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Historia 120142 — capítulo 12

Tras separarse de Resa, Erik llegó a la gran sala de entrenamientos para armas del castillo de Vanissar. Lo que alli vio le sorprendió, y le hizo apretar los puños, con rabia. Jack se estaba entrenando con Alexander, pero no como se entrenaba con él. Antes de ir a Idhún, el dragón y el shek habían entrenado a sus hijos a un nivel más alto. Sin embargo, Erik pudo ver que no habían utilizado ni la mitad de su potencial. Aquello le hirió bastante, parecía como si su padre no quisiera dejarle luchar. Al otro lado de la sala, Kirtash y Eva practicaban junto a los guerreros szish, alejados al máximo de Jack. Alexander y su antiguo alumno se movían con soltura, realizando rápidas fintas y movimientos imposibles de realizar para los descendientes de la Tríada con su nivel de esgrima actual. Sumlaris aguantaba firme como una roca las estocadas de Domivat, y viceversa. De vez en cuando, el príncipe esquivaba, pero Jack dejaba que Domivat llamease y así golpearle. Sin embargo, el rey ya lo había previsto, y utilizó el filo de su espada para desviar la llamarada, que se dividió en varias llamas que se apagaron al contactar con el suelo. Fue entonces cuando Jack notó la presencia de su hijo, y vio lo furioso que estaba. -Quiero entrenar con vosotros, -dijo el chico, algo cabreado - y quiero que no te contengas, papá. Jack le contestó que de acuerdo, pero Alsan se le adelantó: -Chico, quiero entrenar a tu hijo. Me hará mucha ilusión volver a aquellos días, porque tu hijo es un reflejo tuyo. ¿Me harás ese favor?-preguntó. Jack asintió, y, al haber perdido la pareja de entrenamiento, se fue a intercambiar mandobles con Christian, mientras Eva los observaba, también furiosa. ¿Cómo era posible que tuvieran tanta fuerza, tanto vigor...? ¿Sería debido a sus almas híbridas? Pero Alexander no era un híbrido... o al menos, eso creía Eva, mientras volvía a sus prácticas con los szish. Uno miraba, desde fuera para corregir sus fallos, y también el que practicaba con ella le decía sus puntos flacos, por lo que aquel método le serviría para mejorar en poco tiempo. Por supuesto, había sido idea de su padre, y no había duda de que la muchacha había heredado el estilo de su padre. Pasaron los minutos, y el entrenamiento seguía su curso. Erik caía derribado una y otra vez, y sólo conseguía devolver un par de golpes. Eva, por su parte, no lo estaba pasando mucho mejor. Al fin y al cabo, ellos habían vivido en tiempos de paz, pero todos los que estaban en aquella sala habían sido curtidos por la guerra, una guerra que les había arrebatado muchas cosas. Y habían aprendido que era matar o morir, por lo que hasta que los dos muchachos lo comprendieran jamás estarían a su altura. Alexander ordenó parar a descansar tras derribar a Erik por enésima vez. Parecía que el joven dragón iba pillando un poco las fintas, pero aún le faltaba mucho camino por recorrer. Cuando pararon a beber, Jack y Christian no perdieron la oportunidad, y llamaron a Victoria a la sala. La mujer apareció con Resa al lado, parecía que le había estado enseñando a utilizar magia curativa. Y, sin embargo, la joven rpesentaba también quemaduras en la ropa de prácticas, posiblemente fruto de los hechizos de fuego y electricidad que había podido practicar. Erik y Eva sonrieron; ella también estaba pasando un mal momento con todo aquello. -¿Jack, Christian? ¿Por qué me habéis llamado? -preguntó.-Porque Alsan va a contarnos cómo sobrevivió al ataque de los dioses -sentenció Jack. Y aquello era una orden. No iba a admitir un no por respuesta, después de haberlo tenido por muerto durante tantos años. -Está bien, Jack... Os voy a contar cómo sucedió todo. Pero antes, me gustaría enseñaros algo... ah, se me olvidaba. Esperadme aquí-pidió. Alsan subió corriendo las escaleras hacia la parte superficial del palacio. Cuando volvió, traía a alguien a quien todos conocían de sobra.Victoria fue la primera en reconocerla, pues compartía un vínculo especial con ella.-¡Kimara! ¡Cuánto tiempo sin vernos! -gritó, dando un fuerte abrazo a la semiyan.Jack se acercó también muy rápido, y apretó fuerte los cuerpos de las dos muchachas entre sus brazos. Tras los saludos, presentaron a la maga a sus hijos. Al principio miró a Eva con desconfianza, pero luego le dio un abrazo. Las dos sintieron repulsión ante el contacto, pero les dio igual. Entonces Christian preguntó: ¿Por qué la has traído? -Es otra sorpresa... lo que me recuerda... antes de contaros nada, echad un vistazo a esto. Alsan se concentró, y sacó de su interior su otra alma, su otro ser. Todo el mundo asintió atónito a cómo Alsan se transformaba en pleno día ante ellos, en un gran lobo de color gris.No fue gradual, como cuando Jack lo había visto por última vez. Era como cuando él se convertía en dragón: dos imágenes superponiéndose en una. Instantáneamente Christian se puso delante de Eva y Victoria, con Haiass desenvainada. Sin embargo, el lobo se sentó, y para sorpresa de todos, ¡habló! -Que, os he puesto nerviosos, ¿eh? -dijo, con una voz parecida a un gruñido con un eco humano. -Pe-pero es pleno día... no hay plenilunio de ninguna luna hasta dentro de cinco días... ¡Alsan, explícate! -dijo la Tríada al unísono. Alsan sonrió y se volvió a transformar, dispuesto a contar todo. -Bien... esta es mi historia: "El día en que los sheks se marcharon de Idhún, yo les perseguí, y como todos sabéis, acabe entre los ataques de todos los dioses. Sin embargo, Assher, la última encarnación conocida del Séptimo, me protegió: creó un escudo a mi alrededor, y me teletranportó a algún sitio. ¿Por qué? Eso ya no lo sé. Cuando desperté, no estaba en ningún lugar conocido de Idhún.Puede que llegara a otro mundo, no estoy seguro. Estaba en una zona nevada, una extensa llanura, un lago, y un gran castillo. Fue entonces cuando me encontré con alguien. Nunca supe cuál era su nombre, así que voy a llamarlo así, Alguien. Aquel ser parecía ser un antiguo caballero de Nurgon, o su espectro, no estoy seguro. Me dijo que no estaba e Idhún, y que podía volver, pero antes debía domar a la bestia en mi interior. Tuve que pasar un arduo entrenamiento. Lo primero fue dejar a la bestia libre, por lo que destruí la barrera mental que mantenía a raya mi esencia de lobo.Entonces, fue como dividirse en dos, había un lobo delante de mí, y yo estaba sólo, vacío; y había recuperado mi antiguo aspecto. Mis dos esencias, una contra otra. Pasaron unos treinta días... aunque no sé cuanto tiempo equivale un día en ese mundo. Cada día, el lobo y yo nos atacábamos, intentando conseguir el control de mi cuerpo; era como la lucha diaria en mi conciencia. Sin embargo, cada vez duraban menos aquellas peleas. Comprendí el comportamiento de la bestia. Al final... acabó por gustarme aquel lobo gris. Y el sentimiento, por lo que veo, era recíproco. Al comienzo del segundo mes, en vez de lanzarse a morderme mientras pescaba en el lago algo para comer, como siempre hacía, se limitó a sentarse a mi lado, y me ayudó a atrapar tres peces. Entonces... me atreví a acariciarlo. De repente, mi compañero lupino comenzó a brillar, me miró, y se convirtió en una especia de resplandor que entró de nuevo en mi cuerpo. El caballero volvió a aparecer ante mí en aquel momento. -Has logrado dominar a la bestia. Ahora la entiendes, y ella te entiende a ti. Mira en tu interior...Y eso hice. Vi al lobo, que se acercó a mi conciencia, y ¡me habló! Me contó que no tenía nombre, por lo que le puse uno. Le llamé Lupran, que significa "lobo fiel" en Idhunaico.Mi nuevo compañero y yo nos acabamos haciendo buenos amigos... Jamás he vuelto a intentar sellarle en una prisión mental. Y él no toma mi cuerpo en noches de luna llena.Además... adquirí vuestra capacidad de transformarme. Mi alma asimiló a la del lobo, manteniendo juntas mis dos esencias. Por primera vez en años, desde que Elrion usó sobre mí aquel hechizo, me sentí completo." El monarca se aclaró la garganta antes de continuar: -Cuando regresé a Idhún, no sabía cuánto tiempo había pasado. Pero al ver que ya no estabais, y lo que me contó Shail tras superar el shock de verme vivo de nuevo, me permitió ver que habían pasado unos tres años.Fue entonces cuando me dijo que ya no era el de antes. Me miré al espejo... y mis rasgos eran iguales a como eran antes de ser atacado por la nigromancia, excepto porque era más viejo. Había renacido... -contó. -Y fue entonces cuando tomaste el trono que te correspondía por derecho -observó Christian.-Así es... Y pasaron los años... y comenzó la guerra. Rando murió en los primeros días -Kimara se estremeció- al igual que mucha gente. Yo intenté consolar a Kimara... y bueno, digamos que... me enamoré de ella -completó, rojo. -Jack miró a Kimara, extrañado, quien se ruborizó. -Sí, Jack. Hoy en día soy la reina de Vanissar... me casé con Alsan, como podrás imaginar. Sin embargo, no somos unos reyes normales: yo ataco en la línea central del ejército, mientras Alexander se abre paso en su forma completa junto con Sumlaris. -dijo ella.-¿Forma completa? -preguntaron todos. -Sí -dijo Alsan- desde que domé al lobo, puedo adoptar una forma de hombre-lobo, en la que tengo lo mejor de cada esencia: potencia, velocidad, inteligencia... hay que admitir, de haber sabido que Lupran era tan bueno, ¡lo habría tratado de domar hace mucho! -rió él. Ni Jack, ni Christian, ni Victoria sabían qué decir. Era increíble... por fin Alsan podía asumir su derecho al trono, tener una familia, y todo lo que implicaba no convertirte en un lobo asesino en los plenilunios. Erik y Eva no lo acababan de creer, pero le habían visto transformarse, y eso les despejaba las dudas, en gran parte. Los dos se preguntaron si podrían transformarse alguna vez en sus respectivos seres... Entonces, Jack dio por concluida la pausa, y todos volvieron a su entrenamiento. Había mucho por hacer...