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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 24

Rin corría con todas sus fuerzas colina arriba, entre los árboles del frondoso bosque. Aún oía el murmullo de los invitados de la boda y las voces de Kaede y sus amigos llamándola desesperadamente. Pero ella ya no prestaba atención. Se negaba a escuchar un solo lamento, un solo grito, una sola súplica más de que volviera. ¡No! No podía volver ahora, no quería volver ahora, y menos aún después de lo que había hecho. Había dejado plantado a Kohaku en el altar, enfurecido. Le había tirado el ramo al suelo, con ira, porque no podía perdonarlo, porque no soportaba el verlo delante suya con esa sonrisa de suficiencia dibujada en los labios. No podía verlo más. Y Sesshonaru, su querido Sesshomaru… lo había visto todo desde allí, desde lo alto del peñasco. Rin no podía ni imaginarse lo que el albino habría sentido al verla así vestida, con el vestido que él mismo le había regalado, a punto de casarse con otro joven, con un humano.

Rin levantó las enaguas de su vestido para correr más deprisa. Los pies se le enredaban en la maleza y los bajos de su traje arrastraban las hojas secas y el polvo del suelo, pero no le importaba. Debía llegar a la cima del peñasco antes de que el demonio se marchara… para siempre.

-¡Ahh!

El largo velo se le enredaba entre los arbustos y las espinas del suelo. La chica tiró con fuerza para seguir adelante, dejando que éste se desgarrara, sin importarle. El corazón le latía con fuerza, desesperado. Ya nada importaba más en el mundo. Ni su pasado, ni su futuro. Para Rin sólo estaba el presente, y éste sería el único que marcara su destino. Ya no dejaría que los demás decidieran sobre su vida, ya no era la niña pequeña que no sabía cuidar de sí misma. No era un pájaro enjaulado ni una princesa en una torre. Era ella; Rin, la chica huérfana, sí, pero también una aprendiz de exterminadora, una tigresa salvaje, una guerrera. Tenía coraje, determinación, tenía valentía en cada parte de su ser, tenía fuerza en el corazón. Corría sin detenerse, sin que ningún otro pensamiento le ofuscara su mente. Todo giraba en torno a su amor, a sus deseos. Quería darlo todo por su futuro, por ese demonio albino orgulloso y tozudo que tanto la había hecho sufrir. Hubiera dado su vida por él si fuera necesario. Hubiera vendido su alma al diablo si así pudieran estar juntos. Pero ahora se le escapaba el destino de entre las manos, los problemas se enredaban como si una araña maligna estuviera entretejiendo con brusquedad los hilos de su tela. La noche había caído y con ella se desvanecían sus esperanzas de ser libre. Sesshomaru había llegado, sí, pero lo había hecho demasiado tarde…

Los murmullos finalmente desaparecieron y la muchacha llegó por fin a lo alto del peñasco, justo donde el demonio la había visto a punto de casarse con Kohaku. Recordó su mirada melancólica y a la vez hostil, sus puños cerrados, su fingida indiferencia. Un objeto claro destacó en el suelo. La morena se acercó a cogerlo. Era un estuche de madera de pino, muy hermoso con algunos tallados en forma de espirales alargadas. Giró la llave de la cerradura y… un collar de plata la miraba desde dentro. La cadena era fina y lisa, y en su centro colgaba una diminuta luna menguante, como la que Sesshomaru llevaba sobre su cabeza.

¿Qué significaría eso? ¿Qué había querido decirle el demonio con ese regalo? ¿Una luna igual a la suya? ¿Un símbolo de que estarían siempre juntos? ¿Una promesa?

Rin sacó el collar del estuche y se lo llevó al corazón.

-¡Oh, Sesshomaru! ¿Por qué tenías que ver esto?

Se ató el collar al cuello y se levantó decidida, dispuesta a seguir corriendo.

Entretanto, la boda se había vuelto un completo caos. Todo el mundo cuchicheaba sobre lo que había pasado esa noche en la ceremonia y el por qué Rin se había marchado tan repentinamente hacia el bosque. Las más ancianas ayudaban a Kaede y a Sango a recogerlo todo, mientras los hombres salían a buscarla.

-Miroku - le dijo Sango a su marido - Por favor, encuentra a Rin sana y salva. El bosque por la noche es muy peligroso y si le pasara algo, yo… - empezó a sollozar.

-Te prometo que la encontraré - le aseguró su marido - Quédate aquí. Si somos demasiados pondremos nerviosos a los demonios que viven en el bosque y podrían atacarla.

Sango asintió y vio alejarse a su marido junto con Inuyasha y Kohaku. Kagome también se unió al grupo.

-Volveremos pronto, no te preocupes.

Sango se acercó a Kaede y los ojos empezaron a temblarle tristemente.

-Sango, ¿qué ocurre?

  • dijo la anciana, acercándose a abrazarla.

-Creo que lo hemos hecho todo mal, Kaede. Todo esto es culpa nuestra.

Kaede se quedó callada mientras la exterminada permanecía abrazada a su tórax. Cerró los ojos un instante y se planteó muchas cosas, cosas que debería haber pensado mucho antes de que esto ocurriera. Recordó las palabras de la morena, el comportamiento hostil que adoptó la muchacha ante la noticia de su inminente casamiento, la primera vez que huyó al bosque, las discusiones que mantuvo con ella y, finalmente, la triste lágrima que había salido de su rostro en el momento de pronunciar el "sí, quiero".

-Creo que tienes razón - dijo la anciana, sin atreverse a mirar a la exterminadora a la cara -  Pero no llores más, Sango. Yo tengo la culpa.

Yuki, Shippo y Megumi se encontraban entre la multitud, preocupados e impotentes, pues no sabían cómo ayudar a su amiga a superar todo eso, a que la pesadilla acabara.

-Deberíamos ir tras ella - empezó Megumi - Los demás quieren traerla de vuelta para que no le pase nada, pero nosotros no queremos eso, al menos, yo no - aseguró la muchacha - Rin necesita hablar con Sesshomaru y arreglar todo este lío. Si no lo hace ahora, jamás se lo perdonará.

-¿Y qué podemos hacer? - preguntó la rubia - No hay forma de impedirles que la encuentren. ¡Son los mejores guerreros de todo Japón!

Shippo les puso una mano a cada una en el hombro.

-Yo iré a buscarla, y me aseguraré de despistarlos. Eso le dará tiempo. Vosotras os quedáis aquí - y se marchó rápidamente entre los árboles.

Megumi miró a Yuki con suspicacia.

-¿Era una orden?

-Yo creo que era más bien una sugerencia - Yuki se rió - ¡Démonos prisa!

Y las dos muchachas se perdieron en la espesura del ramaje, corriendo a contrarreloj por la vida de su amiga, por su destino, por su futuro.

*          *         *

La muchacha tenía las piernas arañadas y algunas espinas clavadas en los pies. Se había tropezado y caído tantas veces que ya ni llevaba la cuenta. Se paró un segundo y se arrancó los bajos de su precioso vestido, que sólo arrastraban y la entorpecían, y se rasgó también las mangas, que eran tan largas como un vestido de la nobleza. Se miró las manos, menudas, y se dio cuenta de lo insignificante que era, de lo diminuta que había sido siempre, una mera humana, una simple niña enamoradiza.

-¿Por qué hago esto?

  • se preguntó, cayendo de rodillas junto a un árbol - ¿Qué sentido tiene la vida si todo lo que hago me sale mal? - las lágrimas caían abundantes por sus mejillas, sin poder detenerse.

Una mano se le posó en el hombro, tranquilizadora. La muchacha se sobresaltó y soltó un chillido.

-¡¡Shhh!! - le indicó Shippo, tapándole la boca con una mano - No vengo a llevarte de vuelta. Voy a ayudarte.

La joven se dejó abrazar por su amigo, muerta de frío y de pena. El muchacho le acarició el pelo, como siempre que ella estaba triste, y dejó que la chica se desahogara el tiempo que fuera necesario.

-¿Por qué siempre yo?

Shippo no acababa de entenderla.

-¿Qué quieres decir?

-Mira que fácil ha sido para vosotros - dijo sin mirarlo, acurrucada junto a su pecho - Os habéis enamorado, le has pedido la mano al padre de Yuki y ya estáis casados. Y mira yo, la vida que llevo.

-Pero eso no es culpa tuya, Rin. Tú no has hecho nada malo. El destino es diferente para cada uno, y no se le puede hacer nada.

La morena se apretó con más fuerza al torso del muchacho.

-Ya lo sé - gimió apenada - Ya sé que no es posible combatir con el destino. Lo he intentado. Me he convertido en una guerrera sólo para estar con él, para no ser ningún estorbo en sus viajes. He pensado en su vuelta cada noche desde que me dejó con nueve años en esta aldea. Contaba las estrellas del cielo para dormirme pensando en su rostro y en las semanas que faltaban para su próxima visita. Vivir el día a día sin saber si habrá un día en que estemos juntos es un martirio eterno.

-¡Shhh! Ya está - Shippo intentó calmarla.

-¡No! ¡No está! Con cuatro años un demonio vino a la aldea en la que yo vivía y asesinó a mis padres y a mis hermanos delante de mí, una pobre chiquilla. Viví sola desde entonces, aprendiendo a cuidarme siendo tan pequeña. Los aldeanos me pegaban si cogía peces de su río, y las mujeres me daban algún pedazo de pan porque les daba pena. Nadie me acogió, ni me cuidó. Nadie me quiso. Entonces, con siete años lo conocí a él. Lo recuerdo bien. Su belleza, su pelo albino, su media luna en la frente y las garras lilas en sus mejillas. Estaba herido, e intentó asustarme, pero no me dio miedo, y yo no le di pena ni quiso que me apartara de él, como todos los aldeanos. Y en ese momento supe que algo había cambiado. Una voz me decía que mi lugar estaba con él. Luego los demonios lobo me asesinaron, pero Sesshomaru me devolvió la vida y me llevó con él. Pensé que las cosas serían diferentes después de eso. Pero mira ahora, otra ola de desgracias me abate.

Shippo la abrazó con fuerza.

-Tu vida no ha sido la mejor, querida amiga, pero tú no eres de las que se rinden. Tú eres fuerte.

-Sí, soy fuerte, ¿pero de qué me sirve si la persona a quien quiero no me ama? ¿Qué puedo hacer?

De repente, unos arbustos crujieron muy cerca de ellos. Los dos amigos se levantaron.

-¡Nos han encontrado!

  • exclamó el muchacho - Rin, corre a por él. No se ha ido todavía.

-¿Cómo lo sabes? Llevo todo este rato buscándole y no consigo dar con él.

Shippo se señaló el olfato y le indicó una dirección.

-Sigue por ese sendero y lo encontrarás. No se va porque está herido. Puedo olerlo. Habrá llegado al río.

-¿Y tú? - dijo Rin, cogiéndole de las manos.

-Yo los distraeré.

Rin partió enseguida en dirección al río.

-Lucha por lo que quieres, pequeña - dijo el muchacho en un susurro.

Y echó a correr en la dirección opuesta a la chica.

Megumi y Yuki llevaban andando un buen rato, sin ver a ninguno de los demás invitados que habían salido a por Rin. Habían empezado siguiendo Shippo, pero en cuanto el demonio zorro había captado el olor de la joven, empezó a correr tan rápido como cualquier otro demonio de los que existían, veloz como una centella.

-Mira el lado bueno

  • le dijo Megumi a Yuki - al menos sabes que cuando lo envíes a comprar al mercado, se dará prisa.

Yuki la miró con seriedad.

-Vale. No es momento para bromas. Lo capto - se retractó Megumi.

La rubia se paró en seco.

-¿Qué pasa?

-¡Shh! - le indicó con un dedo en los labios - ¿Has oído eso?

-¿Oír el que?

Las dos amigas se callaron y se hizo el silencio.

-Yo no oigo nada. Te lo habrás…

-¡Shhh!

El ruido de unos arbustos las sobresaltó. Algo o alguien se movía entre las sombras. Pasó veloz por su lado, casi sin distinguirse.

-¿Qué era eso?

-No sé. Sigámosle.

Empezaron a correr tras la sombra cuando nuevos ruidos se oyeron a sus espaldas. Las estaban rodeando. De repente…

-¿Megumi? ¿Yuki? ¿Pero qué hacéis vosotras aquí?

Era la voz de Miroku, que corría tras Inuyasha.

-¿¡No dijimos que no se acercara nadie al bosque!? Además, para los jóvenes está prohibido.

-Lo sentimos - se disculparon ambas - Es que, Rin…

El monje las miró apesadumbrado y lanzó un suspiro.

-Os comprendo - afirmó

  • Está bien, venid conmigo y no os separéis.

-Pero había una sombra… - empezó Yuki - iba por delante de nosotras.

-Era Inuyasha - sentenció Miroku - Estad tranquilas. Conmigo estaréis seguras - y siguieron corriendo.

Las dos chicas se miraron un instante. Ese no era en absoluto el plan. Se suponía que debían despistarlos, no acompañarlos. Debían separarse de Miroku de alguna forma para poder confundirle a él y a los demás. Tal vez Shippo e Inuyasha, con su gran olfato, no pudieran ser engañados. Pero Miroku y Kohaku sí. Era lo único que podían hacer ellas dos. Hacer ruido y dejar rastros para alejarlos del paradero de Rin. La única forma.

Megumi hizo una señal a Yuki y, en un descuido, se alejó de los otros dos, que corrían como alma que lleva el diablo en pos de la chica. Yuki le sonrió. Ella entretendría a Miroku… desde la distancia.


Hola a todos y todas. Como ya os habréis dado cuenta, mi estilo de escribir es un poco lento, de manera que los personajes tardan siglos en encontrarse, lo sé. Hago lo que puedo para darle celeridad a la trama, pero me cuesta. En todo caso lo intentaré.

Como ya habéis visto, este capítulo es una lucha por el amor y la demostración de la gran madurez y fuerza de la protagonista, y va a seguir madurando hasta que termine la novela. El próximo capítulo será un poco light, pues quiero que os centréis en dos personajes importantes a parte de Rin. Ya veréis quiénes son. A parte de eso, el siguiente episodio se llamará: Capítulo 24: Lucha por lo que quieres.

Sea como sea, en el nuevo capítulo Rin encontrará a Sesshomaru: lo prometo. Ahora bien, será muy breve, porque voy a reservar la conversación (que será interesante y romanticona, jejeje) para el capítulo 25. Aún no he pensado el título, pero estoy en ello.