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La máscara de Balduino. — capítulo 21

Jerusalén, 1185.

rnrn-         rn-No han venido al entierro de su hermano yrntampoco han enviado una carta con condolencias- recriminó la princesa a sus hermanasrnIsabel y María. Ninguna de las dos se había preocupado de su hermano, cuando élrnlas había dado de todo.

rnrnSibila estaba tumbada en su cama mientras observaba susrnmanos. Se fijaba especialmente en el anillo que le regaló su hermano para quernrespetara la muerte. ¿Respetar a la muerte? ¿Acaso la muerte le respetó a ellarncuando se llevó a Balduino de su lado? Un recuerdo lejano le llegó a la mente.rnUn recuerdo de cuando eran pequeños, cuando una tarde unos niños queríanrnromperle una muñeca a Sibila y Balduino siendo un año menor se lanzó a defenderrna su hermana. Recordó como su hermano acabó destrozado por la pelea, pero aunrnasí consiguió recuperar la muñeca sin ningún rasguño. Con una sonrisa en larncara se la devolvió sin siquiera acordarse de sus moratones.

rnrn-         -rnAy… Balduino… Te hecho tanto de menos. El querndebería perdonarme por causarte dolor eres tú.

rnrnLas lágrimas empezaron a caerle por las mejillas. Se abrazórna su almohada y se quedó dormida con la imagen de la sonrisa de su hermano enrnla mente.

rnrnUnas manos suaves la despertaron.

rnrn-         rn-¿Sibila? Sibila… despierta- dijo la jovenrnmientras se sentaba a su lado en la cama.

rnrn-         rn-Sherezade… ¿Qué pasa?

rnrn-         rn-Nada. No pasa nada. Solo he venido a despedirme.

rnrn-         rn-¡¿Despedirte?! ¿Te vas?

rnrn-         rn-Sí. Todo me recuerda a él. Necesito alejarme dernesto, sino acabaré volviéndome loca.

rnrn-         -rn¿Tú también te estás volviendo loca porque él nornestá?

rnrnSherezade asintió con la cabeza.

rnrn-         rn-Sibila… lo hecho tanto de menos.

rnrn-         rn-Y yo- dijo abrazándose a ella.

rnrn-         rn-No puedo creer que se halla ido. Lo encontrérnpara volver a perderlo. Si hubiera un Dios en el cielo, no hubiera dejado quernBalduino muriera.

rnrn-         -rnSi hubiera un Dios en el cielo, nunca hubierarndejado que Balduino se contagiara de lepra a sus nueve años, ni nunca. Ssssh… tranquilízate.rn

rnrnSherezade empezó a llorar y Sibila se unió a ella.

rnrn-         rn-¿Dónde vas?- preguntó la princesa.

rnrn-         rn-A casa. Debo de encargarme de las tierras de mirnpadre. Ojala pudiera hacerme monja.

rnrn-         rn-Puedes hacerlo.

rnrn-         rn-No soy de tu religión. Me extraña que Balduinornquisiera casarse conmigo sobre ser musulmana.

rnrn-         -rnPara mi hermano toda la gente es igual. No hayrndiferencias. Le daba igual que fueras musulmana, que judía, que cristiana. Ternquería por lo que eres. Y todavía te sigue queriendo.

rnrn-         rn-¿Todavía?

rnrn-         -rnDesde el cielo cuida de ti.

rnrn-         rn-¿En que estrella estará?

rnrn-         rn-Es la primera estrella en salir y la última en irse.rn

rnrn-         rn-Entonces cada anochecer y cada amanecer mirarérnal cielo en su busca.

rnrn-         rn-Sherezade…- dijo mientras le acariciaba elrnpelo-. Me voy a quedar tan sola sin ti.

rnrn-         rn-Prometo venir a verte a ti y a tu hijo algunarnvez.

rnrn-         rn-Eso espero. Cuídate.

rnrn-         rn-Lo mismo te digo.

rnrnVolvieron a abrazarse y se quedaron allí un buen rato.

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rnrnOtra vez estaba la princesa presenciando una coronación en larncatedral de la ciudad. Esta vez la de su hijo. Con tan solo ocho años elrnpequeño Balduino estaba siendo coronado rey. El pobre no entendía ni la mitadrnde lo que estaba pasando. Era normal. Solo era un niño y su mente solo le pedíarnjugar.

rnrn-         -rnHe aquí vuestro legítimo rey y heredero al tronornde Jerusalén- dijo el obispo mientras le ponía la corona.

rnrn-         rn-¡Viva, viva, viva!- exclamaron los presentes.

rnrnEl pequeño se sentó en el trono y le entregaron el cetro yrnel orbe.

rnrn-         rn-Larga y prospera vida al rey- dijo el obispo.

rnrn-         rn-¡Larga vida al rey!- contestó la gente sinrnparar.

rnrnEl pequeño miraba todo extrañado. No podía entender lo quernpasaba. Fue coronado como Balduino V.

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rnrnJerusalén, 1186.

rnrnEl pequeño ejercía sus tareas de rey junto a su madre.rnTampoco es que hiciera mucho, simplemente firmaba los documentos con su nombrerny ponía sellos. De lo otro se ocupaba Sibila.

rnrn-         rn-Mi señora- empezó el obispo-. Vuestra carta arnSaläh ad-Din. Que la paz se mantenga, que las fronteras se respeten y que elrncomercio se reanude… ¿Es sensato mostrar nuestras intenciones? ¿No sería mejorrndejar que dure?

rnrnSibila lo miró y le quitó la carta de las manos.

rnrn-         rn-Quiero la paz de mi hermano- dijo mientras lerndeba el documento a su hijo-. Firma.

rnrnEl pequeño mojó su pluma en la tinta y firmó bajo la miradarnde cabreo del obispo.

rnrnUn criado se acercó con cera caliente para el sello.

rnrn-         rn-Coge el sello- le ordenó la princesa a Balduino.

rnrnEl pequeño cogió el sello con la mano izquierda y la derecharnla puso al lado de la hoja.

rnrn-         rn-Cuidado… Cuidado…- le advirtió Sibila al criadornmientras vertía la cera caliente en el documento.

rnrnCuando el criado levantó el recipiente de la cera, sinrnquerer cayeron una gotitas en la mano derecha de Balduino. El pequeño no se diorncuenta. No sintió dolor. Cogió el sello y lo puso en la cera y lo mantuvornmientras el obispo y Sibila lo miraban extrañados. Se habían percatado de quernel pequeño rey no había sentido ningún dolor.

rnrn-         rn-Retíralo, mi amor- le dijo Sibila.

rnrnLa princesa le devolvió el documento al obispo e intentó disimularrncon la mirada lo que acababa de pasar.

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rnrnEnseguida Sibila pidió a los médicos que le hicieran unarnrevisión a su hijo.

rnrnBalduino estaba tumbado en la cama. Un bufón lo divertía conrnuna marioneta mientras que el doctor lo revisaba. El médico cogió una aguja yrnle empezó a pinchar el pie provocando que le salieran una gotitas de sangre. Elrndoctor se percató de que el niño no sentía dolor cuando de repente Balduinornempezó a reír por una bobada del bufón.

rnrnEl médico miró a Sibila confirmando lo que el niño tenía. Sibilarnempezó a llorar y a negar con la cabeza. No podía estar pasándole lo mismo. Arnsu pequeño no.

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rnrn-         rn-Corre un rumor- empezó Tiberias.

rnrnSe acercó a Sibila y se apoyó en la mesa.

rnrn-         rn-Hay que condenarlo de inmediato.

rnrn-         rn-Es traición. Matad a quien lo difunda.

rnrn-         rn-El rumor se disipará si mostramos al chicornactivo.

rnrnSibila se levantó de la mesa y con un grito de rabia lanzórntodos los objetos de la mesa al suelo.

rnrn-         -rn¡¿Cuándo necesitará máscara?! - dijo llorando-.rn¿Vais a encargarle una, Tiberias? ¿Qué ha hecho mi hijo para merecer esto?

rnrnTiberias negó con la cabeza y en sus labios se formaron un "nada"rnpero las palabras no salieron se su boca.

rnrn-         rn-¡Jerusalén está muerto, Tiberias!- dijo conrnrabia-. Ningún reino merece que viva este infierno. E iré al infierno por él.

rnrnEl mariscal se abrazó a la princesa para calmarla. Él tampocornpodía creerse lo que estaba pasando. No había suficiente con lo que le habíarnpasado a Balduino que ahora a su sobrino también.

rnrn

rnrnSibila y su hijo viajaron a una fortaleza a las afueras dernJerusalén que les servía como residencia de verano. Los dos estaban en unarnterraza. El pequeño jugaba en el suelo con sus soldados de metal mientras quernsu madre lo observaba tumbada en un sofá.

rnrnEn aquel momento Sibila no veía a su hijo, sino a surnhermano. Tan parecidos, con los mismos juguetes y ahora en la misma situación.rnCuando el pequeño desvió una mirada hacia su madre y le hizo una sonrisa,rnSibila tuvo que apartar la mirada para no ponerse a llorar. Sobre sentirlo másrnque el alma, la princesa tenía que acabar con el problema de su hijo, así quernempezó a actuar.

rnrnSe acercó a su hijo y se agachó junto a él.

rnrn-         rn-¿Recuerdas la historia de Luan?- le preguntórnmientras se quitaba el pañuelo de la cabeza.

rnrn-         rn-No.

rnrn-         -rn¿No?- dijo mientras cogía el jinete de metal querntanto le gustaba a su hermano y a su hijo- ¿Recuerdas por qué?

rnrn-         rn-No.

rnrn-         rn-Se sentía tan solo que… llamó a los dioses.

rnrn-         rn-¿Por qué?

rnrn-         -rnEstaba desesperado. No tenía amor.

rnrnCuando acabó de contarle la historia. Se tumbó en el sofá yrnlo puso sobre ella. Empezó a cantarle una canción y consiguió que el pequeño serndurmiera.

rnrnAquel era el momento…

rnrnCon mucho cuidado para que el pequeño no se diera cuenta,rnabrió el frasco y vació su contenido en el oído de Balduino.

rnrnSibila empezó a llorar por lo que acababa de hacer. Había matado a surnhijo. Pero le había ahorrado años y años de sufrimiento. No quería que su hijornpasara por lo mismo que su hermano. Para ella fue lo mejor que pudo hacerrnaunque nunca en la vida se lo perdonaría.

rnrnEmpezó a llover. Pero Sibila no se levantó a resguardarse dernla lluvia. Simplemente se quedó mirando al jinete de metal. Miró al cielo pidiendo perdón de su hermano. Erarncomo si la lluvia la hubiera enviado él por lo que acababa de hacer su hermana.

rnrnBalduino V solamente duró unos meses de reinado. Su madrernpidió que el ataúd junto a su cuerpo permaneciera enterrado en la cripta pararnpoder ir todos los días a visitarlo.