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Historia 120142 — capítulo 32
Hola!!!! Perdón por la espera, aquí os traigo el nuevo capítulo de mi fic! Espero que os gustee :3
Música:
P1:
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-¡Agh! -gimió el joven dragón, mientras era lanzado hacia atrás por uno de los ataques de las criaturas con forma de armadura. El chico cayó, rodando por el suelo, y terminó tumbado bocabajo, su espada habiendo girado por el suelo, a unos tres metros de distancia.
Erik respiraba pesadamente. Estaba exhausto, ya no podía más. No sabía cuánto tiempo llevaba luchando ya, dado que no tenía forma de medir bien el tiempo. Pero no importaba lo que hiciese: aquella ola de criaturas parecía no tener fin.
El muchacho se arrastró como pudo hacia su arma legendaria. Ni siquiera con aquella espada de filo plateado envuelto en llamas había podido hacer algo, y eso le hacía sentir impotente.
-"Maldita sea…" -no paraba de repetirse, en su cabeza -"Si no me hubiera puesto celoso… nada de esto habría pasado, ¡joder!"-pensaba, respirando pesadamente.
Erik cogió su espada, y utilizándola a modo de bastón, se puso de rodillas, y logró levantarse, pero era completamente inútil, y él lo sabía. Iba a morir allí, donde nadie podía acudir en su auxilio. Y aunque pudieran, no hubiera supuesto ninguna diferencia.
El chico rebanó a una de las criaturas cuadrúpedas que se había acercado demasiado, con un movimiento lento y pesado; era evidente que estaba al límite de sus capacidades. Miró al frente, con la poca decisión que quedaba en sus ojos.
-"Estoy acabado…" -pensó, aceptando su futuro con resignación, y bajando su espada, esperando a que las criaturas se acercaran y le propinaran el golpe final -"Séun… perdón por todos los problemas que te he dado… Mamá… siento mucho que nuestra relación terminara así… Papá... gracias por haber sido como un amigo, una roca a la que agarrarse… Christian… cuida de Eva, por favor… Eva… espero que liberes Idhún, en nombre de todos… Y, Resa… siento no haberte dicho lo mucho que te quiero…" -pensó, mientras una gota rodaba por su mejilla.
Le quedaba tanto por hacer, tanto por vivir… no podía creer que todo terminara así.
Sin embargo, para su sorpresa, las criaturas dejaron de avanzar hacia él. Tal y como habían aparecido, se comenzaron a fundir en el suelo, dejando un charco de oscuridad, que se desvaneció cuando desaparecieron los ojos de cada criatura. Erik, al límite, no entendía nada de lo que estaba sucediendo. ¿Había ganado? No, eso no podía ser… aquellos seres se guiaban por instinto asesino.
Sin aguantar más, el chico cayó al suelo de bruces. Fue entonces cuando un sonido llamó su atención. Un portal negro se había abierto ante él… -"¿U…una Puerta?" -intentó averiguar el chico. Del portal, una figura salió caminando, acercándose al muchacho. Su cabello plateado y ojos rojos lo hacían inconfundible.
El hombre comenzó a aplaudir, mientras hablaba. Erik, quien solo podía verle los pies, no sabía quién era, y trató de discernir su identidad mediante sus sentidos. Aquella esencia que hacía que le hirviera la sangre…
-Tú… ¿Markash? -preguntó él, tratando de levantar la cabeza. El misterioso hombre sólo sonrió.
-Maldito dragón… ¿Cómo te atreves a compararme con mi más patético error, mi hijo? -maldijo la figura. Esas palabras resonaron en la mente de Erik. Su hijo… Markash era el hijo del…
-No… puede ser… -dijo Erik, en las últimas -tú… eres… el Séptimo… -pudo terminar.
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La figura escupió al lado de la cabeza del muchacho.
-Maldita sea, chico… ¡nunca me vuelvas a llamar así! Yo no soy el Séptimo… ¡yo soy el dios más fuerte, Siebten! Ese nombre que me disteis los sangrecaliente no es más que una deshonra… Si no quieres morir aquí -dijo, y en un abrir y cerrar de ojos, Erik se encontró agarrado por el cuello de la camiseta, cara a cara con el dios -aunque, me puedes llamar Mannon… así se llama mi cuerpo humano, después de todo.
-Ma…nnon… -repitió Erik, pensando, hasta que el Dios lo soltó, y cayó de bruces al suelo. El muchacho le dio vueltas al asunto. Si él era el Séptimo… si lograba vencerlo…
-De cualquier manera, no me sirves. Ya he comprobado lo débil que eres. Dudo que pudieras aguantar eso… ¡Qué patético! -rio el hombre, y eso terminó de devolver la fuerza al joven dragón. Mannon ya se había dado la vuelta, y había abierto un portal con la mano. Cuando iba a caminar, la voz de Erik lo detuvo.
-Es…¡espera! -dijo él, usando su espada como un apoyo para ponerse en pie -si eres quien dices ser… sólo tengo que vencerte… ¡para que todo vuelva a la normalidad! -terminó, gritando, y poniéndose en guardia, listo para atacar de nuevo, a sabiendas de que no podía más.
-"Bien…todo va según lo planeado..." Hmpf. Eres un imbécil… acabas de desperdiciar tu última oportunidad de seguir con vida… -rió él, y desapareció, el portal habiéndose cerrado. Por un instante, Erik pensó que se había marchado, pero de repente, un puño golpeó su estómago, lanzándolo hacia arriba y mandando al muchacho por los aires con una fuerza sobrehumana.
El chico escupió sangre mientras aullaba de dolor, y volaba por los aires. Y comenzó a caer… con esa caída, iba a morir sin duda. Pero, antes de tocar el suelo, una mano agarró su cabeza por la nuca. Era la de Mannon.
-Parece que eres persistente… -comentó, mientras Erik se debatía, inútilmente, pues su espada había volado junto a él y se hallaba clavada en el suelo, a dos metros de donde se encontraban los dos -puede que, después de todo… si tengas lo que hay que tener -rio, contento.
-¿Qué estás diciendo…? ¡¡Suéltame!! -exigió el muchacho, debatiéndose.
-Como desees… -asintió Mannon. En ese momento, apretó su mano sobre la nuca del muchacho, aplicando su hechizo. El muchacho gritó, y su cuerpo se volvió rígido, el aura de oscuridad que lo había recubierto durante su lucha con Markash regresando y generando una pequeña explosión en el contorno de su cuerpo. El dios no fue afectado, sin embargo. Al fin y al cabo, la había provocado él.
Erik perdió la consciencia de nuevo, esta vez en su forma de alma. Su cuerpo quedó sujeto sólo por la mano de Mannon en su cabeza.
-Perfecto… ya lo he liberado. Ahora… ya no me sirves para nada. Esto… debería ser suficiente para haberte matado. Lo lamento, eres entretenido… pero eres una amenaza que debe desaparecer -completó, mirando a la espada de fuego del dragón con odio. Mannon lanzó el cuerpo, inmóvil, hacia el lugar en el que se encontraba la espada clavada, y volvió a abrir el portal, desvaneciéndose en la oscuridad.
Erik quedó, tirado en aquella vidriera gigante. Su último pensamiento… la historia de Idhún, que había visto, compuesta por todos aquellos cristales en distintas imágenes.
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Una columna de oscuridad explotó fuera del castillo, proyectándose hacia el cielo nocturno. Fueron unos diez segundos, y se desvaneció tan rápido que parecía que nada hubiera ocurrido. Sin embargo… aquel estallido podría significar la derrota de Kyannaris.
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Jack continuaba en la búsqueda de la litografía del Bosque de Awa. Ya era entrada la tarde, y ahora alertado de la presencia szish gracias a Christian, el muchacho estaba inspeccionando una sección del bosque de Awa, cuando se dio cuenta de que se había perdido. Trató de alzar el vuelo para orientarse, pero se encontró con que no podía ascender más allá de las primeras ramas de los árboles, por lo que tuvo que cambiar a forma humana de nuevo.
-¿Qué está pasando…? La barrera debería dejar pasar objetos y seres vivos desde el interior… Esto es bastante raro -se dijo, rascándose el pequeño chichón que le había salido en la cabeza debido al impacto con la barrera -¿puede que esté sobre la pista correcta? -se dijo, y continuó caminando.
Pasados unos minutos, se encontró con que estaba de nuevo en el punto de entrada, lo cual era prácticamente imposible, puesto que había estado tomando caminos en línea recta, sin girar, lo que quería decir que en aquel lugar estaba actuando una magia especial… ¿Tal vez debía encontrar el camino correcto?
Intentó contactar con Christian, pero fue en vano. Parecía que la comunicación se había ido cortando progresivamente mientras Jack se había seguido adentrando en las entrañas del verde follaje. Pensó en abrir un camino con Domivat, pero no podía hacerlo… no iba a destruir el hogar de los feéricos, y la magia seguiría teniéndolo atrapado hasta que encontrara el camino adecuado. Destruyendo lo que delimitaba los senderos, los árboles, se arriesgaba a perderse todavía más.
El dragón decidió continuar con su camino, pero antes de dar el primer paso, el chico concentró una débil llama en su mano, y la pasó por la corteza de un árbol en una de las encrucijadas, chamuscándo un poco la corteza y haciendo una X, pera indicar que era el camino incorrecto en caso de perderse.
-"Mira, esos cuentos que le leía a Erik me van a servir de algo, después de todo… no es mala idea lo de marcar el sendero" -rio, caminando por la senda una vez más.
Siguió caminando un rato más, pero se encontró regresando a la encrucijada. El símbolo seguía allí, para alegría de Jack. Así, no había riesgo ninguno de perderse. Marcó el árbol del centro con el mismo símbolo, dejando uno sin marcar, y continuó, seguro.
Un rato más tarde, llegó a una especie de pequeño claro, con un río, y una señal, que decía "Río Awa: punto de retorno". Una vez hubo leído la señal, sin entender lo que quería decir, el chico se lavó la cara, puesto que estaba acalorado debido a la humedad del lugar, y continuó su camino, volviéndose a encontrar otra encrucijada. Repitiendo el proceso, regresó al manantial: eso era lo que quería decir la señal, que al llegar, no debías comenzar desde el principio del laberinto.
Jack sonrió, y continuó su travesía por los sinuosos recovecos del corazón del Bosque de Awa.
No había pasado muchas horas, y el muchacho vio que anochecía, por lo que preparó su tienda de campaña en cuanto llegó al siguiente manantial. El claro se abría hasta poderse avistar Vannisar, por lo que el chico se tumbó boca abajo, sin camiseta, y miró hacia el castillo. Cuando quiso darse cuenta, oyó un ruido lejano, y vio una columna de energía oscura salir del castillo.
-¿¡Qué está pasando!? ¿¡Otro ataque!? -se preguntó, sin saber lo equivocado que estaba
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Esa tarde, Eva, Séun y Resa se encontraban realizando un entrenamiento conjunto en la colina cercana al castillo, donde Christian entrenaba a Eva para convertirse en shek. Los muchacho se habían cansado de la sala de entrenamientos, practicar al aire libre sentaba muchísimo mejor a sus habilidades. Era un espacio real, abierto, con accidentes en el terreno a aprovechar en el combate. Enfrentados en un todos contra todos, los muchachos practicaban a sus anchas, pero el sol ya terminaba de ponerse.
-Eva, Resa… vamos a terminar por hoy, ¿de acuerdo? Tampoco quiero que os hagáis daño, enfrentándoos a mi asombroso poder, que sé que os morís por ver -dijo él, más animado, en su habitual tono cómico.
-Corta ya, Séun -fue la respuesta de las dos, acompañada de una sincera sonrisa. Habían tratado por todos los medios de animar a Séun, y parecía que por fin lo estaban consiguiendo. Tal vez, la vida podía retomar, en cierta medida, su curso habitual…
Para su sorpresa, sin embargo, Séun no quiso acompañarlas a las duchas.
-Hey, tengo una buena idea -comentó -cerca de aquí, hay un pequeño lago… podríamos ir a bañarnos allí, ¿no? Resa podría llevarnos por teletransportación.
-Pero, Séun, hay que llegar a tiempo para cenar, y…
-Porfaaaaa... -suplicó él, poniéndole ojitos a las dos muchachas, que no tuvieron más remedio que aceptar, dada la insistencia del chico… y aquella mirada de cachorrito de lobo a la que no se podían resistir.
-De acuerdo, tonto -rio Eva -iremos hacia ese lago… si Res nos quiere llevar, claro.
-Por mí, genial -accedió la chica, agarrando a los dos, y susurrando las palabras del hechizo. Sin embargo, tras hacerlo, se dio cuenta de algo. -Esperad, ¿y el… -se desvanecieron en el aire.
Unos segundos después, aparecieron en el lago. No en la orilla, ni en un lugar cercano, no: encima del mismo lago. Con aquella pregunta, la concentración de Resa se había roto: si no se conocía el lugar, había que obtener la información de otra persona, y eso requería concentrarse.
-…bañador? -dijo, antes de que comenzaran a caer al agua, Séun soltando una sonora carcajada mientras Eva intentaba darle un capón con una mueca enfadada bastante cómica. Los tres adolescentes cayeron al agua, y rápidamente salieron buscando aire.
Resa salió la primera, y después, juntos, salieron la shek y el ojiverde. La semiceleste iba a nadar hacia ellos para reñir en broma a su amigo, pero se paró en seco al ver la mirada que compartían los otros dos, entre respiraciones agitadas. El corazón de Eva latía muy rápido al contacto con el pecho del chico, y al chico le pasaba igual. Poco a poco, fueron juntando sus rostros…
Sin embargo, antes de que pasara nada, una fuerte explosión sacudió los cielos, y todos miraron en dirección al castillo. Una columna oscura se proyectaba desde el castillo en dirección al cielo Idhunita, para desvanecerse unos segundos más tarde. Resa y Eva miraban el fenómeno, asustadas, pero Séun comprendió. Su mirada volvió a tornarse fría como había sido en aquellos últimos días.
-Resa, nos vamos.
-Pero, Séun, podría ser…
-¡¡YA!! -gritó el muchacho, arrepintiéndose al instante. Eva se alejó de él, habiendo recobrado su frialdad shek habitual. Séun sabía que algo le había pasado a su mejor amigo, y eso era lo más importante…
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Buenaaaas!!! Espero que os haya gustado este capítulo, muchísimas gracias por comentar, como siempre, en el anterior. Y, para hoy, me gustaría preguntaros lo siguiente: ¿Qué creéis que le ha hecho Mannon a Erik? ¿Saldrá vivo de esta, o morirá su alma? ¿Y seguirá Jack buscando la litografía o volverá a socorrerle, como pueda?
¡Un saludo y un besazo!
zalitrix