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Historia 120142 — capítulo 47

Erik, Séun y Cann se encontraban en la entrada de la aldea… o, al menos, de lo que quedaba de ella. Más de la mitad del terreno estaba cubierto por enormes lanzas de hielo, que habían destruido un alto porcentaje de los edificios. El resto ardía en llamas, posiblemente provocadas por los sheks estratégicamente, pues ellos no controlaban ni toleraban el fuego, pero ayudaba a destruir, por lo que era necesario.

Varios sheks podían verse sobrevolar una parte, pero aún no les habían avistado, o eso parecía. Por otro lado, una armada de szish perseguía a tres supervivientes. Mientras los muchachos todavía oteaban el panorama, Cann profirió un grito de ira.

-¿¡A DÓNDE CREÉIS QUE VAIS!? -gritó, abalanzándose sobre sus objetivos, espada en mano. Erik y Séun le siguieron, sin dudar. En menos de un minuto, habían sido completamente aniquilados por los tres espadachines que eran la única salvación de la aldea. Atendiendo a los heridos, el pequeño descubrió que estaban yendo detrás de Onet, puesto que ella debía conocer el paradero de los dos muchachos que habían venido de Vanissar, refiriéndose a los dos jóvenes que acompañaban a Cannais.

-"Maldita sea… esto no pinta nada bien. Son demasiados, aunque luchemos no podemos ganar… Pero… ¡tampoco podemos dejarlo así!" -pensó el ojiverde, decidido a luchar hasta el final por aquel lugar. Erik, por su parte, apretaba los puños. Sentía un instinto asesino que, por primera vez, no tenía que reprimir porque los sheks fueran aliados o familiares. Ahora era libre… libre para acabar con ellos…

Temblando, su espada legendaria se envolvía en llamas cada vez mayores, ansiosa por probar la carne de su enemigo natural: el helado cuerpo de la serpiente alada. -Séun… vamos -musitó el dragón, mientras corría junto a Cann.

Pronto tendrían que enfrentarse a las serpientes, pero antes, mandarían un mensaje a Vanissar con la ayuda de un varu, cuyos poderes telepáticos podían aplicarse para enviar información a través de la red de los sheks aliados. Necesitaban que enviaran refuerzos con magos, para poder teletransportarse directamente. Si no, no llegarían a tiempo.

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Mientras tanto, en el castillo, la rutina habitual continuaba, pero no iba a ser otra jornada normal para la Tríada y los demás guerreros de Kyannaris. Eva y Resa terminaron su rutina de entrenamiento diaria para encontrarse después en el vestíbulo del castillo, y bajar a la ciudad las dos juntas.

Aquel día habían decidido pasarse por el distrito residencial, en parte por diversión, en parte para dar la sensación a los ciudadanos de que Alsan velaba por su protección, lo cual había sido idea de la joven shek.

-Bueno, ¿vamos? Me gustaría tomar un café antes de volver, que si no nos vamos a aburrir hasta la cena… -Resa comentó, mientras la joven de pelo negro y ojos azules asentía con una media sonrisa característica de su padre.

-Claro, ¿por qué no? El castillo se está volviendo muy cargante, si te digo la verdad… papá está muy emocionado con mi transformación, si es que logro "sacar mi shek anterior", claro -respondió ella, imitando las palabras que su padre repetía cada hora durante las sesiones.

A la vez, en el castillo, Jack y Christian se encontraban enzarzados en una de sus luchas para calmar un poco los ánimos. Llevaban haciéndolo para calmar el instinto desde que Erik se había ido, porque sin la influencia de otro dragón, Jack se sentía mucho más incómodo con todas las serpientes aladas a su alrededor. Además, les servía como válvula de escape para dar rienda suelta a sus emociones.

Domivat y Haiass colisionaron, pero había algo diferente aquella vez. Ambos filos temblaban, pero no por la contienda, ni porque fueran a ceder. A lo largo de los años, los dos rivales habían ido desarrollando su conexión telepática, por mucho que les costara admitirlo, porque era una gran ventaja no solo en la vida cotidiana, sino en las batallas.

-"¿Soy el único que acaba de tener un mal presentimiento…? No sé cómo explicarlo, pero… he sentido un escalofrío" -pensó el dragón.

-"En otros casos te diría que mi hielo te ha vencido, como siempre…" -picó Christian, pero continuó -"Pero esta vez, tienes razón".

Casi como si hubiera sido un cruel presagio de los dioses, una transmisión entró en la red de los sheks de Vanissar, tras permitir el acceso. Era solo de entrada, por lo que no había riesgo de ser una infiltración enemiga.

-"Ataque en Celestia. Un escuadrón de szish y varios sheks. Solicitamos apoyo inmediato. Enviad tropas vía teletransporte, o dudo que lo consigamos sin sufrir muchas pérdidas.  Séun, corto."

Como un trueno que sigue al rayo, Markash apareció en la sala de entrenamientos unos segundos más tarde.

-Reuníos inmediatamente con Alsan. Los demás ya están de camino -se limitó a decir, dejando la puerta abierta mientras Jack y Christian salían disparados en pos del monarca y del resto de sus amigos y familiares que se encontraran presentes.

Por su parte, Resa y Eva palidecieron nada más el mensaje les fue transmitido por Markash. -Erik… Séun… -musitó Resa, mientras Eva y ella avanzaban de vuelta hacia el palacio con paso decidido, aunque vacilante. -"Hermano, más te vale no morir… Y lo mismo va por ti, Séun…" -se limitó a pensar, empleando sus energías en la carrera hacia el castillo que hacía las veces de hogar para las dos muchachas en Idhún.

Una vez se hubieron reunido todos en el punto acordado, Alsan comenzó a hablar, sin vacilaciones. No iba a suavizar la situación, no cuando las vidas de Séun, Erik y las personas que vivían en Celestia estaban en juego.

-No sabemos nada de ellos, nada más que son los responsables de la transmisión. Sin embargo, ya estamos preparando las tropas, pero necesitamos tiempo…

-¿¡Cuánto tiempo?! -inquirió Victoria, preocupada por los dos muchachos.

-Vic, cálmate. Sabes que estamos haciendo todo lo que podemos, pero no podemos hacer nada sin la preparación adecuada o empeoraríamos la situación. Danos media hora, y estaremos listos -contestó el monarca sin perder la compostura.

En situaciones como aquellas, era natural perder los nervios, por lo que no se lo reprochó.

-Mierda… ¡mierda! ¿Por qué han tomado los sheks interés en Celestia? ¡Allí no hay nada que quieran conseguir como para lanzar un ataque! -rugió Jack, furioso, pero Christian sabía que eso no era cierto.

-Te equivocas. Sí hay algo que buscan… las colinas de los puros, ¿recuerdas? Creo que ya sabemos a quiénes se referían por "puros"… los celestes no conocen la maldad, para ellos es un concepto imposible de concebir siquiera -el castaño respondió sin vacilar, pero se podía notar un ligero matiz en su voz que mostraba su preocupación.

Inmediatamente todos los presentes maldijeron al unísono.

-La litografía… van tras ella… ¡¿pero cómo lo saben?! -se preguntó Shail, a lo que Markash contestó rápidamente. Al fin y al cabo, él era el hijo del Séptimo, no de una de sus encarnaciones, lo cual significaba que sabía más que ellos sobre las divinidades idhunitas.

-Veréis… cuando los dioses lanzan sus profecías, sabemos que el destino queda sellado. Todas las que han vaticinado se han cumplido, de una manera o de otra. Por eso, todos ellos son conscientes de cuando se realiza una, y cada uno escribe su parte. Ese bastardo de Mannon la conoce… ahora solo nos queda saber qué es lo que ha aportado, exactamente.

¿Cómo no habían podido predecir aquello?

-Un momento, Mark… si sabían que estaba allí, ¿por qué no actuar antes, y llevársela? -Resa no se quedó callada en aquella ocasión, segura de que había un matiz evidente que se le escapaba.

Markash pareció pensar durante un segundo, y volvió a hablar. -Ellos saben lo mismo que nosotros. Así que, aunque sepan dónde está, no conocen la localización exacta, igual que Jack tuvo que explorar el bosque de Awa para encontrar la litografía de los sheks. Si entraran en territorio enemigo, nuestra respuesta hubiera sido inmediata, y tal vez no la hubieran encontrado.

A los sheks nos gusta jugar sobre seguro… así que lo más probable es que hayan dejado que la encuentre alguien, para después quitársela -concluyó, suspirando. Jack levantó una ceja, pero no para preguntar, sino para concluir aquella reunión.

-Entonces, no hay nada más que hablar. Prepara esos magos, porque yo también voy. No voy a dejar morir a mi hijo a manos de unas serpientes, Alsan.

-Lo mismo digo -dijo el monarca, enganchándose Sumlaris al cinturón y comenzando con los preparativos.

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-¡¡Mamá!! ¡MAMÁ!! -gritaba Cannais mientras corría hacia su casa, solo para encontrarse una macabra visión que jamás olvidaría. Un shek sostenía el cuerpo de su madre con su cola, posiblemente habiendo aplastado sus costillas, pues la sangre fluía de la boca de la mujer, sus ojos vidriosos fijándose en el muchacho.

-Cann… menos mal… que estás bien… -mustió, mientras un dolor agudo le recorrió la mente… y su vida se apagó. La serpiente silbó, enfurecida.

-"Al final, resistirte no ha servido de nada, mujer. Ellos solos han caído en la trampa… Un final apropiado para semejante necia" -resonó en sus mentes. El ahora huérfano profirió un grito de frustración, odio, y sobre todo, sed de venganza, al tiempo que se abalanzaba sobre la serpiente, que simplemente contraatacó con un golpe de su poderosa y flexible cola.

-¡Gah! -resonó, mientras un chasquido se pudo discernir: el brazo izquierdo de Cannais. El pequeño rubio fue rápidamente despachado y mandado hacia un árbol cercano por el shek, contra el que impactó.

-"Ni se te ocurra compararme con un szish, estúpido. La próxima vez, será tu cuello. Ahora, quédate ahí quietecito… El único que me interesa es el dragón" -siseó, pero Séun tenía otros planes.

-Todavía estoy yo aquí, ¿o es que vas a matarme con la mirada? Inténtalo, y te juro que le haré a mi madre unos zapatos contigo, bastardo -soltó el ojiverde, pero el shek rio grácilmente.

-"Oh, pero yo también tengo refuerzos, humano"

Dos sheks descendieron de los cielos, abalanzándose sobre Séun, sin prestar la más mínima atención a Erik. Estaba claro que el shek que quería enfrentarse al dragón era el líder de aquel escuadrón, por lo que el privilegio de tomar la vida del hijo de Aldun sería suyo y de nadie más.

Séun esquivó con un salto hacia atrás, desenvainando Gaia.

-Erik… no sé cómo vamos a salir de esta, pero al menos, ¡vamos a llevarnos por delante a estas lagartijas! -el moreno dijo, pero el joven dragón tenía otros planes.

-No… ¡voy a matarlos a todos! -rugió, abalanzándose hacia el shek de la misma forma que había hecho Cann, por lo que el shek ya había preparado el movimiento para contrarrestarlo. Sin embargo, se encontró con que el muchacho saltó, y blandió su hoja plateada, que emitió una furiosa onda de fuego que achicharró parte de las escamas del shek.

Un chillido resonó mientras la serpiente contraatacaba con un mordisco hacia delante que el dragón logró esquivar por los pelos. El shek era rápido, no cabía duda, pero no se había esperado aquel ataque por parte del joven.

La experiencia y el poder pronto inclinarían la balanza a favor de la criatura semidivina, dado que un humano armado con una espada, por muy dragón que fuera, no podía hacerle frente a un shek.

Al menos, no había constancia de ello, pero… la historia la escriben los vencedores. Aunque eso es otra historia.

Tras unos minutos, Erik recibió un coletazo semejante al de Cann, pero logró bloquearlo para que no le dañara. La fuerza de la serpiente le mandó volando, con la espada volando por los aires y el muchacho cayendo boca abajo. Pronto, el filo plateado se clavó al lado de su propietario, y su oponente decidió que era hora de acabar con todo aquello.

Cristales de hielo increíblemente afilados comenzaron a formarse alrededor del shek: dos, cuatro, luego ocho.

-"Nosotros conocemos vuestro fuego… es la hora de que los dragones prueben nuestra escarcha" -el shek pensó, concentrando su energía en ese movimiento. Un brillo blanquecino-azulado comenzó a iluminar los cristales, mientras Erik se trataba de levantar, tosiendo un poco de sangre.

El impacto había sido más fuerte de lo esperado, y le había dejado aturdido, por lo que no podía reaccionar. Séun trató de correr hacia su amigo para apartarlo del camino, pero fue en vano, ya que uno de los dos sheks contra los que luchaba le agarró con la cola.

El otro había sido encerrado gracias a los poderes de Gaia, pero ya se estaba liberando de su pétrea prisión. Sufriendo entre los anillos de su captor, que cada vez se apretaban cada vez más, el muchacho gritaba, no de dolor, pero de frustración.

-¡Erik! ¡Erik! ¡¡Reacciona, maldita sea!! -repetía, de manera inútil. Todo parecía perdido para el muchacho… de no ser porque todavía había alguien que seguía en pie. Con su mano derecha sosteniendo una pesada espada como podía, un muchacho de unos doce años corría hacia el shek, cegado por la impotencia y la rabia que sentía.

-¡No vais a quitarme otro hermano! ¡¡¡Deja a Erik en paz!!! -se oyó, y la serpiente comunicó una simple frase.

-"Fuera de mi vista… ¡ESCORIA HUMANA!" -las últimas palabras retumbaron en sus cabezas, haciendo obvio que el shek se había cansado de esperar y se encontraba lleno de odio, un odio que debía satisfacer. Con un solo golpe de su ala, lanzó al muchacho contra el muro de una casa. Erik y Séun contemplaron como, tras el impacto, el cuerpo del muchacho cayó, para ser recogido por el shek.

-"Te dije que la próxima vez… te partiría el cuello"

Al instante, un sonido seco que pareció ahogar todos los demás, aun siendo casi imperceptible, llegó a los oídos de ambos jóvenes.

El cuerpo de Cannais fue lanzado al lado del de Erik, quien se movió como pudo acercándose a él y tomándole el pulso. Su corazón dio un último latido, pero aquello fue todo. Estaba…

El dragón acunó a su "hermano" entre sus brazos, dos amargas lágrimas cayendo por sus mejillas.

Los otros sheks, a su vez, suspiraron.

-"Los humanos no atienden a razones. Se le dio una oportunidad, y la desperdició. Estúpidos sangrecaliente…" -comentaron, centrándose en el dragón, solo para ver una imagen capaz de dejar perplejo incluso al mismísimo Séptimo. La espalda de Erik brillaba en dos puntos situados cerca de los  omóplatos: era puro, blanco, inmaculado.

Mientras las serpientes no podían hacer otra cosa que preguntarse qué demonios estaba ocurriendo, Erik dejó el cuerpo de Cann en el suelo. Se levantó, boquiabierto, incapaz de creerse lo que estaba ocurriendo.

El asesino, aquel ser que había acabado con tantas vidas inocentes, rio mentalmente.

-"Si no fueras tan estúpido, ahora no estarías muerto".

En ese mismo instante, por la mente de Erik pasaron sus recuerdos. Cómo Eva le había vencido, cómo Markash le había humillado. Revivió el beso de Markash y Resa, y, por último, cómo había perdido a su hermano. En su mente, el último límite se rompió.

Con un grito de ira, rabia, odio, pero sobre todo, instinto asesino, el muchacho fue envuelto en una espiral de llamas. Su grito, de repente, se transformó en un terrorífico rugido mientras, a través de las llamas, se veía cómo su cuerpo comenzaba a cambiar. Primero, las escamas brotaron desde debajo de la piel de sus brazos y piernas, la sangre fluyendo y evaporándose al contacto con el fuego.

Entonces, el tornado de llamas se volvió completamente negro y de él, brotaron dos alas oscuras como la noche, seguidas por dos brazos con afiladas garras y puntiagudas escamas negras, capaces de serrar al mínimo contacto.

Pesadas patas chocaron contra el suelo, de similares características a los brazos, pero mucho más fuertes, permitiendo el bipedismo de la criatura. Finalmente, las llamas se disiparon, revelando el cuerpo, y una cabeza de dragón. Sus ojos color rojo sangre todavía tenían lágrimas en ellos, que terminaron de evaporarse por la temperatura de la bestia.

-¡Erik! -gritó Séun, preocupado.

Lejos, muy lejos de allí, Mannon abrió mucho los ojos. Conocía el poder del muchacho, lo había probado él mismo. Pero… aquello…

-"No puede ser. En la historia de Idhún, se decía que los de colores de los dragones influían en su destino. Los metálicos, como dorados o plateados, tenían un destino especial, destinados a ser héroes, o vencer en las profecías. Pero... ¡nunca, jamás ha existido un dragón negro! " -pensó, aterrado por un momento.

Aldun no había permitido que los dragones fueran negros, ya que ese color representaba la esencia del Séptimo. Aquello no podía suceder… ¿qué significaba? Por primera vez, un dios se enfrentaba a algo completamente desconocido…

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Buenas y perdón por la espera! Aquí está el nuevo capítulo, que aunque tarde no he abandonado el fic, eh! Es que estoy muy liado con los exámenes y demás, no me matéis. Espero que os haya gustado, y muchas gracias a todos por comentar!!!! Os leo a todos aunque a veces no responda for falta de tiempo.

Muchas gracias por seguir la historia! Un saludo!