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Historia 120142 — capítulo 21
Los rayos del primer sol acariciaron la nariz de Resa a través de la ventana, provocando un leve cosquilleo en aquella zona del rostro de la muchacha. Sin embargo, no quería abrir los ojos, todavía no. Se encontraba muy cómoda y calentita, y no quería romper la sensación, de hecho quería quedarse un rato más en la cama. No abrió los ojos en ningún momento, y casi se vuelve a dormir, de no ser porque notó algo moverse entre sus brazos. En ese instante se dio cuenta de que algo iba mal y abrió los ojos rápidamente, sólo para encontrarse… un pecho con pectorales muy marcados que se elevaba y descendía levemente. Miró hacia arriba, y pudo ver el rostro de Erik, sonriente, con los ojos cerrados y aún en brazos de Morfeo. La muchacha no sabía cómo reaccionar. Se fue poniendo más y más roja, y acabó soltando un gritito, lo cual despertó al rubio, que se desperezó rápidamente. -¡Res! ¿Qué pasa? ¿Algo va mal? -preguntó el muchacho, aún sin comprender. -¡¿Qué… qué… qué hacíamos durmiendo así, de esa manera?! -trató de continuar ella, cuyo rostro había adquirido un color rojo tomate -¿Qué ha pasado? ¡¿Y QUÉ HACES MEDIO DESNUDO?! -se exasperó la chica. En aquel momento, Erik lo recordó todo. Cuando se había metido en la cama, Resa le había abrazado por detrás, dormida. Y el muchacho no había tardado en dormirse tras ello. -¡Explícate, Erik! -ordenó. Parecía enfadada, pero lo cierto era que sólo estaba asustada. Pero a Erik le había sonado muy despectivo. Le pareció que la chica lo consideraba un pervertido, o algo por el estilo. Y, después del chorro de agua fría que supuso el día de entrenamiento anterior, y de descubrir que no había avanzado nada, estaba algo enfadado. Por ello, no reaccionó como hubiera querido. -¡Fuiste tú la que me abrazaste, joder! ¡Así que cálmate! -soltó con su tono de voz más grave.
En aquel momento, la chica se puso todavía más roja. No sólo estaba avergonzada por la situación, pero además le había acusado injustamente. ¿Cómo había podido pensar eso de él, de su mejor amigo? Ahora que lo veía todo más claro, no entendía cómo podía haber sido tan canalla. A lo mejor estaba exagerando, pero probablemente era su parte celeste, que no podía soportar. -Erik… yo… siento haberte gritado y… -Olvídalo. Me voy a entrenar con Séun -musitó el chico, tratando de ser conciliador, aunque su voz hubiera sonado igual de áspera que papel de lija. Resa desvió la mirada, disgustada. Últimamente, Erik pasaba casi todo el día con Séun, y aunque le viera todos los días, estaba empezando a echar de menos al Erik despreocupado de siempre, más que a esta máquina de entrenar. La chica sacudió la cabeza, viendo que se había quedado sola una vez más. ¿Por qué ahora? Era verdad lo que todo el mundo decía, que no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde. De nuevo, la semiceleste volvió a suspirar, nostálgica. Sí, lo acababa de comprobar. De verdad se había enamorado de Erik. Pero de su Erik, no del nuevo. El Erik que con tanto cariño la trataba. El Erik que se ponía rojo junto a ella. El Erik que, por la noche, la había abrazado, ofreciéndole su calor ante la fría noche. La chica sintió algo en la garganta, y cuando salió de la habitación, no tenía muy buena cara. Al doblar la esquina, Markash la sorprendió. -Resa -musitó el shek, que con una simple mirada ya podía saber que algo iba mal -¿qué te ocurre? -Nada importante -respondió, amargamente -muchas gracias por preocuparte, Markash, pero ahora… -Espera. ¿Por qué no me lo cuentas? -inquirió el shek. -Dudo que te interese… -Sí me interesa. Una criatura con un alma tan bella como la tuya no debería sufrir así. Y además… la verdad es que… estoy algo preocupado por ti -dijo el híbrido, tranquilamente, como si de verdad le diera exactamente lo mismo. La chica suspiró, y fueron a una de las partes externas del castillo. Llegaron a la cima de la muralla del segundo piso, que era una especie de terraza que conectaba con la puerta principal. Allí Resa se sentó junto al shek y comenzaron a hablar.
Unas plantas más abajo, Erik y Séun daban los últimos espadazos de su sesión. -Bueno, ¡ya estamos listos, tío! ¡Ahora, al torneo! -dijo el moreno, totalmente entusiasmado. -Vamos, tío. Las inscripciones ya deberían de estar abiertas -dijo el rubio, tratando de ocultar que estaba algo preocupado, ¿quizás menos de lo que había esperado?, por la pequeña pelea que había tenido con su semiceleste. Repasó las dos frases que le dijo, y las dos se las había dicho en un tono seco, cortante, impropio de él. Vale, estaba frustrado por su poco progreso, pero eso no le daba derecho a hablar así a su mejor amiga. Fue entonces cuando la voz de Séun lo devolvió a la realidad. -Tío, ¡vamos! O vienes o te cierro, cómo estas hoy de espeso, eh -fueron sus palabras. -Tienes razón, vámonos ya. El torneo empieza al mediodía, y no hay tiempo que perder -apremió el rubio, cerrando la puerta tras de sí. Antes de partir, Séun le comentó a Erik que tenían que llevar sus propias espadas, por lo que Erik fue a la armería del pueblo y compró una espada de acero para participar. Tras aquello, retomaron el camino hacia la arena, para inscribirse en el gran evento de Vannissar. Por el camino, Erik se fijó en que la ciudad estaba completamente decorada. Parecía que aquella festividad era muy importante, porque si no, Alsan no la habría organizado debido a la situación de guerra que se estaba viviendo en los últimos tiempos. Los dos muchachos se encontraron en aquel momento con las dos enfermeras del castillo, a las que saludaron, haciéndolas enrojecer.
Mientras tanto, en el castillo, Resa seguía hablando, con un Markash conciliador a su lado. Parecía que, una vez dicho, era más grave de lo que creía. A la chica le rodaban dos lágrimas por las mejillas. "Celestes. Son demasiado sensibles para su bien" pensó el shek, mientras la escuchaba. -…y es que ya no es el mismo de siempre, parece que está obsesionado con esta guerra, y ya no hace ademán de querer pasar tiempo conmigo, y me siento desplazada, porque puedo entender que haya trabado una amistad con Séun, pero no por eso se deja de lado a los amigos, y además es que… -Te gusta el dragón -terminó el muchacho, casi escupiendo las palabras. La muchacha estaba muy confundida. ¿Por qué justo ahora? Volvió a enterrar la cabeza entre las rodillas. -Criatura, escúchame. Levanta la cabeza. Ese dragón -volvió a escupir la palabra -no tiene ningún derecho a hacerte sufrir. Tal vez el que se ha pasado con lo de esta mañana ha sido él. Debes observar las cosas desde otro punto de vista. No te preocupes más, si te quiere, aunque sólo sea como amiga -"aunque lo dudo" pensó -volverá a querer pasar tiempo contigo. -¿De verdad lo crees? -Por supuesto. Ahora, vamos a ver al torneo. Y llama a Lune, quiero verla luchar.
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Unas horas más tarde, los participantes ya se encontraban dispuestos a luchar en las preliminares del torneo. Erik pudo comprobar que era mucho más fácil luchar con los soldados que con su padre, pues su estilo era muy similar al de las armaduras del castillo, por lo que a duras penas, fue capaz de clasificarse para la fase final, en la que sabía que iba a caer, puesto que Séun también participaba y era el espadachín más hábil de Kyannaris. No pudo ver a Eva, puesto que estaban inscritos en ramas diferentes debido al sorteo previo a los combates a puerta cerrada, y ni siquiera sabía si participaba o no, por ello, cuando llegó el descanso de treinta minutos antes de las finales, el rubio se dedicó a discutir los combates con su mejor amigo. -No lo has hecho mal, tío, pero aún te falta mucha práctica. Pero aun así, felicidades -le animó el moreno, a su manera. -Ya… supongo que ha sido gracias a mi vitalidad de dragón por lo que he podido aguantar hasta aquí. Y ya nos veremos la cara en las finales, ¿no? -No lo dudes. Pero vas a perder contra mí. -Ni soñarlo, tío -rio Erik, aun sabiendo que era verdad -no creas que te lo voy a poner fácil. -Pero si contra ti todo son facilidades. -¡Eh! ¿Qué has querido decir con eso? -dijo Erik. Iba a seguir quejándose pero apareció Resa junto a Markash. Erik entrecerró los ojos. Sabía que Resa se había hecho bastante cercana al líder de los sheks en los últimos meses, y no le hizo ninguna gracia verla tan pegada a él, riéndose mientras el muchacho de pelo oscuro esbozaba medias sonrisas. Además recordó la pelea de aquella misma mañana, por lo que no tenía ganas de hablar con ella en aquel momento. -Vámonos, tío. -¡No puede ser! ¿Erik, el enamorado, rehuyendo la compañía de su amada? -Séun se había puesto en plan poético. -Ja. Ja. Ja. Muy gracioso -dijo con sarcasmo, aunque le había sacado una sonrisita -Pero en serio, tío… -No me fastidies. ¿Otra vez te has peleado con ella? -Sí, tío… no sé si el que pase tanto tiempo con ese shek me está afectando o algo así… -Y, ¿qué pasó esta mañana? -inquirió el muchacho moreno, tratando de ganar tiempo para que Erik siguiera hablando y la semiceleste llegara junto a ellos. -Pues… prefiero no hablar del tema -aclaró el rubio. -Vamos, tío, ya sabes que me puedes contar lo que sea. -Va, de acuerdo, pero después… -dijo el rubio, y se levantó para volver al edificio, seguido del moreno, para curarse las heridas en la enfermería. Ver la expresión en la cara de Erik al verla fue un mazazo para la pobre Resa, a punto de volver a derrumbarse. ¿De verdad estaba tan enfadado con ella? Él jamás había dejado de hablarla por menos de treinta segundos seguidos, eran muy buenos amigos al fin y al cabo, y los dos disfrutaban con la presencia del otro. Pero ahora… se estaba estropeando todo. Markash pudo sentir su tristeza, y le levantó la cabeza usando el dedo índice bajo su barbilla. -No sufras. Si el dragón es listo, se le pasará, y si no, tendré que… hacerle unas preguntas -concluyó, con una sonrisa. -Markash… Yo… muchas gracias… -No me las des, criatura -respondió. -Sólo una cosa más… ¿puedo llamarte Mark? Me hace sentirte más cercano. -No es más que un nombre, así que por supuesto -dijo, repitiendo lo que le había dicho Christian a Victoria hacía ya tantos años. -De acuerdo… -dijo ella con una sonrisa, dirigiéndose a la grada seguida de su misterioso acompañante, del que todo el pueblo estaba comentando cosas. Habían sentido su poder, sabían que no era humano del todo, pero les impresionaba saber que alguien tan poderoso estaba al servicio de su causa.
Mientras, en la enfermería, Dana y Ahlie cuidaban las heridas de sus guerreros favoritos, mientras ellos, ajenos a su disfrute, continuaban charlando. -¿Me vas a decir ahora lo que te pasa? -volvió a inquirir Séun por enésima vez, abandonando la habitación, seguido del moreno. -De acuerdo -dijo él, sentándose en un banco, seguido de su amigo. -El caso es que, ayer por la noche, cuando volvimos tarde, me metí en la cama como siempre, en ropa interior. Iba a dormirme, pero en ese momento Res -"vamos mejorando… ya usa su mote" pensó Séun -me abrazó por detrás. -¡Pero si dormís en camas separadas! -Sí, pero las juntamos para charlar. -Sí, y por lo que veo, para otras cosas aquella noche, ¿no? -rió el moreno, ganándose una colleja amistosa del ruborizado dragón. -¡NO! ¡Claro que no! El caso fue que Resa, dormida, se abrazó a mí, porque desprendo calor por mi… condición especial. Y yo la abracé a ella. -Pillín. -¿Me vas a dejar terminar? -siguió Erik, divertido -A la mañana siguiente, como estaba casi desnudo y estaba en mis brazos -"vaya, que bien suena" pensó mientras hablaba -se sobresaltó, y empezó a insinuar que si había algo hecho con ella, y siguió gritándome. Y yo, como estaba frustrado por los entrenamientos me cansé y… -Le gritaste tú a ella, ¿no? -Exacto. Y luego, cuando se disculpó, la volví a herir, otra vez. Pero esta vez no es como en la Tierra -se paró al ver la expresión interrogante de su amigo -fue una situación parecida, ella vino a consolarme… pero no es el caso. Lo que pasa es que esta vez, no me siento tan mal… y no sé por qué. -Pues a mí me parece que está muy claro. Pasa bastante tiempo con la serpiente. -Sí, será eso. Pero ya lo aclararé todo con ella esta noche. -Y más te vale, mañana es el gran baile. -¿Qué baile? -¡El baile de Vannissar, tío! Todos los chicos tienen por costumbre invitar a una chica… yo por lo general paso de esos rollos, pero este año… -Se lo pedirás a Eva. -Eso intentaré. Y tú deberías planteártelo. -Pues… no sé… -Tío, como no hagas algo pronto, no va a caer en tus brazos por arte de magia. -Tienes toda la razón.
En aquel momento alguien gritó que todos los finalistas salieran a la arena para su presentación al público, y los muchachos siguieron al pequeño grupo de seis que se había formado. Los ocho finalistas del ala Este salieron a la arena, sólo para ser recibidos por un público atronador…
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Espero que os haya gustado, comentadme vuestras opiniones, sobre todo sobre las parejas... tengo mucho interés por saber qué opináis de cada personaje, en serio. Os lo agradecería mucho. ¡Un saludo! ;)