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No sólo estoy en el mundo muggle, estoy contigo. — capítulo 4

A la mañana siguiente Hermione despertó y Malfoy había preparado el desayuno, los tulipanes estaban en un hermoso jarrón en el comedor y él la miraba sonriente mientras posaba su espalda en la pared, esa sonrisa que Hermione jamás había visto… no era una burlona, no era de malicia, era una auténtica sonrisa.

-Buenos días, pensé que no despertarías. ¡Ve a arreglarte, se te hará tarde! Te espero para desayunar… Hermione.- Dijo Draco aún sonriente pero de espaldas a ella, nunca la había llamado por su nombre, sonaba tan dulce cuando él lo decía.

-Claro, buenos días.- Dijo ella sonriente y subió las escaleras, tardó más de lo habitual, por alguna razón esperaba un elogio de parte de Malfoy.

Cuando bajó él estaba sentado en la mesa leyendo un libro y terminando algunos deberes, cuando Hermione llegó apartó todo y se dispusieron a comer los waffles que preparó Draco con mucho, mucho esfuerzo.

Salieron de su casa, subieron al auto y a ambos se les veía feliz, cuando llegaron al pequeño kínder donde trabajaba Hermione ella le dijo "Adiós" con una sonrisa y él la miraba admirándola.

-¿No me darás un beso de despedida Granger?- Dijo Malfoy con una sonrisa pícara.

Ella se acercó y besó los labios del rubio como quien tiene un gran tesoro en frente.

Pasó el día, Draco estaba exhausto y pasó a buscar a Hermione para el almuerzo, ella tenía dos turnos por lo que salía a la misma hora que él siempre, fueron a almorzar, rieron y ocurrió un incidente parecido al del chico de la Pizzería pero con una chica, cuando ella le preguntó a Draco su número de teléfono aprovechando que él no sabía que responder Hermione abrió sus labios para decir algo pero Malfoy se adelantó.

-Si ves a un chico con una hermosa chica en una mesa riendo ¿Piensas que son sólo amigos?- Respondió él muy serio. -Pues te equivocas, además, eres una niñata ingenua, lo siento.- Y siguió hablando con Hermione quien lo miraba atónita, la chica se dio media vuelta y volvió con sus amigas, ellas salieron del local no sin antes decirle a Hermione cosas como "Perra suertuda" o "Flaca sin curvas e insípida" y a Draco algunas como "No sabes lo que te pierdes" o "Es rubio falso seguramente".

Él que no estaba acostumbrado a estas cosas en su contra se levantó y las detuvo.

-Disculpen señoritas pero creo que el suertudo soy yo al tener a una belleza como ella conmigo, y definitivamente no la miraron bien pues puedo apostar que su cuerpo es mucho más satisfactorio a la vista que el de cualquiera de ustedes niñas engreídas, no sé lo que me pierdo y no creo perderme nada, y soy rubio natural.- Y entró al local dejando a las chicas boquiabiertas, volvió a salir y les dijo. -Por cierto, le vuelven a decir perra y haré que sus familias caigan en quiebra.- sonrió y volvió a entrar.

Al contarle a Hermione ella enrojeció y río a más no poder, él aún era el Malfoy orgulloso que no soportaba insultos de parte de nadie.

La llevo de nuevo al kínder, él fue a trabajar, la buscó y estaban cenando mientras Hermione leía el periódico.

-Escucha esto: "Ola de crímenes en Londres, al parecer hay una secta causando estragos en la ciudad, han entrado en cuatro casas en el centro de la ciudad y matado a sus habitantes, nadie sabe como pues no tienen marcas en su cuerpo, ni veneno en su sangre, además dejan en la pared el dibujo de un símbolo, una calavera con una serpiente saliendo de su boca, por eso las autoridades recomiendan tener cuidado pues ni siquiera fuerzan las puertas de las casas o roban nada."- En ese momento el plato que Draco se disponía a levantar de la mesa cayó al piso y se hizo añicos.

Él subió corriendo y entró al baño, Hermione subió detrás de él, lo encontró vomitando y se acercó pero cuando Draco oyó sus pasos sólo cerró la puerta con su pie. Hermione no volvió a ver al rubio pues este se encerró a su habitación, hasta el día siguiente cuando la esperaba en el auto.

Draco se veía más pálido de lo común, algo desaliñado y con ojeras enormes, tenía las dos manos en el volante y una expresión en su cara de enojo, Hermione puso su mano sobre una de las de él y lo miró con preocupación, pero Draco sólo la quitó con mucha brusquedad y la miró… con odio, con el mismo odio con el que la miraba en el colegio pero algo le decía que ese odio no era hacia ella, sus ojos se aguaron y sin importarle Draco comenzó a llorar.

-Llegaste, bájate.- Le dijo el rubio deteniéndose, ella bajó y antes de cerrar la puerta el rubio la llamó. -Granger, no confíes en nadie.- Ahí Hermione lo notó, esos asesinatos tan extraños… como mataban, como entraban, era magia, no sólo magia, eran mortífagos, por eso Draco estaba así con ella.

Lo esperó en el almuerzo pero no llegó, comió sola en el local del día anterior, llegó al kínder de nuevo, dio su clase y Draco la buscó, no hablaron en el auto.

Llegó la cena, comieron en silencio, nada pasó, así pasaron los días hasta el domingo, Draco bajó y se sentó en el sofá junto a ella mientras veían la televisión, eran cerca de las tres de la tarde y hubo un apagón.

Hermione gritó en cuanto el televisor se apagó repentinamente y Draco como por pura inercia la abrazó, ella lo miró confundida.

-Lo siento.- Dijo él sin dejar de abrazarla.

-¿Por qué?- Preguntó ella cerrando los ojos y sintiendo la piel del pecho desnudo de Draco junto a su mejilla.

-Por tratarte así, es por ellos, lo sabes. Seamos sinceros entre nosotros nunca nada va a funcionar, no estoy acostumbrado a esto, a ser cariñoso con alguien, no puedo hacerlo y no debo hacerlo, menos contigo.- Dijo él cuando sintió que las lágrimas de Hermione caían en su abdomen desnudo. -No lo entiendes, no te odié, nunca te odié, o quizá sí pero te odié por el simple hecho de que despertaste en mí algo que nunca había sentido.-

*¿Qué pude despertar en él?*Pensó Hermione.

-Esas ganas frenéticas de verte todos los días aunque fuese sólo para que miraras con odio, hacía lo que fuera por verte pero nadie lo notaba.- Decía él mirando al frente.

¿Locura?

-Desesperación, quería que pensaras que yo era perfecto, sabía que no podía enamorarte, hasta ese día, que me besaste.- Hermione lo miró pero antes de que pudiera hablar él lo hizo.

-Si los mortífagos están matando gente en Londres no es casualidad y lo sabes, es por mí, por la estupidez que hizo mi padre que lo llevó a Azkaban.- Draco casi susurraba. -No puedo estar contigo Granger, eres demasiado cariñosa, te aferrarás a mí y aunque sé que eres valiente para enfrentar cualquier cosa también sé que me buscarás, te pondrás en peligro y si te matan juro que cargará en mi conciencia por el resto de mi vida.- Draco estaba a punto de llorar.

-¿Entonces qué? ¿Prefieres a Pansy? ¿Esa perra que no haría nada por ti?- Dijo ella entre sollozos.

-Si me ponen a escoger entre tú y Pansy, la escogería a ella sin pensarlo.- Al decir esto el corazón de Hermione se partió en mil pedazos, lloró y se levantó para irse cuando él la tomó por la muñeca. -Ella no pregunta cosas, no es valiente, no es tan hermosa como tú, pero sabe mi manera de querer, ha estado conmigo siempre a pesar de lo cruel que soy con ella, no me buscaría, y si lo llegara a hacer, preferiría que muriera antes que tú.- Hermione no dejó que terminara pues entre sollozos y lágrimas lo besó, con tanta dulzura como Draco jamás había besado.

Él la tomó entre sus brazos y ella preguntó suavemente.

-¿Me amas?-

-Más que a la vida misma, lamentablemente… pero al estilo Malfoy.- Dijo él besando sus cabellos.