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Historia 120142 — capítulo 24
Holaaaaa!!! Bueno, aquí tenéis el capítulo 24. ¡Espero que lo disfrutéis! No tiene links de música.
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-N…no… no puede ser… -musitó Erik, tratando de contener la rabia que le consumía por dentro.
-Pues es la verdad, *dragoncito.*Como has visto, tu amiguito también lo ha corroborado -sonreía Markash, divertido por su reacción, y curioso por ver cómo continuaría.
Erik tragó saliva por quinta vez, con sus sentimientos amenazando con desbordar su pecho. Si no hacía algo rápido, iba a estallar. Y la respuesta era evidente, debería desahogarse a espadazos. Pero no con su padre ni con Christian, no. Tampoco con Markash. Ahora mismo, sólo se fiaba de Séun, que era el que le había apoyado. Y así, el joven dragón salió de la habitación, precedido de Séun, dando un portazo con toda la fuerza de la que disponía. Mientras los dos jóvenes se encaminaban hacia los barracones, para entrenarse con los demás guerreros, Victoria enterró la cara en las manos, buscando consuelo en Christian.
-Relájate, criatura. Has hecho lo correcto, no tienes que atormentarte por nada -le dijo al oído. Sin embargo, en aquel momento, Jack no pudo aguantarlo más. Para la serpiente, parecía que lo único que importaba era su hija. El único que había tratado de ser neutral en situaciones críticas era él, y ya estaba cansado de que su hijo siempre perdiera por ello.
-¿Lo correcto? ¿¡Lo correcto!? Escúchame bien, serpiente… Si tu hija no hubiese llegado a ser entrenada por Markash, y Erik hubiera recibido el entrenamiento intensivo que busca, habiéndola humillado del mismo modo que ella durante el torneo, ¡estarías aquí, echándonoslo en cara a todos! -rugió él, provocando que más lágrimas desbordaran las mejillas de Victoria, por la manera en que había definido a Eva como la hija del shek, y no como suya también.
-Dragón, te aconsejo que te calles. ¿Es que no ves que estás hundiendo más a Victoria? ¿O tu limitado cerebro no lo puede comprender? -se levantó Christian, pero Victoria se le adelantó y se pegó a Jack.
-Cielo… por favor… déjalo ya… tienes razón, pero por favor… -suplicó ella.
-Esta vez no, Victoria. Ya he tragado mucho por consideración a tu relación con Christian… pero mi hijo no va a ser afectado por nada de lo que haga la serpiente… porque si no… no respondo de mis actos. ¿Lo entiendes? Por lo menos, ya que a él le has perdonado tantas cosas, perdóname ésta a mí, cielo -le dijo Jack. Entonces Victoria le dio un pequeño beso, haciendo que se le pasara un poco el enfado y viera las cosas con un poco más de claridad.
-De acuerdo… y ahora… continuemos con el entrenamiento. Me parece que Erik no va a volver hoy -suspiró Victoria, llamando a Resa y Shail, para salir de la habitación y continuar con el entrenamiento mágico, y salieron de la sala. Jack se dispuso a entrenar con Alsan, y Christian con Eva, quien no lo impidió, pues ya no tenía ningún motivo para hacerlo. Ahora sabía que su padre se emplearía a fondo. Markash, sin embargo, dejó de supervisar el entrenamiento: dejaría que Lune entrenara varios días con su padre antes de adquirir su tutela en combate.
Mientras tanto, los dos amigos salían del castillo, en dirección al pueblo. Séun le había estado animando, y el muchacho lo agradecía, pero ahora, debía recuperar el tiempo perdido. En aquellos momentos, las últimas personas a la que quería ver era a su madre, a Eva, y sobre todo, a esa maldita serpiente de Markash.
-Ya verás, tío -le decía su mejor amigo -vamos a entrenar como locos los dos. Aumentaremos las horas, recuperaremos el tiempo perdido, Erik -le decía él, sin mencionar su derrota frente a su hermana, para no molestarle todavía más.
-Muchas gracias, Séun. Ahora mismo, siento que ya no puedo confiar en mi madre, ni en Christian… De verdad, significa mucho, tío -le agradeció él.
-Ni lo menciones. Eres mi mejor amigo, y para eso están los amigos, ¿no? Ahora vamos, tortuga depresiva, que estamos yendo muy lento. Tengo, una idea, te echo una carrera… ¡que acaba de empezar ya! -gritó mientras se alejaba, perseguido del rubio, que reía a la vez que le llamaba tramposo.
Unos minutos más tarde, estaban en los barracones, cogieron sus espadas y comenzaron a entrenarse. Erik prefirió utilizar una armadura, pues quería descargar la rabia y no quería hacerle daño a Séun. Éste había dicho que era imposible, que bloquearía todo lo que le lanzara, pero Erik había insistido, y el moreno había accedido; al fin y al cabo era un favor que le podía conceder.
Mientras el joven dragón embestía a la armadura, le vino a la cabeza la media hora anterior, desde el momento en que Markash había entrado en la habitación.
-Flashback-
Markash había comenzado a hablar en el momento en que Eva había entrado en la sala.
-Bueno… vamos a ver… hay una razón, la cual es muy sencilla, por la cual, dragón, no has mejorado. Y si yo no hubiera entrenado a Lune, ella habría permanecido en el mismo nivel que tú. La verdad es que me extraña que Eva no se diera cuenta, pues ella es una shek, y cuenta con la misma agudeza mental que cualquiera de nosotros. Y créeme, para un shek es más que evidente lo que está pasando. Pero en fin, os voy a explicar…
-Markash… no, por favor… -suplicó Victoria, pero eso no tenía ningún efecto sobre él. A diferencia de Christian, él podía resistir los ojos del unicornio que dormía en ella. Iba a responder, pero Séun se le adelantó.
-Ni lo sueñes, Victoria. Si no lo cuenta él, lo diré yo. Son tus hijos, y merecen saberlo, especialmente él. O… ¿es que prefieres que sea… un peso muerto? -dijo, mirándola gravemente. Christian se levantó, no estaba dispuesto a tolerar la ofensa hacia su mujer. Jack lo entendía, entendía lo que estaba pasando, y no iba a posicionarse a favor de Victoria. Christian ya se había acercado al muchacho, dispuesto a penetrar en su mente, pero Erik se interpuso.
-Christian, no -le dijo.
-Apártate, Erik. Ese amigo tuyo va a aprender a respetar a una de las personas por las que hoy está aquí -dijo, refiriéndose a que sin la Tríada y los demás, los Seis habrían destruido Idhún. Pero Erik estaba cambiado.
-Christian. Hazle daño, y te juro que, por muy padre mío que seas, vas a vértelas conmigo -le replicó el muchacho, con una mirada mortal. Christian trató de introducirse en su mente, para manipularle y apartarle de su camino, pero, en aquel momento, en los ojos de Erik hubo un reflejo de oscuridad, que, por alguna razón, a su padrastro le resultaba extrañamente familiar. Sin saber por qué, retiró su conciencia de la mente del chico, y se volvió a sentar.
-Bien -continuó Markash- ahora que habéis terminado con esta escenita, es hora de retomar nuestra conversación. El caso es, que el motivo de la poca mejoría de Erik es evidente. Si recuerdo bien, en la tierra, concretamente en China y Japón, donde yo he vivido, hay un dicho. "No existe mal alumno, sólo mal profesor." Bastante… revelador, ¿no?
-¿Insinúas que mi padre y Christian no saben entrenar a otras personas? Porque, por lo que yo sé, Christian había entrenado personalmente a varios szish antes de pasarse al bando de los Seis, y con muy buenos resultados. Y mi padre tiene una academia de esgrima en Nueva York. Y de esa academia, varios han llegado a muy buen nivel.
-Como ya he dicho, patético intento de dragón -explicó Markash, provocando que Erik apretara los puños -ese dicho es bastante revelador, no del todo. Verás, si me dejas continuar, te lo explicaré. Y atiende tú también, Lune. Es muy sencillo, pero voy a dejar que lo adivines tú. Me gusta ver cómo te impacientas. Bien, empecemos con mi pequeño juego. Jack, ¿cuál fue la reacción de Victoria al escuchar la nueva profecía? ¿Qué dijo, exactamente? -inquirió el shek, sonriendo maliciosamente.
-Que no quería que lucharan. Que iba a impedir que sufrieran daño -respondió el dragón adulto, al segundo.
-Bien. Christian, ¿cuál fue la reacción de Victoria al pedirle entrenar a vuestros hijos para la guerra?
-Que no iba a permitir que participaran en la guerra -respondió Christian, tras meditarlo un poco.
-Muy bien. Ahora, Victoria -dijo, y entonces elevó y agravó el tono de voz -¿¡qué les mandaste hacer a Jack y a Christian, con tal de proteger a tus hijos de una batalla, que, sin ellos, habremos perdido sin remedio!? ¡Dilo! -terminó gritando Markash. Victoria agachó la cabeza, insegura de lo que hacer. Si Erik se enteraba… la odiaría, o al menos, empeoraría mucho su relación.
-Estamos esperando, unicornio -volvió a presionar Markash, ganándose una mirada asesina de Jack y Christian. Una cosa era hablar, pero él ya se estaba pasando con su mujer.
-Markash…
-No, Jack, está bien. Veréis, os debo una disculpa. Sobre todo a ti, hijo. Eres el que peor lo ha pasado. Veréis… yo… no quería que sufrierais daño… por eso… le pedí a vuestros padres que os entrenaran de tal forma que no mejorarais. Por ese motivo es tiraban al suelo. Se estaban empleando a fondo para que no pudierais aumentar vuestras capacidades. Sin embargo, como Eva recibió entrenamiento de Markash, puesto que me lo contó mientras estabas inconsciente… ahora mismo, lo único que he conseguido es que tú te quedes atrás, Erik. Lo siento -terminó ella, mirando al suelo.
Erik abrió mucho los ojos. Su sorpresa era infinita, y parecía que iba a durar eternamente. Pero no lo hizo. El muchacho se clavó las uñas en las palmas de las manos apretando los puños, tan fuerte que un hilillo de sangre brotó de ellas. Resa ahogó un gritito: su dragón le había dicho que, lo único que quería era servir de algo, no ser un peso muerto. Y ahora, lo era.
A Eva no parecía haberle afectado la revelación, sólo estaba algo sorprendida, pero a ella le había entrenado Markash. Pero su hermano…
-¿Es verdad esto? -preguntó Erik a Séun.
-Sí, por lo que parece. No estaba muy seguro, y no quería adelantar acontecimientos... pero sí. Es verdad, Erik.
-N…no… no puede ser… -musitó Erik, tratando de contener la rabia que le consumía por dentro.
-Final de flashback-
El muchacho volvió a descargar su filo contra la armadura una vez más. La armadura se colocó en posición defensiva, con la espada en alza, cosa que Erik agradeció. Y, liberando su furia, acribilló a la armadura, golpeando su filo en posición de defensa una y otra vez, hasta que el ente mágico resbaló, y Erik, de un tajo, le rebanó el "cuello", el enlace mágico que unía las partes de la armadura, provocando que el casco saliera volando, y que el cuerpo soltara el arma y se desplomara contra el suelo. Erik jadeó. Se sentía estupendamente bien ahora que se había deshecho de aquel nudo en la garganta. En aquel momento pensó que ya estaba listo, y se giró, llamando a Séun, quien se alegró de que estuviera mejor, y comenzaron a combatir. Mientras luchaban, Séun comentó de nuevo el tema del baile.
-Es verdad, es mañana… y no he invitado a Res. Además, no sé si me apetece -musitó él, cansado.
-¿Qué dices de mañana? Lo que es mañana, es el día de invitar a tu pareja. El baile es en el mes siguiente, ¡payaso! -rio Séun -¿Quién te ha contado esa patraña?
-Marka… Oh, ¡mierda! -gruñó el dragón, sin saber cómo había podido creer a aquella asquerosa serpiente -¿Sabes, Séun? Ahora entiendo por qué existe la frase "No te fíes de una víbora" -rio, ya de mejor humor. Al día siguiente tendría que invitar a Res… No iba a ser fácil, y seguro que Séun le estaría todo el día lanzando puyas e indirectas.
-Eh, tío, ¡no te desconcentres! -gritó Séun, mientras descargaba su espada hacia la ingle de Erik.
-¡Ahí no, animal! -gritó, cubriéndose para evitar el impacto.
-¡Ja! ¡Picaste, atontado! -se carcajeó el moreno, divertido.
-¡Ahora verás, capullo! ¡Eso no ha tenido gracia! -pero lo cierto era que sí que le había animado.
Unas horas más tarde, ya de mejor humor, los dos amigos volvieron al castillo. Por el camino, se encontraron a varios aldeanos que trabajaban en el palacio y que regresaban a sus casas. Sin embargo, Erik pudo oír cómo susurraban:
-¿Has visto? Ese es el hijo de Yandrak, que perdió contra la hija de Christian -musitó una.
-No me puedo creer que un dragón pueda perder con tanta facilidad contra una shek -susurraba un hombre fornido.
El muchacho apretó los puños. ¿Y acaso sabían ellos luchar? Porque, en la opinión del muchacho, podían defenderse sólos, porque él no quería hacerlo. Sintió una palmada en el hombro. Cómo no, Séun también lo había oído, y habló alto, para que le oyeran las personas que acababan de pasar a su lado. -¡No te preocupes, Erik! Esta noche, cuando el Séptimo nos ataque, no defenderemos a sus familias -gritó Séun. Ante las palabras "ataque" y "Séptimo", los aldeanos salieron corriendo, entre gritos. -Vaya, tío, muchas gracias. ¡Vaya susto se han llevado!
-Ni me lo digas. De mí decían lo mismo. Pero bueno, es la vida del guerrero. Tú ni caso, ya verán lo equivocados que están, porque vas a… -en aquel momento, Erik divisó cómo una criatura negra, cuadrúpeda y de ojos amarillos se alzaba del suelo y se abalanzaba sobre su amigo.
Erik lo apartó y atravesó a la criatura con su espada. O eso creía él, pues aquella forma oscura se despegó de la espada como si nada, y se abalanzó sobre ellos. Séun, sin embargo, ya conocía qué les afectaba a aquellos monstruos, a los mismos que habían atacado Vannisar apenas dos meses antes de aquella tarde. Desenfundó a su espada legendaria, y la energía especial de la espada, que hacía brillar su filo con un destello verde, igual que los ojos del chico, hizo que el filo penetrara en el cuerpo de la criatura y lo disolviera. Una vez envainó su espada, la criatura dispersa en partículas de oscuridad, Erik no lo podía creer.
-¡Vaya! Tu espada legendaria es… ¡asombrosa! -exclamó.
-Sí, ¿verdad? Esta espada tiene una habilidad muy especial como arma legendaria que es: cuanta más energía canalice, más aumenta el poder de corte. Aún no tiene nombre… lo estoy pensando. Erik, ahora escúchame. Estas cosas son más difíciles de matar con armas normales. Incluso los soldados tienen problemas, sólo los que poseemos armas legendarias, o los que pueden usar magia, son efectivos contra ellos. Y… tú no tienes ninguna de las dos… así que… -quería pedirle que se refugiara, pero no quería que se sintiera mal por ello.
-Tranquilo tío. Me iré al castillo. No te preocupes por decirlo, que eres mi mejor amigo y eso nada va a cambiarlo. En fin, ¡me voy! -terminó, y salió corriendo. Por el camino, se cruzó con sus padres, cambiando una larga mirada con su madre: de desprecio la de él, de arrepentimiento la de ella; con Christian, Alsan, Shail, y, para su sorpresa, Resa iba con ellos. Erik pensó que se debía a que, como maga, era fuerte contra aquellos monstruos, pero eso no quitaba el hecho de que ella ya estaba participando activamente en las batallas, y él… seguía siendo un peso muerto.
En la entrada del castillo, se encontró con Markash.
-¿No vas a luchar? -le preguntó el joven dragón.
-No. Mi misión es defender este castillo. Y ahora, fuera de mi vista. Tengo que poner todos mis sentidos en la guardia -y, dicho esto, dio un salto y subió a la terraza de la primera planta del castillo. "Habilidades de shek" pensó Erik, ansioso por conocer las suyas como dragón.
Una vez hubo llegado a su habitación, sin cerrar la puerta, para que Resa pudiera entrar, se metió en la cama. Sin embargo, la idea de que necesitaba recuperar el tiempo que su madre le había arrebatado.
Sabía lo que debía hacer: por el día ya tendría suficiente tiempo para dormir.
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Espero que os haya gustado, y me gustaría daros gracias por el gran número de comentarios que he recibido en los dos últimos capítulos. ¡Espero que sigáis dándome vuestras opiniones!!!
Por cierto... ya he cumplido vuestro deseo de las separaciones, como ya habréis visto e.e
Un besote y muchas gracias por todo!!!!!!!!!!!!!!! ^^
zalitrix