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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 11
Habían pasado tres días desde que Kohaku y Rin discutieron. La chica había vuelto al día siguiente a la misma hora a esperar a Kohaku, pensando que tal vez viniera, aunque sólo fuera para decir que ya no quería entrenarla. Pero él no volvió, cosa que la apenó mucho. Ella, por su parte, no quería dejar las cosas así. Conocía a Kohaku desde muy niña, y lamentaba profundamente que las cosas hubieran de acabar así. Quería verlo y explicarle por qué no podía amarlo. Quería hacerle entender que no es que no lo valorara, que no es que no le quisiera. En realidad sí había sentido algo intenso por él, pero al ir más allá había descubierto a quién amaba en realidad, y todo lo que su corazón anhelaba era estar con esa persona.
-¡Ojalá Kohaku pueda entenderlo! - pensó la joven ese día en el prado. Pero como ya hemos dicho, Kohaku no apareció, ni volvería a aparecer.
* * *
-Trae esas dos cestas, Rin; una sola no bastará - le dijo Kagome, la hermosa mujer casada con Inuyasha, el hermano menor de Sesshomaru.
-¡En seguida! - se apresuró la joven.
Un par de metros más allá vieron a la valiente Sango, esposa del monje Miroku, que venía también con una cesta de cuerda.
-Hola, chicas - las saludó - Esperadme un momento.
-¿También vas a por plantas medicinales? - preguntó Rin, extrañada, cuando la vio llegar.
-No - rió la mujer - Voy a por frutas. Pero se llega por el mismo camino, así que, os acompañaré.
Kagome y Rin sonrieron y las tres echaron a andar.
-Ay, mi marido me vuelve loca - dijo Kagome cuando llevaban ya un rato caminando - Últimamente no hace más que pedirme que le cocine comida de mi época. ¡Puff! Ya no sé qué más platos hacerle, se me ha agotado la imaginación.
-¡Jajaja! - rieron Sango y Rin. Inuyasha nunca cambiaría.
-Pues al menos tú no tienes hijos - respondió Sango, parándose un momento a descansar. Las otras dos la imitaron - Yo cuido de tres niños, y encima tengo que vigilar que Miroku no moleste a las jovencitas de la aldea. ¡Siempre se comporta como un viejo verde!
Rin sonrió pensando en lo mucho que se divertía en la aldea. En realidad, vivir allí no estaba tan mal. Esa gente la cuidaba como si fueran su verdadera familia. Tenía casa, comida, amigos y estaba aprendiendo un oficio, pero tenía un defecto… no estaba él.
-Y dime Rin - dijo de repente Kagome, cambiando de tema - ¿Qué tal con los chicos de la aldea? ¿Has escogido ya?
Rin bajó la mirada, incómoda y empezó a jugar con el pié con una piedra que había en el caminito.
-Pues… - titubeó - en realidad no.
-Oh, ¿y eso? - Sango también estaba interesada.
Rin alzó la vista y las miró a las dos, sopesando si debería contarles sus verdaderos sentimientos hacia el señor Sesshomaru.
-Pues… - seguía dudando - No he escogido porque… no quiero casarme con nadie.
Las dos mujeres la miraron incrédulas.
-¡¿Quéee?! - exclamaron ambas - ¿De verdad no quieres casarte? - continuó diciendo Sango - ¿Y por qué?
Finalmente Rin decidió que no era buena idea contarles lo del demonio albino. Tal vez a Shippo se lo había contado, pero era un caso muy distinto. Él era la persona en quien más confiaba, era su mejor amigo, en cambio, aunque Rin apreciaba sinceramente a Kagome y a Sango, no le parecía apropiado contarles ese secreto, porque sabía que no iban a entenderla.
-¿Y bien? - inquirió Kagome - ¿Cuál es el problema?
-Pues que ningún chico de la aldea me llama la atención. Eso es todo - se cruzó de brazos.
-¿Ninguno, ninguno?
-Nadie - sentenció Rin - Hay alguno que me parece guapo pero no simpático, otros son muy creídos, otros son vagos y apenas trabajan. No hay ninguno que conecte conmigo.
Las dos mujeres se miraron un instante con complicidad.
-¿Y Shippo? - preguntó Kagome guiñándole un ojo - Os lleváis muy bien, ¿no es así?
Rin se sonrojó un poco.
-Sí, nos llevamos bien, pero no hay nada más que amistad. Eso puedo asegurarlo.
-¡Jajaja! - rieron ambas - En realidad sólo lo decíamos para picarte - dijo Sango en broma - Se nota que a él le gusta esa chica rubia que siempre pulula por la plaza. ¿Cómo se llamaba? Mmm… Yani… Iusa… Yenna…
-¿Yuuki?
-¡Esa! - exclamó - Los hemos visto pasear juntos varias veces. Ella aún le falta más de un año para los 18, así que tiene tiempo de sobra por si cambia de opinión, pero por lo que parece, acabarán juntos - y le dio un codazo amistoso a Kagome - ¿No crees?
-Sí, sí. Sin duda.
-Bueno - continuó diciendo Sango - al menos ahora puedes conocer otros jóvenes como tú.
-¿Qué quieres decir?
- quiso saber Rin.
-Me refiero a que antes, cuando viajabas con el señor Sesshomaru, no tenías la oportunidad de relacionarte con nadie más que él, A-Un y Jaken. De esa forma era imposible que te enamoraras de nadie. ¿De quién ibas a hacerlo? ¿Del caballo? Jajaja, pero ahora en la aldea tienes para elegir.
Al oír esas palabras, Rin apretó los puños. Sabía que Sango no lo había dicho para herir sus sentimientos, porque no los conocía, pero le había dolido igualmente. Sesshomaru… ¿por qué nadie se los podía imaginar a ellos dos juntos? ¿Acaso porque él era frío? ¿Tal vez porque era distante? ¡Qué más daría todo eso! No era más que una máscara, una oscura máscara para proteger su corazón, porque Rin siempre había sabido que Sesshomaru también podía amar.
Rin miró a Sango e intentó no pensar en sus últimas palabras.
-Por cierto - dijo Rin cuando las tres ya casi habían llegado al lugar donde estaban los frutos y las plantas medicinales - Sango, ¿sabes algo de tu hermano Kohaku? Hace días que no lo veo.
-Se ha marchado de nuevo.
-¡¿Qué?! - exclamó Rin, sorprendida - ¿De la aldea?
-Sí - asintió la mujer - ¿no te lo ha dicho? Pensaba que erais amigos.
-Y lo somos. Pero… - la joven recordó aquella noche cuando las cosas entre ellos cambiaron y se mordió el labio. Hablarle de ello a su hermana no le parecía apropiado. Primero porque ella, a pesar de todo, apreciaba al chico, y además, sería injusto que ella se quejara del muchacho a sus espaldas. Así que prefirió callar - Se le habrá olvidado - dijo al fin.
-No te preocupes - la animó Sango - Me dijo que volvería muy pronto. Tan sólo tenía que arreglar un par de asuntos.
-¡Ah!
Esas palabras tuvieron un doble efecto sobre la muchacha. Por un lado, se alegraba de que al fin podría explicarle sus motivos a Kohaku, pero por otra parte, tenía miedo de que éste no quisiera ni escucharla o peor aún, que le dijera que seguía queriendo casarse con ella. No sabía qué hacer. No tenía ni idea. En fin, sería valiente y afrontaría los problemas como vinieran, pero entretanto debía buscarse a un nuevo maestro, alguien que quisiera enseñarle a usar un arma.
Hola, fans de Sesshomaru, os cuento: algunas me habíais pedido que adelantara la llegada de Sesshomaru y a lo mejor os ha decepcionado un poco que no apareciera en este capítulo, pero el siguiente ya lo llevo por la mitad, y por fin aparece Sesshomaru y el capítulo será más largo que de costumbre, ya veréis como se va liando el argumento… Así que, sin nada más que decir, nos leemos el próximo viernes!
P.D: quien quiera, que comente, por favor J Eso me sirve para saber quién queréis que aparezca en la historia, qué os gusta, qué cosas no,…
Besos,
Diana Sparrow