Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre · de

Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 23

Hola a todos. Antes de comenzar quiero avisaros de que la boda y los vestidos serán a la manera occidental, es decir, la típica boda europea o americana.


Rin se encontraba en casa de Kagome. Sango y ella le habían colocado el vestido de boda mientras Kaede iba a buscar una antigua diadema suya con flores para ponerle en el pelo.

Rin se volvió y contempló su reflejo por última vez en ese espejo grande que le habían traído. Estaba radiante. De pies a cabeza, era toda una mujer, una hermosa mujer morena a punto de casarse. Ya no llevaría más los pies descalzos, pues le habían regalado unas babuchas doradas que contrastaban con el vestido. Éste era en realidad un kimono blanco de seda con bordados de flores color oro. El kimono que Sesshomaru le había traído el día en que se dio cuenta de que no era tan fuerte como ella había creído, el día que la atacó el demonio-oso.

-¡Qué ironía! - pensó entristecida - Voy a casarme con el vestido que él mismo me regaló.

Kaede le colocó la diadema con el velo y le tapó el rostro.

-Vamos, es la hora.

Los invitados estaban dispuestos a modo que quedara un amplio pasillo entre ellos para que las dos parejas pudieran pasar. Ya se había hecho de noche, de manera que la luz venía directamente de la luna y de las antorchas que habían colocado a ambos lados del altar. Las flores sobre las mesas brillaban como si tuvieran cien ojos tintineantes antes las llamaradas del fuego, los grillos chistaban en la distancia, desafiando al silencio. Lo único que interrumpía su melodía era el murmullo de los invitados, que hablaban sin cesar mientras esperaban la aparición de la primera novia. Y allí estaba Shippo, elegantemente vestido, a un lado del altar, vestido con un kimono negro y con el pelo anaranjado cubriéndole parte de un ojo. Ese bucle rebelde. Sus ojos buscaban los de su rubia, tan nerviosa como él. El corazón le temblaba, como si fuera a salírsele por la boca en lugar de permanecer guardado en la musculosa caja de su tórax.

Se oyeron unas palmadas. Kaede estaba en el centro del escenario ricamente ornamentado que habían improvisado para la ocasión. Al ser la sacerdotisa de la aldea, tenía plenos poderes para oficiar la ceremonia y unir en santo matrimonio a los aldeanos que en su aldea residían. Entonces se oyó el resonar de unas campanas y todo el público se volvió hacia la puerta de la casa más cercana, situada justo a unos seis o siete metros de distancia del escenario.

La cortina se retiró. La joven rubia de dieciséis años llevaba un precioso kimono blanco con estrellas plateadas que se ajustaba perfectamente a su figura, dejando entrever dos bonitas sandalias tan plateadas como el vestido. Y, las uñas… las uñas brillaban como si llevara el mismo cielo en sus manos.

Su padre le tendió el brazo y la música empezó a sonar mientras ambos caminaban por un camino de flores blancas hacia donde les esperaba el apuesto novio, temblando de los nervios. Yuki caminó con elegancia, sin que ningún tropiezo entorpeciera sus movimientos. Paso a paso, se acercó al altar, con la cabeza erguida y una sonrisa deslumbrante que le cruzaba el rostro para hacer resaltar la blancura de sus dientes. Finalmente, su padre le cogió la mano y se la entregó al que iba a convertirse en el futuro esposo de su hija. Luego se hizo a un lado.

Shippo cogió su velo con suavidad y le destapó el rostro, dejando así al descubierto al maravilloso ángel del que se había enamorado. Se dieron la mano y se volvieron hacia la anciana sacerdotisa.

-Hermanos, hermanas. Estamos aquí reunidos para unir en santo matrimonio a esta joven pareja de enamorados. El voto del matrimonio es algo sagrado y una vez que dos almas se unen, ya nada puede separarlas. Así pues, sin más dilación, pronunciad los votos después de mí - miró a Shippo - Shippo el demonio, ¿deseas unirte en santo matrimonio a esta joven para amarla y respetarla, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?

Shippo la miró a los ojos, con mirada seria y decidida.

-Sí, quiero - dijo con determinación.

-Y tú, Yuki Matsumura, ¿deseas a este joven como esposo para amarlo y respetarlo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?

Yuki sonrió tiernamente y sus ojos brillaron como centellas.

-Sí, quiero.

-Entonces, por el poder que me ha sido otorgado, yo os declaro marido y mujer - y se volteó hacia el chico - Puedes besar a la novia.

El demonio zorro le colocó una mano en la cintura para acercársela y la otra se la colocó en la mejilla. La miró una última vez con ojos brillantes y la besó con pasión. El gentío se puso en pie y comenzaron a aplaudir entusiasmados. Los gritos y los vítores recorrían todas las calles mientras los dos jóvenes se fundían en su preciado beso. Al final, se separaron jadeantes. Yuki se colocó de espaldas al público y lanzó su hermoso ramo hacia atrás.

-¡Es mío!

-¡Quita, Miku!

-¡Casi lo tengo!

-¡Aquí, aquí!

Pero el ramo cayó justo en las manos de alguien.

-¿Qué? - exclamó Megumi, alterada - Yo no quiero casarme.

El resto la miró decepcionadas.

-Eh, venga, que os regalo el ramo. Yo no lo quiero.

-Has sido la primera en tocarlo, ya no sirve - se quejó otra muchacha.

-¡Vaya faena!

-Bueno, todavía queda el de Rin - cuchicheó Miku - Ese lo cogeré yo.

-¡Que te lo has creído!

Y se marcharon discutiendo.

Entonces, Shippo y Yuki se separaron y se miraron una última vez antes de hacerse a un lado cogidos de la mano para que pudiera colocarse el joven Kohaku, que hacía tan solo unas horas que había llegado a la aldea. Rin ni siquiera había podido verlo todavía.

Rin estaba dentro de la misma casa por la que había salido Yuki. Antes de que ésta se fuera, la había abrazado y le había deseado suerte. Ambas componían un cuadro muy pintoresco. Ambas con sus vestidos blancos de novia, pero una con bordados plateados y tan rubia como trigo al sol, y la otra con bordados dorados y el cabello tan oscuro como la garganta de un lobo.

-Nos vemos en el altar - le había dicho Yuki a la morena.

-Allí nos vemos - aseguró la joven Rin.

Y ahora había llegado el momento de cumplir su promesa y reunirse con su amiga, su marido. ¡Qué palabra tan extraña! Casi no se imaginaba al apuesto Shippo como marido y Yuki como su mujer. Y también se reuniría con… su futuro esposo.

Rin tragó saliva y se le hizo un nudo en la garganta. Esto no le podía estar pasando a ella. Nada de eso podía ser real.

En el exterior se oyeron las palmadas de Kaede y el fuerte repicar de unas campanas.

-¡Oh, no! - Rin se llevó una mano al pecho - Es la hora.

Las cortinas de la casa se retiraron con suavidad y la joven puso un pie fuera de la casa, depositándolo tímidamente en el caminito de flores.

-¡Ohhhh!

El público miró asombrado a la joven, que no hizo más que salir, levantó el rostro hacia delante.

-¡Qué guapa está!

-¿Habéis visto?¿No es hermosa?

-¡Quien fuera ella!

La música empezó a sonar y Rin caminó varios pasos, pero luego se paró al darse cuenta de una cosa. No tenía a nadie que la llevara al altar.

-¡Kagome! ¡Kagome! ¡Tenemos un problema! - le dijo, alterada, Sango en cuanto se dio cuenta de que Rin no avanzaba.

-¿Qué pasa ahora?

-Se nos ha olvidado quién la llevará al altar.

Kagome se tapó la boca.

-¡Oh, Dios mío! ¡Es cierto!

Rin dio un paso más, mirando a ambos lados, como si de repente pudiera aparecer su padre muerto y llevarla hacia su destino.

-Haber… tiene que ser el padre - empezó Kagome - pero ella es huérfana. En ese caso la lleva un hermano, pero no tiene. Entonces la lleva lo más parecido a un padre, y ese sería Sesshomaru, que no está. Y lo más parecido a un hermano es Shippo, que está ya en el altar.

-Deprisa, ya ha salido. Si no aparece ya su acompañante, quedará en ridículo.

Rin llegó lentamente justo donde empezaba el pasillo de la multitud y se paró definitivamente. Miró de nuevo a ambos lados. Las caras de los invitados la ponían nerviosa.

-Hay mucha gente - pensaba temblando en su fuero interno - Demasiada gente.

Alguna jovencita empezó a reírse disimuladamente al pensar en el ridículo que estaba haciendo la pobre Rin. Los ancianos, sin embargo, la miraban apenados y mujeres y hombres empezaron a murmurar.

Rin tenía las lágrimas a punto de brotar de sus ojos. Se sentía débil e indefensa ante aquella aldea que se reía o se compadecía de ella. Recordó la aldea de su niñez, donde fueron asesinados su madre, su padre y sus hermanos mayores. Recordó la gente del pueblo, que la trataba con lástima y le tiraban comida como si fuera un pobre gato abandonado. Y también recordó los golpes que le daban los hombres por robar los peces de su río. Levantó la vista hacia el público y vio lo mismo: gente que no la conocía realmente, que no la comprendía, que sólo le tenían lástima. Quería que se la tragara la tierra, que se abriera una gran grieta y la hiciera desaparecer de la vista de todos. Quería correr y perderse en el bosque, en las profundidades de la noche y no volver nunca.

De repente, una mano tocó el hombro de la chica. Rin se volvió en el acto.

-¿Inuyasha?

-¿Creías que iba a abandonarte, pequeña aprendiz? - le rodeó el brazo con una sonrisa y empezaron a caminar.

La música continuó sonando hasta que llegaron al altar donde novio y sacerdotisa aguardaban con tranquilidad. Inuyasha cogió la mano de la joven y la colocó en el brazo del apuesto Kohaku, retirándose después para dejarlos solos.

Rin no había podido fijarse bien en su prometido hasta que estuvo bien delante. Llevaba una túnica negra, elegante, y el pelo le caía despeinado y natural sobre la frente. Era guapo, de eso no había duda. Le sonrió con altivez y le destapó el rostro. Lo que el muchacho vio, lo dejó boquiabierto. Nunca había visto a Rin tan hermosa como esa noche. Sus ojos castaños brillaban como el caramelo recién fundido y lo miraban, temblorosos, bajo una fina sombra azul cielo. Sus mejillas estaban sonrosadas y sus labios eran puro carmín y fresas. Y a rosas olía, como un hada, como una ninfa sacada de un cuento.

Siempre había querido casarse con ella, desde que la vio por primera vez cuando eran pequeños, desde que la oyó hablarle y preguntarle mil cosas, como hacía siempre. Desde el primer momento, había querido casarse con ella.

Rin, por su parte, había desviado la mirada hacia otra parte. Kohaku, el traidor que la había obligado a casarse con él. El que había intentado forzarla a besarlo, el que la había abandonado ante el rechazo de la joven, el que había escrito esa carta a Kaede, sabiendo que lo escogerían a él como pretendiente, aún sabiendo que ella no le amaba. El que había contribuido a que ella y Sesshomaru jamás estuvieran juntos. Miró el cielo, despejado, y vio los cientos de estrellas que iluminaban la noche. Brillaban intensamente sobre su cabeza, como si fueran luciérnagas sonriéndole desde alguna parte. Entonces Rin recordó aquel día en el río, hacía ya tantos años. El día en que le dijo a Sesshomaru que quería la luna y él se la regaló. A ella, la pequeña humana huérfana, le regaló la luna.

Su pretendiente carraspeó, impaciente. Rin bajó la mirada y se encontró con la suya, severa, indicándole que se centrara en la boda. La morena asintió levemente.

-Adiós a las alas -  se dijo a sí misma - Adiós a la libertad, al ser un pájaro fuera de una jaula de cristal.

Miraba a Kohaku, pero no podía sentir ni un ápice de amor por él, ni uno solo. Su corazón chillaba a gritos un nombre, un nombre que no podía ser pronunciado en ese instante, un nombre que se le quedaría grabado en la mente y en el alma para siempre, el nombre de su amor verdadero.

- Hermanos, hermanas. Estamos aquí reunidos para unir en santo matrimonio a esta joven pareja de enamorados. - empezó Kaede, repitiendo el mismo discurso que hacía tan solo unos minutos había pronunciado para Yuki y Shippo - El voto del matrimonio es algo sagrado y una vez que dos almas se unen, ya nada puede separarlas. Así pues, sin más dilación, pronunciad los votos después de mí.

-…ya nada puede separarlas… - se repitió Rin en su cabeza - nada…nada…nada…

-Kohaku, exterminador de demonios, ¿deseas unirte en santo matrimonio a esta joven para amarla y respetarla, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?

Kohaku sonrió con suficiencia.

-Sí, quiero.

-Y tú, Rin, ¿deseas casarte con este joven para amarlo y respetarlo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?

Rin tragó saliva y miró a los ojos del joven. Ojos fríos como el hielo, más fríos que los de Sesshomaru, más que un glacial helado de piedra blanquecina. Miró a Kaede, expectante, sonriendo orgullosa de la mujer en la que Rin se había convertido, y miróa todos los invitados que la observaban con una sonrisa, sin comprender que Rin se estaba muriendo por dentro. *"Sin ti, Sesshomaru, soy un cuerpo sin vida, una caja vacía, una música sin notas, un espejo sin reflejo, una muñeca rota, una chica muerta en vida"*Se le aceleró el pulso y el corazón empezó a latirle, desbocado. ¿Debía decir: Sí, quiero? ¿Debía destrozarse la vida de esa manera? ¿Acabar así con sus alas? ¿Renunciar a su libertad, a su felicidad? ¿Engañar a sus sentimientos? ¿Traicionar a su corazón? Sería la mayor mentira que hubiera dicho jamás. El sí más falso que pudiera haber pronunciado, una condena a muerte. Pero ¿qué razones tenía para estropear la boda? Si no era con él, sería con otro. Y si no era hoy, lo sería mañana, pero fuera de la forma que fuese, ella estaría casada antes de que pasaran veinticuatro horas y no sería con su querido Sesshomaru.

Cerró los ojos un instante y se permitió pensar una última vez en su amado demonio albino. Una triste y solitaria lágrima resbaló por su mejilla y cayó al suelo. "Adiós, mi querido Sesshomaru"

-Sí… quiero.

Kohaku respirió aliviado.

-Entonces, por el poder que me ha sido otorgado…

Rin abrió los ojos, llorosa, y levantó la vista hacia el peñasco donde solía sentarse a pensar cuando estaba sola. Y entonces… ¡lo vio!. Sesshomaru estaba allí, con Jaken y A-Un, contemplado la boda. Su mirada era seria y tenía los puños apretados. La estaba mirando a ella, directamente a ella, con una severidad que jamás había visto en sus ojos. Llevaba algo en la mano, que dejó caer al suelo, y dio media vuelta hasta desaparecer en la noche.

-yo os declaro marido y…

-¡¡Nooo!! - chilló, empujando a Kohaku a un lado - ¡¡Sesshomaru, espera!!

-Rin, no he terminado el discurso - la riñó Kaede, en voz baja - Vuelve a tu sitio.

-Lo siento - fue lo único que alcanzó a decir, bajándose del altar.

Pero Kohaku fue más rápido y la agarró del brazo, enfadado.

-¿A dónde crees que vas, princesa?

Rin tiró de su brazo con fuerza hasta liberarse y le plantó cara.

-Nunca seré tuya. Una vida sin Sesshomau no es vida, es muerte.

Los invitados se taparon la boca y comenzaron a murmullar. Algunas señoras se desmayaron de la sorpresa y alguna joven chilló del asombro.

 Rin tiró su ramo al suelo con desprecio, a los pies del novio.

-Esto es tuyo - y se marchó corriendo hacia el bosque, sin mirar atrás, sin pensar en nadie más que en él, en Sesshomaru, en su demonio…


Buenas noches a todos! Me gustaría mucho saber qué os ha parecido el capítulo. Por fin, Sesshomaru ha llegado a la boda y, aunque indirectamente, la ha interrumpido. Pero el asunto Sesshomaru sólo acaba de empezar. El próximo capítulo se llama: Capítulo 23: Cacería en el bosque. Como podéis imaginaros, las cosas no quedarán así. Kohaku es vengativo, Rin acaba de huir y mucha gente está preocupada por ella, así que nadie va a dejar que vaya muy lejos. Pero ella tiene que encontrar a Sesshomaru y hablarle, preguntarle por qué se ha enfadado, qué está ocurriendo.

Todo eso, en el próximo episodio.