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Historia 120142 — capítulo 14
A la mañana siguiente, Séun abandonaba el castillo, con la mirada perdida, sin mirar hacia donde iba. Conocía aquellos muros y todos sus recovecos tan bien como la palma de su mano, por lo que todos los días hacía el mismo trayecto sin tener que pensar qué dirección tomar. En ese mismo momento, sin embargo, su mente estaba muy ocupada, pero no pensando en el trayecto, sino en su enigmática compañera de habitación. Aparentaba ser muy fría; sin embargo, pensó, tras escuchar su historia, se mostró muy calmada y cálida, y no parecía el tipo de chica que se encariñaba fácilmente con un extraño.
"Mujeres", se dijo; "son muy complicadas". Absorto en sus pensamientos, no reparó en la figura que se dirigía hacia el mismo pasillo que él, y chocaron, colisionando sus frentes. Los dos rebotaron ante el contacto y se llevaron la mano a su cabeza, doloridos. -¡Au! ¡Joder! -dijeron al unísono. No repararon en mostrarse educados, pues fueron las primeras palabras que se les vinieron a la cabeza. Sin embargo, tras mirarse, se mostraron mucho más cordiales. -Ups, lo siento -dijo Séun, aún frotándose la frente- no te había visto... -fue entonces cuando reparó en el mínimo parecido de aquel joven con Eva -Un momento... nunca te había visto por aquí, ¿quién eres?
El otro chico sonrió, también con la mano en su cabeza. -Yo me llamo Erik... y no me extraña que me lo preguntes, mi hermana Eva, nuestros padres y yo acabamos de llegar al castillo...
-¿Tu hermana Eva? ¿Esa chica tan... fría, de ojos azules? -preguntó Séun. -Sí, esa es mi hermanita -contestó Erik. -Aaaah, a ella la conozco, es mi compañera de habitación. Por cierto, no me he presentado: me llamo Séun, y soy un guerrero de Kyannaris desde hace mucho tiempo -Erik se sorprendió, pues el muchacho era de su edad. -Perdone, Séun, ¿va a bajar a Vannisar? -Sí, Erik, ¿por? -Porque yo tengo que ir a comprar algo de ropa idhunita, y a hacer un par de recados... y si no es mucha molesta, me gustaría que me enseñara la ciudad.-Séun se rió. Era la primera vez que alguien era tan cortés con él. -De acuerdo Erik, pero tutéame, anda. Yo también bajaba, tengo que ir a hacer unos pedidos de comida, armas y armaduras para el castillo. Mucha gente se une al ejército, ¿sabes? En fin... vamos para allá.
Unos minutos más tarde, los dos muchachos estaban ya en la plaza mayor. Habían atravesado un camino de piedra que zigzagueaba para bajar la montaña y llegar a la ciudad, donde se volvía recto. Erik miró a todos lados, fijándose en los edificios y la arquitectura, pues eran, naturalmente, muy diferentes a los de Nueva York. Sin embargo, su joven guía comenzó a hablar y el muchacho giró la cabeza para prestarle atención. -Mira, esta es la plaza del Rey. Se construyó en honor al primer rey de Vannissar, por lo que los reyes anuncian aquí la coronación del príncipe. Mira, ¿ves eso? es su estatua. -Erik observó la impresionante figura de piedra, imponente con una espada en su mano.
Séun le mostró las cuatro salidas de la plaza, cada una partiendo en una dirección. -Mira, Erik, te voy a enseñar a orientarte. Tienes que tomar el castillo como referencia, y avanzar de acuerdo con la dirección que tomaste al entrar. De norte a sur, mirando al castillo de frente, tenemos:
Al sureste, la entrada al distrito residencial. Es una zona en la que se concentra la mayoría de la población, como ya te habrás imaginado. Hay pequeñas tiendas, unos pocos bares, parques... El motivo de la existencia de estos es que la gente anciana no tenga que desplazarse mucho para disfrutar.
Al suroeste, el distrito comercial. Aquí se venden todo tipo de cosas, y los comercios cuentan con muchos más artículos que las tiendas del primer distrito.... En realidad, esas tiendas son solo sucursales de las mayores. Es aquí donde puedes comprar lo que necesitas en cuanto a ropa, armas y armaduras, y suministros.
Al este, están los cuarteles. Aunque el ejército no duerma en ellos, la mayoría comen allí, y es el lugar en el que uno puede entrenar, y también recibir misiones para ayudar a Kyannaris... aunque esto ya lo harás más adelante, cuando te lo diga Alsan -completó, consciente del brillo que la palabra "misiones" había puesto en los ojos del muchacho. -Si algún día prefieres entrenar en un espacio abierto, y no en esas saluchas que tiene Alsan, te lo recomiendo; además los soldados estarán muy contentos de aporrear- quiero decir de tener alguien nuevo para practicar. Eso sí, no esperes que te enseñen nada, aquí sólo se combate.
Por último, tenemos la salida norte, que es la que da al castillo. Supongo que ya no necesitarás que te explique esta, ¿verdad? -Para nada, Séun -aclaró Erik. -Bueno, entonces vamos al distrito comercial, ¿no? -preguntó el rubio. -Lo has pillado, vamos para allá. Así, el par de muchachos se dirigió primero a la tienda de ropa. Allí había bastante gente, y, por costumbre, Erik soltó un "buenas..." en idhunaico, debido al amuleto de comunicación que le había dado Alsan. Esto provocó que varias personas, incluidas las dependientas, se giraran. Séun esuchó las risitas de las chicas provocadas por él y por el rubio, y sonrió ligeramente. -Bueno Erik, te dejo con tus compras... nos vemos dentro de veinte minutos en la plaza, y no te me entretengas con ninguna ¿eh? -dicho esto, el joven salió de la tienda diciendo adiós con la mano, mientras dos de las modistas se abalanzaban sobre el joven dragón, preguntándole qué quería. Él sólo podía pensar en una cosa, mientras fingía una sonrisa: "¡Seun, por favor, ayuda!"
Veinte minutos más tarde, Erik llegaba a la plaza con una bolsa colgada del brazo. Sólo se había comprado un par de prendas, ya que poseía algo de ropa heredada de su padre, de cuando tenía su edad. El ojiverde lo vió llegar, y le saludó, con una carcajada: ¡Erik! ¿Qué tal con todas esas chicas, eh? -preguntó, socarrón. -Mejor no preguntes -dijo él, resoplando- ¡me dejaste solo, y ellas también te querían a ti! Ha sido horroroso... ¡qué pesadas! Menos mal que volvemos ya al castillo, y es cenar, charlar y dormir...
-¿De qué estás hablando? Erik, no puedes ser así de aburrido... la verdad, estaba pensando, ¿por qué no llamas a tu hermana y a aquella otra chica que duerme contigo -pronunció las dos últimas palabras con más énfasis de lo habitual- y nos damos una vuelta? La verdad es que llevo mucho tiempo sin salir y no voy a perder la oportunidad ahora que tengo gente de mi edad...
-La verdad es que yo tampoco tengo muchas ganas de quedarme en el castillo durmiendo... Vamos, a ver que les parece. -¿Cómo que vamos? -preguntó Séun. -¿Crees que voy a invitarlas yo solo? Yo se lo digo a Eva... pero a ella no la conozco. Eso es tu problema.
Erik se quejó, pero finalmente accedió al plan del muchacho. -De acuerdo... nos vemos en la entrada del castillo una hora después de la cena -decidió Erik- ¿te parece?
-Venga, pues entonces hasta la cena. Aún tienes toda la tarde para prepararte... -terminó Séun, encaminándose hacia su habitación, despidiéndose de la misma manera que en la tienda.
Tras llegar a la habitación, abrió la puerta sin preguntar, cosa que debió haber hecho. Lo primero que vio fue a una Resa semidesnuda. Su pelo, mojado, caía sobre su espalda, y sólo llevaba una toalla. Parecía que estaba a punto de cambiarse de ropa. La chica se giró, y al ver al rubio, sus mejillas se encendieron al máximo. Erik notó cómo su parte íntima se endurecía, ante la vista de la muchacha, y no se dio cuenta de que se la estaba comiendo con la mirada hasta que ella habló. -Erik.., ¿q-qué...?... -¡LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO, RES! -gritó él, reaccionando, y saliendo de la habitación con un portazo, esperando fuera hasta que la muchacha le mandara entrar.
Al otro lado de la pared, la muchacha se había tumbado en la cama, tapándose la cara de vergüenza. No sabía qué pensar, ni qué decir, sólo recordaba su mirada clavada en sus contornos y era volver al punto de partida. Había notado el bulto que había sobresalido en sus pantalones, sabiendo a que se debía. Al final, de tanto pensar, sólo consiguió ruborizarse todavía más. Pudo sentir a Erik al otro lado de la puerta, sabía que estaba esperando para entrar. Resa respiró hondo, se puso una camiseta y los pantalones, e indicó al muchacho, tras unos minutos, que ya estaba lista para recibirle.
Mientras tanto, el dragón estaba pensando justamente en lo mismo. No debería haberla mirado así. "Vale, estaba casi desnuda, piensa que podría haber sido mucho peor de haber entrado tres segundos más tarde…" Ese pensamiento, sin embargo, sólo le llevo a imaginársela sin ropa, lo cual aumentó su erección. "¡Ooh no, joder! Mejor no pensar en ello…" Para calmarse un poco, decidió pensar en todo lo que había visto con Séun aquel día, pero era muy difícil quitarse a la castaña de la cabeza. "¡Sólo amigos, sólo amigos, sólo amigos Erik!" tuvo que repetirse. Finalmente, habiéndose calmado física y mentalmente, oyó la dulce voz de la semiceleste, que le invitaba a entrar.
Resa estaba sentada en la cama, mirando al joven híbrido con algo de recelo. La reacción de Erik se había grabado a fuego en su mente, por lo que no pudo evitar hablar algo arisca. -Erik, ¿a qué ha venido eso? -preguntó. -Yo… lo siento mucho, de verdad. Es que… estoy acostumbrado a no llamar al entrar a mi habitación… Se me había olvidado que la compartíamos. -se explicó, con la cabeza gacha - Ah… y perdóname por eso de… ya sabes… -¿Haberme mirado de esa manera? -le ayudó a completar la castaña.
Erik estaba muy avergonzado. "La he cagado pero bien. Si pretendía tener alguna oportunidad con ella, la he tirado por la borda… Parece muy molesta, y eso que a los celestes no les importa enseñar su cuerpo… bueno, supongo que tiene mucho más de humano que de su otra esencia." Dejó la bolsa al lado de su cama, y recordó mientras lo hacía que tenía que invitarla a salir con él, Séun y Eva, aunque no estaba muy seguro de que quisiera, después de lo ocurrido…
La chica se fijó en la bolsa -¿Qué llevas ahí, Erik? -preguntó, curiosa, pero aún con ese tono enfadado. -Oh, no es nada… he ido de compras con Séun, ¿lo conoces? -ella negó con la cabeza- Bueno, pues ese Séun me ha invitado a mí a dar una vuelta, y dijo que iba a invitar a Eva también… Me dijo que te preguntara si querías venir -completó, aprovechando que había sacado el tema del muchacho a relucir.
En un primer momento los labios de la muchacha formaron un sí, pero a su mente volvió aquella escena, y el aire de su garganta retrocedió, quedándose el "sí" para ella. En su lugar, contestó de manera seca. -Me lo tengo que pensar, no me apetece mucho… "Después de lo ocurrido" completaron ambos en su mente. -Bueno, pues yo me marcho… Te veo a la hora de la cena -dijo él, cogiendo su toalla para disponerse a ir a la ducha. -Vale. Hasta luego -fue su respuesta. En aquel momento la chica lamentó el tono que había imprimido a su voz. Ella había pretendido darle una respuesta cordial, pero de nuevo aquella acidez en sus palabras había vuelto a abrirse paso, y temía que el muchacho iba a malinterpretar su intención, lo cual ocurrió en ese mismo instante.
Erik se sintió un poco herido. No le parecía justo que por una equivocación la chica se pusiera así, así que, con su semblante, habitualmente alegre, oscuro abandonó la habitación, dando un pequeño portazo tras de sí. "Oh, no… Me he pasado… Me parece que piensa que me he enfadado demasiado" pensó Resa, apenada. "¿En qué estaba pensando? Ha sido sólo un error, y además… ¡es mi mejor amigo!"
En la entrada de las duchas, Erik se volvió a encontrar a Séun. Parecía que los dos tenían las mismas ideas en mente: ducharse, cenar y prepararse -¡Hey, Erik! ¿Qué tal? -preguntó el ojiverde. La cara del rubio se lo dijo todo. -Oh, no me digas que te ha dicho que no… -Pues la verdad es que sí… bueno no… ¡ah, tengo un lío en la cabeza…! -musitó el híbrido, confundido. -Pero si Alsan me ha comentado que os lleváis muy bien… ¿qué ha pasado? Si quieres contármelo, claro -aclaró Séun. -Va… te lo cuento, tampoco es para tanto en mi opinión… Pero vamos a ducharnos -pidió él. Se metieron en duchas contiguas, para poder hablar adecuadamente. Erik sintió los chorros de agua fría bajando por su espalda, y aquella sensación le calmó al instante. -Verás… digamos que yo… olvidé que compartía habitación. Entré sin avisar, y, y… -¿La viste desnuda? -picó él, aunque no se esperaba la respuesta del rubio -Pues la verdad es que sí… -respondió el rubio. Séun se rio un poco -¡No fastidies! ¿Pero desnuda del todo? -picó. -¡No! -casi gritó Erik -Llevaba una toalla… -Anda mira, pues ya tenemos algo más común. ¿Cómo, la has visto desnuda tú también? -Erik sonaba algo agresivo, y Séun se encontró entre la espada y la pared. Si reaccionaba así con su amiga, ¿qué haría si le diría si vio a su hermana? "Pero fue ella la que entró sin avisar… así que estará bien…" -volvió a la realidad cuando oyó al rubio llamándole, aún con ese tono agresivo.
-Séun, ¡contéstame! -exigió él. -Calma, calma… te lo voy a contar, pero no me mates, ¿eh? Aunque dudo que pudieras -picó el muchacho. -Mira, el caso es que estaba haciendo flexiones en mi habitación, sin camiseta… cuando entró tu hermana, llevando también una toalla… ya te puedes imaginar nuestra reacción: los dos gritamos, y preguntamos a ver quién era el otro. No pasó nada raro, y tu hermana, aunque arisca, pronto se volvió más amigable. ¿Erik? -preguntó al ver que se había callado -¿qué pasa? -No, nada… no te preocupes, no estoy molesto… es que yo lo hice mal -explicó. -¿Por? -pregunto Séun, ansioso por saber la respuesta. Pues… es que yo no grité, ni hablé… yo me quedé mirándola y bueno… digamos que se me bajóla sangre de la cabeza -terminó, haciendo más que evidente lo que había ocurrido.
El ojiverde soltó una sonora carcajada, y le costó un buen rato volver a hablar. -¿Qué? -resopló él- ¿Qué pasa? Solo por respuesta obtuvo más carcajadas. Séun tuvo que limpiarse una lágrima que corría por su mejilla debido a la risa -¡No me jodas!-decía, aún entre risas-Tuviste una… una…. -no pudo evitar volverse a reír al completarlo -¡erección!
El dragón se ruborizó mucho, esperando que nadie lo hubiera oído. Entonces los dos cerraron el agua y salieron de la ducha. Erik vió la mueca burlona de Séun. -Por favor… ¡no digas nada de esto a mi padre, ni a mi madre, ni mucho menos a los padres de Res! -¿Res? Ah, Resa. Descuida, tío… siempre que tú no cuentes a Christian nada de lo de Eva. Parece algo peligroso… ¿qué? -Preguntó, al ver que la cara de Erik se volvía blanca como la tiza -¿Qué pasa? -inquirió. Por toda respuesta, el rubio señaló en la dirección a la puerta que estaba detrás del moreno. "No. Me. Jodas." pensó el idhunita, sabiendo lo que iba a encontrarse al darse la vuelta. Dos hombres, uno de pelo castaño y otro moreno habían entrado en el baño, y por sus caras… no parecían de muy buen humor. -Bueno, Erik, ¿qué es lo que no podéis contarnos, muchachos…? -interrogaron los padres, con una sonrisa maléfica en sus rostros. Erik rió, nervioso -¡Anda, tío Shail, Christian…! -sólo pudo decir, ante la que se les venía encima.