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¡¿Mi familia era de la mafia?! — capítulo 2

El sonido del despertador me despierta a las seis de la mañana del lunes. Trato de seguir durmiendo pero sé que no puedo, lentamente me levanto y me baño, cambio de ropa y hago la mochila. Tengo educación física. Agh. Religión. Aburrimiento asegurado. Historia. Yupi. Matemáticas. Mega Yupi. Al parecer estaré medio día aburrido y medio día interesada. Echo a la mochila también mi libro de lectura junto a los libros y cuadernos. Abro las cortinas y salgo a tomar el desayuno. Dana ya se fue a pesar que recién son las seis y media. Me dejo el desayuno listo junto a una nota de despedida y que hoy llega tarde. Me como los huevos revueltos con juego de naranja antes de irme. Tomo el autobús de siempre, mientras veo las caras de las personas en ella. Algunos viejos en bastones, adultos casi dormidos y tres jóvenes militares uniformados. Me bajo frente a mi colegio un poco antes de que toque el timbre. Como siempre me siento en el asiento de atrás, el único que está solo.

    Veo entrar a al profesor mientras da su largo discurso sobre como los jóvenes no tenemos buena ortografía estos días. Nos hace leer en voz alta unas páginas del libro sobre los medios de comunicación masivos. Nadie le claramente excepto yo. Todos leen las letras lentamente y entrecortados. Como estoy en el tercer piso miro por la ventana las calles concurridas. Un auto le toca la bocina a otro, se baja para gritarle, estoy a punto de ver como a uno le llega el golpe

  • ¡Señorita Tanner! ¿Escucho lo que acabo de preguntarle? - me interrumpió justo en la pelea.

  • No, si lo hubiera hecho no cree que le habría respondido - algunos se les escapa unas pocas risas pero el profesor esta rojo de rabia.

  • Castigada en el recreo señorita Tanner, ahora preste atención - ya me perdí la pelea. Que mal.

Así cuando toca el timbre hago las tareas de lenguaje, cuando toca la clase de religión no presto atención. No creo que importe ya que solo un niño escucha atentamente a la profesora. Los demás escuchan música, hablan entre ellos o se maquillan. En el recreo bajo al patio a una esquina donde espero que toque el timbre para subir al tercer piso. Ahora si presto total atención, me cuesta un poco los números pero me encantan. Tenemos el control de ecuaciones y  hago de inmediato los problemas. Veo que algunos tratan de copiarse. Cuando termina toca el almuerzo. Traje un sándwich de jamón, queso y palta. Mi favorito. En el recreo a través de la reja del colegio veo pasar a un chico corriendo y mirando a tras de vez en cuando hacia atrás. Se para a respirar cuando ve que nadie lo sigue. Algunas chicas empiezan a susurrar sobre lo bueno que esta. Es de mediana estatura, pero no lo sé muy bien porque está lejos, pelo negro rizado y lustroso. Parece de diecisiete o dieciocho y no está mal, por su ropa parece que es de la calle. Ladea la cabeza como si le pareciera curioso el colegio entonces me ve, me guiña un ojo y se va corriendo. Después veo que tres tipos musculosos lo persiguen. Todos desaparecen de mi vista y el colegio sigue en su típica rutina. ¿Cómo se atreve ese tipo a guiñarme el ojo? Ni que lo conociera. Estúpido. Da lo mismo debe ser esos tipos que siempre andan jugando a la pelota o en las motos en vez de la escuela. En eso suena el timbre que me sobresalta y tengo que volver a clase. Bien solo falta que la profesora me castigue por llegar tarde. Por suerte llegue a tiempo. Empezamos con la economía de la edad medieval, un poco antes de que los campesinos regresan a la ciudad y de cómo funcionaba el truque. Terminamos casi todos dormidos. Apenas toco el timbre todos querían salir corriendo pero la profesora nos fue entregando nuestras pruebas pasadas. La edad antigua. Fui la ultima en salir y la profesora me paso mi prueba.

  • Felicidades Sr. Tanner, solo tuvo un error y fue la mejor nota de la clase - me felicitó la profesora con una sonrisa

  • Muchas Gracias profesora - le dije estupefacta, bueno era mi mejor nota hasta ahora en esa materia.

   Cuando salí y tome el autobús, todavía miraba mi nota. El único error había sido que escribí que la caída del imperio romano de oriente fue en el 476, cuando era el de occidente. Nada mal. Aunque los romanos me abrían matado por ese estúpido error. La verdad ni me había dado cuenta. Me baje justo en mi calle, entre muy feliz y corrí por las escaleras cuando tenía el ascensor al lado. Saque mis llaves, una espada por la valentía, un tridente por el agua, un búho por la sabiduría y una perla por la pureza. Le pregunté a mi padre cuando tenía seis porque esas cosas. Mi padre se rió feliz  y me respondió que significaban. El búho era por la diosa de la sabiduría y el tridente por el agua. Me dijo que a mí me gustaba mucho el agua por eso lo incluyo, aunque para él siempre fueron solamente tres elementos esenciales. Nunca supe para que. La casa estaba vacía así que tuve que hacer el aseo. Si piensas que porque vivimos en un simple departamento es fácil limpiarlo ni lo creas. Primero soy una desordenada total por lo que tuve ordenar todo y pasar un paño por todos lados, la aspiradora, lavar los platos y la ropa, colocar la ropa a secar y doblar la otra y por última dar de regar a las plantas. Ya eran las ocho de la noche cuando terminé. El cielo se oscureció en un instante y vi que algunas jóvenes pasaban arregladas. Claro, hoy era viernes. Igual no tenía nada mejor que hacer por lo que me puse a preparar la cena. Cuando termine me dirigí a mi pieza aunque no pude evitarlo, la piel se me erizo cuando pase por al lado de la pieza de mis padres. No quería verla y no entiendo el porqué Dana me dice que no hay que aferrarse a objetos del pasado cuando ella quiere vender las cosas de allí. Al menos me aferró a los recuerdos de baratijas sencillas ¿Por qué dejar que una habitación me recuerde tanto a mis padres y no hacer algo para remediarlo?

Sueño en esos barcos tan bonitos, esos barcos de piratas donde las madera cruje a tus pies, donde la marea de salpica la cara. Luego sueño en los aviones, esos lujosos de varios metros con las alas tan poco parecidas a la de los pájaros. Y por ultimo sueño con ese auto lujoso naranja brillante que vi pasar el otro día. Mis sueños sí que son raros. Podría soñar con cualquier cosa, desde lo más normal a lo más extravagante. Y sueño con medios de transportes. La clase de lenguaje debe estar haciéndome mal.

    A la una de la madrugada escuchó llegar a Dana, está cansada, creo, es lo más lógico. Se acuesta en la habitación de al lado cerrando despacio la puerta. A la mañana siguiente se ha ido de nuevo a pesar de que recién es sábado. Me quedo en la cama hasta bien tarde y ya es necesario comer. Me atiborró de una buena ración de huevos revueltos y jugo de naranja. Cuando por fin me siento llena, me baño, me arreglo y salgo por el edificio. Estoy tan aburrida que voy pateando una lata vacía.

  • ¿Así pasas el día?, lindura - susurra una voz que hace que sobresalte y la lata salga volando. Cuando me doy vuelta veo al chico de ayer. Pelo negro y rizado alborotado, alto y de buen cuerpo, rostro amable y sonrisa chistosa, pero sus ojos son…guau…dorados marrones.

  • ¿Qué quieres? - dije en un gruñido

  • Es que te vi el otro día y bueno… - se encogió de hombros con aire distraído

  • ¿Me vas a seguir?

  • Tal vez - dijo sonriendo y siguiendo mis pasos

Más de una cuadra allá todavía me seguía como una sombra, lo cual era irritante. Completamente. Ya iba por la parada de autobuses cuando paró y él también. No puedo seguir más allá. No allá. A pesar de que el lugar ha cambiado. A pesar de que ha sido restaurado y han construido un edificio encima. Jamás olvidaría el lugar donde mis padres murieron. Donde los vi estallar. Ahora en su lugar estaba un edificio de negocios con ventanas brillantes.

  • Bonito ¿Eh? - Dijo con una voz tan tierna que al principio no creí que fuera de él - Algún día viviré lejos de aquí. En un lugar tranquilo sin mentiras y apuros. Eso debe ser bonito.

  • No lo sé y tampoco me interesa

  • Debe ser triste - eso me atrajo la atención porque me miraba directamente

  • ¿Qué cosa?

  • Vivir cerca de donde murieron tus padres - mire sorprendida al chico.-  Tu mirada me lo dice, si te interesa mis padres también murieron allí -  la mirada fue tan tierna, tan dorada que ya no me pareció tan chistoso como antes, sino melancólico y triste. Pero miró a tres chicos gigantes que se acercaban corriendo y dijo una maldición

  • ¿Qué pasa?

  • Son esos chicos de la otra vez. Sígueme.

Me tomo de la mano y corrimos un buen tramo. Era muy rápido para no ser tan impresionante. Doblamos una esquina y tuve que esquivar un carrito de compras de una señora. Se reía como si le pareciera divertido. Y he de admitir que yo también me reí mucho. Seguimos doblando hasta entrar furtivamente en un garaje con muchos autos. El tipo cerró la puerta rápidamente y nos quedamos a oscuras. Prendió la luz de un lado y pude ver las herramientas, motores y manchas de aceite.

  • Bonito lugar ¿eh? Por cierto me llamo Chris

  • Rebeca

  • Bueno Rebeca, bienvenida a mi dulce hogar