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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 29

Sesshomaru y Kohaku llevaban enzarzados en la pelea más de veinte minutos. El demonio podría haber acabado fácilmente con la vida del joven y, de hecho, deseaba hacerlo. Pero luego pensó en la familia de éste. En su hermana mayor, Sango, a la cual conoció una vez y le pareció una humana fuerte y luchadora. Pensó en que el muchacho ahora tenía sobrinos y una vida, lejos del fragmento de Shikon del que pendía su existencia hacía ya tantos años.

Pero no eran esos los motivos por los cuales no había querido matarlo todavía, sino porque Inuyasha y él hicieron un pacto: Ninguno de los dos podía meterse en los asuntos del otro ni lastimar a sus seres queridos.

En ese entonces Sesshomaru pensó que a él sólo le concernía la parte de: ninguno de los dos podía meterse en los asuntos del otro… Y creyó pues, que lo de "…ni lastimar a sus seres queridos" iba sólo por Inuyasha. Es decir, que Sesshomaru no podía tocarle ni un pelo a Kohaku porque éste era un ser querido de su hermanastro. Pero ahora las cosas eran diferentes. Ahora Sesshomaru sí tenía seres queridos. Lo que se estaban jugando en ese momento no era un duelo, ni un combate por una reliquia. Ambos estaban peleando por el amor de Rin. No lo habían dicho en voz alta, no lo habían admitido, ni tan siquiera habían dicho por qué luchaban, pero ambos lo sabían. Se disputaban el amor de Rin.

Kohaku dio un ágil salto y se encaramó a la primera rama del árbol más cercano. Luego se escondió rápido entre el ramaje y saltó sobre Sesshomaru.

El albino lo esquivó con facilidad y sacó su látigo verde que cortaba como cuchillas y lo agitó contra el joven. Éste lo esquivó, justo en el momento en que el árbol sobre el que se había posado quedaba hecho trizas.

Sesshomaru no hablaba cuando combatía. Se concentraba y permanecía serio, porque siempre había sido una persona seria. Sin embargo, Kohaku disfrutaba charlando y metiendo cizaña  tras cada movimiento.

-¿Qué quieres de ella? - le preguntó el exterminador mientras esquivaba otro golpe mortal del airado demonio - Ya la tuviste una vez, ¿no fue suficiente?

Sesshomaru se envaró con el chico y desplegó también los látigos verdes de su otra mano.

-Hablas demasiado - le dijo en tono severo.

Kohaku lanzó su arma contra el albino, pero éste, como siempre, la esquivó con rapidez.

La pelea ya no era algo banal o casual. Se había vuelto un asunto personal. Ese chico pretendía forzar a casarse con él a la hermosa joven que Sesshomaru amaba, a la niña a la que había rescatado de los lobos de Koga cuando tenía tan sólo siete años, a la chica que se había convertido en toda una mujer y le había robado el corazón. ¡No podía consentirlo! ¡A la porra el trato!

-¡¡Sesshomaru no sigue órdenes de nadie!! - pensó fieramente, apretando los dientes - Además, ahora tengo un ser querido, y esa es Rin. Así que Kohaku es el que verdaderamente está rompiendo el tratado.

Se dirigió al altivo muchacho y, antes de que éste pudiera reaccionar, el demonio le clavó la mano en el pecho y le atravesó por la espalda.

*          *          *

Rin tenía las manos sobre los hombros de Jaken y lo sacudía con fuerza.

-Por favor, por favor, por favor, por favor…

La morena repetía una y otra vez las mismas palabras, como si de un juego se tratase. Intentaba convencer al demonio verde para que le diera toda la información que necesitaba, pero éste se negaba a revelarla.

-Me estoy mareando - dijo Jaken cuando los ojos empezaron a rodarle y sintió el almuerzo en la boca del estómago.

Megumi le puso la mano en el hombro a su amiga para que se controlara.

-Así no te va a contar nada. Sólo conseguirás que te vomite.

El rostro del demonio se puso más verdoso todavía y Rin se apartó deprisa, evitando que éste le echara todo el vómito encima.

-Lo siento - se disculpó la chica - No pretendía que te marearas tanto.

Jaken se echó para atrás en la hierba húmeda. Necesitaba recobrar el sentido y que los árboles dejaran de bailar a su alrededor. Siempre se había mareado con facilidad.

-¿Y si le hacemos cosquillas? - propuso Megumi, buscando alguna hoja que sirviera para hacerle cosquillas en los pies al demonio.

-¡No! - dijo éste, más recuperado - ¡No más mareos, ni más cosquillas! - declaró enfadado - Sesshomaru se ha ido a una cueva situada al este de la cima del monte Fuji.

-¡¿El monte Fuji?! Eso está muy lejos - declaró Rin, asustada ante la expectativa de que su querido señor estuviera tan lejos, en tierras hostiles y desconocidas para ella

  • Y… ¿va a estar bien? ¿Cómo se hirió la primera vez?

Jaken cerró los ojos, juntó las manos y cruzó las piernas en actitud de meditación. De repente, se puso serio.

-Rin. Nunca había visto una cueva más peligrosa que esa, ni un campo de energía más poderoso ni más sagrado. Ni siquiera Naraku fue capaz de hacer algo tan poderoso cuando se escondió en el Monte de las Ánimas.

La joven tragó saliva y comprendió inmediatamente hasta qué punto era peligrosa esa misión. Se frotó las manos, nerviosa.

-Pero, ¿estará bien? ¿Crees que puede pasarle algo malo? - su frente había empezado a perlarse de sudor. Estaba asustada por Sesshomaru.

-Rin - Jaken la miró a los ojos - Si Sesshomaru vuelve a entrar en la cueva…morirá.

Las dos chicas abrieron los ojos de par en par. Rin se tapó la boca, horrorizada y asustada al mismo tiempo. ¿Morir? ¿Era eso posible? No podía creer que eso le fuera a ocurrir al señor Sesshomaru. Estaba segura de que era uno de los demonios más fuertes y poderosos de todo Japón. Pero, por la descripción de la cueva y sus características, era la peor situación a la que el demonio nunca se hubiera enfrentado. La tierra santa está prohibida para los demonios. Cualquiera que la pise se marea y al final, acaba muriendo. Cuanto más poderoso, más tiempo soporta estar pisando terreno sagrado, pero si no se sale de allí rápidamente, también acaba perdiendo la vida. Sólo los fantasmas y los humanos pueden pisar esos terrenos. Nadie más.

-¡Eso no puede ser!

  • exclamó Rin, cada vez más exaltada - ¡Sesshomaru no habría ido a una muerte segura! ¡Eso no es cierto!

-Rin, cálmate - intentó serenarla Megumi, pero ella no se dejó.

-Jaken, ¡dime que no es cierto! Lo va a conseguir, ¿verdad?

El demonio verde la miró con seriedad, sin saber qué decir.

-¿Por qué Sesshomaru ha hecho algo así? ¡Es una locura!

Esta vez Jaken habló con claridad, sin tartamudeos ni rodeos. La miró y se lo dijo.

-Lo hace porque te quiere.

Rin lo miró, perpleja.

-No valgo tanto como para que haga una locura de ese calibre. ¡Mi vida no vale más que la suya! - se enfureció. Con Sesshomaru, y consigo misma. Por haber sido tan tonta, por no haber previsto que esto podría pasar.

-Rin, Sesshomaru no me lo ha dicho, pero no soy tonto. Desde que entendí el conjuro de la princesa Kagura, lo comprendí todo. Sesshomaru no sólo te ama, aunque sea frío y distante, aunque no te lo diga. No sólo te ama, sino que estaría dispuesto a dar su vida por ti, a intentar mantenerte a salvo y darte la vida que te mereces.

-¡¡Pero puede morir!!

-No le importa si muere intentando conseguir que estés siempre a su lado. Pero no lo hace porque lo desee él, lo hace porque lo deseas tú.

*"No le importa si muere intentando conseguir que estés siempre a su lado".*Eso acababa de decir Jaken acerca del señor Sesshomaru. Inmediatamente Rin recordó las últimas palabras que ella misma le había dicho antes de que el demonio la besara por primera vez: "Antes de quedarme aquí como un triste pájaro enjaulado, añorando la libertad, preferiría morir una y mil veces si así pudiera haber pasado un solo segundo más a tu lado! Uno solo…"

La joven se llevó una mano al corazón.

-Sentimos lo mismo - dijo para sí.

-¿Qué? - Jaken la miró extrañado, sin entender qué narices había dicho.

Rin se levantó, presurosa.

-Tengo que irme - dijo y empezó a correr.

-¡Eh, Rin! ¡Espera! - Megumi intentaba alcanzarla.

-Megumi, te quiero mucho - dijo la morena desde la distancia - No sabes cuánto te agradezco todo esto.

-¡Espera! ¿A dónde vas?

Las palabras de Rin fueron casi inaudibles.

-A salvar al hombre al que amo.

*          *          *

Miroku y Yuki acababan de llegar al río. Oyeron voces y se acercaron corriendo hasta el lugar. El monje estaba alerta por si alguna criatura salía de la oscuridad y les atacaba, pero no eran demonios salvajes quienes hacían ruido, sino que eran las voces de Megumi y Jaken.

-¿Qué hacéis vosotros aquí? - inquirió el monje, mientras apoyaba las manos en las rodillas, recuperándose de la carrera.

Megumi se acercó a él precipitadamente.

-¡Miroku! - exclamó alterada en cuanto lo vio - Rin está en peligro. ¡Se ha vuelto loca!

-¿Qué?

El monje no entendía ni una palabra de lo que la chica decía. Respiró e inspiró unas cuantas veces más hasta recuperar el aliento, y luego se irguió hacia ella con mirada inquisidora.

-¿Qué ha pasado? ¿La habéis visto?

Megumi iba a abrir la boca, pero justo en ese momento, dos personajes más se unieron al claro. Y luego, un tercero.

-Inuyasha, Kagome, Shippo, venid a oír esto.

-¿Qué ocurre? - quiso saber Kagome, altamente preocupada - ¿La habéis encontrado?

-Sí - afirmó Megumi

  • Ha estado aquí, pero acaba de irse.

Inuyasha dio media vuelta y se disponía a marcharse, pero la joven le detuvo.

-¡Espera! Yo sé donde está. Se ha ido al monte Fuji, a buscar una esfera que concede un deseo. Pero es muy peligroso y se ha ido sola.

La rubia Yuki se abrazó a Shippo y le susurró al oído.

-Tienes que ir tras ella. Todos deberíamos ir y traerla de vuelta. Esto se nos ha ido de entre las manos.

Inuyasha levantó el rostro e inhaló el aire profundamente.

-¿Qué ocurre? - quiso saber su mujer - ¿Hueles algo?

El semidemonio asintió.

-Huelo sangre. Y es de Kohaku.

*          *          *

Paralelamente a la charla que estaban teniendo sus amigos, Rin llegó hasta una parte del río cercana a donde había llegado en un principio. Junto a un árbol, vio sentado a A-Un, tan despierto y quieto como si fuera una estatua de piedra. Cuando vio a Rin, se levantó e hizo algunos gruñidos cariñosos. Se acercó a ella y dejó que ésta le acariciara el lomo.

-A-Un, necesito que me llevéis a un sitio. Es muy urgente.

El caballo de dos cabezas se volteó para ofrecerle el lomo y se agachó ligeramente a fin de que la chica pudiera subir.

Poniendo un pie y luego el otro, Rin montó sobre el caballo alado y, sujetándose a las riendas con fuerza, dejó que éste se elevara en el aire y la llevara al destino que su corazón le había dictado.


Buenas tardes a todos! Creo que en este capítulo se ha hablado mucho de los sentimientos de ambos. Como podéis ver, ya no es ningún secreto el amor que Sesshomaru y Rin se profesan y es sólo cuestión de tiempo que se enteren el resto de personajes que no lo saben, aunque lo intuyen. El problema es, ¿de verdad Rin piensa ir a buscar a Sesshomaru al monte Fuji? ¿Impedirá que éste entre en la cueva, aunque eso signifique que, como ella es una mortal, no podrán estar mucho tiempo juntos? O lo que es peor, ¿sabrá Rin que Sesshomaru no ha llegado al monte Fuji, sino que aún sigue en el bosque? Ya lo veremos.

Buen fin de semana!!!

IMPORTANTE: al final he decidido que publicaré los jueves. Espero que a ninguno le disguste esta fecha J

PD 2: La historia creo yo tendrá unos 30 y pico capítulos. Aún no lo sé con exactitud, pero no le queda mucho. Besos,

Diana Sparrow