dijo haciendo reír a Balduino.

--Cuando tenía dieciséis años conseguí una gran victoria. Y pensé que llegaría a cumplir cien años. Ahora sé que no alcanzaré los treinta.

Balduino empezó de nuevo a mover las fichas.

--Verás… nadie puede elegir su destino. O que mano le llevará hasta allí. Un rey puede mover a un hombre, un padre reclamar a un hijo. O ese hombre puede moverse solo. Entonces ese hombre empieza su propia partida. Recuerda que no importa como juegues ni para quien, tú eres el único responsable de tu alma, aunque juegues contra reyes u hombres con poder. Cuando compadezcas ante Dios no podrás decir que otros fueron dueños de tus actos o que la virtud no era oportuna en aquel momento. Eso no es suficiente. No lo olvides.

--No lo haré.

Más tarde Bladuino le mostró un documento para que lo analizara.

--¿Sabes que es esto?- preguntó el rey.

--La fortificación.

-         - ¿Qué opinas de ella?

La mirada que hizo el joven le dejó clara la respuesta.

--¡La desapruebas! ¿Cómo la mejorarías?

-         - Con una cruz o mejor una estrella.

Balian cogió una pluma y empezó a trazar en el papel mientras Balduino lo miraba.

--Así. Nadie podrá acercarse a un muro, sin exponerse a ser atacado desde el otro.

--Sí, me gusta. Estos muros son más difíciles de acometer.

Balduino se echó atrás en la silla satisfecho con el trabajo del joven.

--Muy bien. Pues ve ahora a la casa de tu padre en Ibelin, que es ahora tuya. Y dese allí protege el camino de los pelegrinos. Defiende en particular a judíos y musulmanes, todos son bienvenidos a Jerusalén. No porque sea necesario, sino porque es lo correcto. Protege a los indefensos, y quizá algún día cuando yo esté indefenso vendrás a protegerme a mí.

Cuando el joven se marchó Sherezade entró corriendo a hablar con Balduino.

--¿Cómo se parecen, verdad?- preguntó la joven.

--Como dos gotas de agua.

--¿Qué te ha parecido?

--Un joven ejemplar. Me cae bien. Se ve mucha nobleza y lealtad en él.

--He estado averiguando cosas de su vida en Francia.

--¿Y que has averiguado?

--Estaba casado con una mujer de allí. Su esposa se suicidó cuando perdieron a su hijo no nato. También me han dicho que ha matado a un fraile de allí.

--Pues yo no he visto maldad en él.

--Yo tampoco.

--Esperemos noticias sobre su estancia en Ibelin. Hablaré con Tiberias sobre él.

-         - ¿Qué te va a decir Tiberias de él? Si ya se le ve que le ha cogido cariño al muchacho. Y tú hermana también.