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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 20
Siento el retraso. Ayer viernes no estuve en mi casa en todo el día, así que no pude publicar nada. Disculpas de nuevo y disfrutad del capítulo J
Rin y Yuki seguían abrazadas. Ahora ambas estaban felices. Yuki sabía que Shippo no amaba a Rin, y ella tampoco a él, así pues, su destino no estaba escrito, podrían tener una oportunidad. Por su parte, Rin por fin había comprendido lo que su corazón llevaba tanto tiempo diciéndole, era como si se hubiera abierto una puerta y la luz hubiera bañado la estancia, permitiéndole conocer al fin todos los sentimientos que se habían estado mezclando en su ser. Ahora lo sabía, sabía que Shippo era su hermano, un amor fraternal, tan intenso que puede hasta doler, hasta quemar la piel, pero sólo era eso, amor fraternal. Sin embargo, el amor que sentía hacia Sesshomaru no se parecía en nada a lo que sentía por su amigo el demonio zorro. Era un sentimiento poderoso que crecía desde la boca de su estómago y le atravesaba el cuerpo, era como si su sangre fueran ríos de lava que la derretían cada vez que tenía al joven albino cerca, era una explosión de mariposas que giraban en bandada dentro de sus entrañas, haciéndola sentir hasta vértigo cada vez que el joven la miraba, y más intenso era cuando este la tocaba. Lo que antes había sido respeto, agradecimiento, admiración… ahora era amor puro, pasional, incontrolable, un amor que supera barreras y devora mundos, un amor que la llevaba a dejar de ser una niña para convertirse en una mujer guerrera, en una leona salvaje, fuerte, valiente, poderosa y, sobretodo, enamorada, enamorada de un hombre al que no le quedaba más remedio que confesarle lo que sentía. De no ser así, todo ese amor que le recorría la sangre le iba a estallar en las venas. Tenía que verlo, ¡necesitaba verlo! Y entonces le confesaría lo que hacía tantos años llevaba sintiendo por él y, pasara lo que pasase, lo sentiría siempre.
-¡Ahora y siempre! - se dijo Rin mentalmente -¡Estoy segura!
De repente, vieron una figura apoyada en el marco de la puerta que daba acceso a la sala. Ambas se giraron.
-¡¿Shippo?! - dijeron las dos a coro - ¿Cuándo has llegado?
El chico dio unos pasos hacia ellas.
-¿Qué has oído? - continuó Rin, entrecerrando los ojos - Lo has oído, ¿verdad?
El demonio zorro asintió.
-Todo. Desde que Yuki sabía lo del beso hasta… bueno, hasta lo que tú y yo sentimos.
Las dos muchachas miraron al suelo, nerviosas. Yuki estaba avergonzada porque el chico la hubiera visto en brazos Rin, llorando por él, y Rin, aunque no se sentía incómoda porque Shippo las hubiera visto así, sí que estaba algo asustada por cómo pudiera ahora reaccionar él. Tal vez se había precipitado al afirmar que ninguno de los dos amaba al otro. Ella tenía claro que por su parte no había amor y había dado por supuesto que por la de Shippo tampoco, pero… ¿se habría equivocado?
Ninguna le miraba, esperando su reacción, pero entonces el chico se acercó a Yuki y le dio un fuerte abrazo. La muchacha estaba totalmente desprevenida y se quedó de piedra, sin saber qué hacer. No podía creerse que Shippo la estuviera abrazando, a ella, la joven Yuuki, la hija pequeña del pescador.
-Siento que vieras eso - le confesó el chico en un susurro - No quería hacerte daño. A ninguna de las dos - dijo mirando a Rin, sin deshacer el abrazo que tenía con la rubia.
Rin le colocó una mano en el hombro a su amigo en señal de afecto y lo miró comprensiva.
-Yo también lo siento - se disculpó.
Shippo soltó a Yuki y se sentó en otra de las sillas, junto a sus amigas.
-Cuando te he oído hablar - dijo dirigiéndose a Rin - me he dado cuenta de que tenías razón. Cada palabra acertaba con lo que realmente siento por ti, y cuando he visto a Yuki…
- hizo una pausa - he sabido a quién pertenecen mis sentimientos. No soy de los que hablan de ellos con facilidad. Incluso estar aquí, con vosotras, y deciros todas estas cosas me está costando más de lo que podéis imaginaros, pero debo hacerlo. Ya no habrá más confusiones entre nosotros, nunca más - y, mirando a la joven rubia, hincó una rodilla en el suelo y le cogió la mano - Yuki Matsumura, ¿querrías casarte conmigo?
Los ojos de la joven se abrieron como platos. ¡No podía creerse lo que acababa de ocurrir! Era todo como un delicioso sueño del que aún no había despertado. ¿Sería de verdad real?
A su lado, Rin empezó a aplaudir, entusiasmada, y sonriendo con emoción. Al oír sus palmadas, Yuki comprendió que no estaba soñando, que estaba en la vida real, con su mano entre las de su demonio, mirándola como si no existiera nadie más en el mundo.
-Sí quiero - dijo en un hilo de voz y la boca del chico se ensanchó en una amplia sonrisa. Se puso de pie, tirando también de ella y, cuando la tuvo a su altura, posó sus labios en los de la chica.
Rin miró hacia otro lado, ruborizada por estar en medio de una tierna escena en la que no le correspondía estar. Pero entonces, vio que alguien se acercaba a través de la ventana.
-¡Chicos, vienen Inuyasha y Kagome!
Los dos enamorados se separaron.
-¿Tan pronto?
Rin asintió con vehemencia.
-Debéis salir de aquí - corroboró Shippo.
-¿Y no sería más sencillo salir por la puerta y decir que simplemente veníamos a verte? Es la verdad.
Los amigos negaron con la cabeza.
-¿Así de sonrojados como estáis? - preguntó Rin, con los brazos en jarra - ya sabéis que antes de una boda la chica no puede haber besado a nadie - les recordó.
Yuki se tapó la boca.
-Tienes razón. Lo había olvidado.
La cortina de entrada se destapó y entraron dos siluetas.
-Vamos, antes de que entren en esta habitación - las apremió Shippo - Por aquí.
Las dos muchachas se encaramaron a la ventana y saltaron. Primero Rin y después Yuki.
-Espera - dijo Shippo, sosteniéndole la mano - Si ya nos hemos saltado las reglas, otra vez da igual, ¿no? - y aproximó su rostro, dándole un último beso de despedida.
-Vamos, tortolitos. Os van a ver.
Y se marcharon las dos antes de que Kagome o Inuyasha hubieran siquiera advertido su presencia.
* * *
El Sabio Shandi se acomodó en el suelo, intentando que le doliera la pierna lo menos posible. Miró al demonio, que lo observaba inquisidor desde la roca en la que se había sentado y se dispuso a contarle todo lo que sabía sobre la historia.
-Hace mucho tiempo, vivió una bella princesa en un lejano reino en las montañas altas. Su nombre era… Kagura - hizo una pausa - La joven era muy querida y amada por su pueblo, y se contaba que jamás había existido princesa tan bondadosa como ella. Pero un día, se enamoró de un joven soldado que le robó el corazón. Al principio, las cosas fueron bien, pero, un día, descubrió que el joven había robado todo el oro de palacio y la había dejado sin nada. Kagura, al verse traicionada y haber perdido su único amor, enloqueció y murió de pena. Sus criadas contaron que, mientras moría, pronunció un hechizo en una extraña lengua y su cuerpo empezó a brillar, hasta desaparecer completamente, dejando en el lecho donde ella había estado una brillante esfera azul malva.
-¿Nadie entendió el hechizo? - quiso saber Jaken.
El Sabio miró al demonio verde.
-Las criadas no, pero un anciano que vivía en palacio sí lo entendió: "Algún día, dentro de muchas vidas, una joven de mi mismo nombre morirá a manos de un descendiente del hombre que me ha traicionado, habiéndole también robado a ella su corazón. Huirá, casi muerta, hasta encontrarse con el hombre al que verdaderamente debería haber amado. Ella no podrá salvarse, pero el lugar donde muera se convertirá en la salvación para la mujer al que el hombre bueno querrá salvar, aún a costa de su vida. Sangre de mi sangre sufrirá, pero al salvar a la pretendienta, el mal causado se revertirá"
Jaken empujó con su bastón el pecho del anciano.
-Eso no hay quien lo entienda - se quejó.
-¡Jaken! - ordenó el demonio albino - ¡Déjalo!
El pequeño demonio se apartó del humano.
-¿Y dónde se encuentra la esfera de Kagura?
-Pues… yo… no sé dónde…
Sesshomaru se levantó de la roca con mirada hostil.
-¡Sí, sí, ya recuerdo! - exclamó el Sabio Shanti, asustado - Está en algún lugar del monte Fuji, en el fondo de una cueva.
Sesshomaru empezó a caminar hacia la salida.
-Pero dicen que está protegida de los demonios con hechizos hechos por monjes y sacerdotisas - le advirtió el sabio - No podrás entrar.
-Eso - puntualizó el apuesto demonio - es problema mío. ¡Jaken, vámonos!
-¿Eh? ¡Sí, mi señor!
Cuando el sabio se quedó solo en la cueva, suspiró. ¡Pero qué había hecho!
* * *
Megumi daba vueltas en su habitación mientras Rin le contaba todo lo que había vivido esa tarde.
-Mmm… interesante.
Rin la miró apremiante.
-¿Qué es interesante? - estaba más entusiasmada que de costumbre.
Su amiga se limitó mirarla y sonrió.
-¿Qué? - Rin estaba a punto de perder los nervios - Dime qué ocurre.
Megumi se sentó sobre su edredón y comenzó a reírse. Rin no entendía nada de lo que estaba ocurriendo.
-¿Pero de qué te ríes?
-Todo ha salido a pedir de boca.
La muchacha estaba cada vez más asombrada. ¿A pedir de boca? ¿Pero de qué iba todo eso? Megumi se incorporó y cruzó las piernas, sonriente como una niña pequeña con un globo.
-¿Soy o no soy buena "casamentera"? - dijo divertida - Lo he hecho bien, ¿eh?
Rin seguía sin comprender.
-Has hecho bien ¿el qué?
Megumi le hizo un signo para que guardara silencio y se lo contó.
-Verás, cuando me dirigía a tu casa para hablar con Kaede, tal como te prometí, me encontré a Yuki llorando y me acerqué a preguntarle qué le pasaba. Al principio no me quiso decir nada, pero cuando le conté que yo iba a casa de Kaede para hablar de tu boda con Kohaku, se quedó de piedra. Ella no sabía que te ibas a casar. Entonces me contó lo que había visto en el bosque. La pobre no entendía por qué os habíais besado si tú te ibas a casar, y pensó que a lo mejor os amabais en secreto o algo así, y decidió no intervenir entre vosotros, por mucho que le doliera.
Rin se quedó muda de la impresión.
-¡Guau! Sí que es buena chica. Sin duda me gusta para Shippo.
Megumi sonrió.
-A mí también me gusta para él. Bueno - dijo señalando a su amiga - si no me interrumpes, sigo - y le sacó la lengua en broma - Entonces se me ocurrió que tanto Yuki como Shippo necesitaban una sesión de sinceridad tanto como tú con Shippo, y pensé en liar todo el asunto.
-¿Liarlo? - la joven se rió - Nunca dejarás de sorprenderme.
Megumi asintió.
-Le dije que nada de no intervenir. Al contrario. Intervén, intervén - le dije - Deberías ir a ver a Shippo y confesarle todo lo que sientes por él. Tal vez te sorprendas. El caso es que siguió mi consejo y entre las dos redactamos la nota en la que le confesaba sus sentimientos. Entonces la mandé hacia casa de Shippo asegurándole que él estaba allí y si no, que iría pronto. Cuando se hubo marchado, fui a tu casa y vi que la estaban decorando, entonces me encontré a Shippo fuera transportando unas telas y le dije que Kagome había pedido que le trajera más telas de su casa. Entonces él, fiándose de mí, vino hasta su casa y… voilà, os encuentra a ti y a Yuki hablando de él. Y mira que bien ha acabado todo.
La morena la miraba con los ojos tan abiertos que parecía que iban a reventar.
-¿Qué tú qué?
Su amiga la miró de repente, comprendiendo lo que había hecho. Había metido las narices hasta el fondo forzando a tres personas a hablar de algo que se habían estado ocultando entre ellas.
-Pero Rin, no me mires así, parece que me vas a matar - se echó para atrás, medio divertida, medio asustada - Lo he hecho por ti.
Rin cogió un cojín y se lo lanzó.
-Menos mal que todo ha salido bien, porque esto podría haber sido un desastre.
Megumi interceptó el cojín.
-¡Guerra de almohadas! - anunció.
-¡Jajaja!- rió Rin - ¡Voy a ganar! - y empezaron a darse con los cojines hasta que no pudieron más.
-Gracias - acabó diciendo la morena - No sé cómo lo habría hecho sin ti.
Megumi la abrazó.
-No hay de qué. Y mañana - miró a su amiga con los ojos entrecerrados - jejeje…
-¿Qué estás tramando?
-Nada, nada. Pensaba en cómo arreglar lo de tu boda.
La morena se llevó las manos a la cabeza.
-¡Ah! ¡Es cierto! ¿Hablaste con Kaede?
-Claro - asintió - Está convencida de que Kohaku y tú hacéis muy buena pareja. No le he dicho nada de lo que sientes por Sesshomaru porque ambas sabemos que no serviría de nada. Me ha dicho que la boda se celebrará la noche de tu cumpleaños.
-¡Tres días! ¡No puede ser! - exclamó - ¿Tan pronto?
-Sí - afirmó su amiga, estirándose de brazos - Kohaku, si tiene tiempo, vendrá por la mañana para desearte feliz cumpleaños y luego se irá a vestir para… bueno… para la ceremonia. Te dejan quedarte a dormir, ¿verdad?
Rin asintió, distraída.
-No sabes cuánto odio a ese chico. Antes lo consideraba un buen amigo, y realmente me ha ayudado muchas veces. Me ha salvado la vida en varias ocasiones y eso no se lo podré pagar nunca, pero, al margen de eso, se ha portado como un idiota.
-¿Lo dices por cuando te intentó forzar a besarlo?
-Sí, y por cuando se marchó de la aldea y dejó de entrenarme sólo por mi rechazo. Y ahora, después de darse cuenta de que no le amo, envía una carta a Kaede ofreciéndose como pretendiente.
Megumi se acurrucó junto a uno de los cojines y miró el techo, despreocupada.
-La verdad es que se ha pasado bastante. No me hubiera imaginado que podía ser tan retorcido, sobretodo porque es obvio que iba a ganar él entre todos los que se te presentaran.
-Por eso lo digo. Yo no quiero casarme con él. No podría mirarlo a la cara.
-Es una lástima que sea tan guapo - dijo Megumi, cerrando los ojos - si no fuera tan idiota, hasta me gustaría.
La morena no dijo nada. Miró por la ventana oscura pensando en todas las cosas que le habían ocurrido aquella tarde. Las lágrimas de la hermosa Yuki, la sonrisa de Shippo al contemplarla y el tierno beso que se habían dado. Rin no tenía ninguna duda: aquello era amor verdadero.
Siguió mirando las nubes pasar en la oscuridad hasta que se quedó dormida.
-Te quiero, señor Sesshomaru…
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Y el próximo episodio: Capítulo 20: El cumpleaños*.*Como podéis imaginaros, aún faltan bastantes capítulos para que la historia se termine, pero las cosas comienzan a llegar a su fin. ¿Qué nos deparará el próximo capítulo? ¿Qué ocurrirá en el esperado cumpleaños? Lo sabremos la semana que viene. Buen finde!!! =D