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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 21

Habían pasado tres días desde que Shippo, Rin y Yuki arreglaron sus asuntos y pusieron en orden sus sentimientos. Y tanto Megumi como los dos enamorados se habían esforzado en averiguar dónde estaba el señor Sesshomaru, pero ninguno había tenido éxito. Todos deseaban que la joven tuviera un final feliz, tanto como el de Shippo y Yuki, y que, a pesar de todo el dolor y todos los problemas que habían tenido que superar, Sesshomaru y Rin pudieran estar juntos para siempre. Pero las cartas del destino parecían apuntar a otro lugar, y el reloj del tiempo se negaba a frenar y a darle unos días más a la joven para conseguir que su vida no fuera tan odiosa el resto de su vida. Pero el tiempo, como es obvio, no se detuvo y, sin que nadie pudiera evitarlo, llegó el día en que Rin cumplía dieciocho años.

-Buenos días - saludó una amable voz por encima de su cabeza. La morena abrió los ojos - ¡Feliz cumpleaños!

Rin se enderezó sobresaltada y miró a la anciana con los ojos abiertos como platos.

-¿Es hoy?

Kaede la miró, desconcertada.

-Claro, ¿cuándo sino? - y le tendió un cuenco con gachas y unos palillos de madera - Vamos, desayuna, que hoy te espera un gran día.

*          *          *

Kagome estaba arreglándole el pelo a la joven Rin. Con agua caliente y algunos tubos de madera le había ido rizando el cabello hasta conseguir unos hermosos bucles negros que le caían en cascada melena abajo. Sango le había lavado bien la cara y la había maquillado ligeramente, enrojeciéndole los labios como si fueran un rubí escarlata y le decoró los ojos sombreándolos de azul. La joven contempló su rostro en un espejo y se dio cuenta de lo hermosa que en realidad había sido siempre. Más hermosa de lo que hubiera podido llegar a imaginar. Ahora entendía por qué lo jóvenes se volvían para verla al pasar, por qué le guiñaban el ojo, por qué la mitad se hubieran casado con ella.

-Aquí tienes tu vestido - dijo Kaede tendiéndole un bonito kimono rosa fresa con dibujos de hojas verdes.

Rin volvió a mirarse al espejo. Sí, era hermosa, pero nada de eso tenía importancia. Ella no era vanidosa, ni engreída. No deseaba ser deseada. No quería que los hombres se pelearan por ella. Simplemente quería a un hombre. El único hombre que le hacía sentir algo verdadero, el único que había despertado sentimientos tan intensos en ella que ya apenas podía respirar si no estaba él cerca. Pero todo eso iba a terminar esa noche. En cuanto se casara con Kohaku, la poca libertad que aún conservaba, se habría acabado para siempre.

-¿Qué ocurre? - preguntó Kaede, sin sospechar nada - ¿No estás contenta? Mira lo guapa que estás.

-Sí, sí, estoy contenta - dijo Rin con una sonrisa fingida - Gracias por arreglarme.

-Es lo menos que podíamos hacer - dijo Sango, abrazándola - Al fin y al cabo, hoy es tu cumpleaños - le sonrió.

La morena también sonrió ligeramente, pero estaba claro que no era feliz. Había intentado explicárselo a su familia tantas veces que ya ni siquiera recordaba cuántas. Y, la hubieran o no la hubieran entendido, no pensaban siquiera cambiar de pretendiente. Todos estaban convencidos de que casarla con Kohaku era la decisión correcta y que, con el tiempo, ella aprendería a amarlo más que a nadie. Pero se equivocaban. Todos se equivocaban. Por más tiempo que pasara, por más años que viviera junto a Kohaku, jamás podría amarlo, ni a él, ni a nadie.

*          *          *

Jaken y Sesshomaru se encontraban frente a una pequeña gruta del volcán Fuji. Aquel era el lugar del que les había hablado el Sabio Shanti. La cueva donde, según la leyenda, se encontraba La esfera prohibida.

-¿Está seguro que es esta, señor? - preguntó el pequeño demonio, agotado de tanto caminar - Es la séptima cueva que visitamos. Tal vez el viejo nos mintió.

Sesshomaru no despegó los ojos de gruta.

-No lo hizo - aseguró - Deberías aprender a entender cómo reaccionan los humanos ante el dolor.

Jaken se quedó callado, sin saber qué decir.

-Bueno, entonces, entremos - y echó a andar.

-¡Jaken!

-¿Sí, amo?

-¡No te muevas! - ordenó y desenvainó una de sus espadas.

-¿Qué piensa hacer, señor? ¿Hay algún peligro?

Sesshomaru ignoró a su pequeño acompañante y se acercó a paso lento hacia la cueva. Se paró justo ante el inicio de la gruta y escudriñó el arco de entrada. Aparentemente no había nada extraño.

Jaken se acercó corriendo hasta su amo.

-Buff, espero que hayamos acertado esta vez - y dio un paso al frente para entrar, pero entonces, la entrada brilló y una fuerza repelió al demonio verde, lanzándolo varios metros hacia atrás.

-Te dije que no te movieras - respondió su amo con pasividad - Me lo temía - dijo mientras seguía contemplando las piedras de la entrada - Hay dos opciones, o bien la fuerza sale del interior o hay un sello anti-demonios en alguna parte de la entrada.

Jaken se levantó, jadeante y regresó con su señor.

-Buscaré el sello - y se puso manos a la obra.

Entretanto, el demonio de la luna levantó la espada ante su rostro y descargó un estoque ante el campo de fuerza. El hechizo repelió la espada, que salió volando por los aires, sin embargo, no pudo mover a Sesshomaru ni un centímetro.

-¿Se encuentra bien, amo?

-Ve a por la espada. Esto será más difícil de lo que creía.

En casa de Kaede habían servido pan y queso, pollo y pescado, salchichas y arroz, mucho arroz. Habían invitado a todas las familias del pueblo, como era costumbre por cada joven que cumplía dieciocho años, y todos se hallaban arremolinados alrededor de la casa. Cada familia había traído algo de comer o de beber. El padre de Megumi, que era carnicero, había traído dos corderos asados que había hecho su mujer esa misma mañana. El padre y el hermano de Yuki, que eran pescadores, habían traído varias cestas de pescado, y así, todos los invitados habían traído lo que habían podido; sillas, mesas,… cualquier cosa que pudiera ayudar a la familia a celebrar el cumpleaños de la joven.

Todavía era temprano, tan sólo mediodía, y la gente parloteaba aquí y allá sin cesar.

Una mujer anciana pasó corriendo seguida de dos niñas muy pequeñas.

-Mira, Rin - le dijo la anciana - mis nietas y yo te hemos hecho un pastel para la boda. Vamos a guardarlo dentro. Estoy ansiosa por ver al novio, ¿tú no?

Rin asintió, cortés.

-Claro, mucho.

La anciana y las niñas se perdieron entre el gentío.

-Aquí estabas. Menos mal que te encuentro - Megumi la cogió del brazo - Pero mírate, ¿ya te has quitado los zapatos?

La morena desvió la mirada, algo avergonzada.

-Es que… eran algo incómodos.

Megumi suspiró.

-¡Qué voy a hacer contigo! Es tu fiesta, deberías disfrutarla.

-Pero no puedo - acabó sincerándose la chica - No puedo evitar pensar que dentro de unas horas mi vida habrá dejado de tener sentido.

Yuki y Shippo llegaron en ese preciso instante.

-Hola, chicas - saludó la amable jovencita - Rin, estás preciosa, ¿no crees, Shippo?

El joven asintió.

-No te digo hasta que punto - le guiñó un ojo.

Pero entonces se percataron de la palidez en el rostro de la morena, de la falta de expresión, de sus ojos apagados y tristes.

-Eh, Rin, ¿qué ocurre? - Shippo la miró preocupado. La conocía mejor que nadie y sabía que le pasaba algo grave.

-Tal vez esté enferma, o nerviosa - aventuró Yuki - La verdad es que te comprendo - dijo dirigiéndose de nuevo a la morena - Yo también estoy nerviosa por nuestra boda. Gracias por dejar que nos casáramos el mismo día que tú. Es muy amable de tu parte - y le guiñó un ojo.

Rin asintió. Recordaba perfectamente cómo había ocurrido:

La morena estaba en el bosque, practicando con su pesada espada algunos movimientos que Inuyasha acababa de enseñarle cuando, de repente, apareció la joven rubia de entre los árboles.

-Hola, Rin. ¿Estás entrenado?

-Ajá - asintió la morena - Pero no se me da muy bien. Creo que esta no es mi arma - y la dejó caer a un lado.

Yuki se sentó en una roca próxima e intentó recoger la espada.

-¡Guao! ¡Sí que pesa! - y se le cayó nuevamente al suelo - Perdón - se disculpó.

-No importa - Rin se sentó a su lado y suspiró.

-¿Qué ocurre? - quiso saber su amiga.

Rin negó con la cabeza.

-Nada importante. Sólo que a veces creo que el destino me la tiene jugada.

-¿Por qué dices eso?

La joven se abrazó el cuerpo y miró al cielo, abatida.

-Ya sabes lo que siento por Sesshomaru - Yuki asintió - Y pensé que si le confesaba mis sentimientos, tal vez las cosas acabaran arreglándose, pero ahora ya nunca lo sabré.

Su amiga la miró comprensiva.

-Todavía falta un día. ¿Crees que no vendrá?

Rin se encogió de hombros, desamparada.

-No lo sé. No tengo ni idea.

-Pero él dijo que volvería pronto, ¿no lo recuerdas? - intentó animarla.

-Lo sé, pero lo que promete y la realidad han demostrado ser cosas muy diferentes. Tal vez no ha venido porque sabe que voy a casarme y está esperando a que eso ocurra. Tal vez quiera esperar a que ya no tengo excusa para pedirle que me lleve con él, a que me aten a un marido para no poder acompañarle… - una triste y solitaria lágrima le resbaló por la mejilla. Estaba destrozada.

Yuki le apretó los hombros con fuerza.

-¡No digas esas cosas! - la regañó - Puede que sea un demonio frío, pero no es ningún cobarde. Seguro que si no está es porque está ocupado en algo importante, si no, seguro que estaría aquí, tal y como te prometió.

Rin negó con la cabeza, pero no dijo nada. En esos momentos de crisis y con el tiempo a contrarreloj, no podía pensar con claridad

-Tengo una idea - anunció de pronto la rubia - ¿Y si Shippo y yo nos casamos el mismo día que vosotros? Él ya le ha pedido mi mano a mi padre, y le ha dicho que sí. Sólo nos falta el día. Así te ayudaré a superar todo esto, a que no estés sufriendo sola. Además, en el caso de que tu boda se suspendiera, nadie se enfadaría contigo por haberles hecho preparar tantas cosas, porque podrían usarlo para nosotros. ¿Qué te parece?

-Felicidades a vosotros también por la boda - recordó de repente Megumi - Vamos a tener dos casamientos en uno. ¡Qué original!

La pareja asintió, sonrojada.

-Bueno, Rin, vamos a buscarte unos zapatos - dijo Megumi tirando de su amiga - Aún tienes que recibir a muchos invitados más.

*          *          *

Jaken había encontrado cinco sellos mágicos alrededor de la entrada. Sesshomaru, con su increíble espada, los había destruido todos, pero, aún así, no había podido entrar más que unos metros. Una fuerza descomunal salía desde el propio corazón de la cueva, empujando al demonio hacia fuera con intensidad. Jaken ni siquiera había podido entrar. El pobre se encontraba mareado en una roca de la entrada, apoyado contra en suelo, a punto de desmayarse.

Sesshomaru, por su parte, había llegado a una bifurcación. Estaba claro que era un laberinto. Había sido colocado en forma de trampa para todo aquel que osara acercarse a la piedra de Kagura, pero no le importó. El demonio siguió avanzando.------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Bueo, ¿qué os ha parecido el capítulo? ¿Alguna sugerencia? Y el próximo episodio: Capítulo 21: Por ti, lo que sea