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Historia 120142 — capítulo 22
Y he aquí, finalmente, los primeros links con música! Espero que ayude a amenizar la lectura, ya me diréis qué tal ^^. Recordad, abrid los dos links en una nueva pestaña. Cuando veáis "(P1)" dadle al play al primero, cuando veáis "(/P1)" le dais a stop, y así con los demás "(P2) (/P2)"… etc.
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Y sin más dilación, a disfrutar del capítulo 22 :D
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(P1)
Lo primero que oyó Erik al salir al escenario de la arena fue el intenso clamor del público, del que Séun parecía disfrutar, saludando a toda la gente de Vannissar. Pronto, con una sonrisa, empezó a hacer lo mismo, mientras se fijaba en los combatientes que entraban justo por el otro lado y avanzaban hacia su posición. Pudo ver los fríos ojos de su hermana clavarse en los suyos marrones, cada uno dirigiéndole una media sonrisa al otro. Séun conocía a todos los combatientes, no en vano había estado en el ejército desde que era un niño. Era el orgullo de Kyannaris, todos los soldados estaban muy contentos con sus avances. Después de Alsan, con su nueva espada legendaria se había convertido en el miembro más fuerte y fiero de toda la causa. Al fin y al cabo no tenía nada más por lo que luchar en la vida. El niño prodigio había participado en todos los torneos, y en los últimos tres años había permanecido imbatido. Nadie esperaba que fuera a ser distinto desde el momento en que lo vieron entrar a la arena. Erik miró hacia los lados, buscando a su familia. Pudo ver a Jack, Victoria y Christian junto a Alsan y Kimara, después creyó adivinar las formas de Shail y Zaisei ocultas entre la multitud. Por último, en primera fila… ahí estaban Resa y Markash. Erik entrecerró los ojos de nuevo. Aquello le estaba empezando a molestar de verdad. Sus pensamientos fueron sacudidos por la voz de Alsan, con un hechizo amplificador que Shail había puesto en el rey, que duraría hasta el final del torneo. -¡Luchadores y guerreros de Vannissar! ¡Un año más, volvemos a participar en este evento deportivo, en el cual deberéis mostrar al pueblo de Vanis vuestras habilidades como combatientes! ¡Esperamos deportividad y juego limpio, y recordad, el asesinato está prohibido, así como los golpes mortales! Una vez dicho esto, ¡que los dioses estén con vosotros! -el monarca dio por concluido el pequeño discurso anual, y todo el público clamó el nombre de la ciudad a los cuatro vientos. Una vez hecho esto, se procedió al sorteo. (/P1)
Había dieciséis participantes, ocho del ala Este, y ocho del ala Oeste. Entre los participantes del ala Este se encontraban Erik y Séun, y Eva estaba en la Oeste. Cada uno sacó una bola con un número, los que sacaran números consecutivos lucharían juntos, en el orden 1 y 2, 3 y 4, y así sucesivamente. El primero en sacar una bola fue uno de los guardias que Erik había conocido la noche anterior, y sacó el número 9. Eva sacó el número 10, y Erik sacó el 12. Séun, por su parte, sacó el número 4. Diferentes guerreros fueron sacando sus respectivas bolas. Erik miró a la tabla, en la que se habían apuntado los nombres. Si ganaba a su rival, Eva sería su contrincante… y tendría que ganarla para poder luchar con Séun. Decidido, se fue a sentar al banquillo del ala Este, a la espera de su combate, pues estos seguían el orden numérico. Primero el 1 y 2, luego el 3 contra el 4… Una vez el primer combate hubo terminado, tras quince minutos más o menos, el público vitoreó al vencedor y al vencido, que salieron juntos a la enfermería para recuperarse. Tras aquel combate, le tocó el turno a Séun. -Deséame suerte, dragoncito -le guiñó un ojo a Erik, quién le replicó, cansado: -Sabes que vas a ganar igual. -¡Por supuesto! -Creído -rio el rubio mientras presenció la salida del moreno, y el brutal clamor de las gentes de Vannissar cuando desenfundó su espada. Un grupo de chicas intentaba atraer su atención, tratando de que después de aquello se les acercara, pero el chico era impasible y se centraba sólo en su oponente. -Bueno, chico, ¡no creas que me voy a contener! -¡Y no lo espero, Zaik! ¡Vamos! -dijo, abalanzándose sobre él. Fue una lucha breve, pero intensa. Séun avasallaba a su rival, mientras Erik observaba el auténtico nivel de su compañero en la batalla con la boca abierta. ¡Menudos movimientos! ¡Qué rapidez y qué potencia! Tajos por aquí, por allá, chispas que saltaban al contacto de los aceros… en un abrir y cerrar de ojos, Zaik se encontró en el suelo con la espada de Séun apuntándole al cuello. -¡Parece que yo gano! -dijo alegremente, y le tendió una mano para levantarse. Alsan, orgulloso, proclamó a Séun vencedor, y envió al vencido a la enfermería. El moreno, por su parte, no había sufrido daños, y se volvió al banquillo ante un boquiabierto Erik. -Eh, tío, te cuelga la mandíbula. ¿Tan impresionante soy? -rio él, bromista. -Dioses… ¿Cuándo me vas a enseñar esas fintas? -Paciencia, Dragoncito, paciencia -terminó, sentándose a su lado.
Así las rondas fueron pasando, hasta que llegó el turno de Eva, que luchó a un nivel bastante básico, tranquilizando a Erik, pues no era mejor que él. O eso creía, pues la petición de Markash había sido clara. Eva se limitó a seguir los movimientos de su adversario y aprovechar la primera abertura que encontró, en un lento movimiento. Aquella lucha duró unos seis minutos. El próximo era el rival de Erik. -A por él, tío. ¡Que tienes que ganar a éste y a tu hermana para destronarme! -dijo, con un cierto tono de ironía. -Ni soñando te gano. Pero gracias -y se limitó a caminar al centro de la arena, al encuentro con su rival, de nombre Nitun. Erik se vio enzarzado en una difícil pelea, no en vano su rival era finalista del torneo. Sus movimientos eran bastante rápidos, pero se limitó a seguir sus entrenamientos con Séun. El combate no estaba igualado, al igual que Eva, él también retrocedía ante su rival, intentando buscar un hueco desde donde desbaratar su ataque. Bloqueó una estocada vertical, y la horizontal la esquivó, fue entonces cuando el otro guerrero trató de aprovechar para dar un tajo circular, pero el rubio, con su agilidad natural, aprovechó la posición, para colocarse detrás de él y poner el filo tras su cuello, agotado. La victoria era suya. Alsan proclamó la victoria del joven dragón, provocando los aplausos del público, y que el rubio levantara el puño y volviera a enfundar su espada. Después de aquel gesto, le dio la mano a su rival, y los dos se dirigieron a la enfermería, para curar las heridas del combate. Mientras, Resa se había alegrado mucho de que Erik hubiera ganado y decidió bajar a verle, decidida a disculparse por lo que había ocurrido. Mark le prometió guardar su sitio hasta que volviera.
Ya unos pisos más abajo, Erik ya había sido tratado con magia curativa, un tratamiento a corto plazo perfecto para el descanso del torneo. El muchacho pateó un poco el suelo, para comprobar la movilidad de su tobillo, que había resultado algo dañado debido a una mala colocación del mismo en la batalla, pero nada grave, ya estaba como nuevo. Se limitó a dirigirse a volver a la arena, sin embargo, en ese momento vio a Resa correr hacia él. La pelea de esta mañana y el haberla visto junto a Markash fueron las primeras sensaciones que volvieron a su cabeza, pero también recordó las palabras de su amigo y decidió esperar a que llegara junto a él. La chica, aliviada, ralentizó su paso, viendo que no tenía ninguna intención de volver a escabullirse. La chica llegó a su lado respirando pesadamente, aliviada de que esta vez no se hubiera ido. Erik todavía estaba algo resentido, pero aun así intentó ser cordial. -Res… ¿ocurre algo? -inquirió él, serio. Por toda respuesta la castaña lo abrazó, viendo que estaban solos. Erik no supo cómo reaccionar ante la súbita muestra de cariño de la muchacha, por lo que no pudo más que sonrojarse y pedirle que se separara (pues ya estaba notando algo que se revolvía furiosamente en la parte baja de su entrepierna), pero la muchacha no le hizo caso. -Erik… siento muchísimo todo esto… ya sé que esta mañana te culpé injustamente de algo… -Por eso no estoy enfadado -replicó el rubio. -Oh, menos mal… pero tengo que pedirte… -No, soy yo el que debe pedirte perdón, Res. Sé que estos meses te he dejado un poco de lado, pero compréndelo… si no puedo luchar, sólo soy un peso muerto. Y tú más que nadie sabes que es lo último que quiero ser: una carga -dijo él, de golpe -Así que no quiero que te pongas triste por nada, ¿me oyes? Y sí, es verdad que estos días he estado un poco arisco contigo, pero no es por eso… -¿Y entonces por qué, Erik? -Tú deberías saberlo mejor que nadie. Pero, en fin, yo me marcho. Deséame suerte -cortó él, áspero de nuevo, y arrepentido del tono de sus palabras; dejando a una Resa meditabunda, que no parecía haberse percatado del corte verbal. "¿Qué podrá ser…?" no cesaba de preguntarse mientras volvía arriba, a ver los demás combates.
Una hora después, la segunda ronda había comenzado. Séun despachó, de nuevo sin problemas, a su rival, y se dispuso a volver al banquillo, chocando manos con Erik, a quien animaba para su combate. Los combates continuaron avanzando, y entonces fue cuando llegó el turno del joven dragón, cuyo contrincante no era nada más y nada menos que… -Eva -musitó Erik, al verla delante de él, mirándole con aquellos ojos tan fríos como el hielo que tenía -¿preparada para perder? -Creo que te vas a llevar una pequeña sorpresa, hermanito -dijo ella, con una mueca de satisfacción, mientras Alsan volvía a presentarlos al público, provocando sus aplausos. Unos momentos después, el juez ya se hallaba en disposición de dar por iniciado el combate, y, una vez hubo bajado los brazos, los dos hermanos se lanzaron a por el otro con ferocidad, ante la preocupada mirada de la Tríada. ¿Qué pasaría si sucumbían al odio? Puede que el amor fraternal lo impidiera pero… ellos eran únicos.
(P2)
Eva fue, por supuesto, la primera en reaccionar, descargando un tajo vertical contra su hermano, que ya se hallaba en posición de defensa, pero logró desequilibrarle, aprovechando para hacer volar su espada en dirección al costado de su oponente, mientras el rubio pudo bloquearlo a duras penas, haciéndose daño en la mano. En aquel momento, Erik se agachó para recuperar el equilibrio, y se impulsó, haciendo retroceder un poco a su hermana. Los dos continuaron intercambiando tajos y haciendo danzar sus filos. Un ataque lateral coordinado con un tajo circular, hasta el punto de lanzar estocadas hacia delante. Aquella lucha se estaba empezando a calentar de verdad. Durante el inicio del combate, Erik parecía llevar la delantera. Realizaba los combos que había ensayado con Séun los dos últimos días, y al estar absorto en la pelea, no se dio cuenta de que Victoria le estaba mirando con una expresión agravada en la mirada. Erik seguía asestando estocadas hacia el filo de Eva, pero la híbrida shek parecía aguantar sin ningún problema. En aquel momento Erik aprovechó para descargar un tajo diagonal con toda la fuerza de la que fue capaz, pero fue contrarrestado por el filo de su hermana, que, de nuevo, se interpuso en su camino. En aquel momento, Markash decidió que el joven dragón ya había disfrutado lo suficiente. "Ahora, enséñanos a todos… los frutos del entrenamiento intensivo que has seguido conmigo, Lune". Eva asintió, desconcertando a Erik, y dejó de analizar los movimientos de su rival para pasar a la ofensiva. Eso pilló a Erik desprevenido, que no podía defenderse, puesto que su hermana estaba lanzando una serie de elegantes tajos alternando entre todas las direcciones posibles con una agilidad felina impropia de un humano corriente. Pero, a diferencia de su hermana, Erik era incapaz de defenderse del mandoble de su hermana. Podía desviar el filo, que no iba destinado a ningún punto vital, sino a sus articulaciones. Así, el filo pasó por la mejilla y el hombro de Erik, dejando un feo corte, al igual que en sus piernas y su torso. El rubio estaba agotando su energía en la defensa, pero su hermana era fría e implacable como el hielo, y no tardó demasiado en dejarle totalmente agotado. A partir de este punto, Erik apenas podía mantener su defensas en pie, mientras que la shek parecía estar aburriéndose con el combate, como se reflejaba en su expresión.
Mientras tanto, arriba, en las gradas, Resa estaba preocupada por su dragón "¿Realmente he pensado mi dragón?" se preguntó, mientras observaba la pelea con cara de desesperación. El rictus en la cara de Erik no indicaba nada bueno, y Markash lo sabía, por lo que su sonrisa se extendió todavía más. Humillar a un dragón era un placer, uno que todavía no había catado, pero que era dulce al paladar. Mientras tanto, Victoria y Jack discutían acaloradamente con Christian. -¡Teníamos un trato, serpiente! ¡Y tú lo has incumplido! -Jack, yo no le he enseñado nada de eso a mi hija. De hecho, yo he seguido el plan desde el principio. Pero se me ocurre quién ha podido entrenarla… -dijo, mirando de reojo a la grada donde el hijo de Shizuko disfrutaba con el espectáculo, mientras Victoria continuaba exigiendo explicaciones.
En aquel momento, Markash se cansó de observar aquello, indicando a Eva que acabara ya con aquel combate, a lo que la chica aceptó, encantada. Descargó un combo de diez golpes, pero algo fue diferente: el odio, aquel odio, la anegó completamente, y los tajos fueron a parar a puntos en los que Erik ya había sido golpeado, entre ellos, la cicatriz que Erik tenía del combate con la armadura. Esto hizo que el muchacho aullara de dolor, dejando caer la espada y sujetándose el hombro, cayendo él mismo de rodillas mientras Eva le apuntaba con la espada. El dragón miró con odio a su hermana, y después a Markash, que cerró los ojos y sonrió, complacido. Tenía que aceptar la realidad. El combate había terminado, y estaba claro que Eva había ganado por una superioridad aplastante.
"Estoy a años luz de ella" -fue lo último que pudo pensar antes de perder el conocimiento debido al intenso dolor en su hombro. -¡ERIK! -gritó Jack, preparado para transformarse y bajar a ayudarle, pero fue retenido por Christian, pues las enfermeras estaban en su camino. Sin embargo, Jack se cansó de aquello, y agarró a Christian por los cuellos de la camisa, su fuego llameando como nunca lo había hecho. -Te juro que esta me la vas a pagar, serpiente. Mientras, Victoria se tapaba la cara con las manos, horrorizada. Aquello no podía estar pasando: sus propios hijos parecían capaces de luchar a muerte si se les presentaba la ocasión.
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Me gustaría dedicar este capítulo en especial a willow of ink, por sus muchos comentarios, y a Little Angels, cuya crítica sobre las conversaciones hará mi historia más legible. Y a todos vosotros, mis lectores y lectoras, también. ¡Un abrazo! Que no os de pereza comentar e.e