← Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre · de
Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 18
Dentro de la cueva del dragón en la que se encontraban Sesshomaru y el diminuto Jaken hacía mucho frío. El viento recorría las galerías y túneles que se encontraban bajo tierra y hacía que los insectos y las criaturas infernales que allí vivían se estremecieran. Sesshomaru caminaba sigiloso, a paso tranquilo. Siempre había sido un hombre muy pausado a la hora de hacer cualquier cosa, pues actuaba como un señor. Pero en realidad tenía todos los sentidos alerta, y la mano posada en la empuñadura de la espada, por si surgía cualquier imprevisto, pero de momento no había ningún peligro aparente.
Una respiración entrecortada sonó muy cerca de ellos y se oyeron crujir las piedrecitas del suelo. Sesshomaru desenvainó la espada y, rápido como el rayo, desapareció por un túnel oscuro y tenebroso.
-¿Señor Sesshomaru?
- preguntó el pequeño demonio, asustado - ¡No me deje! - dijo temblando y echó a correr por el mismo camino por donde había desaparecido su maestro.
De repente, chocó con algo.
-¿Quiénes sois?
Era la voz de un anciano. El señor Sesshomaru lo tenía agarrado por el cuello y éste gemía. El demonio había vuelto incluso a guardar su espada, pues consideraba que no sería necesaria. El anciano parecía ser una especie de ermitaño. Vestía una túnica marrón raída y sus sandalias de caña estaban desgastadas. Le colgaba una larga barba blanca de la barbilla y sus ojos oscuros se escondían tras unas pobladas cejas de nieve.
-¿Un demonio?
-Es humano - sentenció Sesshomaru a modo de explicación.
-¡¡Suélteme!! - se increpó el anciano, temiendo por su vida - ¡¿Quién te crees que eres, demonio, para venir a mi casa a atacarme?!
El pequeño demonio verde se acercó al ermitaño y lo señaló con el dedo.
-¡No le hables así a mi amo! - ordenó - Podría matarte en cualquier instante, y aun estás con vida.
-¡¡No os tengo ningún miedo, criaturas diabólicas!! - exclamó - Sé a qué habéis venido.
-¿Ah, sí? - preguntó irónico, Sesshomaru.
-Sí. Venís a ver al Sabio Shanti, pero como veis, él no está aquí. Mi amo ha salido de viaje mientras yo le guardo la cueva.
Jaken se cruzó de brazos, decepcionado.
-Después del largo viaje que hemos hecho - empezó - al final, no sirve para nada - y se dio la vuelta dispuesto a marcharse.
-¡No tan rápido! - le dijo su amo con tranquilidad y miró al ermitaño con suspicacia - ¿Desde cuándo un vulgar ermitaño necesita que un dragón custodie su casa?
-No es mi casa, es la del Sabio - dijo el anciano, enfadado.
-¿Y cómo consigue un pobre humano como tú que el dragón le obedezca? Es más ¿un dragón negro? Sólo pueden ser doblegados con magia.
El anciano se frotó las manos, nervioso y verdaderamente asustado.
-Verás, yo… el Sabio…
-¡No me mientas! - el demonio lo agarró más fuertemente por el cuello y lo sostuvo en el aire. El anciano intentaba liberarse sin éxito, temiendo haber sido descubierto.
-¿Qué ocurre, señor?
- preguntó el ingenuo Jaken.
-Jaken, te presento al Sabio Shanti, el hombre que va a ayudarnos a conseguir lo que queremos, o perderá la vida.
Shanti tragó saliva. Estaba claro que ese demonio de pelo blanco y facciones apuestas era alguien inteligente y fuerte al que no se le podía engañar.
Entretanto, en la aldea de la anciana Kaede…
Rin daba vueltas en la casa de Megumi. Había ido a verla para contarle todas las cosas que estaban pasándole en su vida en ese momento. La pelea con Kohaku, el beso de Shippo, su inminente boda con el exterminador, y finalmente acabó confesándole lo que sentía por el demonio de la luna. No podía estar más abrumada.
-Vaya - Megumi estaba sorprendida - Jamás me hubiera imaginado que lo que sentías por ese chico misterioso fuese amor.
Rin no contestó.
-Escúchame, Rin. Lo primero de todo es calmarse - empezó Megumi - Seguro que encontramos una solución a todos tus problemas.
-¿Tú crees? - preguntó insegura - Yo no lo veo tan claro.
Siguió dando vueltas por la estancia con los nervios a flor de piel, hasta que su amiga se acercó a ella y la obligó a sentarse junto al fuego.
-A ver - dijo, para aclarar las ideas - Tú quieres a Sesshomaru.
-Sí.
-Pero quieren casarte con Kohaku.
-Sí - confirmó.
-Pero también quieres a Shippo.
-Sí.
-Pero quieres más a Sesshomaru.
-Mucho más - aclaró
- Es la persona a quién amo de verdad.
-Pero no sabes qué clase de sentimientos tiene él por ti, y eso te preocupa porque piensas que él odia a los humanos y nunca se casaría con uno, y menos contigo.
-Exacto.
-¡Pufff! - exclamó Megumi - ¡Qué lío!
-¡Lo sé!
Rin se llevó las manos a la cabeza y empezó a desesperarse.
-¡Calma! ¡Calma, Rin, por favor! Todo esto tiene que poder arreglarse.
-¡No! - dijo llorando - ¡No se puede! Y lo peor es que voy a hacer daño a más personas a parte de a mí misma. Shippo sufrirá si me ve casarme con Kokaku, Sesshomaru no sé qué pensará e incluso el pobre Kohaku se va a casar con una esposa que no le ama y eso no le hará feliz. Soy una mala elección para todo el mundo.
-Venga - la abrazó su amiga de forma conciliadora e intentó calmarla - No hagas un drama de todo esto. La optimista aquí eres tú. No quiero verte llorar, ni pasarlo mal. Quiero ver esa sonrisa tierna que le enseñas a todo el mundo. Quiero verte feliz.
Rin sonrió ligeramente, un poco menos triste.
-¿Ves? Así está mejor - Y le pasó una mano por los hombros - Voy a ayudarte - dijo decidida - Lo primero es lo primero: debes averiguar qué siente Sesshomaru por ti. Si te ama, las cosas se volverían más sencillas para ti, porque seguro que Kaede no se atreve a enfrentarse a él si le dice que no quiere que te cases.
-Eso es cierto - reconoció Rin - Pero hay dos problemas: primero, Sesshomaru se ha marchado, y no sé cuándo volverá. Y segundo, no creo que me quiera, al menos no de la misma forma en que yo le amo a él.
Megumi miró a su amiga, decidida a animarla fuera como fuese.
-Rin, eso no tiene importancia. El amor es muy extraño. Cupido dispara sus flechas al azar, sin tener en cuenta edad, linaje o si eres humano o demonio. Todo es posible en este mundo. Así que, ¡céntrate! Averigua qué siente Sesshomaru por ti.
-¿Y cómo haré eso? No es tan sencillo - explicó la joven - Suele ser siempre tan frío.
-Despliega todos tus encantos. Ya me entiendes - dijo guiñándole un ojo.
Rin asintió.
-Está bien. Lo haré en cuanto él esté de regreso - prometió - ¿Y mientras?
-Mientras - dijo Megumi, excitada ante la idea de lo emocionante que iban a ser esas intrigas amorosas - yo voy a hablar con Kaede y el resto, para saber qué opinan de tu boda con Kohaku. Y tú vas a hablar con Shippo.
-¿Con Shippo? - se extrañó.
-Sí - Megumi apuntó con su dedo índice el rostro de su amiga y lo mantuvo firme, señalándola - Más te vale descubrir qué narices hay entre vosotros dos. Quiero que averigües hasta qué punto te gusta y lo que siente exactamente él por ti, ¿me has entendido?
Rin asintió.
-Y luego me lo cuentas todo - dijo Megumi en tono de niña pequeña, feliz ante su nueva e interesante misión en la vida - ¡Te veo esta noche! - dijo en tono cantarín y salió de su casa en busca de la anciana Kaede.
Espero que os haya gustado. Y el próximo capítulo: Capítulo 18: Entendiendo lo que siento