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National School for talented young people "The Old Vic" — capítulo 4
Nos acostamos a las dos de la mañana, luego de que decidiéramos que para armar un buen plan necesitábamos descansar.
Al día siguiente nos despertamos algo tarde, todo por quedarnos conversando. El despertador de Evelyn sonó pero no nos sirvió mucho que digamos, apenas lo escuchamos Gerald lo apagó y continuamos durmiendo. Yo no quería llegar tarde a mi primer día de clases en una escuela nueva así que después de una hora de que sonará el despertador me armé de toda la voluntad del mundo y me levanté. Levantarlas a ellas fue mucho más difícil de lo que había pensado. Son unas dormilonas. Cuando sacudí a Andreé me lanzó un manazo y me tuve que alejar. Metsy no fue muy distinta y Gerald se puso la almohada en la cara moviendo el dedo índice en señal de negación. La única que se levantó fue Evelyn, pero en su cara se veía que quería echarse a dormir. Le dije que se acostara de nuevo, algo que ella obedeció al pie de la letra. Yo me metí al baño y me lavé la cara. Me miré n el espejo y Uff! Felizmente no tenía ojeras, algo que habría delatado mi desvelo. Salí de nuevo y busqué mi uniforme en mi maleta. Reamente ese uniforme era muy bonito. Consistía en una falda azul y blanco escocesa que iba poco más arriba de la rodilla, una blusa blanca con la insignia del colegio, un chaleco también azul y blanco escocés, una corbata michi, un saco azul con la insignia también y una boina azul marino. Las medias eran azul marino y me llegaban hasta la rodilla. Los zapatos son los conocidos negros. Teníamos que ir con un lazo bien sujeto, algo que yo dudé que todas las alumnas lo usarán, en especial las más movidas al igual que la falda, a mi me quedaba bien, me cubría lo necesario pero de hecho vería a varias chicas con la falda mostrando más de lo que debían. Me peiné lo mejor que pude, siempre he sido desastrosa para esas cosas, así que dejé mi cabello liso (algo que tampoco ayuda, porque una cosa es ser lacia y otra tener el cabello como una cortina que era mi caso) sujeto en una coleta y amarrada fuertemente por el lazo azul. Me acomodé toda, quería que los profesores se llevaran una buen impresión de mí y esta era la ocasión.
Salí del baño completamente lista y me fijé en el reloj despertador. Sentí que iba a morirme. ¡Por las barbas de mi abuela! ¡Cómo pudo haber pasado el tiempo tan rápido! Ya eran las 7:20 y todavía no se habían levantado. Me puse a gritar como loca histérica (algo muy común en mí cada vez que estoy desesperada) y las logré levantar. Ellas me empezaron a recriminar por qué no las había levantado antes. Yo me defendí diciendo que yo las había intentado levantar por todos los medios pero que ellas no me hicieron caso. No tuvieron más remedio que aceptar que tenía razón. Yo acomodé mis cosas en mi maleta verde con azul y turquesa, procurando no olvidarme de nada mientras que las ayudaba en lo que podía. Decir que dejaron el cuarto patas arriba es poco. La habitación terminó totalmente desordenada. Con pijamas, polos, blusas, faldas y cuanto artículo exista regados por el suelo. Si pasaba la inspectora que según lo que me decían pasaba todos los domingos para revisar que el cuarto estuviera en orden y que no estuviéramos haciendo nada ilegal o incorrecto, de seguro nos castigaría. Ni mi cuarto de mi casa que ya es una desgracia cada fin de mes no se puede comparar con el de nosotras ahora.
-¡APÚRENSE! - Grité después de veinte minutos en los que todavía no estaban listas - Llegaremos tarde. Según lo que tengo en mi horario - dije yo mirando las horas en mi hoja de horario - tenemos que llegar al desayuno a las 7:30 - ¡Oh, rayos! Ya lo perdimos. No podremos ir allí.
-Varias veces nos hemos perdido el desayuno - alegó Metsy - no es tan grave como perderse la cena.
-Sí, pero es mi primer día aquí y no quiero llegar tarde - dije yo exasperada para que reaccionaran - Chicas, por favor.
-Ya vamos, ya vamos - dijo Andreé aunque más lo hizo para calmarme, mientras se ajustaba su corbata.
-Las clases comienzan a las 8:00 - Geraldine se ponía atolondradamente sus zapatos y no encontraba el huequito adecuado - tenemos diez minutos de tolerancia para llegar a clases.
-Depende con quien nos toqué a primera hora - le recordó Evelyn, ella también tenía serios problemas para abrocharse el chaleco. - La de sociales no te deja llegar tarde y el pesado de matemática tampoco.
-Y además hay que considerar que son como diez minutos si corremos hasta la torre de clases - dijo Metsy acomodándose el saco - Con las justas vamos a llegar.
Terminaron de alistarse a las 7:50 y tuvimos que regresar porque Gerald se había olvidado su libro de álgebra.
Bajamos las escaleras y salimos a la hermosa mañana justo cuando todos salían del comedor. Junto a ellos habían dos profesores, nosotras nos colamos dentro de la multitud y nos confundimos fácilmente. Avanzamos con ellos hasta llegar a la torre de clases. Ahí ya los estudiantes se iban separando de acuerdo a su grado y sección.
Nosotras subimos al cuarto piso de la torre de secundaria. Es que en esa escuela los salones estaban repartidos de acuerdo al grado, los de séptimo año iban en el primer piso, los de octavo en el segundo, los de noveno en el tercero, nosotros que éramos el décimo o cuarto como lo llamaba yo, en el cuarto y los del onceavo primero en el quinto piso. Los de primer año de preparatoria iban en el sexto y los de segundo en el séptimo piso.
Caminamos por el pasillo que conectaba a otros dos y llegamos fácilmente a nuestra aula. Era una de las primeras por ser "A". Entramos y la mayoría ya estaban sentados. Yo sentí un revoltijo en mi estómago ya que era nueva y todos me miraban como una extraña. Metsy lo percibió rápidamente y me jaló para hacer las presentaciones.
-Chicos, ella es Amina Carlisle, es mi amiga desde que somos chiquitas y hemos estudiado en el mismo colegio. Es muy amigable y bueno…
Todos aplaudieron y muchos chicos me silbaron. Yo me sonrojé un poco y la seguí hasta su asiento que se encontraba casi al último. Evelyn ya estaba sentada con Geraldine y Andreé se sentó con Metsy, yo tuve que sentarme adelante sola bajo la atenta mirada de todos. Me sentí un poco incómoda pero como era nueva iba a tener que acostumbrarme a eso.
-Oigan ya dejen de mirarla - dijo Geraldine, todos reaccionaron y siguieron conversando de sus vacaciones, sus ligues, nuevas colecciones de ropa y demás cosas que pueden conversar los adolescentes de un colegio.
-¿Qué tanto avanzan en clase? - Les pregunté a las chicas - ¿Cree que estaré retrasada?
- No lo creo - me respondió Evelyn mientras saludaba con la mano a un grupo de chicas que se encontraban en el otro extremo del salón - Además tu eres inteligente, no vas a tener problemas.
-Eso espero - dije yo moviendo las manos exageradamente - ¿Y el profesor?
-Seguro que ahorita llega. No te pongas tan ansiosa. Además creo que nos toca matemática - Andreé dijo lo último haciendo una mueca de disgusto - Soy pésima en ese curso.
- A mi no me gusta mucho
- confesé para animarlas un poco ya que todas estaban con una cara de apatía total
- Resuelvo los problemas y sé la teoría pero no es que me guste mucho. ¿Qué tal es el profesor?
De repente todos dejaron de hacer ruido y eso me extrañó peor no me importó.
-
Pues es… - pero no me llegué a enterar de cómo era porque sentí que alguien me tocaba el hombro. Vi a mis amigas que miraban a algo o alguien en este caso detrás de mí con cierto desprecio. Yo volteé y me topé con una chica rubia de rostro ovalado y gesto altanero, y un séquito detrás de ella. Tenía los ojos verdes y un cuerpo que se notaba hecho por el gimnasio. Llevaba un kilo de rímel y dos de labial. Se veía a mi gusto algo grotesco. Su falda estaba como veinte centímetros más alto de lo normal y su blusa era completamente pegada dejando ver su marcada figura. Muchos de los chicos estaban babeando y casi todos miraban su trasero. Esa es la clase de chica que me cae como una patada al estómago. Sospeché que con esta chica no iba a ser muy diferente. Pero no iba a pelear con ella solo por su forma de vestir y comportarse. Nunca me he peleado con nadie y no pienso hacerlo. Detesto las peleas.
-
Disculpa - su voz era extremadamente empalagosa y falsa - pero ese es mi asiento.
Yo la miré a los ojos y sonreí. Toda la clase nos observaba.
-Lo siento, de verdad no lo sabía. Sino ni siquiera me hubiera sentado aquí, pero lamentablemente no creo que este asiento sea de tu propiedad ya que es primer día de clases y yo llegué primero.
La chica me miró sorprendida pero se recompuso rápido. Las tres chicas que estaban detrás me hicieron feos gestos. Yo no les hice caso.
-Mira chica nueva - su tono ahora ya no era tan empalagoso, puso sus manos en sus caderas, algo que me hizo ensanchar mi sonrisa - ese es mi sitio porque yo lo quiero y yo tengo más poder que tú, así que aquí se hace lo que yo digo, sin contar que soy más bonita y tengo mejor cuerpo que tú.
Yo me reí con ganas y mi risa se escuchó fuertemente en la silenciosa clase que nos seguía mirando.
-Primero, me importa un rábano que tú lo quieras. Yo llegué antes y me senté. Segundo, los demás harán lo que tú dices pero yo NO. Tercero, quizás seas más bonita pero no eres más inteligente que yo y de nada te sirve tu belleza si quieres algo en la vida y cuarto, puedes tener mejor cuerpo que yo pero se nota al ojo que es gimnasio y no natural así que no fue mérito propio sino obra de las máquinas y quinto y último, yo que tú me quitaría ese horrendo maquillaje que te has puesto, sino quieres espantar a nadie.
La chica me miró con rabia, se dio media vuelta y se fue hacia la carpeta del medio seguida por su séquito.
La clase seguía en silencio mirándonos alternativamente. Yo me volteé y vi a cuatro rostros que me miraban boquiabiertos.
-¿Qué? - dije yo consciente de que nadie me quitaba ojo. Ni yo misma sabía de dónde había sacado tanto valor para enfrentarme a esa chica.
-Te le has enfrentado a Amy Chapman, la chica más popular y deseada de toda la academia. Nunca nadie lo había hecho - me explicó Gerald sin salir de su asombro.
-Bueno, ya era hora. Esa plástica es realmente espesa. Yo no aguanto gente así.
-Ahora es guerra con ella, Amina - murmuró Andreé - Ella no dejará las cosas así
-No importa. No le tengo miedo - les aseguré y era verdad. De la nada me había armado de un valor que sentí que no le tenía miedo a nada y que podía enfrentarme a cualquier cosa.
-Sí, pero cuídate, ella tiene seguidores en todos los salones, digamos que los que hacen el trabajo sucio a cambio de ciertos favores dignos de ella.
Curiosamente la clase se había quedado en silencio de nuevo.
Capté a que se refería e iba responder cuando sentí que alguien me tocaba el hombro. Me embriagó una sensación de frialdad y me volteé pensando que era Amy de nuevo pero me sorprendí al toparme con unos profundos ojos negros.
Édik llevaba el uniforme del colegio algo que me sorprendió, pensé que al ser tan voluntarioso iría como se le diera la gana pero me equivoqué.
-Ese es mi sitio - me dijo con su voz fría y sosteniéndome la mirada - Retírate - me ordenó.
-¿Es que es epidemia? - Pregunté sarcásticamente. Eso tuvo el efecto que yo quería. Se molestó ligeramente y lo pude percibir - Nuestra querida rubia de allá dijo lo mismo. Es muy extraño que los dos digan que sea su sitio mas siendo el primer día de clases.
-No tengo porqué darte explicaciones a ti - su voz fría seguía imperturbable - Lárgate de aquí.
-¡Qué patán eres! - Solté sin más - Pensé que tenías algo de materia gris en tu cabeza pero parece que me equivoqué. Eres un descerebrado egocéntrico que no ve más allá de sus narices. Me das lástima.
-No le hables así - Amy se paró y camino en dirección a mí amenazadoramente - No te lo voy a permitir.
Yo no le hice caso y seguí mirando directamente a Édik. Este ni siquiera volteó a ver a Amy quien ahora sólo tenía ojos para él.
-¿Quieres que desaparezca toda tu ropa? Pensé que habías aprendido con lo de ayer - sonrió de lado - Parece que yo también me equivoqué
La confusión se reflejaba en el rostro de la clase, sólo mis cuatro amigas estaban al tanto de lo que había pasado por lo que no mostraron desentendimiento.
Amy se le veía ansiosa por saber lo que nadie explicaba.
-No te tengo miedo. ¿Es tan difícil entender eso? - me reí con ironía - Has que tu diminuto cerebro lo asimile, Rybak. - por favor, no es tan difícil. Sólo pondrás a trabajar un momento tu cerebro, algo que seguro hará un favor a la humanidad. Vamos, piensa, asimílalo. Podrás intimidar a todos pero a mí NO. Todas las chicas podrán estar detrás de ti como perritos falderos pero yo NO. Podrás pasar por encima de los demás, pero encima de mí NO.
Édik cogió mi maleta que estaba sobre la carpeta y la lanzó para sorpresa de todos y con una puntería excelente por la ventana la cual se encontraba a siete metros de nosotros. Yo me paré seguida de mis amigas y de toda de la clase, nos asomamos por la ventana y ahí estaba mi maleta con todos mis cuadernos regados ya que yo la había abierto para sacar mi cuaderno a la hora de sentarme. Me encolericé por dentro y mi rostro lo sentí encrispado de la ira. Me volteé y lo ví a ese estúpido que ya me estaba haciendo la vida imposible desde el primer día que pisé el colegio. Caminé o mejor dicho corrí hacia él, cogí su maleta antes de que él pudiera agarrarla y corrí de nuevo a la ventana y la lancé. Él se paró y me jaló por la muñeca, me sacó del salón y me llevó por el pasillo hasta llegar a otro, yo intentaba soltarme pero sabía que era inútil con él, aún así no desistí solo para demostrarle que no era tan débil como él creía. Me arrastró hasta que se detuvo y me apoyó contra la pared poniendo su brazo dejándome sin salida.
-¿Qué crees que haces, tarado? - Le espeté yo
Él me taladró con su mirada como yo ya sabía que lo hacía y no mostró expresión alguna.
-No me llames tarado, chica tonta. No sabes con quién te estás metiendo. No me tienes miedo ahora pero lo tendrás.
-Eso crees tú - le dirigí la peor de mis miradas - Nunca te tendré miedo
-Lo tendrás - me soltó de su agarre y se marchó rápidamente por el pasillo. Yo me quedé un rato ahí y luego lo seguí. Cuando llegué al salón lo ví sentado en donde yo había estado. Pasé y me senté en la otra fila al lado de un chico de cabello azabache y ojos marrones. El chico me quedó mirando y me habló.
-Hola, soy Mauro McShane
- no me estrechó la mano como yo supuse que lo haría y yo le devolví el saludo igual de amable.
-Hola, soy Amina aunque eso ya lo sabes - reí ante mi propio comentario y él me imitó.
Todavía me esperaba un largo día en "The Old Vic".
Hola de nuevo! Ahora les traigo el cuarto capítulo. Mañana subo el quinto. Por favor, de verdad díganme sí les gustó. Espero que sí. Besos!