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Historia 120142 — capítulo 13

Una vez Alsan dio por concluida su historia, y por tanto, el pequeño descanso, todos volvieron a sus actividades y entrenamientos para estar preparados para próximas batallas; hasta Kimara estaba practicando con su magia y sus dardos junto con Resa, a quien tenían pensado enseñar a utilizar la espada. Mientras, Erik y Eva continuaban con sus entrenamientos a dos bandas, gracias a Jack, Alexander, Christian y los szish que practicaban con los hermanos. Fueron pasando las horas, y parecía que Erik conseguía adapatarse ínfimamente mejor que Eva, de alguna manera. Sin embargo, se estaba haciendo tarde, y el monarca dio por concluida la sesión de entrenamientos generales. -Bueno chicos -dijo -creo que ya es hora de ir acabando por hoy. Supongo que estaréis bastante sucios y sudorosos después de pasar tanto tiempo entre aceros, por lo que deberíais daros una ducha. -¿Una ducha? -dijo Jack - ¿Hay duchas en Idhún?-Pues la verdad es que sólo en el castillo, de momento. La magia de Shail hace maravillas, chico. ¡Cuando Kimara probó una ducha caliente por primera vez, casi tuve que sacarla a rastras de los baños! -bromeó Alsan, que aprovechaba para ello a sabiendas de que su esposa no podía oírle en aquellos momentos. -Bufff.... pues a mí si que me apetece una duchita fría -comentó Erik, impaciente. -Y a nosotros también, Erik, pero primero tienen que decirnos dónde está la sala de baño -contestó Christian, hablando por todos -¿verdad, hija? Erik bufó un poco mientras Eva asentía, divertida, y Jack le dio una palmadita en el hombro.-Bueno... -dijo Alsan- primero deberíamos ir a buscar a las otras chicas, ¿no os parece?-Pero... ¿vamos a... ducharnos juntos? -preguntaron los hermanos, completamente rojos de vergüenza. -Oh, vamos, chicos, ¡por supuesto que no! Las duchas son individuales, es la sala lo que es común -se apresuró a aclarar Alexander, viendo su apuro. Y comenzaron a caminar, aunque Jack se colocó al lado de Alexander para preguntarle algo.-Entonces... ¿como deberíamos llamarte ahora? -dijo el rubio. -Oh... pues ahora respondo a cualquiera de mis nombres. Es una buena idea, así nadie tiene que aprenderse otro nombre, ¿eh? -explicó él, riéndose. Todos disfrutaron de la ducha, sobre todo Erik, quien decidió tomarla fría, pues al igual que su padre, no aguantaba el calor demasiado bien, aunque nunca habían sabido por qué, puesto que los dos eran dragones, y el fuego era su elemento. A lo mejor ya tenían suficiente calor interno, pero nadie sabía el motivo exacto. Una vez salieron de la ducha, Erik y Eva se encontraron para comentar el resto de sus planes. -Yo creo que voy a irme con Res a la habitación para cambiarme y poder practicar mis transformaciones con papá y Alsan -comentó el dragón. -Mmm... interesante... por una vez usas bien tu cerebro, hermanito -pinchó ella.-¡Hey, eso no ha tenido gracia! -bufó Erik, aunque sabía que en labios de Eva aquello era un cumplido. -Bueno... a mí me gustaría... pero me apetece estar sola un rato en mi habitación y pensar... además iba a dar una vuelta por el castillo con Resa, después de cambiarnos -contesto moviendo su cortina de pelo mojado. -Bueno... entonces, nos vemos a la hora de cenar, ¿de acuerdo, hermanita? -los dos caminaron juntos un rato hasta que tuvieron que separarse, pues la habitación de Erik estaba más cerca que la de Eva- ¡Hasta luego! -se despidió Erik, guiñándole un ojo. Entonces Eva ciñó la toalla más a su cuerpo, pues se estaba cayendo, y entró en su habitación. Sin embargo, no se esperaba lo que iba a encontrar allí, al igual que el individuo que estaba en su habitación. Una persona de aproximadamente la edad de Erik, con cabello negro, revuelto de forma salvaje en su cabeza, con dos mechones cayendo sobre su cara, estaba mirándola con unos ojos de un color verde pradera. Estaba haciendo flexiones de cara a la puerta, sin camiseta, y el ejercicio marcaba su torso, perfectamente esculpido y bien definido. Al lado de su cama, había una vaina que contenía una espada. La primera reacción fue de Eva: taparse la cara con una mano mientras soltaba un gritito. El muchacho, a su vez, se levantó sobresaltado, también gritando un poco. -¡¡¡Heeeeeeeey!!! ¿Qué estás haciendo en mi habitación, chica? -preguntó-¡Yo podría hacerte la misma pregunta! -siguió gritando ella. -Vamos a ver.... ¿tu duermes aquí también? Entonces este equipaje es tuyo... -continuó el muchacho. -¿Quién eres TÚ? Sé que no has estado en la sala de entrenamientos, y créeme, sabría quién eras si hubieras estado allí porque yo... -se calló un momento, no iba a revelar nada de sus poderes de shek-... yo siempre me fijo en quién está a mi alrededor -el chico entonces soltó una risita, Eva no entendió que había malinterpretado sus primeras palabras, antes de la aclaración; estaba demasiado nerviosa- ¡No te rías y responde! ¿Quién eres, qué haces aquí y por qué tienes esa espada? El muchacho la miró, divertido ante el nerviosismo de la muchacha, que volvía a mirar de nuevo hacia otro lado, y descubrió el por qué: soltó una carcajada y se puso la camiseta que reposaba en la cama. -Bueno, ya está, ya podemos hablar... y me parece que primero deberíamos presentarnos. Yo me llamo Seun... ¿y tú? -preguntó, mirándola con esos ojos de color verde intenso. -Yo me llamo Eva. Ahora responde a mis otras preguntas -dijo ella, fríamente. -Bueno bueno, no hay que ponerse así, Eva. Verás... soy uno de los guerreros en los que más confía el Rey de Vanissar, o Alsan, como quieras llamarle. A la pregunta de por qué tengo mi espada legendaria es sencillo, a los mejores guerreros de Kyannaris se les entrega una, más tarde o más temprano. Todavía tengo que ponerle un nombre, pues la recibí hace poco, pero por lo que he podido comprobar, tiene características similares a las de Sumlaris. Y si no me has visto entrenando... es por que era mi día libre.... ah, por cierto... ¿podría salir un momento de la habitación? -le preguntó, rojo. -Depende -contestó la chica- ¿por qué? -Porque.. no me siento... cómodo... hablando con una chica como tú... casi desnuda -pudo completar él, notando la sangre en su cara y en otro lugar más íntimo. -Oh...-se enrojeció ella- de acuerdo... pero no te escapes, te estoy vigilando. Pasaron un par de minutos, y Eva desbloqueó la puerta de nuevo, para que Seun pudiera entrar. -¿Ves como no me he ido, tonta? -dijo él, a modo cariñoso. -No te tomes tantas confianzas conmigo, Seun -replicó, tajante- te recuerdo que apenas nos conocemos. Ahora responde -terminó ella. -Vale, vale, no hace falta que te pongas así, y espero que no sigas siendo así de desagradable todo el tiempo, te recuerdo que pasaremos bastante tiempo juntos, dada la situación. En fin, a lo que iba: si no me has visto entrenando, es porque estoy de día libre, como ya dije antes. Y eso es por que acabo de volver del campo de batalla, mientras veníais aquí, ¿sabes? -nada más mencionar el escenario, se volvió mucho más serio y frío, cosa que extrañó a Eva- una escaramuza con unos grupos de szish que acabaron llamando a dos sheks Asshaizs y Esshian... de mis treinta hombres, he perdido a quince, y tres están malheridos, -prosiguió, apretando los puños- puedes hablar con ellos en la enfermería. Y todo por mi culpa, por no querer retirarme a tiempo... -terminó. Eva no sabía qué hacer. Había consolado a muchas de sus amigas, pero nunca a un chico. Y además, esto no era un tema cotidiano, como que un novio te dejara. Esto era la guerra, y estaba claro que a Seun le pesaba la muerte de sus compañeros.-Vamos, Seun, no te atormentes, no pasa nada... -ahora, se dio cuenta Eva, era ella la que estaba tomándose las confianzas, sentándose más a su lado. -Al contrario... toda esta mierda ha pasado porque me confié demasiado, no me importaba el resultado, pensé que mi fuerza bastaba... no me di cuenta de que yo soy el único que no tiene nada que perder. -¿A qué te refieres con eso? Estoy segura de que tus padres, o alguien a quien le importes, estarán muy preocupados por ti... -proseguía ella; le costaba encontrar las palabras adecuadas.-Me temo que no. Verás... mis padres fueron asesinados por los sheks, en una batalla contra los Nuevos Dragones, cuando yo tenía tres años. Alsan me encontró y me acogió... me dijo que era porque mis ojos le recordaban a alguien -Eva comprendió, pues eran de un color parecido a los de Jack, su mejor pupilo- y así me convertí en guerrero. Básicamente, he crecido con una espada en la mano... es por eso por lo que me confié demasiado. Un shek no es algo que te puedas tomar a la ligera, y menos dos. Y, ¿alguien especial? Desde pequeño, me han gustado varias chicas... pero nunca he tenido novia ni nada por el estilo. Siempre se iban con alguien con mejor posición que un soldado, pero no me importó. Al final, comprendí, sólo me importaban dos cosas: vencer en la batalla, y los amigos que he hecho aquí. Y antes de ayer, mi primer deseo me perdió... -Eva estaba conmocionada. Cómo podía un chico tan tranquilo, sereno y alegre a primera vista ocultar todos aquellos sentimientos y aun así sonreír... -Seun... yo... siento haber sido tan brusca contigo al principio. Es solo que no me fío de los extraños, soy desconfiada por naturaleza... -Ya... supongo que sí. En fin, ahora mismo voy a bajar a la ciudad... tengo que dar la mala noticia a las familias. Y por favor, no digas a las enfermeras que me he ido, no me dejarían... tendría que recuperarme de mis heridas -Eva recordó a aquellas dos chicas, tan hermosas, de su edad más o menos, y asintió. -En fin... yo me marcho ya -dijo, prendiendo la espada del cinto, y saliendo de la habitación. Eva se tumbó sobre la cama, pensando en él. Aquel muchacho tenía algo que conseguía que se sintiera cómoda apenas conociéndose, y se preguntaba el por qué. /////////////////////Bueeeno espero que os haya gustado, por favor comenta, es gratis, tardais un minuto, y anima mucho, en serio, ya sea un me gusta o una crítica. Muchas gracias por leer.zalitrix