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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 9

Rin miró al apuesto joven que tenía ante sus ojos. ¿Realmente acababa de ocurrir lo que creía que acababa de ocurrir? ¿De verdad Kohaku acababa de proponerle matrimonio? Abrió los ojos de par en par y lo miró, incrédula. No sabía que responder.

-¿Y bien? - insistió él - ¿Qué me dices?

La joven abrió la boca para responder, pero no pudo. No pudo porque no sabía qué decir. Estaba terriblemente confusa. De entre todos los chicos que conocía, y en la aldea había bastantes, el único que alguna vez le había llamado la atención había sido precisamente Kohaku. Le parecía apuesto, fuerte y gentil. Era todo un hombre. Y ella había sido la primera en desear que, puesto que debía casarse ya pronto, preferiría que fuera con Kohaku a con otro cualquiera. Pero realmente nunca había imaginado que ese momento llegaría realmente, que esos pensamientos se convertirían en algo real y, ahora que le estaba ocurriendo, no tenía tan claro lo que sentía por él.

-Kohaku, yo… - empezó a decir, tímida - No sé qué responderte.

-Basta que me digas que sí, y me harás el hombre más feliz del mundo.

Rin estaba asustada. No quería hacerle daño a su amigo, pero tampoco quería traicionar su corazón. Ella sólo amaba de verdad a una persona, una persona que no la amaba a ella, alguien que la había rechazado, pero lo amaba igualmente, y ese era su verdadero amor. Ese y no otro. Rin estaba, sin duda, perdida y locamente enamorada del señor Sesshomaru.

-No puedo decirte eso - le respondió al fin - Pero no pienses que es por ti, Kohaku. No eres el primero que me lo pide, pero a los demás tampoco pude…

-Espera - la interrumpió el chico - Me dan igual los demás. Ellos son aldeanos de tu pueblo, no comprenden tus sentimientos. Yo te he conocido cuando eras niña y sé muchas más cosas de ti que ellos. Y además, puedo protegerte. Nunca dejaría que te lastimara nadie.

La apretó más fuerte de los hombres, mirándola fijamente, y se lo volvió a preguntar.

-Entonces, ¿te casarás conmigo?

-Kohaku, por favor, suéltame. Te he dicho que no puedo -  intentó soltarse.

-Pero tienes que casarte. Debes tener marido antes de los 18.

-Lo sé - continuó ella sin que él aflojara su agarre.

-¡¿Y estás tan tranquila?! ¡Tan sólo te queda un mes, por eso he venido, para verte, para decirte que te quiero!

La cogió de los brazos con fuerza y, de repente, se dispuso a besarla.

-¡Kohaku, déjame, por favor!

La chica se debatía en sus brazos, sin poderse soltar. Ya no era la chica debilucha que había sido al principio, hacía tan sólo tres semanas, pero tampoco era lo suficientemente fuerte como para oponerse a Kohaku, el hábil exterminador de demonios que tan valientemente defendía su aldea. Pero a pesar de todo, ella quería ser un pájaro libre, como el aire, como las hojas de los árboles que el viento lleva por caminos nuevos e insospechados. Y si se casaba, quedaría atada para siempre, en esa aldea, con él y privada para siempre de marcharse con su querido Sesshomaru. ¡No! ¡No quería casarse! Necesitaba tiempo para pensar, y desde luego, por mucho que quisiera a Kohaku, ahora sabía que su amor por él no era más que una gran amistad, pero nada más. Por mucho que le doliera, no podía corresponderle.

-¡Que me sueltes te digo! ¡¡Ahh!! - empezó a gritar ella para que alguien viniera ayudarla.

-¿¡Pero qué ocurre?!

  • se oyó una voz cercana - ¿Qué pasa aquí?

Era Shippo, que había oído los gritos de su amiga.

-No ocurre nada - dijo de pronto Kohaku, soltando a Rin de repente - Sólo estábamos hablando.

-Pues no parecía eso. ¿Por qué gritaba Rin entonces? - inquirió el demonio-zorro, valiente.

-Ha sido un malentendido - dijo Rin, porque en el fondo no quería causar problemas a nadie

  • Gracias por venir a ayudarme, Shippo. Kohaku y yo ya hemos terminado de hablar - e intentó que el exterminador la soltara por fin.

Los dos chicos se sostuvieron una larga e intensa mirada cargada de rivalidad, mientras Rin se acercaba a su amigo.

-Vámonos a casa, por favor - le susurró a Shippo al oído.

Éste asintió.

*          *          *

-¿Qué ha ocurrido? - quiso saber Shippo en cuanto se alejaron del lugar.

-Nada importante. Olvídalo.

-No - se increpó el zorro - ¿Te ha hecho algo malo? ¿Es eso? ¿Por qué gritabas si no?

Rin se abrazó a sí misma y se frotó los brazos, por donde Kohaku la había agarrado hasta hacerle daño.

-Me ha pedido que me case con él - le confesó finalmente a su amigo.

Él se paró en seco y se la quedó mirando.

-Pero eso es lo que querías, ¿no? Es el único que te gusta de verdad. Has rechazado a cuantos chicos te lo han pedido porque querías que fuera él, ¿no es así?

Ahora fue Rin quien lo miró. El labio inferior le temblaba y sus ojos comenzaron a enrojecerse. Una gruesa lágrima corrió por su mejilla hasta llegar a su cuello y se deslizó suavemente por él.

-Eh, eh - dijo tiernamente Shippo, casi en un susurro - ¿Por qué lloras?

Y la abrazó, colocando la cabeza de ella en su pecho.

-Es que… - más lágrimas cayeron de sus ojos y le mojaron el rostro - …yo no quiero casarme con él, ni con nadie - lloró - No le quiero, yo no le quiero.

Shippo la abrazó más fuerte y le acarició los cabellos negros. No sabía cómo consolar a su amiga.

-No sé qué decirte. Pensaba que le querías.

-Eso pensaba yo también - le colocó las manos alrededor de su amigo y siguió llorando amargamente - Quiero irme con el señor Sesshomaru - lloró - Quiero estar con él, para siempre.

Aquí es cuando Shippo lo comprendió todo. Lo que siempre había sospechado ahora dejaba de ser una simple sospecha para convertirse en un hecho confirmado. Lo que Rin sentía por el hombre que la salvó de morir por los lobos,  no era sólo respeto o admiración, sino que se había convertido en amor. Rin se había enamorado del señor Sesshomaru.

Continuaron así todavía un rato más, abrazados, hasta que ella se calmó y Shippo pudo llevarla a casa. Ahora que sabía la verdad no podía dejarla sola. Haría lo que fuera por ayudarla. Lo que fuera…

Espero que os haya gustado y me deis vuestra opinión. Hasta la semana que viene el viernes =D