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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 7

Al cabo de unos días, la hermosa Rin había ido al encuentro del joven Kohaku. En realidad le daba mucha vergüenza hablar con él, entre otras cosas porque, después de Sesshomaru por el que sentía algo muy fuerte, Kohaku era la segunda persona por la que se sentía así.

Pero la morena había estado pensando mucho. Su mayor deseo era seguir al demonio albino a donde quiera que fuera, y si no podía porque era demasiado débil, pues se haría fuerte. Shippo e Inuyasha eran ambos muy fuertes, pero es que el primero era un demonio pura raza y el segundo un semi-demonio con una espada mágica. Era completamente lógico que fueran así de fuertes. Necesitaba encontrar a humanosque fueran fuertes, y no guerreros cualquiera de los que se encuentran en cualquier aldea o castillo, sino fuertes de verdad. Kagome era muy poderosa, pero ésta no era una chica normal. Era una humana con poderes espirituales; una sacerdotisa.

-*No es posible adquirir de repente poderes espirituales. O naces con ellos o sin, aunque a veces están ocultos en el interior de la persona, pero no pareces ser el caso -*recordaba que le había dicho Kagome. Por tanto, como sacerdotisa, lo llevaba claro.

También pensó en el monje Miroku, un humano poderoso sin duda, pero eso se debía a que, por una maldición, tenía un terrible agujero negro en la palma de su mano derecha que lo absorbía todo. Tampoco le servía. Y fue entonces cuando dio con la solución. Sango y su hermano pequeño - Kohaku - eran lo que se conocía como "exterminadores de demonios", un nombre que se les daba a los humanos que se habían entrenado desde niños en el arte de la lucha, se habían fabricado sus propias armas especiales mata-demonios y se dedicaban a cazarlos por todo Japón. No se requerían poderes espirituales, ni ninguna otra cosa de esas, simplemente dedicarle mucho tiempo y demostrar habilidades para la lucha.

-Kohaku - saludó Rin decidida - te estaba buscando.

El joven exterminador sonrió divertido. ¿Para qué le buscaría?

-Tú dirás.

La morena tragó saliva y lo dijo sin rodeos.

-¡Necesito que me entrenes! - se inclinó ante él - ¡Por favor!

Kohaku se quedó a cuadros y de repente empezó a reírse.

-Ja, ja, ja, ja. ¿Por qué? - seguía riendo - ¿Qué mosca te ha picado?

-Los motivos son personales, pero necesito que me enseñes. ¡Te lo suplico!

El chico pareció vacilar.

-Es que, no sé si darás la talla.

-¿Lo dices porque soy mujer? ¡Puedo hacerlo tan bien como un hombre! ¡Te aseguro que…

-¡Vale, vale, tranquila! - volvió a reírse - No lo decía por eso. Mi hermana también es mujer y es mejor guerrera que yo. Pero nosotros procedemos de una población dedicada exclusivamente a exterminar demonios. Entrenan a niños y niñas desde pequeños. Tú en cambio ya tienes 17 años y no has peleado nunca.

-Puede, pero aprendo deprisa.

El chico sonrió divertido. Ante el entusiasmo de la chica no pudo negarse, aunque la verdad es que tampoco le apetecía hacerlo. Rin era una chica hermosa, simpática y siempre le había atraído bastante. Tal vez pasar horas junto a ella sería la solución para averiguar si la muchacha estaba o no enamorada de él, porque Kohaku, sin duda, lo estaba de ella.

*          *          *

Esa misma tarde, Rin y Kohaku se reunieron en un claro del bosque. El muchacho llevaba ya varios minutos esperando cuando apareció la chica de entre los árboles. Él sonrió. Realmente estaba a solas con ella.

-Llegas tarde - le dijo a modo de saludo.

-Estaba ayudando a Kaede, ha nacido otro niño - dijo con su tierna sonrisa. En sus ojos aún podía verse el brillo de ternura que Rin sintió cuando vio la criatura en brazos de su madre.

Kohaku tembló ligeramente al observar su dulce mirada perdida en el recuerdo del bebé y sintió que su lugar estaba ahí, junto a ella. De repente se sintió abrumado, ¿sentiría ella lo mismo por él?

-Bueno, ¿empezamos?

Al oír las palabras de la joven, Kohaku salió de su ensoñación.

-Por supuesto. Lo primero es… - se paró de repente. Acababa de fijarse en la ropa de Rin. Llevaba su últimamente habitual kimono naranja y verde a cuadros y el pelo liso le caía abundante y suelto sobre los hombros.

-¿Qué sucede? - dijo la chica notando que el joven se la había quedado mirando.

-No llevas la ropa adecuada - dijo él tajante - Así no puedes aprender nada.

Kohaku se cruzó de brazos y cerró los ojos, pensativo. ¿Cómo iba a enseñarle a pelear con un kimono encima? Era absurdo. ¿Qué podían hacer para conseguir ropa más adecuada?

-Kohaku - llamó la morena a su amigo.

El chico se volvió a mirarla y vio cómo se deshacía el lazo del kimono a cuadros. Las mejillas se le enrojecieron de repente. ¿Por qué se lo desabrochaba?

-Rin, yo… - empezó muy nervioso. Pero antes de que acabara, el kimono de la joven había caído al suelo y dejaba al descubierto un bonito traje de exterminadora - ¡Guau! - exclamó él - ¿De dónde lo has sacado?

-Me lo he ido confeccionando yo poco a poco. En realidad, iba a ser para cuando me adentraba en el bosque, pero con unos arreglos, ha quedado como los vuestros.

El muchacho no podía apartar los ojos de Rin. Llevaba una camisa negra ceñida y unos pantalones ajustados que marcaban perfectamente sus curvas. Llevaba un lazo blanco en la cintura para sujetarse bien el traje y en lugar de sandalias, llevaba unas botas negras altas que le permitían moverse con total libertad. Se preguntaba dónde las habría conseguido.

-Las botas son un regalo

  • le dijo a Kohaku adivinando sus pensamientos.

-¿De quién? - preguntó él, con curiosidad. ¿Quién podría haberle hecho un regalo tan bueno y valioso a Rin?

Ella se sonrojó ligeramente y bajó la mirada.

-El señor Sesshomaru

  • dijo simplemente.

Kohaku se sintió extrañamente molesto, pero no supo bien por qué. Sabía que Sesshomaru había cuidado de Rin durante muchos años, era como un hermano mayor para ella o, al menos, siempre lo había parecido. Pero ahora que se paraba a pensar, la diferencia de edad ya no era tan grande. Sesshomaru seguía teniendo la apariencia de un humano de veintidós años, puesto que los demonios envejecen con mayor lentitud, y ahora Rin tenía ya 17 años. Sintió un punzón en su estómago y se volvió molesto hacia ella.

-¡Empecemos!

-Sí.

Lo primero que hicieron fue dar varias vueltas alrededor del claro y estirar los músculos. Nada que Rin no supiera hacer ya.

-¿Por qué hacemos esto? ¿No deberías enseñarme cómo usar una espada y esas cosas?

Kohaku se rió por lo bajo.

-Rin - dijo mirándola con ternura, era tan inocente - no puedes sostener una espada hasta que no adquieras más fuerzas. Te harías daño si lo intentaras ahora.

-No es cierto - se cruzó de brazos y bufó - Soy bastante fuerte.

-Ja,ja,ja - volvió a reír ligeramente el muchacho - Bueno, por el momento te enseñaré a ser rápida, a caminar con ligereza, a ser silenciosa, a volar por los árboles, ¿te parece bien?

Rin sonrió con toda su alma. Ese era el tipo de cosas que quería aprender; a ser un pájaro, a ser un guerrero. Y llegaría el día en el que volara con Sesshomaru, el día en que estarían juntos para siempre. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Bueno, aquí me tenéis de nuevo. Siento el retraso, pero aquí os he dejado el último capítulo. Espero que os guste. Me sabe mal tener que deciros que la semana que viene no podré publicar nada, pero la siguiente sí. Así que, nos leemos cuando podamos, gracias :)