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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 15
-Te he traído algo - anunció el demonio de la luna cuando Jaken ya se había marchado - Toma - y le entregó una especie de caja con adornos en cristales de colores.
-¡Ohh! ¡Es muy hermosa! - exclamó Rin.
-Ábrela - ordenó.
La joven abrió la caja de cristal. Dentro había un cuadrado de tela con un pequeño espejo y, encima, dos pequeños bailarines en miniatura. La chica llevaba Kimono y el chico la sostenía de la cintura, vestido igual que ella.
-La cuerda está abajo - anunció el demonio - ¿Puedo? - le tomó la caja de las manos con delicadeza y dio un par de giros a la llavecita que colgaba.
Al instante, empezó a sonar una dulce melodía y los dos bailarines comenzaron a girar sobre el espejo de la caja. Los colores de los cristales se reflejaban en todas direcciones y a Rin le pareció que tenía en sus manos la luz de un arcoíris.
Miró primero la caja de música y luego a Sesshomaru, con ojos vacilantes, sin saber qué decir, ni cómo agradecérselo.
-Yo… yo… - balbuceó
- No tenías por qué.
-No tienes por qué agradecérmelo - dijo sin mirarla, con fingida indiferencia.
La chica aún seguía fascinada por la caja de cristal. Cerró los ojos y se concentró en la música, tan relajante, hasta que una mano fría se posó en su hombro.
-Deberías volver a la aldea.
La chica lo miró con preocupación.
-Yo no me marcharé de aquí - le aseguró el demonio - Te lo prometo.
¿Por qué Sesshomaru era tan tierno cuando estaban a solas, juntos? ¿Por qué esas dos caras? ¿Por qué esa fría máscara de maldad ante los demás? ¿Qué guarda tu oscuro corazón, Sesshomaru?
Rin asintió, recordando de repente que Kaede le pidió agua hacía más de media hora. Si no se daba prisa, iba a darle una buena reprimenda por lo ocurrido. Antes de marcharse, se volvió una última vez hacia atrás y se despidió de Sesshomaru con la mano, luego desapareció entre los árboles. El demonio se quedó mirando la parte por la que ella se había marchado. Cada vez le provocaba más fascinación todo lo que tenía relación con la joven humana. Ya de niña le había parecido todo un misterio, pero ahora que era prácticamente adulta, la veía con nuevos ojos, y unos extraños sentimientos no hacían más que abrirse paso en su pecho, como queriendo decirle algo que su corazón frío y oscuro no entendía. Un sentimiento que lo acaloraba y le hacía sentirse diferente, como agobiado, como si se le acelerara la respiración, pero siempre, por supuesto, sin perder la compostura. El problema es que cada vez que se sentía de esa manera tan incómoda, en lugar de reaccionar demostrando esos sentimientos, se encerraba en sí mismo y respondía todavía más fríamente, para que nadie pudiera notarlo. Y eso se debía, simplemente, a que Sesshomaru era una persona elegante y dura, fría y hostil, pero sobretodo, era todo un señor, o mejor dicho, se comportaba como un noble de la edad media o como un caballero, siempre altivo y superior a todo el resto. Y es por ese motivo que cada vez que estaba con Rin sentía que esos ideales cambiaban, que los humanos ya no eran inferiores, o al menos, no ella. Siempre la había considerado como su igual. Pero su madre le había educado para ser una persona que nunca se rebaja ni muestra debilidades, y cuando estaba con ella, sin duda alguna, Rin era su debilidad.
A la tarde, las hojas se mecían por el viento en los árboles, pero el sol calentaba los cuerpos, no dejando que el frío les invadiera.
-Sesshomaru - anunció Rin - quiero que veas los movimientos que he aprendido con espada. ¿O tal vez tienes que irte?
-No, todavía no. Voy a descansar aquí unos días. Supongo que tendré visita cada tarde - le dijo, conociendo la respuesta.
-¡Por supuesto, yo…
- pero Rin se arrepintió del entusiasmo de sus palabras y recordó la última visita del señor Sesshomaru. *"No puedes venir, porque yo no quiero que vengas"*Ese hombre ya la había rechazado una vez, ¿quién le aseguraba que no volvería a alejarla de su vida de esa manera tan brusca? Ya no quería ser más una niña inocente, ni decirle sus frases de siempre "Mire, señor Sesshomaru" "¿Y eso por qué, señor Sesshomaru?" "Sabía que volvería" "Sesshomaru, llévame contigo, por favor" ¡¡No!! ¡No más niñerías! ¡No más obsesión! ¿Ella le amaba? Sí, pero si quería algo de verdad con él tenía que demostrarle que, a pesar de ser aún joven, podía comportarse como una adulta. ¡Ya era bien hora de crecer! Así pues, se retractó en sus palabras y decidió hablarle de otra forma - Es decir, sí, vendré a verte siempre y cuanto a ti no te moleste.
Ese evidente cambio de actitud fascinó todavía más al demonio, que la miró extrañado unos segundos, y luego volvió el rostro.
-Eres libre de hacer lo que prefieras - le dijo.
-Entonces es probable que venga a verte, pero también tengo otras cosas que atender.
-¿Tú? - la miró, indeciso - ¿Y qué se supone que haces en la aldea?
-Ayudo a la anciana Kaede a traer a los niños al mundo, y preparo hierbas medicinales con ella y con Kagome. Esas son mis obligaciones.
En los labios se Sesshomaru pudo verse el amago de una sonrisa melancólica.
-¡Has cambiado mucho! - dijo más para sí que para la chica - Casi no te reconozco.
-¡Riiin! ¡Riiin! - llamó de repente la voz de Megumi - ¡Riiin! ¿Estás ahí?
-Tengo que irme - anunció. Y se acercó al apuesto demonio para darle un abrazo de despedida. Pero en cuanto estuvo junto a él, prefirió no hacerlo. Un abrazo es lo que le dan los niños a los adultos cuando les quieren, pero ella no era una niña. Ya no, así que, se acercó al joven demonio y le dio un dulce beso en la mejilla, cosa que lo cogió totalmente por sorpresa. Se quedó quieto, sorprendido ante ese acto y no supo qué decir. Luego ella se giró, sin mencionar palabra y se dispuso a marcharse.
Pero una mano pálida le agarró la muñeca a la joven y la detuvo. Ésta se paró en seco, sin poder creerse lo que ocurría. Se dio la vuelta y miró al demonio a los ojos, que le sostuvo la mirada.
-¿Ya te vas? - no era una mirada fría, ni hostil, como miraba a todo el mundo, ni tampoco indiferente, como cuando ella le hacía preguntas infantiles al ser pequeña. Era una mirada seria, casi melancólica. Una mirada que dolía verla, y seguro que más dolía sentirla.
-Volveré - le dijo ella en un susurro - Siempre vuelvo - y él le soltó la mano al fin para dejarla marcharse y volvió el rostro, serio de nuevo.
* * *
-Rin, queremos hablar contigo.
Estaba en casa de Inuyasha y Kagome. A su alrededor, sentados junto al fuego, estaban Sango, Miroku, Kaede y Kagome. Inuyasha estaba tumbado bajo la ventana, intentando ignorar al gentío que había en su casa.
-Tú dirás - le dijo a Kaede.
-Tu cumpleaños es dentro de dos semanas - continuó la anciana - Y ya vas a cumplir 18. Serás toda una mujer. Una joven fértil que tendrá derecho a hogar propio.
Rin sonrió. "Hogar propio" La idea sonaba muy bien.
-Pero te recuerdo que no es lo único que conlleva esta edad. En esta aldea somos muy estrictos con estas cosas. Para las mujeres que vienen de fuera de la aldea las reglas son diferentes, pero para las niñas que crecen aquí, lo lógico es aceptar y cumplir las tradiciones. Si no, ya sabes que estarás mal vista, y tú no puedes dejar que eso ocurra, porque eres una persona respetable y todo el mundo te adora.
-Lo sé, Kaede.
-Bien, entonces debes decidir. Ya lo sabes: te construiremos una casa, te regalarán ropa y cubiertos. También te darán una cabra o una vaca. Sólo falta que escojas esposo. ¿Tienes alguno en mente, o prefieres que te leamos los candidatos?
Rin se removió inquieta en su cojín. Había llegado la hora de la verdad.
-No me gusta nadie en especial. Ninguno me llama la atención.
-En ese caso, te leeremos los jóvenes que quieren casarse contigo - respondió Miroku - En total son seis.
-¡¿Tantos?! - exclamó de golpe la chica.
-¡Claro! - respondió Miroku - No hay más que mirarte para querer casarse contigo - dice mientras se acercaba lentamente a ella.
-¡Miroku! ¡PLAAMM!- le dio Sango un sartenazo en la cabeza a su marido - ¡Quieto en tu sitio!
-Sí, señora - se resignó.
-Bien, como iba diciendo Miroku, tienes seis pretendientes - continuó Sango - son los siguientes: Daichi…
En ese instante Rin recordó al chico que le guiñó un ojo cuando hicieron los jóvenes de la aldea el combate para ver quiénes eran los más fuertes. Combate en el que Shippo, por cierto, ganó. Rin se estremeció al recordar a Daichi, ¡blejjj!
-Otani… Zero… Satoshi…Kirito…y Ginta.
Rin reconoció todos los nombres. Algunos eran amigos suyos desde hacía años, y otros tan sólo los conocía de vista, pero sabía quiénes eran todos, y alguno estaba francamente bien, pero no pensaba dejarse llevar por un físico atrayente. Ella no quería ser como las demás mujeres que se guiaban por las tradiciones para actuar. Ella seguía al corazón, a él nada más.
-Bueno, empecemos - anunció Kaede - Las familias de Daichi y Otani i Zero no son gran cosa, pero la de Satoshi tienen una herrería, la de Kirito, una granja de vacas, y la madre de Ginta es curandera. ¿Vosotras, qué pensáis?
-A mí me llama la atención el joven Satoshi. Si tienen una herrería, vivirán confortablemente, y eso es lo que queremos para la pequeña Rin, ¿no? - dijo Miroku.
Rin lo miró asustada. ¿Satoshi?
-Pues a mí me gusta más Kirito - dijo Sango - porque tenemos que pensar que será el esposo de Rin para toda la vida, así que lo mejor es que también sea guapo, y Kirito lo es.
-¿Para toda la vida?
- Rin empezó a hiperventilar, sintiéndose desfallecer.
-Pues yo no sé qué deciros - dijo Kagome - En mi época no se escoge con quién debemos casarnos, siempre se hace por amor.
-Sí, pero aquí es así. Son las tradiciones, y aquí en Japón, lo que manda la tradición es sagrado y ley de vida.
Kagome refunfuñó. En su mundo las cosas eran muy diferentes. Sabía por los libros de historia que en la era feudal se obligaba a las mujeres a casarse de muy niñas y a tener hijos con esposos a los que normalmente, ni siquiera habían visto antes, pero no estaba de acuerdo en absoluto. No, porque ella les llevaba quinientos años de ventaja y su mentalidad no era propia de la época, así que le costaba comprender por qué Sango, Miroku y Kaede, que eran siempre tan elocuentes y buenas personas, estaban a favor de esa costumbre. Pero la respuesta era sencilla; ahora no estaban en la actualidad, sino en el Japón medieval, y las cosas, por desgracia, eran así.
Kaede, que quería muchísimo a la pequeña Rin, intentó buscar alguna solución que contentase a ambas partes.
- Si está enamorada de alguien en concreto - empezó
- podemos mirar de que se case con ese chico. Se puede intentar. Sin embargo, si no escoge a nadie, tendremos que mirar nosotros por su futuro. En esta época no vivimos tanto como en la tuya, Kagome, y si no se casa ya, puede que se le pase la época.
Kagome se cruzó de brazos, pensativa. No estaba nada de acuerdo con todo ese asunto, pero sabía que la cultura japonesa antigua era muy estricta en sus tradiciones, así que por una parte no quería entrometerse, pero por otra no quería permitir que su amiga se sintiera infeliz el resto de su vida.
-Entonces, ¿cuál? ¿Kirito?
-Sí, estoy de acuerdo.
-Bueno, a mí también me parece.
-Pues a mí no - siguió diciendo Kagome - No está bien.
Kaede miró a Rin, que permanecía sentada a su lado, seria y pálida como la muerte. Angustiada, asustada y temerosa de rebelarse.
-Entonces Kirito. ¡Está decidido! Podríamos casarte el mismo día de tu cumpleaños, ¿qué te parece?
Los labios de Rin temblaron y se le cerraron los puños de rabia.
-¡¡Noooo!! - gritó al fin, levantándose - ¡¡No quiero casarme con Kirito!! ¡¡No quiero casarme!! ¡¡No quiero!!
-Pero, Rin… - empezó Sango - Escucha, nosotros sólo…
-¡¡No!! ¡¡No quiero escuchar nada más!!
Y, sin dar opción a réplica, se marchó corriendo hacia el bosque.
Hola a todos. Espero que os haya gustado. A partir de ahora voy a hacer lo mismo que hacía con mi primera historia "Draco y Hermione, uno la razón, ¿quién el corazón?" y eso significa que voy a poner, al final de cada capítulo, el título del siguiente. Espero que os parezca buena idea. Así pues, el siguiente será: Capítulo 15: Más que amigos
Hasta la semana que viene.
Besos,
Diana Sparrow ;)