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Sobrenatural. — capítulo 8

Nastia se movió en el asiento del copiloto tratando de encontrar una posición más cómoda que no le hiciera daño. Llevaban tantas horas conduciendo que había perdido la cuenta de ellas mucho tiempo atrás, justo cuando el dolor de su entrepierna pareció crecer hasta límites insospechados. ¿Seria normal que le doliera tanto? Nastia estaba realmente preocupada, cuando había entrado al aseo para asearse y limpiarse cualquier rastro deKeiran en su cuerpo se había encontrado con que sangraba, no mucho pero lo suficiente para alarmar a la inocente Nastia.

-¡Quieres estarte quieta!-gruño Keiran

-No puedo, me duele-se quejo

-Demonios, no solo tengo que buscar a mi compañera sino que dependo de una hembra débil y quejicosa-se lamento

-¿De qué estás hablando? No es mi culpa que no pueda sentarme bien, en realidad es tu culpa y tal vez si hubieras tratado mejor a Tamara no se negaría a volver contigo-las palabras se deslizaron de su boca sin pensarlas

-¿Cómo coño iba a saber que eras virgen? En estos tiempos ya es difícil encontrar a una así que no creí que tú fueras una de ellas-eso sonaba a una disculpa

-¿A dónde vamos?

-Tengo que ir a recoger unas cosas a la que fue mi casa, ya no falta mucho.

Genial aquel hombre la estaba llevando a su casa para recoger unas cosas. ¿La mataría antes o después de recogerlas? Porque Nastia estaba totalmente segura de que aquel hombre no tenía la paciencia para aguantarla durante todo el día sin ceder al deseo de estrangularla, lamentablemente ese sentimiento era muy común entre toda la gente que la conocía. Incluso su hermano se veía tentado muchas veces con estrangularla.

-¿Quién era el hombre que vivía contigo?-le pregunto Keiran repentinamente

-Mi hermano-contesto ausentemente

Keiran asimilo lo poco que acababa de descubrir de su cautiva, al parecer la joven era una ignorante en todos los temas relacionados con las relaciones sexuales y vivía con su hermano, lo que quería decir que sus padres estaban muertos o que ella no se llevaba bien con ellos. Por otra parte le intrigaba que ella fuera capaz de enfrentarse a él cuando sabía que podría matarla rápidamente y sin piedad, esto último era algo que había aprendido de sus enemigos.

-En cuanto lleguemos a mi casa llamaras a John-le ordeno

-No vas a conseguir nada, John está empeñado en quedarse con Tamara.

-Aingeal…. Estoy seguro de que John cambiara de opinión al final.

-¿Qué piensas hacerme?

-Tu y yo vamos a tener sexo, montones y montones de sesiones de sexo-le dijo-Y el escuchara.

-Pero eso…

-Y si eso no funciona me queda el paso de hacerte sufrir y llorar, pero créeme aingeal, no quieres que llegue a esos extremos.

El mero pensamiento de volver a tener que soportar que él la tocara pareció asustar a Nastia porque Keiran vio como su hermoso rostro se ensombrecía y se agarraba el vientre fuertemente. Tal vez la había dañado seriamente, sabía que las mujeres eran delicadas y mas las vírgenes, sino se tenía cuidado con ellas se les podía hacer daño. Y eso, para un hombre del tamaño de Keiran era algo muy fácil de conseguir. "Mas tarde, cuando lleguemos a casa me asegurare de que este bien" se prometió. No haría sufrir a la chica más de lo necesario, no era tan bestia como la estúpida de Tamara creía que era.

-Tu…

-Mi nombre es Keiran, así que empieza a utilizarlo-gruño

-Keiran… ¿Tu… has… en mi interior?-ella enrojeció

-Si, pero no tienes por qué preocuparte no tengo ninguna enfermedad y no hay ninguna posibilidad de dejarte embarazada-dijo sin mirarla

-¿Eres estéril?

-No, solo puedo tener hijos con mi compañera y como tú no lo eres no hay problema.

Lo extraño era que con Tamara tampoco había podido tener hijos, ni siquiera antes de que su maldición hubiera existido. Nunca, en todos esos años un hijo había crecido en el vientre de Tamara, tal vez porque no podían tener hijos o simplemente porque ella se cuidaba de no quedarse embarazada, eso le daba igual. No quería un hijo de una traidora como Tamara, antes prefería castrarse con un cuchillo sin filo.