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Historia 120142 — capítulo 20
Como extra por el nuevo capítulo, por fin he subido una portada para la historia, me gustaría que me comentarais que tal ha quedado, aparte de los habituales sobre la historia. Me haría mucha ilusión, gracias a todos :) Por otro lado, me gustaría avisaros de que cuando acabe la "saga" del torneo comenzaré con la historia propiamente dicha, de la que no voy a revelar nada. Podéis considerar estos capítulos como una pequeña introducción, nada más, así que tenéis historia para rato. Y comenzamos con el capítulo 20!!!
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A la mañana siguiente, Erik y Séun habían retomado su rutina habitual de entrenamientos, bajando a la sala al amanecer del primer sol para prepararse para el torneo lo mejor que pudieran en la víspera del evento. Sin embargo, debían tener cuidado de no herirse pues era crucial llegar en buen estado. Erik comenzó con una estocada adelantada, echando el cuerpo hacia delante y poniendo el pie derecho como apoyo, dejando el izquierdo como seguridad para cambiar rápido de movimiento si era necesario. Séun vio a través de sus movimientos, esquivó la madera y lanzó un tajo lateral, que Erik trató de bloquear en su totalidad, aunque no lo consiguió, y el filo golpeó su brazo, haciéndole retroceder. Séun seguía dándole vueltas a lo que había podido observar la tarde anterior, por lo que perdió la concentración, y no vio cómo el rubio volvía a abalanzarse sobre él, dejándole poco tiempo para reaccionar, pero aun así la experiencia volvió a jugar su papel, y Séun ya tenía a Erik en su terreno en muy poco tiempo. El muchacho bloqueaba las estocadas como podía, trataba de esquivar y lanzar sus ataques, pero Séun era bastante rápido. Pero en lo referente al combate, el joven dragón tenía un sentido nato, por lo que pudo ver en una ocasión un hueco en la defensa de Séun, y trató de atacar por allí. Sin embargo sus ataques, aunque fuertes, no llevaban impresa la velocidad necesaria, provocando que el moreno lo desequilibrara al instante y volviera a atacar. Erik seguía recordando la charla del día anterior. Que no había mejorado nada, que estaba igual de verde que el primer día. Ahora lo veía muy claro. El moreno no hacía ademán de estar esforzándose, y atacaba con infinita parsimonia. ¿Por qué? ¿Qué estaba haciendo mal? Parecía que su nuevo maestro conocía la respuesta, pero no se lo iba a decir. El muchacho cada vez se sentía más furioso. No con él, por supuesto, sino consigo mismo. Pensaba que el fallo estaba en él, que radicaba en el fondo de su ser, y eso lo enfadaba mucho, pues deseaba participar en alguna misión o en batallas y ser útil para el ejército que debía aprovechar la recesión de los sheks para recuperar terrenos y ganar nuevos guerreros para la causa. ¿Y qué mejor guerrero que un dragón? Entonces Séun le desarmó, con una expresión tranquila en la cara.-Deberíamos parar -replicó -cada vez pareces concentrarte peor. -Lo sé, lo sé… es sólo que no lo entiendo. ¿Qué he hecho mal? ¿Por qué no he logrado mejorar nada? -solo pudo decir él, recuperando el aliento. El ojiverde querría haberle dicho que no era culpa suya, que él no tenía nada que ver, pero no podía hacerlo. No sabía cómo se lo tomaría, y no quería distraer su mente del torneo. -Bueno, ¿qué te parece esto? Como no estamos muy centrados, ni tú ni yo, podríamos tomarnos el día libre por hoy, ¿eh? -propuso Séun, aun a sabiendas de que a Erik no le haría ni pizca de gracia dejar el entrenamiento. Pero, para su sorpresa, el rubio reaccionó bastante bien. -Tienes razón. Si no se está por la labor, es mejor dejarlo… Al fin y al cabo nadie aprende nada si lo fuerzan. Entonces, ¿qué podemos hacer? -¿Estás de coña? ¡Es el festival de Vannissar! Es ahora cuando hay que salir, se puede hacer de todo, y a eso apuntamos, ¿no? Además es tradición ir con tu pareja… ¿por qué no te traes a Resa, entonces? -picó Séun. -… No es mi novia… -dijo Erik, rojo.
-Pero ya te gustaría, ¿eh? -siguió jugando Séun. -Anda, mira quién fue a hablar. Tráete tú a Eva, ¿no? -con ese comentario, Erik pudo vislumbrar un pequeño sonrojo en el rostro del ojiverde. -¡No me jodas, tío! ¡Te mola mi hermana! -rio fuerte el rubio. -¿A mí? ¡Qué va! ¿Cómo me va a gustar Eva? -intentó refutar el moreno, pero ya era demasiado tarde. Ahora Erik no iba a dejarle en paz. -Sí, claro. ¡Después de darme la murga con Resa durante todo este tiempo, no creas que te vas a librar de mí, capullo! ¿Y desde cuando, eh? -continuó Erik con el interrogatorio. -¡Que te digo que no me gusta, pesado! Bueno, vamos a continuar con el entrenamiento… -¿No habías dicho que íbamos a dejarlo? -siguió Erik, viendo que había confundido a Séun en gran medida. -Es verdad… Huy, mira por dónde, tengo que bajar al pueblo a hacer unos recados, tío… -No me vas a engañar, ¡ya bajaste ayer! -dijo Erik, pero Séun ya corría con la intención de perderse entre los recovecos del castillo y llegar a su habitación por un camino alternativo. Se los conocía todos; al fin y al cabo, llevaba viviendo ahí desde pequeño. Cuando iba a llegar a la puerta, giró la cabeza sin parar de correr para ver si Erik le seguía, pero ahí cometió su error. El muchacho no estaba detrás de él, y él sabía llegar a su puerta de manera inconsciente, pero no se paró a pensar el hecho de que alguien podría estar ahí, por lo que cuando volvió a mirar era demasiado tarde. El muchacho se chocó con la persona que estaba abriendo la puerta, y cayeron los dos al suelo. Cuando Séun se recuperó del golpe, segundos después de frotarse la cabeza, pudo ver a Eva, completamente roja, bajo su cuerpo. Sus rostros estaban a milímetros del otro, y sus cuerpos habían quedado en una posición muy comprometida. Los dos respiraban pesadamente, Séun también se había puesto rojo del todo, podía ver como los ojos de Eva, habitualmente fríos como el hielo, reflejaban los suyos de manera cálida. Parecía que los dos iban a lanzarse cuando de repente Eva volvió a la realidad al ver que Resa llegaba por el pasillo.
-Vaya, vaya, me dices que te vas a adelantar para hacer una cosa en la habitación… pero ya veo que ni te ha dado tiempo a entrar, ¿eh? -dijo Resa, guiñándole un ojo a Séun. El moreno se puso colorado y rápidamente se levantaron, cada uno por su lado, y entraron atropelladamente a la habitación, seguidos de Resa. -No te confundas, Res -zanjó Eva, molesta- todo ha sido un simple malentendido. Nada más. ¿Verdad, Séun? -Por supuesto, señora -replicó él, picando como de costumbre. -En fin… si vosotros lo decís, tortolitos… -terminó Resa, poniendo especial énfasis a su última palabra. -Anda, Res, no seas así. Séun, ¿podrías salir un momento? Tenemos que hablar de cosas de chicas. -Pero me estoy escapando de Erik y… -¡Sin peros! -acabó Resa, empujando fuera al chico, que aunque bien se podía haber resistido y quedado, decidió dejarlas hablar. Ahora debería buscarse otro escondite.
Mientras tanto, Erik ya se había cansado de buscar a Séun. El chico, aunque tenaz, sabía reconocer cuándo algún esfuerzo era inútil, y en lo referente a conocimiento del castillo, a Séun no había quien le ganara, por lo que se dijo que a lo mejor sí que se debería tomar el día libre. Pero otra idea le había cruzado la cabeza, de fugaz manera, y cuanto más la perfilaba, más atractiva le parecía. Fue por eso por lo que decidió ir al cuarto de sus padres. El rubio recordó cómo la gente vitoreaba a su padre al verle en su forma de dragón, pero no era por eso. El muchacho quería aprender a transformarse, a volar y a echar fuego para poder ayudar, si era incapaz de progresar en su entrenamiento como parecía evidente. Cuando iba a entrar, sin embargo, pudo oír vagamente las voces de sus padres. -No. No puedes pedirme que le quite eso, serpiente. -Sí, dragón. Ya sabes que ella quiere… -pero Erik no pudo oír más. La voz que acababa de sonar al otro lado de la puerta era la de Christian, y probablemente se habría percatado de una presencia extraña, por lo que pasó la conversación a nivel mental, frustrando al joven, que ya no tenía motivos para permanecer oculto.
En aquel momento entró a la habitación, y Jack le sonrió débilmente, mientras Christian permanecía con los ojos cerrados tumbado sobre la cama individual. -Ah, Erik. ¿Pasa algo, hijo? -preguntó el padre. Erik comprendió al instante que algo iba mal, pues su padre no transmitía la jovialidad de siempre. -¿Te pasa algo, papá? -inquirió el joven -Estás blanco. -No es nada, hijo. Es sólo que la comida no me ha sentado nada bien… -No es eso, dragón, es que comes como un cerdo. Bueno, a lo que tu especie se asemeja -se burló Christian, poniendo una media sonrisa. -Anda, habló aquí, el que se atiborró nada más llegar al comedor. -Sí, pero yo estoy bien, y lo sabes -continuaron su disputa. Erik suspiró, no tenían remedio. -En fin, ¿querías algo, hijo? -Pues la verdad es que sí. Quiero… que me ayudes a convertirme en dragón -sentenció el muchacho. Ahora sí, la cara de Jack se puso blanca como la cera, y Christian abrió los ojos. Ciertamente, no habían estado esperando aquella petición. De hecho, la esperaban más tarde. -Pero, hijo… Así, tan de repente… ¿Por qué? -Papá, creí que te gustaría. -No, si estoy muy contento, pero ¿por qué ahora? -Verás… es que… -Christian entendió el mensaje y salió de la habitación -mi entrenamiento no ha valido de nada. Sigo como el primer día. -Ya me he fijado… y no entiendo por qué, de verdad… -Precisamente por eso, quiero ser útil. Y si me transformo en dragón podré servir mejor a la batalla, ¿verdad? Por fin tendré una oportunidad de batallar -terminó. Jack quedó meditabundo. Su hijo tenía mucha razón, y él habría hecho lo mismo. Sin embargo… -Verás, Erik, no es tan simple. Los sheks híbridos, según me ha contado Kirtash, pueden alcanzar su otra forma mediante entrenamiento. Pero como para nosotros, los dragones, las emociones suponen más poder, debemos exponernos a algo muy fuerte, chocante. Ya te he contado mi historia, ¿no? -Sí. Te transformaste tras ver el esqueleto de tu madre dragón, papá; si no recuerdo mal. -Exacto. Por eso, no puedo ayudarte… aunque además, no sé si la emoción puede ser buena. A lo mejor mediante amor, funcionaría… -dijo, guiñándole un ojo a su hijo- y se de cierta semiceleste que… -Dioses, ¿por qué todos estáis así de pesados con el tema? -rio Erik. -Pues porque es evidente, hijo. Ya te lo he dicho, se te nota a kilómetros. Lo que no entiendo es por qué Resa no te ha dicho todavía si siente algo por ti o no… -¿A qué te refieres, papá? -preguntó Erik. -Verás, dragoncito -a Jack le había salido la palabra sin pensar, como por instinto -los celestes tienen una habilidad muy especial. Pueden conocer los sentimientos de los demás -la expresión de Erik se ensombreció al instante. Si eso era verdad, entonces no le gustaba a Resa, o ya estarían juntos desde hacía mucho tiempo. -Sin embargo -siguió Jack, al ver a su hijo así -no conozco las capacidades de semicelestes, pero por lo que Shail me ha contado, no es igual que para los celestes. Así que no te preocupes, hijo. A lo mejor sólo necesita tiempo para pensar. -Eso espero, papá, eso espero… -dijo Erik, saliendo de la habitación de nuevo y yendo a buscar a Séun, que estaba en la puerta de la habitación, esperando a que las chicas terminaran de hablar de lo que sea que estuvieran chismorreando. El muchacho miró por la ventana. El atardecer en Idhún era ciertamente bello, y estaba a punto de ser la puesta de sol, o en este caso, de soles. Bien. Quería llevar a Erik a los barracones para que conociera a los demás guardias, y esta vez no se le iban a escapar. Por lo menos, ya no iba a prestar más atención a las recomendaciones de Victoria acerca de sus hijos, estaba siendo demasiado sobreprotectora en todos los sentidos. En aquel momento, un puño golpeó su hombro cariñosamente. -Qué, tío, ¿te han vuelto a encerrar fuera? -preguntó el rubio. -Y que lo digas, tío… Que pesadas que son nuestras chicas, ¿eh? -¿Nuestras chicas? Qué raro suena eso, ¿no? -Ya… pero teniendo en cuenta la situación en la que estamos los dos con respecto a ellas, me parece lógico llamarlas de esa forma. -Tienes razón. Bueno, ¿qué vamos a hacer? -preguntó Erik, pero Séun ya lo arrastraba camino del pueblo.
En los barracones, los guerreros recibieron al dragón como "el Novato", pero le trataron muy bien, felices de tener a alguien con tanto potencial en sus filas. Cenaron todos juntos, se lo pasaron muy bien, e iban a seguir allí, pero ya era demasiado tarde. Tenían que volver rápido al castillo o cerrarían las puertas, y tendrían que dormir allí, pues esta vez Resa no les podría colar dentro usando su magia, dado que estaba con Eva. Los dos muchachos continuaron juntos hasta llegar a la bifurcación, se despidieron, y se dirigieron a su habitación. Con mucho cuidado de no hacer ruido, entró sigilosamente, se desvistió y se tumbó en su cama, pegada a la de Resa. Se colocó de espaldas a la pared, pero de repente, unos brazos le envolvieron. Aquella noche hacía frío, y como Erik pudo observar, el subconsciente de la semiceleste la había llevado a pegarse a la fuente de calor más próxima. Erik sonrió ampliamente, se giró, e hizo lo mismo. En aquel momento, era el chico más feliz de Idhún.
Pero no por mucho tiempo.