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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 26

Rin miraba el agua cristalina, contemplando su reflejo. Aún llevaba la diadema que Kaede le había dado para su boda con Kohaku, su velo estaba roto y raído y su vestido… el precioso vestido que Sesshomaru le había regalado tenía los bajos y las mangas hechas trizas de su corrida por el bosque. Pero eso no quitaba que estuviera igual de hermosa, tanto como siempre, o bien mirado, más que nunca.

A través del agua también pudo ver el reflejo de Sesshomaru, que permanecía a su lado, con el torso desnudo y herido. Tenía los ojos cerrados y respiraba con serenidad. Si no fuera porque le había hablado, casi parecía que estuviera dormido. Pero no lo estaba. Escuchaba cada una de los movimientos de la chica; sus pasos, su respiración…

Rin metió una mano en el agua, que estaba muy fría, y la sacó enseguida, con los dedos congelados.

-Vas a resfriarte - le dijo intentando empezar una conversación - y además, estás herido.

El demonio seguía sin abrir los ojos.

-Me estoy curando - aseguró - Sólo necesito un par de horas más y estaré bien de nuevo.

Rin estaba seria. Él no quería mirarla, eso estaba claro, y ella se sentía terriblemente mal, porque sabía que era la causante de ese enfado y la frialdad de las palabras de él esa noche.

-Te lo has puesto.

Rin se miró el vestido y se avergonzó de llevarlo puesto, precisamente ese, pero cuando volvió a mirar el agua, vio que el demonio tenía por fin los ojos abiertos y, a través de su reflejo, supo que lo que miraba no era su vestido, era el collar de plata con la luna que había encontrado dentro del estuche de madera. Instintivamente, Rin tocó la luna.

-Sí. Lo encontré donde lo dejaste caer. Pero si quieres que te lo devuelva, lo comprendo.

Sesshomaru miró hacia otro lado.

-Puedes quedártelo. Yo no lo quiero.

Ambos se quedaron en un incómodo silencio.

-¿Era… por mi cumpleaños? - quiso saber ella.

-Pensé que te gustaría.

-¿Y qué significa la luna?

-Es un astro - dijo el demonio en tono neutro.

Rin se cruzó de brazos.

-Eso ya lo sé. Quería decir que…

-Sé lo que querías decir - la cortó él con tono hostil y se señaló la luna violácea de su frente de marfil.

A través del reflejo del agua, Rin vio su mirada amarilla y la silueta de su hermosa luna.

-Una vez me pediste la luna, ¿recuerdas?

"¡Cómo olvidarlo!" - pensó Rin - Jamás olvidaré ese día - pero se limitó a asentir.

-Pues ahí la tienes. Ahora puedes llevártela.

La muchacha no estaba segura de si eso había sido una indirecta para que se marchara. Contempló su reflejo, otra vez con los ojos cerrados, y vio burbujear de nuevo la ponzoña de su costado. Se levantó, algo airada, y se adentró unos metros en dirección contraria de por donde había venido. Unos instantes después regresó al río con algunas plantas en la mano.

-Son hierbas medicinales - dijo arrodillándose junto a él - Kaede me dijo que absorben el veneno y lo eliminan del cuerpo.

El demonio abrió los ojos y por fin la miró directamente a la cara.

-No necesito tu ayuda - le espetó, pero el tono no le había salido tan hostil ni frío como él había pretendido. Se apartó un poco, para que ella no lo tocara, pero Rin, cabezona como siempre, metió los pies en el agua y se acercó a él por el río.

-No pienso irme - le dijo con dureza la chica - al menos, hasta asegurarme de que estás bien. Luego, si es lo que quieres, volveré a la aldea.

El demonio se quedó quieto, notando las calientes manos de la joven posarse en su herida mientras le colocaba las hojas. Luego Rin rompió otro jirón de su propio vestido y se dispuso a vendarle el torso al albino. Él no dijo nada en ningún momento. Le veía las manos trabajar con cuidado para no hacerle daño, mientras su pelo se agitaba con el viento y llevaba hasta él el olor de la joven, ese olor dulzón y afresado  que siempre la acompañaba. Cada vez que Rin le envolvía la cintura con una vuelta de la tela, el demonio sentía sus dedos cálidos acariciándole la piel y sentía un suave hormigueo por todo su cuerpo, como si una corriente electrizante le atravesara la piel para fundirse en su pecho.

Cuando Rin terminó de atarle al vendaje, levantó ligeramente el rostro y se descubrió a sí misma contemplando el pecho el joven, lleno de gotas de agua, que se deslizaban suavemente hacia abajo. Rin jamás lo había visto sin camisa, nunca en su vida. Él siempre había sido muy cuidadoso con su vestimenta y, aparte de Jaken, nadie le había visto el cuerpo a no ser que estuviera herido. Pero esa vez era diferente, pues lo que le veía no era un trozo de herida, sino toda la parte superior, de cintura para arriba. Su respiración se entrecortó, teniéndolo tan cerca y admirando ese cuerpo fuerte y tonificado, mucho más hermoso de lo que ella hubiera llegado a imaginar. Levantó la vista y se encontró con los ojos amarillos del joven, que la escrutaban curiosos.

Al verse descubierta, Rin se ruborizó y se apartó del demonio, temblando de frío.

Sesshomaru no tardó mucho en salir del agua, cogió su camisa y se la puso sin atársela. La armadura, sin embargo, seguía reluciente en el suelo, junto a las espadas.

Rin notó que algo suave le caía sobre los hombros. Era la nube del demonio de la luna.

-No te resfríes. Tu marido te estará buscando.

La morena recordó entonces por qué estaba allí, en medio del bosque, con ese demonio. Los acontecimientos de las últimas horas se agolparon de repente contra su mente y empezó a desesperarse de nuevo.

-¿Ya te vas?  - dijo, siguiendo al demonio con la mirada, llena de angustia.

-Aquí no queda nada que tenga que ver conmigo - afirmó rotundo - No volveré.

Rin ahogó un grito en su garganta. Quería chillar, suplicar, gritarle que no se fuera, que no había comprendido nada de lo que había visto desde el peñasco, que estaba equivocado, que le tocara el corazón y sabría la verdad, que se parara a mirarla y decirle a la cara que de verdad quería marcharse, pero no pudo. No pudo porque las palabras se negaban a salir de sus labios, porque el sonido se había escondido en lo profundo de su garganta y la tenía presa de un mutismo horripilante.

El demonio empezó a caminar, pero entonces la joven se abalanzó hacia el albino y se le abrazó a la cintura por la espalda. Sesshomaru se paró en seco, confundido.

-Lo siento - dijo ella tan flojito que apenas se había oído - Lo siento mucho - siguió susurrando, apretada fuertemente a su espalda. Le estaba haciendo daño en la herida, pero ella no se daba cuenta, y él no se quejaba. Tan sólo permanecía quieto, sin saber cómo reaccionar ante una situación así. No quería hacerle daño, pero tampoco quería ya nada de ella.

-Rin. Debes irte - dijo en tono severo - Tu lugar está en la aldea, con otros humanos. Los demonios no son buena compañía para ti.

Rin se separó de él bruscamente y se colocó delante suya, sin entender nada de lo que el demonio le estaba diciendo.

-Pero ¿de qué hablas? ¡Eso no es cierto! He vivido contigo desde los siete años hasta los nueve. Hablo con Shippo, con Jaken, con Inuyasha, con A-Un, con Kirara. Todos ellos son demonios. Tú lo sabes.

-Las cosas cambian, Rin - dijo seco, mirando la nada - No sabes cuánto.

-No lo entiendo, Sesshomaru. ¡Te prometo que no lo entiendo! Si es por lo que ha pasado esta noche te aseguro que yo no…

-¡No es por lo de esta noche, Rin! ¡¡Ha sido así siempre!!

El demonio estaba muy serio y enfadado. Había gritado a Rin y ésta lo contemplaba temerosa, sin atreverse a moverse. Por fin se mostraba con ella como se había mostrado siempre con todo el mundo: agresivo y fiero. Las cosas estaban cambiando en cuestión de segundos y los sentimientos que hubieran estado ocultando estaban saliendo a la luz de diferente modo del que habían pensado.

-Es la primera vez que me gritas - dijo ella, encarándosele - Supongo que llevaba tiempo esperándolo. No podía durar siempre.

Él la miró severo, sin saber qué responder exactamente, ni qué había querido decir la chica con su afirmación.

-Sesshomaru, antes de que te precipites, te diré que Kohaku y yo no nos hemos casado.

Sesshomaru volteó el rostro, sorprendido. Pero luego se dio la vuelta para no mirarla, fingiendo indiferencia.

-No lo he preguntado

  • dijo secamente.

-Lo sé, pero quería que lo supieras. Y también quiero que sepas por qué.

-No es necesario que me expliques nada. Puedes hacer con tu vida lo que quieras, a fin de cuentas, es tu vida - y empezó a caminar hacia donde Jaken dormía.

Pero Rin no consintió que se fuera. No ahora. No ahora que lo había encontrado y tenía tanto que decirle. Dio un paso hacia delante y agarró la manga de su camisa con fuerza, obligándolo a detenerse.

-¡Quiero que me escuches!- le gritó.

El demonio estaba muy sorprendido. A él nadie le gritaba. Rin no le había gritado nunca. Nunca se le había enfrentado, ni revelado. Siempre había sido una pequeña y alegre chiquilla de cabellos oscuros y mirada cálida. Pero ahora no era esa chica a quien veía. Veía a una Rin completamente diferente. Una Rin fuerte y decidida, segura de sí misma. Pudo haberla dejado ahí, pudo haber sido agresivo, pudo haberla golpeado o haberle dicho a la cara cualquier cosa para destrozar de una vez por todas su corazón, pero no lo hizo. La escuchó. La escuchó porque ella se lo pedía. Porque esa persona era alguien diferente que le infundía respeto. No más que el suyo propio, pero sí un gran aprecio. Por eso quería escucharla y acabar con esto de una vez. Porque se lo debía, por haberle salvado la vida, ya que, aunque había sido él el que la había salvado en diversas ocasiones, en realidad había sido ella quien, con su alegre presencia, había dado color a la triste y solitaria existencia del demonio.

-Quiero que escuches todo lo que voy a decirte y, si después de eso no quieres saber nunca nada más de mí, lo aceptaré. Pero no pienso dejarte ir sin que oigas todo lo que tengo que decirte. ¿Entiendes?

Él no contestó. Se giró para verle la cara y se sostuvieron la mirada intensamente, con fuerza. Entonces ella empezó su discurso.

-Sesshomaru, me encontraste cuando tenía siete años y desde entonces me has cuidado y me has enseñado muchas cosas. Habrá quien diga que no eres cariñoso, ni cálido y, de hecho, no lo eres, pero eso nunca me ha impedido quererte. Siempre has sido como un hermano mayor para mí, como el padre que nunca tuve. Y sí, es cierto que al acompañarte he puesto mi vida en peligro en innumerables ocasiones e incluso he perdido la vida en varias de ellas. Lo sé. ¡Todo eso lo sé! Y también comprendo perfectamente que no quieras llevarme contigo y Jaken, porque soy un estorbo. ¡¿Crees que no lo sé?!

Los ojos de Sesshomaru ya no eran hostiles. La miraba con un semblante serio, incluso frustrado, porque ahora veía que le había hecho más daño del que él se había llegado a imaginar.

-Pero también he intentado esforzarme para arreglar eso. He estado entrenando día y noche para aprender a disparar un arco, a manejar un boomerang, una espada, pero no se me da bien ninguno. Sin embargo, yo lo he intentado. Ahora soy más ágil, más rápida y veloz, más sigilosa, más fuerte. ¡Lo hice para poder acompañarte! ¡Para que no tuvieras que cuidar de mí! ¿Comprendes? ¡Lo hice para poder estar contigo!

Sesshomaru abrió la boca para responder, pero la muchacha se lo impidió.

-No, aún no - dijo, colocando una mano en el pecho del joven - Sé lo que vas a decirme. Soy una humana, y por ello siempre seré mucho más débil que cualquier demonio tan fuerte como tú. Pero te diré algo, Sesshomaru. Si no me quieres llevar contigo, no me lleves. ¡Si no quieres saber nada más de mí, si no quieres volver a verme nunca, no lo hagas! ¡Abandóname aquí con los humanos! Pero que sepas que si yo te seguía no era porque me sintiera más segura contigo, ¡te seguía porque estoy enamorada de ti desde el primer momento en que te vi! ¡Y si muriera por haberte acompañado en una misión peligrosa, no me importaría! ¡Porque antes de quedarme aquí como un triste pájaro enjaulado, añorando la libertad, preferiría morir una y mil veces si así pudiera haber pasado un solo segundo más a tu lado! Uno solo…

Rin estaba muy cerca de su rostro, a varios centímetros de su cara. Se sostenían la mirada, frustrada y dolorosa. El silencio invadía el ambiente. Rin le había dicho todo lo que tenía que decirle y le había plantado cara como nunca nadie lo había hecho. Y ahora estaba frente a él, cara a cara, mirándose a los ojos con dolor.

-Y si después de esto vas a decirme que me aleje de ti para siempre, yo…

Pero Rin no pudo acabar la frase. Unos labios se posaron sobre los suyos impidiéndole pronunciar una sola palabra más. Unos labios finos y suculentos, tan fríos como el témpano, pero al fin y al cabo, de una calidez mucho mayor de la que ella nunca hubiera podido llegar a imaginar.


Y lo bueno está por venir. El siguiente episodio: Capítulo 26: Demasiado tarde

Digamos que en el próximo capítulo las cosas se ponen… un poco calentitas, jeje ^^ ya me entendéis.

Feliz fin de semana! =D