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Historia 120142 — capítulo 35
El mes siguiente pasó con rapidez. Todo Vanissar se encontraba en una carrera contrarreloj para lograr la mejor ambientación posible en una de las festividades más importantes del año. El baile de Vanissar era muy famoso entre los jóvenes por igual, puesto que era una de las mejores oportunidades del año para conocer a gente del sexo opuesto con una buena excusa tan simple como pedirles un baile.
Los soldados también se encontraban con muchísimas ganas, pero más que por el baile y las vacaciones de una semana que se les daba, por ver la final del torneo. El combate de Eva contra Séun se presentaba impresionante.
¿Quién vencería, el prodigio del ejército humano, quien llevaba entrenando desde su infancia, o la semishek, quien tenía en el fondo de su alma poderes en medio de la gruesa línea entre magia y divinidad?
Mucha gente ya había apostado, siendo Séun el favorito por ser el vigente campeón, además de ser alguien muy agradable y a quien todos ya conocían, pero Eva también había logrado numerosas apuestas a favor. El estilo frío e implacable de la joven se había vuelto muy famoso, sobre todo tras humillar a su hermano en la arena.
En el castillo, todos estaban mucho más alegres. Para fortuna, las enfermeras habían comunicado que Erik continuaba mejorando: su pulso se restableció, su energía seguía creciendo, y sonreía. Ya no se encontraba inestable, y eso aliviaba a mucha gente. Séun había recuperado su tono animado y jovial, y había vuelto a empezar a bromear con todo el mundo.
Eva se alegraba muchísimo, puesto que los días se hacían mucho más ligeros con el apoyo del chico. Cada vez tenía menos problemas para visualizar a su shek, puesto que ya no tenía la mente nublada por los problemas que habían sucedido hacía ya unas semanas.
Jack también recuperó el ánimo, y trabajaba con Alsan y Christian para descifrar la litografía, mientras Alsan y Shizuko discutían las posibles localizaciones de las demás.
Resa, a su vez, también había mejorado bastante con la magia. Los consejos de Markash eran, sin duda, muy buenos: los resultados hablaban por sí solos. Ya tenía el mismo nivel que su padre en la época de la Resistencia contra Ashran, y continuaba mejorando.
Quedaban sólo dos días para la disputada final…
Eva bajó las escaleras del castillo con rapidez. Ya se había cambiado y había puesto a lavar su otra ropa, llena de sudor por los entrenamientos. La ducha fría le había sentado muy bien a la chica, quien corría al encuentro de Resa y Séun. Tenían pensado volver todos juntos al lago, esta vez con sus bañadores preparados. Eva tenía el suyo puesto debajo de su ropa, por comodidad. Llegó rápidamente al lugar en el que la esperaban los otros dos, charlando animadamente. Séun fue la primera en divisarla al fondo del pasillo, e hizo una cómica reverencia, mientras hablaba.
-Oh, su escamosa señoría, está radiante hoy…
Un "¡Ay!" resonó por el pasillo cuando Eva le arreó un capón al muchacho, quien ahora se frotaba la cabeza, susurrando "mi pobre cabeza…".
-Hola a ti también, Séun -dijo ella, dándole un abrazo mientras el ojiverde seguía frotándose el cráneo. El chico llevaba ya un par de días con aquella broma, pero ese día había sido distinto.
-Oye, ¿Séun, cómo es que hoy no la has llamado "Reina de las serpientes"?
-Verás… ayer… -Séun comenzó a recordar con una mueca cómo Shizuko había aparecido en el pasillo por la noche, detrás de él con una espada, y le había comenzado a perseguir al grito de "¡Yo soy la reina de los sheks!" por el pasillo, mientras el chico corría a su habitación envuelto sólo en su toalla.
Una gota de sudor se deslizó por la frente del muchacho al recordar la escena. Eva le miró, curiosa.
-Séun, ¿estás bien…?
El chico se giró y comenzó a agitar las manos, diciéndole a la chica que no se preocupara mientras hablaba atropelladamente.
-¡Claro que sí, estoy bien, cómo no iba a estarlo! Huy, qué tarde es, ¡váyamonos! -decía, sonriendo forzosamente y con los ojos cerrados, acto seguido agarrando el hombro de Resa, quien le miró, soltó un suspiro, y conjuró el teletransporte.
Todos desaparecieron, envueltos en un destello de energía mágica, camino del día de ocio que les esperaba.
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Para Erik, sin embargo, la situación era muy distinta. Él no tenía otro día de ocio, ni de descanso. Ni siquiera los había tenido. Habiendo perdido toda noción del tiempo, y estando en un lugar en el que, aparentemente, no se experimentaba el cansancio, llevaba luchando contra Kire todo el tiempo.
Desde que su rival apareció, no había dejado de luchar, y Erik no lo sabía, pero ya se acercaba el baile al que tenía que ir con Resa. No recordaba que llevaba un mes inconsciente. Solo tenía algo en mente: luchar y sobrevivir.
Pero lo que no sabía era que su fuerza estaba aumentando. Un mes entero luchando contra alguien a su mismo nivel, día tras día, había aumentado sus capacidades enormemente. Había pasado de fintas y torpes movimientos a realizar sus ataques con mucha más potencia y decisión.
Kire parecía estar progresando de la misma forma que él, y el joven dragón sospechaba que aquello no iba a cambiar.
De nuevo, los dos aceros chocaron. Los dos muchachos se miraron brevemente, con decisión en los ojos del hijo de Jack y Victoria, y seguridad en los de su rival. Parecía que estaban destinados a ser rivales desde el momento en el que se conocieron.
Evaluando sus miradas, en un segundo que pareció minutos, los dos se separaron con un salto mortal hacia atrás, quedando a siete metros de distancia entre ellos. Sin tiempo que perder, se lanzaron al ataque de nuevo. Erik lanzó una estocada que su enemigo esquivó con facilidad, pero el muchacho ya se lo esperaba y movió su espada hacia abajo, siendo bloqueada por el filo de Kire.
Este último sonrió y lanzó una patada al estómago de Erik, impactando, pero eso no amedrentó al joven dragón, quien clavó su espada en el suelo, se impulsó, y descargó su mejor patada de taekwondo en el pecho de su rival.
Kire tosió levemente, y Erik le lanzó una media sonrisa, pero duró poco pues tuvo que volver rápidamente a ponerse a la defensiva.
Tal vez por el hecho de que su adversario mejoraba como él, el chico no notaba que todos sus atributos, tanto físicos, como reflejos, potencia, y habilidad, mejoraban a la par con su rapidez de pensamiento, elaboración de estrategias y contraataques, y lectura de los movimientos rivales.
-Hmpf. Buena patada… pero no tienes fuerza, imbécil -escupió Kire.
-Lo mismo digo, idiota. Apenas sentí tu pie en mi tripa.
-No creo que digas lo mismo cuando te dé en la cara.
-Aquí te espero -contestó Erik, seguro de sí mismo.
Sin darse cuenta, por una vez el muchacho disfrutaba salvajemente de la batalla. Era algo difícil de explicar, pero todo su espíritu se revolvía con cada estocada. Jamás había experimentado algo semejante.
Era tal lo que sentía, que era su único pensamiento. Vencer a aquel rival de poder igual al suyo era un desafío que le llenaba.
Kire aceptó su proposición, y corrió hacia su enemigo. Erik hizo lo propio. Y una vez, los dos poderes chocaron… haciéndose cada vez más poderosos.
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Christian y Jack se dirigieron a la enfermería. Iban a ver a su hijo, como la semana anterior. Con el estado de Erik en continua mejora, estaban bastante contentos, aunque Jack sería mucho más feliz si su hijo despertara.
Tenía la corazonada de que lo haría pronto. No sabía explicarlo, por lo que decidió atribuirlo a sus instintos de dragón. Christian lo sacó de sus ensoñaciones con un seco "ya estamos aquí".
Los dos rivales se dirigieron hacia el interior de la habitación de su hijo. Lo que vieron allí les sorprendió. La media sonrisa de Erik se había esfumado. En su lugar, su rostro se había tornado decidido y sonriente.
-¿Crees que estará soñando? -inquirió Jack, curioso.
-Sólo hay una forma de comprobarlo… -comentó Christian, y trató de bucear en la mente de su hijastro. Sin embargo, al hacerlo… se encontró con un muro impenetrable. Un muro forjado con magia que conocía muy bien.
Jack supo que algo iba mal cuando Christian tragó saliva y parecía atónito.
-¿Chris…
-Es la magia del Séptimo. Hay un muro en la mente de Erik. No lo puedo atravesar…
-¿Qué?
-Sí, eso es lo que no entiendo. Erik sólo mejora, y el Séptimo lo quiere destruir… no tiene ningún sentido.
-Pero, entonces… sería mejor esperar a ver cómo se desarrolla la situación. Si el Séptimo estuviera en la mente de Erik…
-Markash podría sentirlo, sí. Y nos dejó bien claro que no tenía presencia dentro de Erik. Así que… no le diremos nada a Victoria. Tal vez… el dragón que lleva dentro sea lo suficientemente fuerte para romper ese muro -terminó Christian, levantándose, no sin antes evaluar al muchacho.
Todo aquello era demasiado extraño.
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Mannon observaba con agrado el cuerpo inerte de Kire, que estaba suspendido en el aire gracias al poder del dios. Todo se estaba desarrollando adecuadamente. Un Oscuro superior, pero sin experiencia… eso no era de utilidad en la guerra.
Pero gracias a la conexión entre Erik y Kire, el poder de ambos aumentaba paulatinamente, cada vez más y más rápido, para agrado del dios. Pronto, la barrera que puso sería destruida debido al poder de los muchachos.
No había empleado demasiado poder en ella, y la había programado para desaparecer llegado un punto de crecimiento del Oscuro, de modo que despertara, y le fuera de utilidad en el campo de batalla.
Shezken también observaba a la criatura con curiosidad, y odio irracional. Al provenir directamente de la esencia de Erik, eso le convertía en…
-Sí, lo sé, amigo mío. Pero esta vez es diferente, créeme. Si todo sale según lo previsto, el único capaz de hacerle frente es el muchacho.
-"En ese caso…"
-Tranquilo -le calló la deidad -eso lo podemos dejar para más tarde… Cuando esté desprotegido.
-"De acuerdo. Continuaremos con nuestros planes más inmediatos. La búsqueda de los sacrificios sigue su curso. Mandaré más…"
-No será necesario. No hay que adelantar las cosas. La impaciencia es nuestro peor enemigo, un shek como tú debería saberlo bien, Shezken.
-"De acuerdo pues."
El shek se deslizó sigilosamente fuera de la estancia, y partió para comprobar el estado de las hembras. Al fin y al cabo, debían asegurar la reproducción.
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La tarde de los tres amigos iba de maravilla. Séun había agarrado a las dos muchachas l las había llevado a cuestas hasta el agua, una tras otra, para lanzarlas y bañarse todos juntos. Eva, por supuesto, no se lo tomó nada bien. Cuando Resa y ella estaban en el agua, se aliaron juntas para hacer ahogadillas al ojiverde.
Él, con su actitud jovial, las invitaba a pasar al ataque.
-Vamos, dadme algo de diversión. ¡A este paso el torneo lo pierdes, Eva! -dijo él, sacándole la lengua a la chica.
-Oh, Séun… te la estás cargando de una manera bestial. ¡Vamos, Res! -tronó ella, abalanzándose sobre Séun mientras le aplicaba técnicas de taekwondo para derribar al chico, de forma que a Resa le quedó vía libre para poder aplicar un hechizo de levitación sobre el muchacho.
Una vez lo hubo conjurado, Séun comenzó a flotar, mientras se sorprendía, y trataba de zafarse pataleando en el aire.
Eva reía mientras Resa movía su mano hacia abajo y lo catapultaba hacia el agua, llevándose Séun un sonoro tortazo en la espalda al impactar sobre el agua.
Una vez hubo emergido, el chico se arrastró como pudo a la orilla, mientras se frotaba la espalda con una mueca en su cara y dos lágrimas de cocodrilo. Una vez Eva se acercó a ver si estaba bien, el chico le devolvió la llave y la hundió completamente en el agua.
Y así una y otra vez. El día había transcurrido de forma divertida, pero se hizo tarde. Tenían que pensar en volver. Los tres chicos se habían tumbado en la arena, encima de sus toallas, mientras reflexionaban sobre los próximos acontecimientos.
Séun tenía una misión programada para tres días después de aquello. Podía hacerlo solo, pero… no le apetecía marcharse. No ahora, que se lo estaba pasando tan bien.
Eva, por su parte, pensaba en el torneo en voz alta, preguntando a Séun cuál era el premio que le darían por derrotar al vigente campeón, dando por hecho su derrota.
Resa tan solo discutía con ambos, riendo con Eva cuando las dos se ponían en contra de Erik.
Pronto, decidieron que ya era hora de volverse a casa, puesto que debían prepararse para el día siguiente. Eva y Séun querían estar a tope, y trataban de convencer a Resa de que les animaran a uno o al otro, pero ella no se veía con capacidad para decidir. Si Erik hubiera despertado, se pondría del lado de Séun, y eso lo haría más fácil: ella se pondría del de Eva.
Pero en ese momento, no valía esa opción, por lo que decidió animar a Séun. Cuando Eva hizo un pequeño puchero, ella le contestó que Markash, sus padres, y los sheks la animarían en su lugar. Para desmontar su razonamiento, Séun rió diciendo que a él le apoyaría medio Vanissar.
Resa, para evitar la bronca de Eva, teletransportó a todos al castillo, y todos se fueron a ducharse y a dormir, en espera del excitante día que les esperaba.
No tenían ni la menor idea de lo realmente increíble que sería.
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Buenas!!! Hola otra vez, soy yo, el plasta de autor de esta historia. Espero que hayáis disfrutado del capítulo 35! El capítulo 36 se basará principalmente en la pelea de Eva contra Séun, y en el baile… veréis la que se arma, os tengo preparada una sorpresita (amantes del Eva-Markash, preparaos… xD)
Un saludo!!!
zalitrix