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Historia 120142 — capítulo 25
Mientras el muchacho bajaba a la sala de entrenamientos, a través de la ventana de una de las torres divisó a los que habían ido a hacer frente a la amenaza de aquellos monstruos oscuros en el pueblo, y aceleró el paso, pues lo más probable era que, si le pillaban, no le dejasen entrenar.
"Pero, ¿qué demonios estoy diciendo? Me da igual que me prohíban entrenar, mientras mi vida no esté en peligro voy a hacer lo que me venga en gana" -pensó el muchacho, decidido a aumentar su nivel y poder participar en los combates de la guerra, y la profecía. La profecía… sabía que había algo que se le olvidaba, pero no conseguía recordar lo que era.
El muchacho, sumido en sus pensamientos, entró en la puerta, activó una de las armaduras y se puso a luchar con ella. Esta vez, sin embargo, no estaba cegado por la rabia, sabía lo que tenía que entrenar exactamente si quería mejorar. En un principio, de fuerza iba bien, por lo que ahora le convendría entrenar la resistencia, para no cansarse al luchar, lo cual no sería difícil pues la vitalidad del dragón, heredada de su padre, le daba muchas reservas de energía extra. Por ello se centró en el bloqueo y contraataque a pequeña escala, sin dar ningún golpe fulminante, y en esquivar los ataques de su metálica compañera de mejora.
Aproximadamente unos quince minutos después, el muchacho ya se encontraba fatigado, por lo que decidió hacer un pequeño descanso. Salió de la sala hacia los desiertos castillos del palacio, y vio que todavía era de noche. Se dio un capón en la cabeza: por supuesto que era de noche, cuando Séun y él volvían se acababan de poner los soles.
Sonrió maliciosamente, y volvió a entrar a la sala. Allí, abrió una de las pequeñas fuentes humanas, y el agua brotó, generosa, de las entrañas de la tierra. El rubio bebió con avidez, para calmar la sed que le acosaba desde hacía ya un buen rato, y estuvo pegado a la fuente durante unos quince segundos, renovando todos los líquidos perdidos. Después de aquello, descansó unos minutos más, y se volvió a lanzar contra la armadura nurgónica.
Unas horas más tarde, el cielo ya comenzaba a aclarar, indicando que se acercaba el primer amanecer. Así, el muchacho envainó su espada, cerró la puerta en silencio y se dispuso a subir a su habitación, para descansar un rato. Sabía que Resa o los rayos de luz le terminarían despertando, por lo que no temía el no descansar en aquellas pocas horas que le restaban. Sudoroso, pues no se había duchado, abrió la puerta con suavidad, pasó, y volvió a cerrar la entrada. Una vez hecho esto, el muchacho se dejó caer en la cama, cerrando los ojos. Pero decidió abrirlos de nuevo, para mirar a su mejor amiga. La semiceleste parecía agotada después de la pelea, puesto que sus reservas mágicas estaban poco desarrolladas.
"-Por eso no habrá venido a buscarme ni me habrá esperado. O a lo mejor ya se esperaba que estuviera en la sala de entrenamientos. En fin, vamos a dormir… mañana será un día muy largo…" -pensó, cerrando nuevamente los ojos, mientras volvía a darle vueltas a aquello que se le había olvidado sobre la profecía. No entendía qué podía ser, porque era incapaz de recordarlo. -Si es importante, ya terminará volviéndome a la cabeza -musitó para sí mismo.
Y cerró los ojos y se dejó caer en brazos de Morfeo. Una vez pasaron unas cuatro horas terrestres, los rayos del primer amanecer despertaron al muchacho, quien como un resorte, ya iba a volver a dirigirse a la sala de entrenamientos. Sin embargo, pensó en las palabras de Resa durante el torneo, y se dio cuenta de que no podía seguir dejándola de lado. Además… tenía que pedirle ser su pareja para ir al baile de Vannissar del mes siguiente. Olvidando la promesa que se había hecho a sí mismo, ahogada por un sentimiento más fuerte, se acurrucó junto a ella, cerrando los ojos un poquito más.
Tras haberse despejado del todo, y haber recuperado las suficientes energías, decidió despertarla. Pero no de manera normal. Dado que, en aquel tiempo, su relación se había deteriorado un poco, se propuso hacerlo de otro modo. Algo más… cariñoso. Así que, cuando la luz llegó al rostro de la chica, amenazando con despertarla, Erik realizó su jugada. Se inclinó sobre ella y le dio un suave beso en la frente, que hizo que ella, al contacto con el fuego del dragón, se despertara, pero no brusca, sino suavemente. Cuando los labios de Erik se separaron de ella, la muchacha bostezó lentamente. Erik dejó escapar una risita: le parecía muy mona cuando hacía eso.
Cuando la chica se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, comenzó a sonrojarse: la señal que Erik estaba esperando.
-Erik… ¿qué estás…? -iba a preguntar ella, pero él se le adelantó.
-Buenos días, Bella Durmiente. Espero que hayas dormido bien -respondió él, con una brillante sonrisa, dándole otro beso, esta vez en la mejilla. La chica fue pillada por sorpresa por la súbita muestra de cariño del chico.
-Erik… ¿a qué viene esto? -inquirió, triste.
-A que sé que estos meses he estado dejándote completamente de lado. Pero no quiero que esto siga así entre nosotros. Y me ha parecido que esta era una buena forma de empezar -le dijo él, guiñándole un ojo, ante lo que la chica sonrió.
-¿Ah, sí? Pues me debes una, dragoncito, porque te he echado mucho de menos -dijo Resa, lanzada, lo cual sorprendió a Erik en gran medida.
-Pues sí, te tengo que compensar de alguna manera, Res. Y se me ocurre una cosa… -se quedó meditabundo durante unos segundos. Resa sabía lo que le iba a preguntar, o por lo menos, esperaba que fuese lo que estaba pensando. Para su sorpresa, de nuevo, se encontró deseando con toda su alma que él…
-Ya sabes que va a haber un gran baile, o algo así, dentro de un mes… Y, bueno, me preguntaba si tú… yo… ¡Dioses, no me salen las palabras! -gruñó. La miró a los ojos, y encontró la fuerza que necesitaba.
-Quieres… ¿venir al baile conmigo? -le preguntó, directamente. ¡Caramba, que difícil le había resultado! Y eso que, para encontrar pareja para el típico baile de fin de curso neoyorquino jamás le había costado dirigirse a ninguna chica. Esa era otra prueba más de que le gustaba Resa, y mucho.
Por su parte, Resa se había alegrado muchísimo de que se lo hubiera preguntado, porque se estaba enamorando de Erik desde hacía ya unos meses. ¡Maldito sea su legado celeste! Le dejaba ver cuándo alguien tenía una emoción fuerte, pero no el tipo. Es decir, que no podía saber si Erik quería ir al baile con ella como amigos… o como algo más. Eso la entristeció.
-¿Res? ¿Qué pasa? -inquirió el dragón, preocupado.
-No… nada, Erik. Es sólo que estoy confundida, nada más -musitó la celeste.
-No tienes que preocuparte… aunque vayamos juntos al baile, si es que quieres venir, podemos ir como amigos sin que ocurra nada más. Ya sé que ese suele ser el momento y lugar en que suele ocurrir, pero… no tiene por qué ser así, Res -explicó él, sonriendo, aunque en el fondo pensaba que ella no quería ir con él porque el sentimiento no era recíproco.
-Pues… la respuesta es… ¡que sí, tontorrón! ¡Claro que iré contigo! -le sonrió ella, pegándose a él, lo cual hizo que el rubio se sonrojara.
-Erik… ¿Qué ocurre? -inquirió ella.
-Res… ¿recuerdas que sólo duermo con un calzoncillo? Es que… tenerte así, pegada a mí, cuando voy casi desnudo es… "genial" -pensó, per su respuesta fue diferente: -algo raro…
La chica se dio cuenta y se separó, avergonzada. ¡Ni siquiera se había parado a pensar antes de hacerlo! ¿Qué le estaba ocurriendo?
Por su parte, mientras la escenita en la habitación de ambos tenía lugar, Séun ya estaba invitando a Eva, con su tono humorístico habitual.
-¡Oh, señora Lune, reina de los sheks! ¿Me haría el honor de ser la pareja de este humilde caballero de Kyannaris para el baile de Vannissar? -había dicho él, arrodillándose y recitando las palabras como un poeta.
Ante la actuación, Eva soltó una carcajada. Séun le caía muy bien desde que se habían conocido, siempre lograba hacerla reír, lo cual era muy difícil.
-¿Y bien, mi señora? -volvió a decir Séun, haciendo una burla al típico tono formal que usaban los caballeros al referirse a la reina, cuando él la llamaba Kimara, simplemente.
-De acuerdo, Séun -dijo ella, consciente de que se lo pasaría muy bien con el chico, que era capaz de animar a cualquier persona a hacer algo. Con esa respuesta, se ganó una reverencia por parte de Séun, que volvió a soltar una de sus gracias.
-¡Oh, mi señora! ¡Me honra con la aceptación de mi petición para ir al baile de Vanissar como mi pareja! No sé si soy digno de este honor… -rio él, contento.
-¡Corta ya, Séun! -dijo ella, todavía riéndose por la penosa actuación del moreno.
-De acuerdo, de acuerdo, Eva. Ya lo dejo. Pero no me mientas, te sentías como una princesa, ¿eh? -picó él, consciente de que la cosa no iba mal.
-¡No! ¡Claro que no! Ya sabes que eso es lo último que quiero ser… -le devolvió la pulla al ojiverde.
-Entonces, de acuerdo. Dentro de un mes, es una cita, ¿no? -le dijo él, con una media sonrisa.
-Como quieras llamarlo, lelo -fue la respuesta de ella.
Mientras tanto, unos pisos más arriba, la mente de Markash había abarcado ambas conversaciones, pero sin duda a la que más atención prestó fue a la del, según el shek, patético intento de dragón. El baile… la ocasión perfecta para lo que tenía en mente. Sin embargo, Markash se preguntaba por qué estaba haciendo aquello. Una parte de él le daba igual, y, sinceramente, se alegraba por la chica. Pero su parte shek pedía a gritos acabar con el dragón, y tenía prohibido hacerle daño físico…
El shek abrió los ojos. No quería sucumbir al instinto, él estaba por encima de todo aquello, pero, con todo… se sentía tentado. "Veré cómo se desarrollan las cosas con él. Tampoco quiero hacer nada que haga que lo perdamos. Es un componente fundamental de la nueva profecía" -pensó, y se dirigió hacia la sala del trono de Alsan, para discutir los detalles del ataque recibido el día anterior.
Media hora más tarde, Erik ya había desayunado y había bajado a la sala de entrenamientos, pero dio media vuelta y fue a darse una ducha rápida. Prefería estar fresco antes de hacer nada, porque olía muy, muy mal. Mientras los chorros de agua fría se deslizaban por su torso, el muchacho continuó pensando en lo que quería recordar. Le seguía dando vueltas, pero no le venía a la mente, por alguna razón.
-Por los seis… ¿cómo se puede ser así de olvidadizo? ¡Aag! No lo soporto. Sé que tenía algo que ver con la nueva profecía… ¿Por qué no consigo recordar? -dijo él, dándose un pequeño golpe en la cabeza, como había hecho por la noche mientras entrenaba.
Una vez hubo terminado, cerró el grifo, se secó rápidamente, se vistió y volvió a la sala que contenía las armaduras de Nurgon, sólo para encontrarse con Séun.
-Tío, ¿qué haces aquí? No tenías que estar… eh… ¿invitando a Eva? -le preguntó el rubio, sorprendido, a lo que Séun le sonrió.
-Ya lo he hecho… ¡y adivina cómo ha ido, dragón! -le sonrió ampliamente.
-¡Imposible! ¿Mi hermana te ha dicho que sí? ¡No te lo crees ni tú! -rio el muchacho.
-¿Y por qué iba a mentirte? ¿Por qué no te lo crees? -inquirió el moreno, a lo que Erik se dio cuenta de que le debía una explicación.
-Verás, Séun… es que Eva, a todos los chicos que le han pedido salir, o bailar, o cualquiera de esas cosas, los ha despachado uno tras otro, pero no dejan de intentarlo. ¡Sinceramente, me extraña que te haya dicho que sí a la primera! -exclamó el rubio.
-Pues no sé… puede que sea porque me llevo bien con ella. Pero no hablemos de mí, hablemos de ti. ¿Se lo has pedido ya, payaso? ¡Y no me hagas volver a atacar tus partes nobles! Quiero una respuesta... -dijo alegremente el ojiverde, acercándose y clavándole el codo en el brazo suavemente varias veces.
-Pues… me ha dicho que sí -dijo él.
-Y, ¿a qué viene esa cara? El Erik que conozco estaría dando botes por todo el castillo gritando "¡Me ha dicho que sí!" -dijo él, saltando y agitando los brazos para darle más énfasis a su imitación.
-Ja.Ja.Ja. Muy gracioso tío -dijo él, con una media sonrisa, que volvió a transformarse en una mueca de tristeza -pero el caso es que… me parece que se asustó, hasta que le dije que podíamos ir como amigos, si ella quería.
-¿Y? El baile es la oportunidad perfecta. ¡Bésala allí, atontado! -le dijo, dándole una palmadita en el hombro.
-No puedo. Le dije que no tenía por qué pasar nada allí -musitó él.
-¿Y? La gente siempre dice eso, y al final, termina por no poder controlarse. Estoy convencido de que si tiene que pasar algo entre vosotros pasará allí, Erik. Y bueno… ¿no eras tú el que quería matarse a entrenar? ¡Pues ven a por mí! -le azuzó el moreno, para que el chico se motivara un poquito.
-Huy, huy, huy, vas a lamentar tus palabras, Séun. ¡Te vas a enterar! -gritó el rubio, abalanzándose sobre el ojiverde.
Unas horas más tarde, llegaron todos los demás a la sala de entrenamientos. Pero no fue hasta que Erik oyó cómo Markash le hablaba a Alsan de la profecía, diciendo: -Debe estar incompleta. Con esa información no nos basta, no sabemos lo que debemos hacer.
En aquel momento, el muchacho abrió mucho los ojos. Tras oír las palabras "profecía" e "incompleta" juntas, recordó todo. El sueño que había tenido mientras había estado inconsciente volvió a su cabeza como si hubiera presionado un interruptor. En aquel momento, un grito recorrió la sala.
-¡Ahora lo recuerdo todo! -el que lo había dicho había sido el dragón, y todos se giraron para mirarle.
-¿A qué te refieres, chico? -inquirió Alsan, preocupado.
-A que hay algo que se me había olvidado de la profecía y que tengo que contaros a todos. Algo relacionado con la falta de información en ella -fueron las palabras del joven, por lo que todos se acercaron a su alrededor.
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¡Bueno, aquí está el capítulo 25! Espero que os haya gustado, muchísimas gracias por comentar en el capítulo anterior, en serio, significa mucho. Ahora, me gustaría que me dierais vuestra opinión. ¿Qué creéis que pasará en el baile? ¿Cuál es el plan de Markash?
Me han gustado mucho vuestros comentarios sobre Séun y Mark, dos de mis personajes inventados. En serio, sois geniales ^^.
¡Un saludo!
zalitrix