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Historia 120142 — capítulo 18

Nota del autor: Antes que nada, querría anunciar que a partir de ahora, voy a poner un link (el máximo permitido) en los momentos más críticos de los capítulos, para mejorar la lectura y transmitir la sensación que tengo al escribir esas partes. Copiad el link y pausad, cuando veais un (P) dadle al play. Y bueno ahora comienzo con el capítulo. Por cierto, en este no pondré canción.

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-No… ¡es imposible! -Christian seguía mirando atemorizado a la figura que se había dado la vuelta  hacia ellos. Victoria tragó saliva, al igual que su hija. Sin embargo, Jack, Erik y Seun sólo podían pensar en una cosa. -¡Sheks! ¡Poneos todos a cubierto! -gritó el adulto rubio, llamando a Domivat. No sabía quién era aquella Shizuko, sólo que le recordaba a una serpiente, pero ahí había sheks, y eso ponía en peligro al ejército.  Jack se abalanzó sobre una de las criaturas aladas, y estuvo a punto de golpearla, cuando la figura se interpuso en su camino, desenvainando su propia espada y bloqueando el ataque del rubio sin esfuerzo alguno. Shizuko se limitó a musitar "Bien hecho, hijo" mientras Jack retrocedió de un salto, situándose delante de Victoria y Erik, en posición de combate. -Relájate, dragón -escupió la humana - a menos que quieras que mi escuadrón acabe con tu patética existencia -terminó, logrando con ello que Jack hiciera rechinar sus dientes, con el fuego ardiendo cada vez más en su mirada y en el fondo de su ser. -Tú… -dijo Christian, con un rictus de ira en su rostro -me vas a explicar qué estás haciendo aquí. ¿Qué has planeado esta vez? Si estás aquí por Eva, yo… -Relájate, Kirtash -sonrió ella, orgullosa - Tu hija ya no me hace falta para nada. -¿De qué va todo esto, papá? -inquirió la susodicha, con una expresión amenazadora en su cara. -Eva, luego te lo explico. Por ahora, limítate a escuchar -ordenó Christian, siendo duro con ella por primera vez. Eva comprendió y, a diferencia de Erik, no discutiría sus decisiones, como siempre.

-Ahora, Shizuko, me vas a explicar de que va todo esto -continuó el castaño, menos tenso que antes, sabiendo que el objetivo de Shizuko no era Eva -¿cómo que no la necesitas? -Muy fácil, Kirtash. Tengo un híbrido con mucho más poder que tu hija -se limitó a decir ella. -¡¿A qué te refieres?! ¡¡No jueges con nosotros!! -gritó Jack, cansado de la humana. A cada palabra que decía, más ganas le daban de atravesarla con el filo de Domivat. ¿Cómo se atrevía a pensar en su hijastra como un arma? De seguro, Christian estaría pensando lo mismo, se decía. -De acuerdo, os lo voy a presentar. Markash, ven aquí -pidió ella, su voz suavizándose al mencionar al encapuchado, que se acercó a ellos - preséntate, por favor -acabó la mujer. El individuo se quitó la capucha al instante, revelando sus facciones. Al contrario que Shizuko, sus facciones eran las de un muchacho oriental de la edad de Erik. Tenía cierto parecido con Christian, salvo por el color del cabello, negro como el carbón, más oscuro que el de Eva, si cabía. Resa se sorprendió, le parecía muy guapo, aunque le daba algo de miedo. Su mirada, helada como el hielo, como la de Christian y Eva, se clavaba en los presentes con una ferocidad impresionante, pero a la vez, su emisor parecía estar completamente en calma. -Soy Markash -dijo solamente, sin pestañear. -Tan estoico como siempre… bueno, Kirtash… ¿qué te parece… mi hijo? -preguntó la Shizuko. -Pues… es una grata sorpresa-rió él, mientras Shizuko se sorprendió -teniendo en cuenta de que has caído tan bajo como para tener relaciones con un simple humano… -terminó él, en un tono de burla que asombró a todos los presentes. Parecía que Christian se estaba regodeando, Victoria supuso que era debido al resentimiento que le guardaba por haberle mantenido lejos de su familia durante mucho tiempo. Sin embargo, para su sorpresa, Shizuko rio con él. Aquello era algo que Christian no había esperado. -¿De verdad creías que yo, la gran Ziessel, se habría rebajado a semejante nivel? Puede que mi cuerpo sea humano, Kirtash, pero sigo teniendo una mente shek. Es por ello por lo que este hijo no es de un simple humano… ¡sino del mismísimo séptimo! -proclamó ella, haciendo que Markash sonriera. -No… -murmuró Christian- es imposible… entonces… es… ¿un dios? -pudo preguntar. Shizuko solo negó con la cabeza. -No. Si yo hubiera sido un hibrido completo, como tú, sí lo habría sido. Pero, debido a mi falta de cuerpo shek,  mi hijo, que heredó la esencia del mismo Séptimo, ha recuperado la capacidad de transformarse, y ha desarrollado sus habilidades de shek al máximo. Diría incluso que te ha superado. Ahora… es el líder de los sheks, dado que tiene esencia de dios, y además es uno de los nuestros. O, al menos, el líder de los sheks que no obedecemos las órdenes del nuevo Séptimo -terminó, tristemente. -¿A qué te refieres? -preguntó Victoria. Era raro que Shizuko se mostrara tan melancólica, lo notaba en la expresión de Christian, por lo que sentía curiosidad. -Verás, unicornio: el Séptimo se ha vuelto una deidad que solo vive para destruir. Los sheks, sin embargo, respetamos la vida y nos parece que embellece este mundo. Es por ello por lo que, nosotros, que estábamos en la Tierra, pudimos escapar de su control, y ahora, Markash nos guía. Pero aún es joven, y debe aprender su cometido… por lo que aún sigo siendo tu reina, Kirtash -dijo, dirigiéndole una mirada mortal al shek.

 Mientras hablaba, Erik no estaba haciéndole caso, sólo escuchaba aburrido su historia, que, más que interesarle, le daba aún más ganas de abrirle la garganta con su espada. "¿Pero quién se ha creído que es esta mujer? ¿Reina de los sheks? Bah, como si eso me inspirara respeto…" -Cuidado con lo que piensas, dragón -cortó ella, devolviéndole al mundo real -soy mucho más poderosa de lo que piensas. "¿Pero qué…? ¿Cómo lo ha hecho?" -Erik, cállate, no es el momento -le regañó Christian. -¡Dios! Uno ya no puede ni pensar en paz… -solo pudo decir el rubio. De repente notó algo pesado cayendo sobre él, era la mirada de Markash. Se quedó paralizado, sin saber por qué, pero a su padre le había cambiado la cara. En sus ojos verdes llameaba el fuego del dragón. ¿Cómo no estaba atemorizado, como él? El muchacho de pelo oscuro le dirigió unas palabras en aquel momento. -Eres molesto, dragón. Aunque más que dragón, sólo eres un insecto. Al igual que tu amigo, el de ojos verdes -dijo, sin que cambiara la expresión de su cara ni un ápice.

Normalmente eso habría hecho saltar a los dos muchachos al momento, pero estaban completamente clavados en el sitio, sin poder hacer nada, aunque Erik y Seun quisieran rebanarle las tripas al tercer híbrido shek de le habitación. "Maldita serpiente" pensaron los dos al unísono, pero Markash ya no les prestaba atención alguna. Séun maldijo por lo bajo. Aquel muchacho tenía su edad por lo menos, pero ya era evidente que le había superado en habilidad. Sólo había que ver esos ojos, esa calma y esa sangre fría. Los dos tragaron saliva y retiraron la mirada de su espalda. Fue entonces cuando Markash se volvió a girar, esta vez hacia Eva y Resa: -Lune y Resa… -¿Cómo sabes mi nombre? -cortó Eva, entrecerrando los ojos. -Solo me ha bastado sondear tu mente, chiquilla -aclaró él, como si fuera lo más normal del mundo. "¿Cómo puede ser? No he sentido nada en mi cabeza…" pensaron las dos muchachas.

-No me habías dejado acabar. Lune, tú y la semiceleste sois criaturas hermosas. Me complace conoceros… pues vamos a ser aliados -dijo él, sonriendo de una manera que no denotaba emoción alguna. Jack se sobresaltó en aquel momento; no iba a dejar que ninguna serpiente de gran tamaño se alojara bajo el mismo techo que su familia. Aunque en aquel momento, para él, Christian y Eva no tenía importancia. Christian porque sabía defenderse sólo, y Eva porque parecía que Markash no tenía intención alguna de dañarla, pues era una shek. Pero Erik y Victoria… Aquello era otro cantar. Algo muy distinto.

-¡¿Cómo?! -rugió Jack -¿¡Estás diciendo que vamos a permitir que el enemigo se una a nuestras filas?! Yo, desde luego, ¡ya tuve bastante con aceptar a esta serpiente, como para ver a un grupo entero de ellas! -Jack… -trató de calmarle Victoria -No montes el número, por favor… -Yo no estoy montando nada. Sabes que, en cualquier momento, ¡van a tratar de matarnos a Erik y a mí! -prosiguió. -Dragón, no sabes nada. Limítate a escuchar por una vez en tu miserable vida, eso no va a… -¡No me des órdenes! -rugió de nuevo, el fuego del odio llameando en su interior. -Chico, cálmate. No me sirves de ayuda en este estado. Los sheks han accedido a luchar junto a nosotros, puesto que nos necesitan para vencer al que otrora los gobernó, y han prometido no atacaros -acabó Alsan, en tono de reproche. Jack se daba cuenta de que había hecho algo que no debía, pero estaba demasiado alterado como para aceptarlo. Por eso enfundó a Domivat y caminó hacia la puerta, con un simple "Voy a tomar el aire" desvaneciéndose entre sus labios. Victoria estaba algo avergonzada de la reacción de su marido, pero debía ponerse en su lugar: estar rodeado de serpientes que a la mínima podrían tratar de matarte no es placentero, y menos para un dragón. Era evidente la tensión que  se estaba acumulando también en el hijo del dragón, y Christian lo instó a abandonar la sala, con el pretexto de que los dragones no iban a servir allí.

Jack se dirigió a la sala de entrenamientos, rechinando los dientes. Estaba furioso, no podía entender cómo Alsan podía haberse aliado con las serpientes. Sin embargo, suspiró. Quizás, si se calmaba, vería las cosas de otra manera. No podía dejar de pensar que él, desde que conoció a Sheziss, había estado en contra de odiar a las serpientes. Y con Christian era fácil, pero… Con tantas, no sabía cuánto tiempo podría contener al dragón… Mientras tanto, Erik seguía sus pasos con el mismo disgusto pero algo más añadido. No sabía cómo, pero el híbrido había llamado "hermosa" a Resa. Por supuesto, él no podía saber que, en labios de un shek, las palabras cobraban un significado diferente. Así que decidió descargar su ira sobre una de las armaduras de Nurgon, sólo para encontrarse a su padre, que decidió hacer un par de horas extras de entrenamiento con su hijo para intentar dejar de pensar en todo ese lío.

Mientras tanto, los sheks llevaban la voz cantante en la sala del trono, y una vez le explicaron a Christian todo lo que pasaba, los planes que tenían y todos los detalles, decidieron que lo mejor para todos sería la alianza, y después regresarían a sus vidas habituales: los sheks a la Tierra y los demás en Idhún. Los términos parecían beneficiar a ambos grupos sin provocar tensiones entre ellos, por lo que fue Alsan quien al final habló: -De acuerdo entonces… Ahora, ¡Kyannaris acoge a los sheks y por fin está completo! En aquel momento los sheks se retiraron, dispuestos a vivir en el claro en el Bosque de Awa que el monarca y los feéricos habían habilitado para ellas de antemano ante el mensaje de Markash y Shizuko. Los dos últimos se quedarían en habitaciones individuales que se construirían con magia de manera provisional. Serían pequeñas pero acogedoras, no necesitaban nada más, y no querían deber nada, por lo que para un shek eran perfectas. Una vez zanjada aquella reunión, todos se dedicaron a continuar con la rutina diaria de entrenamientos. Markash estuvo supervisando los entrenamientos de Eva, por petición de su madre, que tenía interés en ver los progresos de la chica. Sin embargo, el shek no lo hubiera hecho de no haber sido porque él también sentía mucha curiosidad por la joven. Algo más joven que él, pero tan lejos de su nivel… quería ver cómo se desenvolvía, comprobar sus progresos. Eso dejaba a Erik con algo más de libertad para practicar, y desde luego el muchacho estaba muy contento; así podría entrenar a su propia manera, sin los sheks molestando por ahí. Aunque no entendía por qué Eva era tan importante de repente, no le daba demasiada importancia. Al fin y al cabo tenía otras cosas en las que pensar: afianzar su reciente amistad con Séun, mejorar para la guerra, lograr que su madre le dejara combatir en la batalla, y, por encima de todo, intentar una relación con su mejor amiga, que se preocupaba tanto por él. Pero lo primero era lo primero, y eso eran los dos primeros objetivos. Lo demás vendría después, o al menos, eso intentaba pensar.

Mientras tanto, por la cabeza de Markash llevaba rondando una sospecha desde que había visto el entrenamiento de Lune. Una sospecha que sabía que era real pero que por el momento prefería llamar así. Si eso seguía de aquella manera, iba a tener que hacer algo al respecto… Unas horas después, al caer la nocher, llamó telepáticamente a la chica, pidiéndole que bajara al pueblo, utilizando el pretexto de practicar su agilidad. Sin embargo, en su mente había una idea muy diferente. Una vez hubo avistado a la muchacha, no se movió, sino que desenvainó la espada, asustándola. -¿Qué estás haciendo? -dijo ella -¡Sabía que no tenía que haberte hecho caso! ¡Eres el enemigo! -gritó ella. -Lune, si de verdad quisiera mataros ya lo habría hecho, créeme -dijo él, clavando la mirada en sus ojos y paralizándola durante unos instantes para calmarla. El truco funcionó a la perfección, y entonces susurró: -Desenvaina. -¿Para qué? -inquirió la muchacha, cansada. No tenía escapatoria, iba a morir allí. -Para entrenarte -sonrió Markash, viendo que había logrado sorprenderla. -Pero si mi padre ya me entrena y… -Oh, créeme. Eso no es entrenar. De hecho, he de reconocer que tus padres lo tenían muy bien ideado desde un principio -terminó él, misteriosamente.