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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 17
Sesshomaru levantó su espada y la blandió con fuerza hacia su oponente. El gran dragón negro se movía lentamente a un lado para intentar esquivar el ataque, pero no pudo; el joven demonio albino que tenía delante era mucho más ágil, rápido y fuerte que él. Pero, aun así, se negaba a rendirse.
El demonio cogió velocidad y saltó varios metros sobre la criatura con elegancia, hasta posarse en su espalda y clavarle la estocada definitiva que acabaría con su vida. El monstruo se retorció en el suelo, lanzando intensas llamaradas de fuego en un último intento por derrotar al minúsculo demonio que lo atormentaba, pero no pudo; el demonio lo esquivó las veces que fueron necesarias, hasta que el mismo dragón se dio por vencido y cerró los ojos, desplomándose contra el suelo y levantando grandes cantidades de polvo. La tierra tembló.
Luego, el demonio y su pequeño siervo entraron en la cueva que había estado custodiando el dragón negro.
-¡Buen trabajo, señor! - exclamó Jaken con felicidad - Ese dragón no tenía ninguna oportunidad contra usted. Usted es magnífico, es el mejor, es…
-¡¡Shhh!! - le ordenó el demonio de la luna - ¡Cállate!
-¡Oh, sí, lo siento, señor! No hablaré más. Me callaré, sin duda me callaré.
-¡¡Shhhh!! - le repitió Sesshomaru - Intento oír algo - se quejó.
En el interior de la cueva todo era silencio. Tan sólo se oían los chillidos de algunos murciélagos y el ruido de patas de algún que otro roedor.
-¿Qué se supone que buscamos? - quiso saber Jaken.
En ese instante, Sesshomaru percibió el olor de otro ser dentro de las galerías a las que conducía la cueva.
-¡Jaken, sígueme!
-Sí, señor.
*** * ***
El ambiente era alegre y risueño en casa de la anciana Kaede. Tanto Miroku como Sango, Kagome, Inuyasha y Kaede se afanaban en decorar la vieja cabaña con telas de colores y adornos de todo tipo.
-Eso quedará mejor aquí, Kagome - decía Miroku señalándole un rincón de la casita para colocar un adorno.
-Y aquí un jarrón de flores, ¿no es precioso? - exclamó Sango emocionada.
Inuyasha estaba sentado en el portal del habitáculo, con las gemelas hijas de Sango y Miroku tirándole de las orejas, y el pequeño bebé en brazos.
-¿Te molestan mucho, Inuyasha? - preguntó el padre de las tres criaturas.
-No, tranquilo, Miroku. Se portan bien.
Era una escena adorable, y verdaderamente pintoresca.
-¿Qué está ocurriendo?
- dijo una voz de repente.
Rin acababa de llegar y se encontraba plantada en el umbral de la puerta.
-¿Qué es todo esto?
- inquirió furiosa.
Kaede, viniendo venir la tormenta, se le acercó lentamente y le posó una mano en el hombro.
-Antes de que digas nada - le dijo - ¿podemos hablar?
Rin respiró hondo para calmarse y asintió. Ambas mujeres salieron fuera un momento.
-¿Y bien? ¿Qué ocurre? - se cruzó Rin de brazos - No estaréis preparando mi boda con Kirito, ¿verdad?
Kaede negó con la cabeza.
- No es eso. Estuvimos hablando un rato más cuando te fuiste y llegamos a la conclusión de que si tú no quieres casarte con ese muchacho, no te obligaremos.
-¿De verdad? - la cara de Rin era pura incredulidad. Miraba a su querida anciana con repentina felicidad en los ojos, agradecida.
-Sí, sin embargo…
¡Oh, no! - pensó Rin en cuanto oyó pronunciar esas palabras.
-…sin embargo, estás a punto de cumplir los dieciocho años y te mereces tener una fiesta, ¿o no?
La alegría de la joven no hacía más que crecer y crecer. ¿Nada de boda? ¿Nada de novios? ¿Una fiesta?
-¡Pero aún falta más de una semana! - exclamó casi con sorpresa.
-Lo sé, pero las cosas se deben preparar con tiempo.
Kaede empezó a caminar de vuelta a la cabaña cuando, de repente, se detuvo y volvió a mirar a la chica.
-Pero no creas que has ganado - le advirtió - La tradición del matrimonio en mujeres antes de los dieciocho sigue viva en nuestra aldea, y también sigue siendo un hecho para ti.
-¿Un hecho? - quiso saber la pequeña, cada vez más confundida - ¿A qué te refieres? ¿No acabas de decir que no habrá boda?
-He dicho - empezó Kaede - que no te casarías con Kirito - puntualizó - y que lo que estamos haciendo es decorar la cabaña para tu fiesta de cumpleaños, pero en ningún momento he dicho que no te fueras a casar.
-Entonces - dijo Rin con el corazón en el puño y cada vez más asustada - si no es con Kirito, ¿con quién pretendes casarme? ¿Es otro de los pretendientes que teníais escritos en la lista? ¿Ginta? ¿Otani? ¿Satoshi?
-Te casarás con Kohaku - sentenció.
-¡¡¿Quéee?!! - exclamó la joven sin dar crédito a lo que acababa de oír - ¿Kohaku? ¡No entiendo nada, Kaede! - empezó a decir, enfadada y nerviosa - ¿Qué tiene que ver él en todo esto? Ni siquiera está en la aldea.
-Eso no importa - aclaró la anciana - Pensamos que sería mejor partido para ti.
Rin retrocedió varios pasos, vacilante, contrariada, indecisa, asustada. El mundo se desmoronaba bajo sus pies. Sus sueños, sus ilusiones, todo su esfuerzo por aprender a manejar una espada y defenderse sola… Todo había sido en vano. Ya nada importaba. Era como un pájaro exótico encerrado en una jaula de cristal, notando el frío viento a través de los barrotes, pero sin poder sentirlo realmente, sin poder volar. La sociedad la atrapaba en esa jaula de hielo sin darle la oportunidad de ser feliz, de ser libre…
-No te vayas - suplicó la anciana con voz tierna y le puso una mano en el hombro de forma conciliadora - Kagome se sigue oponiendo al matrimonio concertado, pero es normal, porque en su época eso no existe, no puede entender lo importantes que son las tradiciones en nuestra cultura y en esta época. Pero tú si lo sabes, ¿no es así?
-Lo sé, Kaede, pero aun así…
-Entonces - la interrumpió la anciana - entiendes por qué debes respetarlas y cumplirlas. Sé que no te hace mucha gracia la idea de estar con ninguno de los jóvenes de la aldea, aunque muchos son apuestos, ricos y agradables. Pero ante tu negativa, tampoco queremos hacerte infeliz el resto de tu vida, así que pensamos en buscar a alguien con el que te llevaras bien, y os conocierais desde hace tiempo. Alguien que no fuera tan nuevo para ti.
-¿Y pensasteis en Kohaku?
-No - Kaede se aclaró la garganta - En realidad no se nos ocurrió a nadie que pudiera ser de tu agrado, pero entonces, Sango recibió ayer una carta de su hermano dirigida a mí. Me pide tu mano. Toma, ¡léela! - dijo sacándose un trozo de papel arrugada del kimono y entregándoselo a la chica.
Estimada señora Kaede,
Me gustaría pedirle formalmente la mano de su hija adoptiva en matrimonio. Como manda la tradición, debe ser la chica quien escoja al afortunado entre los pretendientes que se le presenten, así pues, me siento complacido de poder presentarme como uno de ellos.
Para su elección, las jóvenes deben tener en cuenta qué clase de vida les podrá aportar cada hombre. De esta forma, le explico que, estando conmigo, nunca le faltaría de comer, ni un techo bajo el que dormir. Vivo en la aldea de las Montañas Grises, muy cerca de la vuestra, de manera que ella podría venir a visitarles siempre que quisiera. Soy tan sólo tres años y medio mayor que ella, y soy un gran exterminador de demonios; jamás le faltará protección.
Como punto negativo tengo también que decir que yo viajo mucho de una aldea a otra debido a mi trabajo como exterminador, así que ella podría escoger entre acompañarme o bien quedarse en casa, pero sea como sea, yo dejaría que ella hiciera lo que más le complaciera. Así pues, por favor, informen a la joven Rin de que puede escogerme como opción si ninguna otra le complace más.
Atentamente,
*Kohaku, el exterminador de demonios.**-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------*Espero haber mejorado un poco en la narrativa y haber hecho un capítulo algo mejor que el anterior. También gracias a los usuarios que me aconsejaron en el capítulo anterior. Yo intento adecuarme a lo que me decís, me sirve para mejorar, así que os lo agradezco de verdad.Y el próximo episodio: Capítulo 17: Almas separadasNos leemos :)