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Historia 120142 — capítulo 45

Lejos de todo aquello, Mannon observaba con aprobación los preparativos para el ritual. Dentro de pocos minutos, podría llevar a cabo un pequeño experimento para el que había estado esperando mucho tiempo, tal vez demasiado para su opinión. El inicio de sus operaciones no podía esperar más, ya que cada día presentía que el dragón y la shek se volvían más y más fuertes.

Sin embargo, sonrió. -"El primero no importa nada… lo único malo es que esos idiotas todavía no lo saben. Qué pena… me encantaría ver las caras que pondrían al enterarse de ello. Pero supongo que hasta un dios tiene sus límites, no puedo ver el futuro" -pensó, satisfecho. Los szish, obedientes, se encontraban predisponiendo todo lo necesario para que comenzara la primera fase para la conquista y destrucción de todos los que se opusieran a él.

Pronto, una cabeza de shek se coló por el hueco superior de la habitación. El Séptimo no tardó en reconocer quién osaba interrumpir en aquel momento, pues sólo había una criatura que estuviera permitida a perturbarle durante sus actividades.

-"Mi señor. Hemos encontrado la posible localización de uno de los fragmentos de la litografía, pero se encuentra en una zona fronteriza con el territorio enemigo en Celestia. Solicito la preparación de un escuadrón shek que me asista para llevar a cabo el asedio de la zona".

El soberano cerró los ojos ligeramente.

-"Todavía es muy pronto, Shezken. No le des más importancia hasta que yo no os lo diga. Si estás en lo cierto, lo más probable es que buscarla sea complicado sin levantar la alarma. En el momento en que se hagan con ella… Tendréis libertad para moveros como creas conveniente, amigo mío" -fueron las palabras que cruzaron la mente de Mannon.

Aunque no eran sus planes iniciales, Shezken no replicó. Siebten, el Séptimo, era un dios cuya visión como estratega superaba ampliamente la de cualquier shek, por lo que no tenía motivos para replicar, incluso si su envoltura era la de un frágil humano.

-"Entendido. Prepararé el escuadrón a la espera de las siguientes órdenes, pero necesitaré algo de tiempo. En cualquier caso, procederemos de acorde a tus palabras".

-"Como debe ser" -Mannon abrió ligeramente los ojos -"Shezken, hay algo que te preocupa, ¿no es así? ¿Acaso dudas de mí? -preguntó mentalmente.

El shek agachó la cabeza lo más que le permitió el ventanal.

-"Por supuesto que no, mi señor. Pero no puedo evitar pensar que, si hubiéramos atacado con todo, Kyannaris ya habría caído hace tiempo".

-"Ah, pero no es tan sencillo. Si hubiéramos actuado desde el principio con máxima hostilidad, los nuevos sheks no tendrían tiempo de nacer y convertir nuestro ejército en algo implacable, aunque eso ya lo sabes. Soy consciente de que crees que los sacrificios eran posibles, pero ten en cuenta que ellos tienen dos dragones, dos sheks, y lo que es peor, tres unicornios. Y créeme: los unicornios son criaturas increíbles, pero peligrosas. Sobre todo… él" -el Séptimo proyectó una imagen de un muchacho rubio en su mente. El cuerpo de Shezken se convulsionó ligeramente, como asqueado y enfurecido.

-"¿Y eso, a qué se debe?"

-"Es sólo un presentimiento… por eso extraje a Kire de su interior. De todas maneras, ya me he encargado de ello… Mi parte de palabra en la profecía tiene que ver precisamente con ese chico" -reveló, con el gesto serio.

-"Entiendo. Me retiraré, pues" -el shek cortó la comunicación, sacando la cabeza de la cavidad y volando sobre el cielo del amanecer.

Volviendo a sus anteriores asuntos, la envoltura carnal del Séptimo se carcajeó con frialdad. Para la hora del crepúsculo, todo estaría listo…

-Preparaos todos… porque todavía no habéis visto todo de lo que somos capaces. Pronto, ni siquiera vuestros dioses serán capaces de detenernos, y ni esa ridícula profecía os podrá salvar de vuestro destino-musitó, convencido y con una terrorífica mueca.

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Erik y Séun se volvieron a levantar, esta vez con el pequeño Cann acompañándoles en su despertar. Ni cortos ni perezosos, aquella mañana comenzaban con la promesa al joven de doce años. La noche anterior, Séun había sido completamente convencido por Erik para colaborar, sobre todo tras escuchar la terrible historia detrás de la muerte de la familia del chico.

-Sin problema. Contad conmigo, ¡será entretenido y por fin tendremos algo que hacer! -había sido la respuesta del moreno de ojos verdes.

Por ello, tras realizar la patrulla diaria seguidos del joven, aún algo reacio a su presencia debido a su inseguridad, comenzaron con su nueva rutina diaria de entrenamientos. Para Erik y Séun era una buena forma de no quedarse oxidados, y quién sabía, tal vez Cann realmente se volvería una persona fuerte capaz de proteger lo que más quiera.

Todo lo que estaban haciendo era a espaldas de Onet, por supuesto, ya que desaprobaba todo aquello en gran medida, traumada debido a la forma en la que sus hijos y su marido perecieron a manos de la guerra, probablemente sin causa ni sentido a sus ojos. Por esa razón deberían tratar de ocultarse de ella, pero aparentando normalidad, por lo que sería mejor que no se dejasen ver demasiado a la hora de practicar.

El día transcurrió deprisa para el joven Cann, ya que era la primera vez que practicaba con gente. Reacio a iniciar conversación al principio, pronto fue "convencido" por Séun para comenzar a hablar con ellos sin miedo alguno, gracias a sus bromas y a su sentido del humor que lograban que tanto él como Erik estallaran en carcajadas de vez en cuando.

Aquella noche, cuando volvieron a su habitación, antes de acostarse, el pequeño llamó a los dos visitantes a la habitación antes de lo previsto. Al principio no sabían qué podía ser, pero el muchacho de casi trece años no se hizo de rogar. Agachando un poco la cabeza, debido a la vergüenza, musitó unas palabras.

-Gra…gracias por el día de…

Inmediatamente Séun se puso a su lado y le hizo una "cerilla": le agarró del cuello con el codo mientras frotaba su cabello con los nudillos de la otra mano.

-¡Si hablas tan bajito no te va a oír nadie! No tengas vergüenza, chaval, que no mordemos, ¿verdad, Erik? -exclamó Séun, mientras el más joven de los tres intentaba zafarse de su agarre, entre risas.

-A esto es a lo que me refería… Mu… ¡Muchas gracias por el día de hoy! ¡Me lo he pasado de maravilla entrenando con vosotros! -confesó, levantando la cabeza. Por primera vez en años, sonreía ampliamente. Aquella noche, Cann por fin pudo dormir tranquilo, al igual que otros tantos idhunitas.

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Este no era el caso para el Séptimo, quien tenía todo dispuesto para comenzar su "pequeño experimento". Volvió a examinar los símbolos rúnicos antiguos y los materiales necesarios: dos sacos de ceniza de distinto color.

Sonrió. Todo en orden y listo. No había motivo para demorar aquello más tiempo.

-Muy bien, pues. ¡Que comience el ritual! -gritó, alzando las manos. Inmediatamente, el primer saco de ceniza se levantó de la mesa en la que se encontraba y se desplazó levitando hacia el centro del círculo dibujado previamente por los szish, marcado por runas antiguas escritas en Idhunaico Arcano.

Poco a poco, como si de un reloj de arena se tratara, la ceniza comenzó a caer sobre la fría piedra, mientras el saco seguía moviéndose. Con paciencia, Mannon movía sus manos en unos trazados específicos, pero incomprensibles hasta para alguien que estuviera viendo el ritual en aquel momento.

Tras unos minutos, el saco quedó vacío, y con un movimiento de su mano, el Séptimo liberó un pequeño rayo de energía oscura que hizo desaparecer la pieza de tela que había contenido aquellos restos incinerados.

A partir de ese momento, todo cambió de dirección. Con un tono de voz muy elevado, la encarnación del Séptimo comenzó a recitar las palabras necesarias para la continuación.

-Oh, emperador caído, recipiente de algo mucho más grande que la existencia de toda tu raza. Nacido feérico, dios a la muerte, con un milenio de gobierno a tus espaldas. Tú que fuiste vencido por Ayshel, la semimaga, debes despertar, ¡pues la hora de cobrarnos nuestra venganza ha llegado!

La habitación comenzó a temblar mientras las cenizas se reorganizaban y adquirían la forma de una silueta humana tumbada en el suelo. Inmediatamente después, el segundo saco comenzó a elevarse, y se situó encima del centro de aquella silueta que se había plasmado en el suelo mediante las cenizas del primer saquito.

-Lágrimas… Rabia… Odio… Crueldad… Desesperación… Caos… -con cada palabra, el segundo saco comenzaba a abrirse cada vez más -Todo ello será traído a Idhún de nuevo. ¡Escucha mis plegarias y vuelve a tu forma terrenal! ¡Que este sacrificio que te hago no caiga en saco roto! ¡Oh, mi previa encarnación, toma las cenizas de Ayshel, tu enemiga, y regresa de nuevo para gobernar! ¡TALMANNON!

Con la pronunciación del último nombre, las runas del suelo comenzaron a brillar. Un hexágono se hizo visible entre todos los trazados, y comenzó a emitir una luz blanca a su vez, que poco a poco comenzó a tomar matices negros. El segundo saco se volteó y derramó todo su contenido.

Por un momento se hizo el silencio, pero no duró. Al contacto con el suelo, las cenizas de Ayshel provocaron una explosión de magia negra, una que sacudió toda la base del Séptimo e hizo temblar los propios cimientos de la tierra. Un vórtice de oscuridad emanó del hexágono, envolviendo el grabado con forma de cuerpo humano, ocultándolo de la vista de todos.

Mannon sonrió ampliamente una vez se deshizo aquella maraña de energía. Dentro del vórtice quedaba un cadáver frío, sin vida. Con su movimiento final, un proyectil con forma de agujero negro salió de su mano y voló hacia el pecho del cadáver, que se estremeció y comenzó a temblar y convulsionarse violentamente.

Sin embargo, la conmoción pronto terminó, y aquel cuerpo muerto volvió a quedarse inmóvil. Las runas dejaron de brillar, quedando sólo el hexágono, que comenzó a volatilizarse a un ritmo imperceptible. Lo único que quedaba era esperar…

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Mientras los días continuaban pasando, la relación entre los tres muchachos se comenzaba a afianzar cada vez más. Poco a poco, Cann se fue abriendo a los dos jóvenes, tras comprobar que su única intención era ayudarle, como le había dicho Erik. La madre del joven estaba muy sorprendida, pero también agradecida a los dos muchachos, pues parecía que le habían devuelto a su hijo a su antiguo yo, de una forma o de otra.

A la vez, Eva y Resa continuaban mejorando sus habilidades en Vanissar bajo la tutela de sus respectivos padres. Victoria y Jack ayudaban en lo que podían, sobre todo a Alsan, quien solía pedirles su opinión en ciertos asuntos del reino, especialmente en lo referente a la búsqueda de las litografías que contenían la profecía.

-Tenemos las localizaciones que nos dijo Eva, pero son demasiado ambiguas. Ahora que hemos descifrado una parte no podemos quedarnos quietos. Necesitamos saber exactamente cómo podemos ayudar a vuestra a vencer al Séptimo, porque sola no podrá hacerlo. Imagino que contará con la ayuda de su hermano, ¿no? -les había dicho en una ocasión.

La búsqueda era lenta, pero sin ninguna duda terminaría por dar sus frutos, o al menos eso esperaba todo el mundo. Era imperativo que se conociera el papel de todos los participantes para saber a qué atenerse. Ya se había hablado de la hija de Christian, pero el dragón estaba ansioso por saber qué le ocurriría a su hijo.

-"Que se haya ido en un momento como este… Maldita sea, hijo, eres de lo más oportuno" -pensaba a diario mientras peleaba contra Alsan y Kimara para no oxidarse.

Y así, el tiempo avanzaba siguiendo su curso habitual. Ningún ataque o escaramuza se produjo durante las semanas siguientes a la llegada de Erik y Séun a Celestia, lo cual tranquilizaba a las tropas de Kyannaris, que se habían ganado un más que merecido descanso gracias a su labor tanto en el frente como manteniendo el orden en las ciudades.

Aquel ritmo de vida se volvió a restablecer en Idhún durante las siguientes seis semanas, en las que no hubo noticia de ningún movimiento enemigo por ninguna zona del continente. Aunque al principio desconfiaban, los ciudadanos no tardaron en agradecer aquel parón, pues ya no tenían que trabajar con tanta presión como antes, puesto que ya no había vidas en juego, al menos en aquel momento.

La relación entre Erik, Cann y Séun se continuó afianzando. En una ocasión, decidieron ir al lago detrás de las colinas todos juntos.  Aunque solo estuvieron un par de horas, tuvieron tiempo suficiente para disfrutar del buen tiempo que hacía en Celestia, darse un buen baño, y comentar los progresos del joven, orgullosos, hasta el punto de que le ofrecieron volver con ellos a Vanissar y entrenarse por su cuenta una vez regresaran allí. Al oír aquello, el muchacho se negó, pues su madre se preocuparía si iba por su cuenta. La respuesta del dragón no se hizo esperar.

-Pero es que no vas solo… Irás con tu familia. A partir de ahora, como ya te he dicho, nos convertiremos en hermanos… pero en hermanos de sangre -sentenció, solemne. Al instante, cogió un cuchillo y se cortó un poco la yema del pulgar izquierdo.

Séun hizo lo propio, comprendiendo el acto, y le cedió el cuchillo al joven Cann, quien no dudó un instante y realizó el mismo gesto que los dos mayores.

Presionando sus dedos, que tenían una pequeña gota de sangre debido al corte. Estuvieron en esa posición unos cinco segundos, y después se separaron. -Ahora ya podríamos considerarnos familia -sonrieron, contentos.

En ese momento, cuando el tercer sol terminó de ponerse, los jóvenes fueron sorprendidos por algo que brillaba en el interior del lago.

-Oye, Erik… ¿Qué crees que es eso? -inquirió Séun, extrañado.

-Hmm… La verdad es que me gustaría ir a comprobarlo. ¿Os apetece otro baño? -Erik se levantó, y volvió a quitarse la camiseta, preparado para comprobar lo que les aguardaba en el fondo del lago, de unos cinco o seis metros de profundidad.

En un segundo, tanto Cann como Séun habían hecho lo propio, y se zambulleron en las aguas oscuras, nadando hasta el epicentro del pequeño resplandor. Una vez llegaron, se detuvieron.

-Parece que es aquí. Vuelvo en un momento, ¿de acuerdo? -dijo Erik, cogiendo aire y metiendo la cabeza bajo el líquido elemento. Tras ponerse en posición vertical, con la cabeza apuntando hacia el fondo del lago, dio cinco brazadas en dirección al suelo arenoso, hasta que vio algo extraño. Algo parecido a una cúpula de luz se extendía alrededor de una pequeña parte del terreno.

Sin dudar, el muchacho nadó hasta la extraña formación, entrando en ella, pero se estaba quedando sin aire. En el instante en que entró, sin embargo, algo extraño sucedió. Su necesidad de respirar se desvaneció al instante, sin saber él el motivo.

-"¿Qué está pasando?" -pensó, curioso. Escrutando el terreno, observó una pequeña losa que parecía ser de piedra. Acercándose, Erik puso las manos sobre el pétreo material, quitando la arena con un par de pasadas de su mano, revelando así una serie de letras que parecían estar escritas en una variante de idhunaico que no conocía. Al final de aquellas runas, había una marca con forma de un dragón con las alas extendidas.

Al tocar el mismo icono, un temblor sacudió la cúpula. Erik se sobresaltó cuando aquel pedazo de roca con inscripciones reducía sus dimensiones, hasta volverse del tamaño de un guijarro con un brillo rojizo acristalado.

Erik cogió el guijarro, comprendiendo de lo que se trataba. ¡Era una de las litografías!

-"Claro… las colinas de los puros. ¡Celestia!"

Entonces, el brillo de la cúpula comenzó a desvanecerse, y el dragón comprendió que no tenía mucho tiempo. Nadando hacia arriba, salió de la extraña formación de energía y se abrió paso entre las aguas para volver con sus compañeros.

Séun y Cann ya se habían empezado a preocupar cuando Erik emergió, boqueando en busca de aire. -Erik, ¿qué era eso? -le preguntó Cann, interesado. Jadeando, el rubio respondió entrecortadamente.

-No… os lo vais… a creer. He encontrado… una de las litografías.

-¿Cómo dices? -gritó Séun, sorprendido.

-Lo que… oyes… Vamos a salir… y os cuento los detalles.

Una vez salieron del lago, Erik relató su pequeña aventura subacuática. Terminó agradeciendo a Cann su presencia, ya que si no le hubieran conocido, probablemente nunca hubieran encontrado aquella parte de la profecía.

Aunque de buena gana se habrían quedado fuera un poco más, la noche comenzaba a mostrar su lado gélido, y Onet estaría preocupada si no aparecían ya mismo con su hijo en la casa. Sin tiempo que perder, los tres regresaron al pequeño pueblo, entre risas.

Cuando se acostaron, Erik se alegró de haber realizado aquel ritual simbólico. Ahora eran parte de su familia, pero la diferencia era que ellos no le ocultaban nada ni le intentaban dejar al margen. Hacía varios meses que no se sentía tan feliz.

Pero… ¿Quién podía saber que aquella felicidad duraría tan poco?

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Aquí acaba el capítulo 45! Espero que os haya gustado. Por fin, nos acercamos al evento principal de la historia... Intentaré escribirlo lo mejor posible :)

Un saludo, y muchas gracias a todos los comentarios!!!!! ¿Qué creéis que ocurrirá a continuación?

zalitrix