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Historia 120142 — capítulo 31

Hola a todooos aquí estoy de nuevo!!!! Hoy os traigo el capítulo 31 de mi fic, espero que os guste. Este se va a centrar enteramente en Erik, ¡espero que os guste!

Aquí los links de música del capi. Como siempre digo, abrid los dos, y cuando veáis (P1), reproducid el primero. Con (/P1), paráis la música, y para el segundo repetís el proceso :3

P1:

P2:

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En la más absoluta oscuridad, una figura flotaba, durmiendo plácidamente, recuperando las energías que había liberado en aquel acto de odio. Erik flotaba en aquel espacio dentro de su mente, totalmente inconsciente. Nada le perturbaba. Sus tres esencias reposaban en el misma cuerpo, a la espera de su despertar. Parecía que nada podía afectar al muchacho en aquel lugar, en el fondo de su alma. Pero esto no era así.

Una figura se materializó al lado del muchacho. Flotando junto a él, respiraba pesadamente: lo había conseguido por muy poco. Como dios, él sólo se podía mover en el plano astral superior. No podía desplazarse de manera continua en el inferior pues sus limitaciones drenaban su poder y minaban su esencia, hasta el punto de poder devolverle a su cuerpo involuntariamente y que tuviera que reposar de la misma forma que lo hacía el muchacho.

Y en ese plano superior se encontraban los otros seis. Haberse reencontrado con ellos no era precisamente la experiencia más placentera que podía desear. Una vez se dio cuenta de que lo había conseguido, sonrió pérfidamente. Allí no le podía hacer nada, pues estaba en los dominios del muchacho: el alma era prácticamente impenetrable para cualquier dios, no le podría tocar ni aunque utilizara todo su poder.

Pero ya había encontrado la manera de hacerlo… aunque tardaría un poco. Colocó una mano a una distancia prudencial de su cuerpo, y empleando su poder, hizo desaparecer el cuerpo que flotaba a su lado. Con una siniestra sonrisa, el dios desapareció de aquel lugar en el mundo onírico. Ya había hecho lo que debía, ahora debía volver a su cuerpo, a la espera de su oportunidad…

Mannon se despertó, sobresaltado. Casi le habían vuelto a dar caza en el viaje de vuelta, no podía arriesgarse más. Con una reverencia, un szish le mostró una pila con agua. En ella se podía ver la imagen del chico. Ahora sólo tenía que adecuar el escenario…


(P1)

De nuevo, por segunda vez en su vida, Erik se encontraba cayendo, inconsciente, en la más absoluta oscuridad. Sin embargo, esta pronto pasó a ser un conjunto de colores oscuros confusos, que el muchacho no llegaba a percibir. Mientras abría parcialmente sus ojos, la velocidad de caída no aumentaba. Estaba demasiado adormilado como para percibir lo que estaba sucediendo, pero poco a poco fue abriendo los ojos, y dándose cuenta de la situación.

Sabía que lo había visto antes. Aquella escena, esa caída… Mientras el fondo comenzaba a tomar más color, se abrieron del todo sus ojos. Y entonces comenzó a recordar. La voz, aquella misteriosa voz, que le había hablado cuanto había parado de caer, la que había revelado que la profecía estaba incompleta. Sin embargo, ya no estaba oscuro, como en su anterior sueño. Los colores se iban difuminando, haciéndose cada vez más claros, comenzando a revelar formas.

En ese mismo momento, Erik, cayendo en espiral, se volteó, y, para su sorpresa, en aquel lugar en el que no se llegaba a distinguir ni siquiera el horizonte, tocó fondo. Y, una vez sus pies contactaron con el suelo, todo tomó forma, a sus ojos. Lo que vio en ese momento le sorprendió. No por la naturaleza del evento, sino porque de repente, todo le resultó extrañamente… conocido. Un vistazo a su alrededor le reveló que estaba en un lugar llano, donde crecía vegetación y se entrecruzaban caminos. No parecía haber un límite para aquel paisaje, que a Erik le pareció bastante bonito. Al fondo se veían unas montañas en la lejanía, y un arroyo bañaba parte del lugar. Al muchacho no se le ocurrió otra cosa que mirar al cielo. Y lo que allí vio, le dejó helado. Seis astros: tres soles y tres lunas, brillaban en lo alto, dándole al cielo un tono rojizo, alejado del azul al que el muchacho se encontraba acostumbrado. ¿Dónde diablos había visto eso antes?

En ese instante, observó varias cosas atravesar el cielo. A primera vista pensó que sería alguna criatura voladora… pero se fijó mejor, y se quedó horrorizado: ¡era un grupo de dos humanos y un celeste, que volaban, riendo, sin piernas, y con un color azulado y un brillo etéreo en sus cuerpos! El dragón se miró: él estaba completamente normal. Entonces, ¿qué eran esas criaturas, que asemejándose a los habitantes de su mundo, le recordaban a los fantasmas de los dibujos animados que veía de pequeño?

No pudo pensar mucho más, sin embargo. Una sombra, que oscurecía todo a su paso, volaba en lo alto.

-De acuerdo… no sé si puedo flipar más de lo que ya lo estoy haciendo… pero ¿qué hacen los soles y las lunas moviéndose persiguiendo a ese chisme? ¿Qué son todas estas cosas? ¿Habré comido algo que no debía? ¡¿O es que es normal alucinar en Idhún?! -se exasperó él, sin comprender nada.

La sombra desapareció de repente, para su sorpresa, y en aquel momento, al muchacho le pareció que todo se volvía más vivo, como si eso llevara la muerte en su estela. Cuando ya se daba a sí mismo por loco… volvió a oír voces. El chico se desesperó, pensando en que nada podía ser ya más raro, pero se dio cuenta de que las voces, aunque tenues, retumbaban por todo aquel paraje.

-No… escapado…

-Maldito… planeará… vez? ¡Hay… acabar… él!

-Cálmate… actuar…imprudente…Áldun!

-…momento…familiar…esencia…dragón?

-Vivo…no…ser… en…astral…inferior?

-…obra…Séptimo?

Antes de que el muchacho se lanzara a intentar hablar con esas presencias, todo brilló con fuerza, por lo que el muchacho se tapó la cara con las manos. Una vez el brillo fue cesando, el muchacho pudo abrir los ojos. Y lo que vio le hizo sorprenderse de nuevo.

(/P1)

Aquel paraje había desaparecido. El suelo, una frondosa pradera unos instantes antes, se había transformado en algo parecido a una vidriera gigante que brillaba, como si hubiera luz en su interior, y el cielo se había tornado oscuro una vez más. El muchacho trató de retroceder, asustado, pero se encontró con una barrera impenetrable. Rodeado por la oscuridad, se encontraba sin saber qué hacer.

-Maldita sea… ¿qué está pasando? -gritó, pero no obtuvo respuesta.

De nuevo en el mundo material, el Séptimo ya podía ver la imagen del chico. Ya le tenía atrapado, no podría escapar. Ya sólo tenía que volver a entrar, pero para eso debería esperar unas horas.

-Bueno, dragoncito… Para que no te aburras, te voy a mandar unos amigos para que juegues un rato con ellos -dijo él, sumergiendo la mano en el agua, y liberando sus oscuras creaciones.


Erik ya llevaba allí unos minutos, cuando observó unas criaturas aparecer del suelo. Al principio no las reconoció: parecían unas armaduras orgánicas que portaban filos por brazos, y vio otras que flotaban, que parecían llevar una especie de abrigo de diferentes colores, con los ojos amarillos característicos de aquellas criaturas siempre saliendo por una rendija.

"Oh, no… maldita sea, no tengo armas capaces de hacerles frente…" -pensó el muchacho, mientras en su cara se formó un rictus de impotencia. Estaba completamente atrapado: aquellas criaturas se iban multiplicando a cada segundo que pasaba, y por lo que habían dicho en el castillo, sólo les afectaban las armas legendarias y la magia. Y para desgracia de Erik, él no tenía ninguna de las dos cosas.

"Si al menos me pudiera transformar en dragón… seguro que esto sería pan comido, ¡maldita sea!" Las criaturas se acercaban cada vez más. No iba a poder hacer nada contra ellas, pero… no iba a morir allí. Todavía tenía demasiadas cosas que hacer, un mundo que salvar, una chica que conquistar, y seres queridos que esperaban su despertar.

Las criaturas continuaban acercándose: las que había visto en Vannissar, los seres cuadrúpedos que apenas medían medio metro de alto se aproximaban en masa rápidamente, y algunos se iban adelantando, cegados por su sed de sangre, viendo al muchacho como una presa fácil. Uno saltó hacia él, y Erik, sin dudar, le dio un puñetazo en el estómago, lanzándolo unos metros hacia adelante, pero se volvió a levantar.

De nuevo, volvieron a atacar, esta vez en grupos de tres, y el chico intentaba escapar, pero sabía que era inútil. Mientras esquivaba, una de las criaturas como un soldado le tiró al suelo,  las otras saltaron sobre él, tratando de aplastarlo. El muchacho trató de forcejear, desesperado, pero era en vano. Cerró los ojos, con un rictus de nuevo en su cara. Mientras notaba cómo iba perdiendo las fuerzas, su vida comenzó a pasar por delante de sus ojos. Vio los eventos de esos días, los que le habían hecho explotar de furia. Pero no solamente eso, no. Fuera de esos recuerdos, podía verlos a todos, a todos pereciendo a manos del Séptimo, probablemente el responsable de su encierro.

(P2)

Y tomó una decisión. Si no hacía algo… todos podrían correr su misma suerte. Y no iba a perder todo por lo que estaba luchando. "No... esto no va a quedar así, maldita sea… ¿Me oyes…? Esto no va…" -…¡¡¡A QUEDAR ASÍ!!!! -gritó el muchacho, de nuevo consciente de sus actos, y su cuerpo explotó en una onda de llamas que destruyó a las criaturas de su cuerpo y las que se encontraban cerca de él.

Erik se levantó, respirando con dificultad. Se había librado por poco, por muy poco. Parecía que su dragón interior quería ayudarle a salir de aquel lugar con vida. De nuevo, las criaturas se continuaron acercando, pero Erik ya no tenía energías para liberar otro ataque semejante, por lo que se quedó quieto, esperando su destino.

Sin embargo, para sorpresa del chico y de las criaturas, además de la de Mannon, que se encontraba observando, este no llegó. En su lugar,, el chico, inconsciente de sus actos, impulsó su brazo derecho hacia delante, y el fuego del dragón lo rodeó por completo. Una vez esta nube de humo y llamas se hubo disipado, una espada se había materializado en la mano del muchacho. En su mango se podía distinguir un dragón, cuya cabeza era el pomo de la espada, en sus alas se encontraba la bifurcación del mango, y su cuerpo se prolongaba en la hoja plateada, que desprendía una ligera aura de llamas.

El chico estaba en estado de shock: podía ver que la espada había desprendido una energía increíble nada más contactar con su mano, y había observado que las sombras huían de aquella llama. Sin embargo, una se atrevió a acercarse y atacar, y Erik se movió sin pensarlo siquiera, atravesando aquella criatura, que se disolvió al contacto del fuego que emanaba de su arma.

-Vaya… -solo pudo musitar él, mientras una de las armaduras se aproximaba rápidamente. El muchacho entabló batalla, enfrentando la espada de oscuridad con la suya plateada, y de nuevo, la criatura se fue debilitando debido al contacto con el poder del dragón semidivino, pero no se disolvía como la sombra. El chico no dudó y le asaltó con sus estocadas, y tras acertarle varias veces, la criatura se disolvió.

-Increíble… ¡qué poder! Es… guau… -el muchacho estaba exultante, su arma era, o aparentaba ser, excepcionalmente poderosa. -Bien… ¡venid a por mí, vamos! -exclamó, abalanzándose sobre el grupo de criaturas. Se paró cerca, esperando los ataques: las criaturas fueron saltando a por él, mientras el muchacho las despachaba con estocadas básicas, y cuando había una armadura, atacaba ferozmente los flancos que dejaba libres. En más de una ocasión alcanzaron al chico: este giraba, matando a varias sombras de una sola vez, y lanzaba su brazo hacia delante, moviendo su espada recién adquirida para atacar a las demás. Una de las sombras le arañó por la espalda, haciéndole sangrar, pero el chico no podía permitirse caer, no allí ni en ese momento. Iba a enseñarles lo que podía hacer. Viéndose rodeado, volvió a mover su espada, esta vez inconscientemente, tratando de destruir una de las armaduras, pero en su lugar, una onda de fuego salió disparada de la espada, abriendo un hueco mientras el fuego abrasaba a aquellas criaturas con su poder incendiario. Erik aprovechó esta ventaja, y salió, evitando a tres armaduras que se habían abalanzado sobre él.

El muchacho miró a las criaturas, respirando pesadamente. Cada vez había más… debía concentrarse más, necesitaba utilizar todo su poder si quería acabar con todas. No podía arremeter frontalmente: en su lugar, esperaba los ataques de las criaturas, y las mataba en el acto con el hueco que se abría en su defensa tras esquivar, mientras se movía de un lado a otro, tratando de evitar ser rodeado de nuevo. No sabía cuánto más iba a aguantar, por lo que decidió probar de nuevo el poder de llamas de su espada legendaria.

Se abrió paso hasta el centro de uno de los grupos de criaturas, y levantó el brazo, mientras hacía girar su espada rápidamente entre sus dedos, como hacía con los palos de fregona de la cocina cuando aún vivía en Nueva York. Trató de concentrar poder, y, en efecto, de la espada salió un remolino de llamas, que se fue expandiendo, absorbiendo poco a poco a las criaturas, carbonizándolas en el acto.

El chico sonrió, y aprovechó que estaban en el aire para saltar y acabar con ellas de una vez. Con una potencia sobrehumana de la que el chico no tenía control, saltó, llegando a mantenerse en el aire lo suficiente para destrozar el cuerpo de los cinco entes oscuros que habían ascendido debido a la rotación de las llamas.

Una vez aterrizó, retrocedió unos pasos atrás, para evaluar lo que acababa de hacer. ¿Realmente había logrado derrotar a tantas criaturas, sin haber hecho nada? El chico recordó que su padre le había comentado que cuando empuñabas una espada legendaria hecha a medida para uno, las capacidades de lucha aumentaban de manera considerable.

-Esto es increíble… tiene que ser un sueño… ¡si apenas sé manejar una espada! -se repetía él, mientras observaba a las criaturas. Estas, sin embargo, no se amedrentaron, y siguieron acercándose. Parecía imposible derrotarlas a todas.


Mientras, en el plano de los vivos, Mannon tronaba.

-¡MALDITA SEA! ¡TENÍA LA VICTORIA EN MIS MANOS, PERO TUVIERON QUE DESPERTARSE LOS PODERES DEL CHICO! -gritaba, una y otra vez, haciendo retumbar el cielo idhunita. ¿Cómo podía el indefenso dragón luchar contra sus Oscuros? ¡Era imposible!

Sin embargo, se calmó. Como todo ser vivo, su resistencia tendría que tener un límite. Tan sólo tendría que esperar a que no pudiera luchar más, y entonces actuaría. Sí, todavía no había perdido su oportunidad…

(/P2)

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Bueeeno y aquí termina el capítulo 31!!!!!

Como siempre, muchas gracias por comentar el capítulo anterior. Éste se lo voy a dedicar a Darklight porque nos leemos la mente :3

Bueeno, para este capítulo, me gustaría preguntaros: ¿Os ha gustado la música? ¿Qué os ha parecido la espada de Erik? ¿Podrá escapar de su encierro?

Un saludo!!!!!

zalitrix