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La máscara de Balduino. — capítulo 8
Jerusalén, 1970.
La alarma de la enfermedad de Balduino se extendió por todo palacio. El rey hizo que se examinara todos los que estaban alrededor de su hijo para saber quien le había transmitido la enfermedad, pero nunca lo supieron aunque llegaron a sospechar de un criado que murió hacía poco tiempo con el que el niño había mantenido contacto, ya que era él quien le traía la comida.
Balduino permanecía encerrado en su habitación sin salir. Siempre estaba tumbado en su cama dado que empezó a tener ataques de fiebre y la mancha del brazo empezó a expandirse. El único que visitaba al príncipe era Godofredo y su otro tutor Guillermo. Pero el niño no quería hablar con nadie, sabía que le pasaba y lo que le pasaría en un futuro.
Abdel fue ha hablar con el rey:
--Supongo majestad que ya habrá pensado en el compromiso de nuestros hijos.
--¿Qué quieres decir?
--Que el compromiso queda roto, ¿no?
--¿Roto? ¿Por qué?
--No creerá que voy a casar a mi hija con un leproso que nunca podrá hacerla feliz ni darle hijos.
--¡Su hija sería reina!
--¿Y de que sirve ser reina para que luego otro herede el trono de su marido?
--¡A mi hijo se le romperá el corazón!
- - Y a mi hija también… Pero cuando se case con un hombre sano capaz de darle hijos seguro que se le pasa. No quiero condenar a mi hija a tener una vida así. Siento muchísimo lo de su hijo, pero no quiera condenar a otra persona más.
El rey se levantó de la silla.
--Pues márchate y no vuelvas nunca a Jerusalén. Le he dado a tu hija la oportunidad de reinar y tú la has tirado por el suelo. Ya no eres bienvenido a mi casa.
--Mi señor… Espero que su hijo mejore de sus fiebres. Les deseo toda la felicidad.
--Tú acabas de quitarle una parte de ella.
--Él tampoco sería feliz al ver que su esposa sufre viéndolo como enferma. Y tampoco lo sería al ver que nos es capaz de darle un hijo ni amarla como un marido ama a su mujer.
El rey se volvió a sentar con la cabeza gacha. Abdel salió de la habitación sin despedirse.
Abdel entró en la habitación de su hija y pidió a la doncella que preparara su equipaje.
--¿A dónde vamos, padre?- preguntó Sherezade.
--A casa, hija.
--¿A casa, por qué?¿Luego volveremos, no?
--No. No volveremos nunca más.
--Pero… pero… eso es imposible. Debemos volver. Tengo que casarme con Balduino.
--No te casarás con Balduino.
--¡¿Por qué no?!- gritó la niña furiosa.
--¿Aun no te han contado lo que tiene el príncipe?
--No- dijo la niña asustada.
--Hija mía… tu mismo viste como el príncipe no sintió dolor cuando le cortaron.
--Sí.
--Los médicos estuvieron examinándolo. Balduino tiene los síntomas de una grave enfermedad imposible de curar que hará que vaya cambiando al paso de los años, hasta que muera.
Sherezade no contestó y empezó a llorar sin desconsuelo.
--¿Balduino se morirá?
--Todos lo haremos, hija. Pero el príncipe puede que lo haga antes.
--¡No…!- Sherezade empezó a darle manotadas a su padre y a berrear-. Yo quiero quedarme con él.
--Hija, si te casas con él nunca podrás tener hijos.
--¡Me da igual! ¡Yo le quiero a él! ¡No me casaré con nadie más!
El hombre le dio una bofetada a su hija que hizo que esta dejara de llorar.
--¡Prepárate para irnos! ¡No volverás a ver al príncipe nunca más!
La niña se puso la mano en la mejilla dolorida y vio como su padre salía de la habitación enfurecido.
Por la tarde Sherezade se marchó de Jerusalén sin siquiera despedirse de su príncipe Balduino.
--¿Y Sherezade?- le preguntó el niño a Godofredo-. ¿Cómo está?
Godofredo miró al niño que estaba tumbado en la cama. Sintió mucha lástima por él. No sabía que contestarle.
--Balduino… He de darte una noticia. No muy buena.
- - ¿Qué le pasa? ¿También está enferma?
Godofredo miro al cielo y se puso la mano en la frente.
--No, no está enferma.
--¿Entonces?
--Verás… No se como explicártelo.
--Explícamelo como me explicaste que tengo lepra y puede que muera. Explícamelo sin rodeos.
Godofredo se sentó en una silla para no caerse al suelo. Quería tanto al niño que no quería que sufriera más de lo que estaba sufriendo.
--Abdel Alim ha pedido a su padre que rompiera el compromiso con su hija. No quería que su hija se casara con un afectado por la lepra. Dado que no podrás tener hijos.
Balduino miró al cielo y las lágrimas empezaron a salir de sus ojos.
- - Balduino. Balduino… escúchame. No debes perecer ahora. Tienes que armarte de valor ahora. Tienes que luchar… Lucha contra esta enfermedad.
El niño seguía sin mirarlo.
--¿Quieres que te deje solo?
No contestó. Así que Godofredo salió de la habitación para que el príncipe asumiera su dolor.
Cuando su tutor salió de su habitación, cogió un cojín y se lo puso en la cara. Empezó a morderlo y a gritar de la rabia. Le daba igual que se ahogara. Le daba igual morir, le habían arrebatado lo que él quería.
El rey reunió a todos los miembros de la corte para hablar del futuro de su hijo.
--Majestad- saludó en conde de Tiberiades-. ¿Lo ha pensado ya?
--¿Pensar el que, Tiberias?
--¿Su hijo será nuestro rey?
- - ¿Qué si mi hijo será nuestro rey? ¿Acaso la lepra hace que la mente de una persona no sirva para reinar?
--¡Pero un leproso no puede reinar!- gritó uno de los presentes.
--¡Mi hijo reinará! Es mi único hijo barón y mi heredero. El único que reinará será él. Y cuando el muera, que espero que no llegue pronto, reinará mi hija Sibila.
El caos empezó entre los presentes. Nadie quería estar a las órdenes de un leproso.
--Mi señor…- empezó el obispo-. Mi señor. Su hijo también es el hijo de Inés de Courtenay. Una mujer que ya no es su esposa. Ahora vuestra esposa es María Comnena, la única esposa ante los ojos de Dios, dado que la primera no estuvo a la altura. Ahora ante los ojos de Dios vuestros hijos Sibila y Balduino son unos bastardos.
--No os consiento que habléis así de mis hijos.
--Pero es la verdad, mi señor. Usted y su esposa sois jóvenes. Podríais intentar tener hijos barones con ella. Y si es así, uno de ellos asumiría el trono.
Los presentes parecieron estar de acuerdo con la idea del obispo. El rey también pareció de acuerdo.Los únicos que no lo estaban eran Tiberias, Godofredo y uno de los jefes de los Caballeros Hospitalarios.
--Bien…- empezó el rey-. Si mi esposa tuviera un hijo barón, este reinaría. Pero no quiero negar a mi primogénito el trono, así que si mi esposa nunca me diera un barón, mi hijo Balduino reinará.
Sibila se pasaba los días encerrada en su habitación llorando. No podía creerse que a su hermano estuviera pasándole algo así. No le dejaban ir a verle. No querían que mantuviera contacto para que no se contagiara.
Nunca volvería a poder darle el beso de buenas noches a su hermano. Nunca podría pasar las noches con él abrazado el uno al otro. Nunca volvería a pasar mucho tiempo con él. Lo vería, sí, pero no tanto como antes. Nunca volvería a ser nada igual.
Balduino también se pasaba los días llorando, le habían quitado a Sherezade y ahora a la persona que más quería en el mundo, a su hermana Sibila. La echaba tanto de menos. Siempre preguntaba por ella y cuando vendría a visitarlo, pero los otro agachaban la cabeza y no le contestaban. Un día se arrancó sus colgantes de cuello. Como una vez le dijo a su hermana:
- - Me los quitaré cuando dejes de probarme tus collares.
Ahora que su hermana no le probaría sus collares, ¿de que serbia llevarlos?