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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 27

Kohaku había tenido que arrastrar a Megumi por todo el bosque, ya que ésta se había negado a soltarlo del brazo y a dejarle ir en busca de la joven Rin. Así pues, al final, él no había podido hacer otra cosa que intentar despistarla para que le soltase, pero no había dado resultado.

-¿No te cansas de molestarme?

  • preguntó el muchacho, agotado - Sería más fácil si fueras un demonio. Te atacaría y se acabó.

-Lástima, pero no lo soy - dijo ella, empezando a divertirse.

-¿Seguro? Muchos demonios son muy feos.

Megumi le dio un fuerte pellizco.

-¡Ay!

-¿Insinúas que soy fea? - dijo ella, ofendida - Pues no hablemos de ti.

-Oye, que era broma

  • se rió - Te enfadas enseguida. Eres como una cría.

Megumi infló sus mofletes, cada vez más ofendida.

-Me siento ligeramente insultada - le dijo.

Kohaku volvió a reírse.

-Es que es muy divertido.

La chica le sacó la lengua. Pero entonces, despistada como iba, tropezó con una piedra y cayó de bruces contra el suelo. El chico volvió a reír silenciosamente, contemplando la patosidad de la joven.

-¡No tiene gracia! - dijo ella, ya muy enfadada - Me he hecho daño.

-Tendrías que ver la cara que has puesto.

Entonces Megumi se dio cuenta de que había liberado el brazo de Kohaku y que éste podía irse corriendo en cualquier momento. Pero, ante la mirada asombrada de la muchacha, le tendió la mano amablemente y la ayudó a levantarse.

-Gracias - dijo ella, sacudiéndose el polvo de su vestido - ¿No vas a marcharte?

-En contra de todo lo que piensas de mí, te diré que yo no dejaría abandonada a una chica en mitad de la noche en el centro de un bosque donde habitan demonios - le sonrió.

Megumi le devolvió una media sonrisa.

-Gracias, supongo.

El exterminador le tendió el brazo.

-Bueno, creo que ya es hora de que encontremos a Rin y nos vayamos todos a dormir por esta noche.

-¡Oh, no! ¡Eso sí que no!

Pero el muchacho ignoró sus palabras, la cogió en volandas y se la colocó en la espalda.

-¿Eh? ¿Qué haces?

-Iremos más rápido por las ramas. Tú sólo agárrate fuerte. Y, por una vez, confía en mí - y saltó con facilidad al primer árbol que estaba junto a ellos.

*          *          *

Sesshomaru y Rin se encontraban fundidos en un tierno beso. Los labios del joven, suaves y finos, se amoldaban lentamente a los carnosos labios afresados de la chica. Sus respiraciones se entrecortaron, empezó a faltarles el aire, pero no quisieron parar. Un deseo irrefrenable corría por las venas de Rin, y un extraño instinto de avance movía al chico a seguir besando a su pequeña, como si más que un deseo, fuera una necesidad, algo que debía hacer para seguir viviendo.

Finalmente se separaron.

Al apartar los labios el uno del otro, lo primero que vio Rin fue su musculoso torso, que estaba frente a ella, a la altura de su cara. Por él, corrían diversos mechones de pelo blanco, más albinos que la misma luna que los miraba desde lo alto del firmamento. Luego, temblorosa y a la vez emocionada, levantó lentamente el rostro hasta encontrarse con la mirada de él, con sus ojos felinos. Él la estaba observando también, sin saber qué decir, sin saber qué hacer. Él nunca había besado a nadie, nunca había sentido nada verdadero por nadie, si siquiera lástima. Y ahí estaba, frente a una persona hermosa que le hacía palpitar el corazón como si fuera un pájaro recién nacido a punto de alzar el vuelo. Así le aleteaba el corazón en el pecho, pero no dijo nada. No sonrió, no se rió, no comentó lo extraño y a la vez feliz que se sentía en ese momento. Se limitó a observar a Rin, con su mirada impertérrita, tan sereno y calmado como siempre, tan altivo y majestuoso como el príncipe que parecía. Pero algo se escapaba a su control esa vez; se había ruborizado.

Rin enseguida notó ese detalle.  Era apenas perceptible, pero lo notó. Le pareció tierno y a la vez adorable aquel sutil color rojo que adornaba sus mejillas y permanecía allí, como si el propio cuerpo del muchacho quisiera mandarle a ella una señal e indicarle aquello que el joven no se atrevía a decirle.

Por su parte, Rin también sabía que sus mejillas debían de estar igualmente coloradas. Las notaba ardiendo y el corazón tan agitado que pensó que en algún momento iba a estallarle en el pecho, como si fueran fuegos artificiales.

Él la miró. Ella lo miró de nuevo. Y antes de que pudieran pronunciar una palabra siquiera, sus corazones ya los habían empujado y sus bocas habían entrado de nuevo en contacto, pero esta vez fue distinto.

La primera vez que se habían atrevido a besarse, no había sido más que un roce, una pequeña y electrizante caricia que les envolvía el cuerpo como si de cálida luz se tratase. Pero esta vez no. Lo que antes había sido un beso con miedo, inseguridad, ahora había cambiado a pasión y deseo. Sesshomaru estaba descubriendo que lo que sentía por esa humana, tal y como hacía poco había empezado a sospechar, era amor.

-¡Qué sentimiento más extraño! - pensó mientras la besaba - Es como si toda mi vida hubiera cambiado de repente, como si ahora fuera una persona diferente y por mis venas corriera fuego en lugar de nieve. Y ella… Rin es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Por su parte, Rin no podía estar más enamorada. ¿Son de verdad las personas capaces de contener tanto deseo, tanta necesidad, tanto amor a la vez en su pecho? Parecía que no. Las venas de la sien le palpitaban en la cabeza, como si le taladraran la mente a punto de reventarla. Sin que ella lo pretendiera, alzó las manos arriba y enlazó sus brazos en el cuello del demonio, sin que él la rechazara. Metió una mano en su cabello y, mientras lo acariciaba suavemente como si de seda se tratase, notó que él, como por instinto, también respondía a sus caricias y le había colocado una mano en la cintura. El cuerpo de ella se estremeció ligeramente ante el contacto de su piel fría. Notó su mano presionándole la cadera y las uñas clavándosele ligeramente en la espalda.

-Es muy fuerte- pensó ella - Y muy apasionado.

Nada de lo que sucedía a su alrededor importaba. El beso, interminable, estaba firmando un pacto de amor entre ellos. Un mundo nuevo se abría paso en sus vidas, un mundo de pasión, de amor, de sentimientos, de lujuria.

Sesshomaru, enamorado y descontrolado al mismo tiempo, olvidó su parte más humana y el animal demoníaco que llevaba dentro empezó a cobrar vida. Sin que ninguno de los dos lo notase, los ojos le cambiaron al color rojo característico de su transformación y las uñas empezaron a alargarse ligeramente. El "Sesshomaru humano" empezaba a enterrarse en su ser, dejando paso al lobo blanco de su interior, al lado de las pasiones, de los sentimientos. Pero él no lo sabía. La emoción y tensión del momento se mezclaban a la vez dentro de su cabeza.

Sin ser ya él mismo, cogió a Rin por la cintura con las dos manos y la empujó hasta el árbol más cercano, para apoyarla contra él. Fue un breve momento que aprovecharon para respirar. La empujó siendo más brusco de lo que pretendía, aunque ella no se quejó. Seguía abrazada a su cuello y le acariciaba el pelo como si no existiera nada más en el mundo.

Las manos de él le recorrieron la espalda y los muslos, arrancándole a ella pequeños gritos de placer. Y mientras, ella pasaba las manos por su fuerte espalda y su musculoso pecho. Quería tocar cada parte de aquel cuerpo mágico y misterioso, cada fibra de su ser. Quería poder besarlo, abrazarlo, acariciarlo hasta el fin de sus días, y aún así, le sería insuficiente. Quería, por encima de todo, estar con él para siempre.

Pero entonces Rin le tocó, sin pretenderlo, la herida que el demonio tenía vendada a un costado. Al sentir el dolor, éste abrió los ojos de par en par y su consciencia racional empezó a empujar al animal que llevaba dentro de nuevo a las profundidades de su cuerpo. Vio a Rin, frente a él, apretada contra el árbol porque él así la sostenía. La miraba y la miraba, y no entendía cómo podía gustarle tanto aquella humana hermosa a la que tenía atrapada.

Ella también lo miraba, sin entender por qué había parado o en qué pensaba.

Pero él ahora sólo pensaba en una cosa. Ahora que sabía que la amaba, no podía perderla, de ninguna forma.

-¿Qué ocurre? - le preguntó ella, preocupada, al ver que le soltaba los brazos y daba un paso atrás, para darle aire a ella - ¿Estás bien?

Sesshomaru no contestó. La miraba seriamente, y luego al suelo, y luego entre los árboles. Y pensaba, y las ideas y los malos pensamientos le carcomían por dentro. ¿Qué había estado a punto de hacer? ¿Unirse físicamente a Rin, a su pequeña? No, ya no era una pequeña. Era una mujer, una fuerte y preciosa joven que tenía valor y era capaz de tomar sus propias decisiones. Y él, se había dejado llevar demasiado por el deseo animal que sentía por ella. Al fin y al cabo, no quería hacerle daño.

-Sesshomaru - ella le tocó el brazo y lo sacó de su ensoñación - ¿Qué pasa?

Él se apartó bruscamente.

-Podría haberte hecho daño.

-¿Pero qué dices? - murmuró ella, sin comprender.

El demonio cerró los ojos con fuerza e hizo un esfuerzo por devolverles el color amarillo al que la chica estaba acostumbrada. Pero su cuerpo estaba todavía tan agitado que sus pupilas se negaban a obedecer.

-Tú no lo entiendes, Rin. Soy peligroso. Podría haberte matado si no llego a parar.

La joven puso las manos en jarra y se acercó enfurruñada.

-No ha pasado nada, Sesshomaru. Yo sé que tú no me harías daño. Estoy bien - e intentó acariciarle la mejilla, pero él giró la cara y no la dejó.

Rin, hastiada y decepcionada, le dio la espalda y contempló el cielo nocturno. La luna había desaparecido bajo las espesas nubes que cubrían la zona. Oyó un búho ulular, y luego vio un cuervo negro que se posaba en las espesas ramas de un árbol y luego desaparecía. Un solo cuervo; señal de mal augurio.

La chica oyó pisadas y se dio de nuevo la vuelta. Sesshomaru empezaba a alejarse hacia el río.

-¡Espera! - le gritó ella - ¿Por qué te vas?

Lo alcanzó y le cogió la manga de su camisa desabrochada. Él paró en seco, pero no se dio la vuelta. Tan sólo volteó un poco el rostro, para verla de reojo. La miró, con un semblante tan extraño que Rin no supo interpretarlo. La verdad es que nunca lo había visto tan serio, ni frustrado, ni preocupado. Tenía delante el lado oculto de Sesshomaru.

-Escúchame - le dijo el demonio, lentamente, sin moverse de su posición - Ahora tengo que irme. Estoy buscando algo importante que puede ayudarnos. No te interpongas - dijo bruscamente, casi enfadado.

-No lo entiendo - replicó ella - ¿Ayudarnos?

La joven le miraba sin comprender. Entonces él la cogió por ambos brazos con excesiva fuerza y la miró a los ojos con intensidad.

-Rin, esto no está bien. Un demonio y una humana no pueden… - señaló con enfado el árbol en el que habían estado apoyados hacía tan sólo un momento - Es peligroso. ¿Te has preguntado alguna vez por qué todas las humanas que están con demonios completos acaban muertas? ¡¡Mira a la madre de Inuyasha!!

Rin tragó saliva ante la atenta y amenazadora mirada del chico, e hizo de tripas corazón.

-Soy más fuerte de lo que piensas - declaró ella con orgullo.

Él la miró decepcionado. Rin no entendía la gravedad de la situación. No sólo era cuestión de amor y de sexo, se trataba de la vida de ella.

-¡No entiendes nada, Rin! ¡Sigues siendo una niña! - y la apartó de él.

-¡¿Qué?! - la morena estaba empezando a enfadarse - ¿Por qué dices eso? ¿No ves que ya soy mayor? ¡He cambiado!

Sesshomaru se apartó de ella y dio unos cuantos pasos más hacia el río, luego volvió a girar sobre sus elegantes babuchas para ponerse de nuevo mirándola de cara, pero ahora los salvaban varios metros de distancia.

-Dime, ¿y qué crees que pasará ahora?

Ella lo miró extrañada.

-Mmm… no… no entiendo a qué te refieres.

-¡¿Que qué crees que pasará ahora?! - rugió enfurecido, pero no estaba enfadado con ella, sino consigo mismo. Por quererla y no poder tenerla. Por amarla y saber que su amor era imposible. Por haberse dejado cambiar por esa humana y ser el demonio que era ahora, porque Sesshomaru lo tenía claro: él, por amor, había cambiado.

Rin lo miró, temblando de miedo ante el demonio furioso. No se atrevió a dar ni un paso, porque sabía cómo podían llegar a actuar los seres sobrenaturales cuando estaban enfadados o en descontrol. Pero había algo que le gustaba, aunque sólo fuera ligeramente: ese descontrol lo había causado ella al besarlo tan apasionadamente como lo había hecho. Ella había sido el primer ser en la tierra capaz de trastocar no sólo el cuerpo, sino también el corazón del gélido demonio de la luna.

La joven habló finalmente.

-¿Te refieres a qué pasaría si estuviéramos juntos? - su voz era calmada. Intentaba calmarlo también a él.

Sesshomaru no contestó, se limitó a mirarla con sus ojos, amarillos de nuevo. Eso significaba que había recuperado toda su racionalidad y que el salvaje deseo que sentía por el cuerpo de Rin había cesado.

-Yo no soy inmortal, Rin, pero la vida de un demonio de mi categoría es de unos mil años. Tal vez más. ¿Cuánto crees que vivirás tú?

Ella se mordió el labio. Hacía mucho que no se paraba a pensar en eso. Había puesto tanto empeño en descubrir si Sesshomaru la amaba que había olvidado por completo qué ocurriría si, de alguna forma inexplicable, él la correspondía.

-Yo te lo diré - prosiguió él - Con suerte vivirás unos cuarenta o cincuenta años - su voz era calmada. Sus pasos, elegantes; y su porte, altivo. Había vuelto el demonio que ella conocía, el que era calmado y frío - Yo no puedo darte la vida que mereces. Mi vida son peligros, batallas y muerte constante.

-Lo sé - murmuró ella en voz queda.

-No vivo en un lugar fijo. No tengo tierra ni casa - continuó.

-Lo sé  - repitió.

-No puedo tocarte apenas sin transformarme en lo que soy de verdad. Porque tú sabes que mi verdadera forma no es esta - lo dijo con pesar, como sintiendo que no fuera así.

-También lo sé.

-Y aún así me quieres - sentenció. Pero más que una afirmación, era un intento de pregunta.

-Te quiero - afirmó ella con voz firme y decidida, mirándole - Te quiero más que a mi vida. Y no me importa que no seas humano, que mi existencia corra peligro si te acompaño, tener que viajar de un lado a otro sin descanso, luchar contra otros demonios, no tener casa estable, tener que buscarme mi propia comida y… no me importa que me hagas daño cuando me besas…

Dijo las últimas palabras temiendo que Sesshomaru la reprendiera o le dijera que olvidara lo que había pasado entre ellos. Temía que después de todo lo que habían pasado esa noche, él le dijera que había sido un error, que ese beso, la confesión de la chica… que todo había estado mal y debían olvidarlo.

Pero él no dijo nada. Fijó la mirada en el suelo un instante y se quedó pensativo. Se tocó la herida del costado pensando en lo difícil que le estaba siendo conseguir la esfera de Kagura y si de verdad la quería. Entrecerró los ojos recordando la cueva, los espíritus, el campo de fuerza, las flechas, el veneno… Si volvía a entrar, es posible que no sobreviviera.

Una mano le tocó suavemente el brazo y de nuevo abrió los ojos. Rin estaba tan cerca suyo que casi podría haberla besado de nuevo. Pero ahora su racionalidad era quien hablaba y había recuperado el dominio de sí mismo.

No le apartó la mano, sino que la tomó entre las suyas, con fuerza.

-Jamás te he pedido que me acompañaras - empezó - Jamás te he obligado a seguirme ni a estar conmigo. Siempre te he dejado hacer lo que quisieras. Tú eras quien elegías.

Ella asintió.

-Y si te dejé aquí fue porque Kagome y Kaede querían encarecidamente que vivieras con humanos para que, llegado el momento, pudieras decidir - el demonio hizo una breve pausa - Ha llegado ese momento.

Los ojos de la joven empezaron a brillar de entusiasmo. No podía creerse que de verdad hubiera llegado ese momento, que tuviera en sus manos la oportunidad de decidir quién quería ser y qué quería hacer con su vida.

Rin se puso de puntillas y posó suavemente los labios en los del muchacho. Fue un beso breve, pero claro.

-Yo ya he elegido - le susurró.

-En ese caso - dijo Sesshomaru, luchando nuevamente para que sus ojos no se volvieran de color rojo

  • Debo pedirte algo.

Ella le apretó las manos y asintió.

-Te lo prometo, sea lo que sea.

-Quédate aquí y espérame. Tengo que ir a un lugar y encontrar algo importante para ambos. Algo que nos va a ayudar.

La joven ladeó la cabeza.

-¿Pero qué es eso tan misterioso que estáis buscando Jaken y tú? ¿No puedes decírmelo?

El posó un dedo en sus labios para que se callara.

-Si dentro de tres días no he vuelto, te olvidarás de mí. Para siempre.


Bueno, antes de nada, quiero decir que este capítulo se lo dedico a cuatro personas que siempre me dejan comentarios increíbles y me animan moralmente mucho. Así que gracias a:

-Daenerys Arya

-sesshy

-Loli_malfoy22

-dona mendez

Muchas gracias a las cuatro por comentar fielmente y ser tan amables conmigo en vuestros comentarios. De verdad me animan =D

Y ahora. ¿Qué os ha parecido el capítulo? Lo he vuelto a cortar en la mejor parte, eh, jejeje.

Hoy he publicado un par de días antes que de costumbre porque acabo de terminar mi curso y estoy contenta porque he sacado buenas calificaciones, así que, me he puesto a escribir enseguida y aquí os lo he dejado. Espero haber estado a la altura de vuestras expectativas. Bueno, y el próximo se llama: Capítulo 27: Complicaciones

Por cierto, os he hecho un video de Sesshomaru y Rin. Estoy preparando dos o tres más, pero este es el primero. Ya me diréis si os gusta J