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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 12

-¡¡Inuyasha!!¡Inuyasha! ¿Estás ahí?

Nadie respondió.

-¿Inuyasha?

-Emm… ¿qué, qué ocurre?

-Hola, Inuyasa. Soy yo, Rin.

El semidemonio salió a la puerta de su casa al encuentro de la joven.

-¿Qué ocurre? ¿Hay algún problema en la aldea? - empezó a mirar por todos lados y se dispuso a desenvainar su espada, pero Rin le puso la mano sobre la suya, obligándole a dejar el arma.

-No pasa nada - le aclaró al fin - Nadie nos ataca. Sólo quería pedirte un favor.

-¿Un favor?

El semidemonio la miró extrañado de arriba abajo. ¿Un favor, había dicho? ¿Qué clase de favor podría querer una chica tan joven como ella? La verdad es que el hecho de que Rin le pudiera pedir algo a él le parecía sumamente extraño, puesto que las únicas conversaciones que había tenido con niños habían sido con Shippo, pero hacía ya mucho que Shippo no era ningún niño, y ahora que tenía delante a la joven huérfana y se fijaba bien en ella, obviamente tampoco era ya ninguna niña, pero Inuyasha no había reparado en eso hasta ese justo instante. Así pues, se le hacía extraño mantener una conversación ya adulta con ella. ¿Qué podría querer?

-Tú dirás, pues - le sonrió amable.

-Me gustaría que me enseñaras a usar una espada - lo miró sonriente.

-¡¿Quéee?! - exclamó, evidentemente sorprendido - ¡Eso no puede ser, eres muy joven!

Rin juntó las manos y se inclinó formalmente ante él.

-¡Por favor! - suplicó - ¡Te lo ruego!

Inuyasha seguía mirándola perplejo. ¿Una humanita jugando con una espada? Le parecía ridículo. En realidad la única humana que había visto con espada era Sango, y sólo en contadas ocasiones, así que se le hacía sumamente extraño la sola idea de que una humana quisiera aprender a usar un arma como esa en lugar de un arco, un boomerang o cualquier otro artilugio de más fácil manejo.

-Oye, Rin, ¿y para qué quieres aprender eso?

-Pues… - sopesó contarle la verdad, pero le sonaría demasiado irreal: "Quiero ser fuerte para poder acompañar al señor Sesshomaru el resto de mi vida". Era francamente absurdo, así que prefirió decirle lo que sonaría más lógico - Quiero aprender a protegerme.

Inuyasha no estaba muy convencido.

-Pero, pequeña - dijo acariciándole la cabeza, como si aún tuviera nueve años - en esta aldea no tienes por qué preocuparte por eso. Los guerreros más fuertes de todo Japón estamos aquí. ¿De qué tienes miedo?

Rin se miró los pies, descalzos, y se sintió terriblemente humilde, pequeña. Es cierto, ¿de qué le servía saber luchar viviendo precisamente en esa aldea? No sabía qué responderle. Ahora mismo se sentía como una tonta humana intentando ser algo más de lo que en realidad era; una triste huérfana. Pero entonces se fijó en que, bajo el imponente kimono rojo de Inuyasha, sus pies también estaban desnudos, tan humildes como los de la chica, y entonces no pudo más que sonreír. La chica se dio cuenta de que no importa el origen de una persona, ni su aspecto, ni su edad, ni su género, ni si eres un demonio o uno semi, o una simple humana como ella. La fuerza está en el interior de cada uno, y eso es lo que nos hace grandes.

Rin alzó la mirada, decidida, y la posó en los despiertos ojos de Inuyasha. Ya no volvería a mirar más al suelo cuando tuviera miedo o vergüenza. Ya no desviaría la mirada, ni se encogería ante los problemas. Si quería aprender a ser una guerrera, lo primero que tenía que hacer era ser una persona valiente, fuerte, decidida. No más una niña asustadiza, ni infantil. Ahora miraba al semidemonio con fuerza en el alma. Sus ojos risueños llameaban decididos. Acababa de convertirse en una mujer, ya no sería más una débil niña.

-Quiero aprender - dijo mirándole con mucha fuerza - porque aunque en esta aldea esté totalmente protegida, no puedo depender de vosotros siempre. No pretendo ser una carga para nadie, ni tampoco una humana más a quien proteger, como un rebaño de ovejas que guarda un pastor. ¡No! Esa vida no es para mí. Hasta ahora, Inuyasha, no he sido más que un estorbo para aquellos que me han querido. Siempre han tenido que protegerme, y eso es por mi culpa. Porque he sido débil, porque no me he sabido defender sola. Y quiero que las cosas cambien. Quiero ser fuerte, quiero saber luchar y, sobretodo, no quiero que nadie más tenga que arriesgar su vida protegerme. A partir de ahora quiero ser yo quien proteja a mis seres queridos. ¿Me entiendes?

Inuyasha estaba atónico. El discurso de la chica lo había dejado francamente impresionado. ¿Qué razones tenía ahora para rechazarla como alumna? Ninguna. Así pues, lo haría, la aceptaría como tal, puesto que jamás había visto una fuerza de voluntad tan grande como la de la pequeña. Tenía el corazón más poderoso de lo que jamás se habría llegado a imaginar.

*          *          *

-¡Cógela así! - ordenó Inuyasha a la joven - ¡No, así no!... ¡Así! -  le mostraba.

-Así la estoy cogiendo.

-¡No!,¡¡ La coges mal!! - exclamaba una y otra vez el semidemonio - ¡Así no vas a aprender jamás!

Rin se cruzó de brazos, atacada de los nervios.

-¡Pfff! Pues no sé hacerlo mejor - se indignó.

Delante de ellos, sentado en una roca, estaba su amigo Shippo, contemplando la escena divertido. Megumi estaba sentada a su lado, y Yuuki también.

-¡Ánimo, Rin! - gritaban las dos chicas - Ya verás cómo te saldrá al final.

-Pfff, eso espero.

Después de algo más de una hora, Rin había conseguido sostener correctamente una espada y había hecho algún que otro movimiento, pero estaba claro que no se le daba demasiado bien. Tal vez esa no fuera su arma correcta. Miró el brillo reluciente del acero y reflexionó.

-Da igual - pensó - Aunque no se me dé bien, lo hago por una poderosa razón, y cuando se tiene un objetivo, es imposible fallar.

*          *          *

Jaken caminaba de un lado a otro a la orilla del río. Estaba nervioso pues llevaban bastante tiempo buscando un objeto especial que Sesshomaru quería, pero no habían podido encontrarlo de ninguna manera.

-Señor Sesshomaru - dijo el pequeño demonio verde - ¿Está seguro de que hemos mirado en el lugar correcto?

El apuesto demonio levantó la vista y le lanzó una mirada hostil a su pequeño siervo.

-¿No crees que si hubiéramos acertado el lugar ya tendríamos la piedra?

-Em… supongo que tiene razón, señor.

Sesshomaru suspiró. Últimamente estaba de muy mal humor. Llevaba semanas buscando una valiosa piedra y no conseguía dar con ella de ninguna forma. Conseguía una pista, esa pista le llevaba a otra, y así continuamente, pero no lograba dar con ella, y estaba empezando a desesperarse.

El joven se acercó a la orilla del río y contempló su hermoso rostro en él. Sus cristalinos ojos amarillos, los dibujos de garras en las mejillas, la luna lila en la frente. Cualquier cosa que mirara le recordaba a su pequeña amiga, que ya no les acompañaba. Esa luna de su frente… ¡cuántas anécdotas divertidas había vivido por ella!

Flash back

-Rin, vas a caerte - recordó haberle dicho uno de las primeras noches en que viajaron juntos - No debes acercarte al río, ¿me oyes? - le dijo, severo.

-*No te preocupes - respondió ella con su habitual sonrisa

  • He pescado muchas veces en los ríos, además, sé nadar.*

Sesshomaru no le dijo nada más. Se quedó observando a la pequeña mientras esta chapoteaba en el  río a la luz de la luna. Jaken y A-Un dormían pacíficamente a un lado, iluminados tan sólo por el reflejo de las estrellas en el agua.

-¡Sesshomaru! ¡Mira! - gritó de repente la niña - ¡He pescado uno!

-Los niños humanos están durmiendo a estas horas. Más te vale hacer lo mismo. Si no, mañana no podrás venir, y yo no pienso retrasarme.

Rin soltó el pez de inmediato y se apresuró a salir del río y a secarse los pies con el mismo kimono. Luego se hizo un ovillo y se tumbó cerca de la orilla.

-¿Por qué brillan las estrellas? - dijo en su inocencia.

-No lo sé - respondió el demonio, secamente.

-Son bonitas - confirmó ella, convencida - Me gustan mucho.

-A los humanos os gustan este tipo de cosas - Sesshomaru parecía divertido - Es algo que no comprendo.

-Porque brillan mucho - sonrió - ¿Se pueden coger?

De repente, Sesshomaru rió sorprendido.

-¡Jajajaj! ¿Las estrellas?

-Sí, las estrellas. ¿Por qué te ríes? - la niña frunció el ceño, extrañada - Tú puedes volar, seguro que podrías cogerme una.

El demonio dejó de reír y se levantó con elegancia. Se acercó a la niña y la tomó de la mano.

-¡Ven! - le dijo amablemente.

-¿Vas a llevarme a coger una estrella? - la niña se emocionó sobremanera y empezó a saltar - ¡Qué bien!

-No  vamos a volar. Pero mira…

Sesshomaru la tomó en brazos y, quitándose sus preciosos zapatos, se metió en el río con ella. Caminó un par de metros hasta llegar a una zona del río donde las estrellas iluminaran toda el agua y metió la mano en ella, simulando que cogía una estrella.

-Mira, Rin - le dijo, mostrándole el agua - Aquí tienes tu estrella.

Rin abrió los ojos de par en par. Nunca había visto nada parecido. El río estaba iluminado por cientos de lucecitas amarillas que brillaban como un árbol de Navidad. El agua hacia la función de espejo y cada rayito de luz, por minúsculo que fuera, se reflejaba en sus rostros y brillaba, brillaba como sólo un río en la noche podía hacerlo.

-¿Te gusta? - le preguntó el demonio a la pequeña.

Ésta se bajó de sus brazos y se metió en agua fría.

-Me gusta - sentenció - Gracias - Sus ojos también brillaban, con una pasión y una fuerza que Sesshomaru jamás había podido ver en ningún ser humano antes. Contempló el rostro de la niña, que se entretenía en mirar el agua, y se dio cuenta de que un nuevo sentimiento despertaba en su pecho, un sentimiento extraño, pero placentero. Algo totalmente desconocido para él.

-Sesshomaru - llamó la niña cuando éste se disponía a salir del agua - mira esto.

La blanquecina Luna también estaba reflejada en el agua, como una bola enorme de nieve que brilla con elegancia.

-Sí, es la Luna, ¿qué pasa? - respondió el demonio.

-Tú también tienes una - hizo notar la pequeña, señalando su frente - ¿por qué?

-Nací así - respondió él.

-Me gustaría tener también una luna.

-Pues entonces, es tuya - dijo Sesshomaru señalando la gran bola blanca del agua - Yo te la regalo.

La niña corrió a abrazarle y se le aferró a las piernas.

-Te quiero, señor Sesshomaru - le dijo felizmente en su inocencia de niña.

Esa fue la primera vez que Rin le dijo que le quería.

Fin del Flash back

-¡Jaken! - le llamó Sesshomaru de repente.

-¿Sí, amo?

-Levántate y recoge las cosas. Vamos a hacer una visita al pueblo de Rin.

Hola de nuevo, fans de Sesshomaru. Espero que os haya gustado el capítulo y que comentéis algo. Bueno, hoy os propongo algo muy interesante:

Se trata de un JUEGO:

**¿De qué se trata?:**Voy a escribir un ESPECIAL DE SESSHOMARU que no tendrá nada que ver con la historia, sino que será como un episodio a parte muy romántico. Lo protagonizará, obviamente, Sesshomaru, y… ¡¡tachán!! Una de las chicas que leéis mi fic!!! Jajajjaa, ¿sorprendidas? Os cuento, pues, ¿cómo lo vamos a hacer?

**Reglas:**A las que les interese (si alguien no quiere participar, no pasa nada) que me dejen un comentario con un número del 1 al 10.

-Sólo podéis decir UNnúmero. E intentad no repetirlo si ya lo han dicho.

-Si alguien comenta más de un número, aunque haya acertado: descalificada.

-Si nadie acierta, pues la que se haya acercado más. Y si hay dos personas que están igual de cerca del número (ej: imaginad que el número es 5, y nadie lo acierta, pero alguien dijo 4 y otra 6, están ambos igual de cerca, ¿no? pues escogeré a la que ha puesto el número de más, es decir, 6 en este caso) ¿Lo entendéis?

En resumen: un número del 1 al 10. En el próximo episodio anunciaré a la ganadora del especial.

P.D: espero que os guste la idea del concurso y recordad: las normas de Potterfics prohíben que se dejen comentarios que no tengan que ver con la historia, así que, no me comentéis sólo el número, habladme también del capi. =D Nos leemos!!