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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 10
Sesshomaru pasó volando sobre una aldea humana. No le gustaba pasar por ese tipo de lugares porque jamás había simpatizado con humanos y, además, ahora le recordaban demasiado a Rin.
En esa aldea era día de mercado, y estaban expuestas las más exquisitas telas recién tejidas, y todo tipo de artículos hermosos y exóticos para vender. El apuesto demonio vio en la distancia un bonito kimono azul, como el mar, y no pudo evitar pensar en su pequeña humana. ¡Cuánto había crecido!
Flash back
-Mire, señor Sesshomaru, mire - dijo la voz de una pequeña niña.
-¿Qué ocurre, Rin?
-Aquel señor dice que ha visto el mar. Dice que es bonito. ¿Qué es el mar?¿Usted lo ha visto? - resonaba su voz chillona e infantil.
Sesshomaru sonrió.
-Sí lo he visto, y lo he sobrevolado.
-¡Ohh! - exclamó la pequeña, fascinada - ¿Y es bonito?
El demonio albino se encogió de hombros.
-Supongo - dijo volviendo a su postura fría y alejándose de la niña.
De repente, una manita le tiró de la túnica y él miró hacia abajo, encontrándose con los ojos luminosos y aquella inocente sonrisa tan típica de aquella dulce niña.
-Algún día iré, ¿verdad? - le preguntó, esperanzada - Algún día yo también volaré por el mar.
El demonio le acarició la cabeza dulcemente.
-Sí, Rin, algún día te llevaré.
Fin del flash back
-Hola Rin - saludó Megumi, la amiga de Rin - ¿Qué haces aquí?
La morena se encontraba sentada sobre una roca, en medio del prado. Ése era el lugar donde entrenaba cada tarde con Kohaku desde que llegó a la aldea. Ella sabía que después de lo que había pasado la noche anterior, era probable que él no quisiera volver a verla, pero ella no era de las que rompen sus promesas y tampoco quería perderlo como amigo. Por eso mismo lo había esperado en el mismo sitio, fielmente, porque ella era fiel a sus principios. Pero, después de más de una hora, él aún no había aparecido.
-En realidad, no hago nada - acabó diciéndole a su amiga - ¿Quieres que paseemos?
-Claro. Tenemos muchas cosas que contarnos, ¿sabes qué? Mañana me voy a ver a mi hermana mayor, la que vive en la aldea de las montañas del este…
* * *
Rin y Megumi volvían del paseo cuando vieron a Shippo paseando con alguien.
-¿Quién será? - preguntó Megumi curiosa - No veo bien de lejos, ¿es una chica?
-Sí - respondió Rin, que tenía una vista sorprendente - Es Yuuki.
-¡Ohh! - exclamó Megumi - ¿De verdad? ¿Te imaginas que se casen? ¡Sería genial! Hacen buena pareja.
-Tienes razón - admitió Rin, un tanto abatida de golpe - Creo que me voy a casa.
-¿Eh? ¿Por qué?
Megumi estaba confundida ante el cambio tan repentino de actitud de su amiga, pero antes de que pudiera añadir nada más, se había machado en dirección a la aldea.
* * *
Shippo estaba sentado junto al fuego de la casa de la anciana Kaede. Esa noche se quedaría a dormir con Rin, porque la anciana Kaede había tenido que ir a curar a un enfermo y la había dejado sola.
Rin se acercó al muchacho y se sentó a su lado.
-Oye, Shippo - dijo de repente - Te hemos vista con Yuuki. ¿Cómo van las cosas?
El muchacho se sonrojó un poco y tosió algo nervioso.
-Bien, bueno. Ejem. Al menos parece que me hace algo de caso.
-¡Jaja! - rió Rin - ¡Claro que te hace caso! ¡Eres un encanto, y además guapo! Y ella no es ciega.
El zorro sonrió contento. Entre ellos dos siempre había habido una confianza especial. Podían ser completamente sinceros y abiertos el uno con el otro. Era un extraño sentimiento, pero estaba claro que tenían algo especial.
-¿Has entrenado hoy con Kohaku? - preguntó el demonio, cambiando de tema.
-No. No ha venido.
Shippo se sorprendió bastante.
-¿Por lo de anoche? Mmm… - se cruzó de brazos - Estoy empezando a perderle el respeto a ese amigo tuyo. No se deja tirada a una chica, y menos si eres tú - dijo guiñándole un ojo para animarla.
-Bueno, a lo mejor ha tenido alguna urgencia.
El muchacho la miró con incredulidad.
-¿De verdad te crees eso? Porque yo no. Está muy claro, querida. Está enfadado porque anoche lo rechazaste, y encima no pudo ni besarte porque empezaste a gritar y llegué yo.
-Probablemente sea por eso. Pero no le da derecho a faltar a su promesa. Si ya no quiere entrenarme, que hubiera aparecido hoy y me lo hubiera dicho. Eso es lo correcto.
-Exacto - la apoyó el demonio-zorro - Pero bueno, al menos ya sabes que hay chicos muy idiotas. Olvídalo y ya.
-Sí - suspiró ella - Es una lástima que haya gente que valore tan poco la amistad - y miró a su amigo - Menos mal que aún hay gente como tú - y apoyó la cabeza en su hombro mientras miraba crepitar el fuego. Él la agarró de la cintura y apoyó su cabeza sobre la de ella, también mirando la ardiente llama, hasta que ambos se quedaron dormidos.
Hasta el próximo viernes. Espero que os haya gustado J