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Historia 120142 — capítulo 23
Perdon por la tardanzaaaaa! Aquí tenéis el capítulo 23 de Memorias de Idhún IV... espero que lo disfrutéis!!!! Antes de que acabe el puente de carnavales, trataré de subir el 24 y el 25... así que trabajaré como un chino, por vosotros xD Pero no os entretengo más. Aquí os dejo el link de música:
P1: http://www.youtube.com/watch?v=XDmtDrZs2pE
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Séun acompañaba a su amigo al lado de las camillas en la enfermería, pero tuvo que separarse de su lado al entrar, pues su combate era el próximo, y esta vez le tocaba enfrentarse al último rival del torneo. Eva había sido descalificada por el golpe que le había asestado a Erik en el hombro, haciendo que casi se desangrara por su antigua herida, que se había vuelto a abrir, por lo que era el último combate del torneo. La gente estuvo muy de acuerdo con su decisión, y a la vez algo decepcionados. Esperaban que Erik, el dragón, fuera más poderoso que Eva, que era una híbrida shek, desde que Alsan había presentado su condición en el torneo; al fin y al cabo, los dragones eran los ídolos de casi todas las razas inteligentes de Idhún, excepto de los szish. Todos estaban comentando la actuación de los hermanos, cuando Alsan dio por iniciado el combate final. Séun no tenía tiempo que perder, quería estar con su amigo en la enfermería. Miró a la grada: Resa ya no se encontraba allí, mientras que Markash no había hecho ademán de ver lo que hacía el dragón. El ojiverde entrecerró los ojos; estaba claro que, de una manera o de otra, le complacía el que le hubieran hecho daño. Mientras, su rival lanzó una estocada que no llegó a darle por los pelos, de hecho, le cortó un pequeño mechón. El moreno hizo un barrido con las piernas y aprovechó el impulso tras haber derribado a su rival para ponerse en pie antes que él, apuntarle con la espada al cuello, ayudarle a levantarse, y marcharse corriendo después de que Alsan le hubiera proclamado vencedor.
Mientras tanto, en la enfermería, el rubio seguía inconsciente, mientras le aplicaban hechizos de curación por todo el torso. Aunque las enfermeras estaban sonrojadas debido a contemplar su cuerpo torneado y tonificado, se concentraron en su trabajo. Una vez aplicaron los hechizos de curación, decidieron que era suficiente: el ritmo cardíaco se había estabilizado y había parado de sangrar, por lo que ya no había nada que temer, salvo que estaba extenuado y necesitaría mucho descanso, y cuidados constantes. Eva había sabido elegir bien los puntos del cuerpo a los que atacar, eso estaba claro. Durante la curación, Resa estaba sentada en uno de los bancos que hacían las veces de silla de sala de espera terrestre, con las manos enterradas en la cabeza. Trató de concentrarse y sintió el sentimiento de alivio de las enfermeras justo cuando Séun apareció corriendo. -¡¿Cómo está, Res?! -exclamó, una vez se hubo detenido. -Por lo que parece, ya está estable, Séun. Eso me ha parecido notar -dijo, conciliadora, aunque ella también estaba muy nerviosa por el dragón. En aquel momento, Dana salió de la enfermería, y les comunicó a Resa y Séun el estado de Erik, el mismo que Resa había pronosticado. En aquel momento llegó la Tríada, y Jack irrumpió en la habitación como una tromba, para encontrar a su hijo inconsciente, y volver a amenazar a la serpiente, hasta que Séun logró separalos. -Jack, Jack, tranquilízate. Erik está bien. Sólo debe reposar. -¿De verdad? -gruñó Jack, más aliviado, su fuego interior tornándose de una fiera tormenta a una cálida llama -Menos mal. Si le llega a pasar algo… no respondo de mis actos. Y eso va por ti, serpiente -volvió a dirigirse al otro marido de su mujer. -Jack, por última vez, Christian no ha tenido nada que ver con esto -le tranquilizó ella, nerviosa por igual. -¿Ah, no? Y entonces, ¿quién?
-Me parece que yo puedo responder a eso -dijo una voz proveniente de la entrada. -¡Tú! ¡Sabía que no debíamos confiar en ti! -rugió Jack cuando vio a Markash aparecer a su lado. -El caso es, querido dragón -escupió el querido dragón como si fuera un insulto - que la culpa no es para nada mía, y lo sabes. Si me dejaras hablar… tengo algo que decir que le gustará saber a tu hijo y a Lune -sonrió él, malévolamente. Christian y Victoria tragaron saliva, pero aun así trataron de mantener la compostura. -Markash, ¿qué insinúas? -inquirió el híbrido castaño, tratando de parecer pensativo. -Oh, no es nada. Cuando se haya despertado el dragón, lo revelaré todo. Hasta entonces… "no tratéis de buscarme para preguntarme nada" -las últimas palabras resonaron mientras un shek cruzaba el cielo en dirección al palacio, probablemente, a su habitación.
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Durante el período de tiempo en que esta conversación tuvo lugar, las enfermeras se ocuparon de trasladar a Erik a una parte del castillo que conectaba con el bosque de Awa, pues era mucho más sencillo ejecutar hechizos de curación con la foresta al lado, y tenían mejor efecto. Mientras lo transportaban en la camilla, Erik no era consciente de nada de lo que sucedía a su alrededor. Sin embargo, estaba despierto, pero en su subconsciente. Se encontraba cayendo en la completa oscuridad, sin un fondo aparente al que llegar, sin nada a su alrededor. De repente, abrió los ojos. -¿D… dónde… estoy…? -se dijo, mientras continuaba cayendo. Era extraño, parecía que estaba sumergido en el agua, dado que de su boca y nariz salían burbujas de aire, pero era capaz de respirar. En aquel momento, se despejó algo más, y decidió, de algún modo, que se había cansado de caer. Amodorrado, dio un volteo en el aire, sólo para encontrarse con que la gravedad disminuía, y terminó aterrizando suavemente sobre un suelo invisible. Seguía sin poder ver nada, aparte de su figura, pero de alguna manera sabía que estaba fuera de peligro. Se miró a sí mismo: todavía podía ver las heridas en su cuerpo, y aún goteaban sangre. "¿Qué puede estar pasando…? No lo entiendo, ¿estoy muerto?" En aquel momento, una voz pareció venir de todos los rincones del lugar.
-No, joven, no estás muerto. Me temo que aún tienes demasiado por hacer antes de poder descansar en paz -decía la voz, retumbando como un millar de truenos. -¿Qué es este sitio? ¡Explícamelo! -dijo el joven dragón, mirando hacia todos los sitios y tratando de escrutar el horizonte para localizar la procedencia de la voz. -Un esfuerzo inútil -sentenció la voz. -¿¡Qué quieres decir!? -exigió saber él. -Aquel que nada sabe, nada puede entender, hijo de Aldun… -Y supongo que yo aún no sé nada, ¿eh? -dijo él, cansado -Me estoy cansando de esto. ¡Sal para que te vea! -volvió a exigir Erik. -Oh, pero aunque quisieras verme, sólo encontrarías oscuridad aquí... Cumple tu destino si es que quieres saber todas las respuestas.
-… ¿Qué debo hacer? -quiso saber el rubio. -Encuentra las palabras de mis semejantes. Lo que sabes del destino no está completo… -dijo la voz, mientras aquel mundo comenzaba a distorsionarse. -¡No te vayas! ¡Ayúdame! -Encuentra las litografías… la voz de aquellos que son como yo…
En aquel momento, Erik volvió a caer, pero esta vez no era una caída calmada, como antes. El muchacho pensó que iba a morir allí y ahora. Sin embargo, una luz cálida lo envolvió, meciéndole en su blancura, haciendo que se sintiera protegido. El rubio volvió a cerrar los ojos, pero esta vez, pudo notar cómo se cerraban todas sus heridas mientras le invadía una energía que recorría cada célula de su cuerpo, renovándolo y acariciándolo. En ese momento, la luz se volvió demasiado brillante, y pasó a mostrar una parte oscura y tenebrosa. Entonces el chico se levantó de la camilla, respirando pesadamente. Miró a su alrededor: ya no estaba en aquella extraña dimensión, sino en una habitación cerrada. Mientras trataba de calmarse, las enfermeras le instaron a volver a tumbarse, pero sin embargo, Erik notó un cosquilleo en su hombro, y, de un tirón, se arrancó las vendas, horrorizando a todas las presentes primero, para adquirir una expresión de sorpresa después. De la antigua cicatriz y la herida no había ni rastro en su cuerpo, e igual pasaba con todas las partes de su cuerpo que habían sido heridas en el torneo. "Guau... Increíble…" sólo pudo pensar el muchacho, que se levantó, ignorando las advertencias de Dana.
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-¡Erik, vuelve a tumbarte! -replicó ella, cuando de repente, el rubio le dedicó una cálida sonrisa. -Gracias por curarme, pero me encuentro increíblemente bien. No pienso volver a la cama, y es mi última palabra -dijo él, cabezota como siempre, saliendo de la habitación, y apoyándose en la pared contigua a la puerta para pensar en lo ocurrido. Recordó cómo Eva le había humillado en el torneo, la mueca de Markash durante su combate… Aquel odio ancestral volvió a atacarle, pero en sus ojos, algo ocurrió: durante un instante, una chispa negra brilló en ellos. Él no lo notó, sin embargo, y se fue directamente a la habitación, aunque daba la sensación de que se le olvidaba algo. Cuando una de las criadas más jóvenes de Alsan enrojeció furiosamente, se le abrieron los ojos: ¡se le había olvidado pedir una camiseta! En el rostro del rubio apareció un rubor. "Tal vez debería haberme dejado las vendas… En fin, debería volver a la habitación rápido, antes de que alguien más me vea" pensó, aunque su cuerpo no era precisamente nada de lo que avergonzarse, más bien debería estar orgulloso de él. Una vez hubo llegado a la bifurcación, se encaminó hacia la puerta, cuando una furia homicida se apoderó de él. -Markash, sal ahora mismo de donde estés. -Vaya, vaya… parece que alguien ha desarrollado sus sentidos, ¿verdad? -se burló él, apareciendo de entre las sombras -¿Y no deberías ir vestido? -rio. -Muy gracioso, pero mi camiseta la destrozó Eva -gruñó, sarcástico, girándose. El shek miró extrañado a su cuerpo. -¿Cómo…? Tú deb… -Debería estar herido, lo sé. Pero, el caso es que no, y eso es un punto más a mi favor, por lo que parece. -Tú… ¿qué me estás ocultando, maldito dragón? -Si supiera de qué me hablas, no te lo contaría, créeme. Y puedes entrar en mi mente a fisgar, como siempre. No creo que encuentres nada de tu agrado -terminó, pero el heredero de los sheks ya había sondeado su mente en busca de una respuesta que comprobó que el muchacho no tenía.
-En fin. Nos veremos dentro de una hora, para el entrenamiento. Mientras, los demás estarán charlando con Alsan en la sala común del castillo. -¿Entrenamiento? -inquirió el joven rubio. -Sí, llevas durmiendo un día entero… aunque no sé de qué me sorprendo -terminó. El dragón ignoró la puya y pensó. Al día siguiente del torneo había… -Oh, mierda… ¡el baile! Hermanita, esta me la pagarás… -musitó el chico, entre dientes. -Tranquilízate, dragón. En vista de tu condición, Alsan lo ha aplazado hasta mañana. Aunque no sé ni por qué te lo cuento, debería ver cómo te desesperas… -pareció pensar un momento la respuesta, y dio con las palabras adecuadas. -Ah, ya lo entiendo, Erik. Me das pena. -¡¿QUÉ HAS DICHO!? -rugió Erik. -Sí. Eva te ha aplastado de una forma tan humillante… que ahora sí que me pareces un simple insecto. Pero en fin… hasta dentro de una hora -dijo, desapareciendo. -¡MARKASH! -exclamó el rubio, dispuesto a intentar enfrentarse a él, aún a sabiendas de que era inútil. "Maldita sea… Juro que lo mataré cuando termine esta guerra. Aunque rompa el pacto con los sheks, ese bastardo es mío" pensó, antes de continuar hacia su habitación. Una vez entró, se encontró con que no había nadie allí. "Así que Res no está aquí… bueno, a ver, una camiseta…" Miró dentro del armario, y por fin, encontró lo que buscaba. Se puso la camiseta, recogió su espada de acero, envainada al lado de su cama, y se dispuso a salir de la habitación, pensando en que su semiceleste había pensado en todo, trayéndole la espada a su habitación. Como esperaba, nadie estaba en la sala de entrenamientos, por lo que cogió su espada y activó una armadura de combate. Erik no esperó, sin embargo, a que la armadura abriera el combate: por instinto se abalanzó sobre ella, descargando su espada una vez, y otra, y otra… según iba lanzando ataques su fiereza iba en aumento, hasta el punto de que la armadura retrocedió un poco. Sin embargo, el ente mágico no se iba a rendir tan fácilmente, y lanzó varias estocadas dirigidas hacia el torso del muchacho. Aunque malamente, pues la defensa no era su fuerte, el muchacho consiguió bloquear tres de las cuatro, y justo cuando la última le iba a dar, su brazo pareció moverse por instinto y bloqueó el cuarto golpe. No sabía cómo había reaccionado, pero no iba a quejarse de ello, al fin y al cabo. Erik siguió intercambiando golpes e intercalando descansos con sesiones de entrenamiento suave, hasta que pasó una hora. En ese momento se abrió la puerta, y lo primero que se oyó fue un grito de horror.
-¡Erik! ¿Qué diablos haces? ¡Estás herido, vuelve a la enfermería! -fueron las palabras de Victoria, que corrió al auxilio de su hijo. Resa, que la seguía, se paró en seco, y se fijó en que el muchacho se movía como si nada hubiera ocurrido. "¿C… cómo puede ser…? ¡Estaba mal herido!" pensó ella, aunque por una parte se alegraba enormemente porque ya no había que temer por él. Victoria intentó apartar a su hijo de la armadura, pero fue incapaz. -Hijo, ¡deja de luchar ahora mismo! ¡No estás en condiciones de… -justo en aquel momento la armadura se giró hacia Victoria y descargó su espada, siendo bloqueada a tiempo por otro filo metálico que no pertenecía a Erik. -¡Eva! -siseó él, mientras detenía a la armadura.
En aquel momento el muchacho se giró, y vio que todos estaban en la sala, incluidos los magos que se suponía practicaban en otra diferente. -¿Qué hacéis todos aquí? -preguntó, pero entonces vio cómo Markash apareció entre la multitud, mientras cerraba los ojos y decía: -Me alegro de que estéis todos aquí. Hay algo que me gustaría deciros, más bien revelaros, que afecta tanto a Lune como al pequeño dragoncito indefenso que tenemos aquí -dijo, mientras todos los presentes empezaron a cuchichear. -Silencio -ordenó él, y a Erik le recordó a un jurado terrestre. -¿Mark? ¿Qué ocurre? -inquirió Resa, algo impaciente por conocer lo que el shek tenía que decir a todos los presentes.
-Muy bien. Como sabéis, Erik y Eva deberán luchar en la guerra, pero sólo si están preparados, pues ellos deben cumplir un papel en la nueva profecía. Para ello deben ser entrenados, si no, no podrán luchar. -¿A dónde quieres ir a parar, serpiente? -inquirió Erik.
-A por qué no has mejorado nada en este tiempo -sentenció Markash, comenzando a hablar…
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Ea, pos aquí acaba el capítulo de hoy… Tendréis que seguir leyendo para conocer la causa de la poca mejora de nuestro dragón :) Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios. ¡Ya hemos llegado a 28, y hasta hace poquísimo tiempo tenía 15! Me dais ánimos para seguir escribiendo, de verdad. Muchas gracias, otra vez!!!
Ah, se me olvidaba: comentadme vuestras opiniones sobre lo que podría estar ocurriendo en la historia, o lo que pensáis de los personajes: si os agradan o disgustan, si os identificáis con alguno…
Un saludo, y besos!
Zalitrix