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Recuerdos húmedos — capítulo 3

Conviviendo más con ella.

A la mañana siguiente, justo antes de ir a desayunar en el gran comedor la vi. Estaba tan hermosa como siempre, con una sonrisa radiante, como si nada hubiera ocurrido anoche; atravesábamos un pasillo desierto, cuando corrí a su lado y la tomé en mis brazos, la apreté con demasiada fuerza.

—Hermione yo…—le decía al momento que ella me soltó y salió corriendo.

<<te veo donde mismo, se puntual>>.

 Esa pequeña nota voló a mí en la clase de pociones, por poco el profesor Snape que tanto la detesta se da cuenta; me alisté desde antes para verla y al hacerlo aún me encontraba nervioso, pero esa tarde conversamos un poco más, ya no estudiábamos solamente, ahora ella conversaba acerca de su familia, jamás creí que los muggles fueran tan extraños, pues decía que arreglaban los dientes de los demás y las personas pagaban por ello, siendo que un hechizo lo podía solucionar fácilmente. También hablábamos de mascotas, ella quiere un gato, tal vez se lo regale de navidad, quiero darle algo que sea muy preciado para ella, algo que valore de verdad.

—Tú harás la introducción del tema—me dijo al tercer día.

Y después se quedó estudiando, tomaba cada vez más libros y quería terminarlos al mismo tiempo, eso era algo bastante difícil, pero parecía no serlo para ella; yo disfrutaba tanto verla, su compañía era realmente grata, aunque en muchas ocasiones yo sólo hojeaba los libros, sin poner atención siquiera en su contenido. Las tardes a su lado se habían convertido en algo significativo para ambos, le había explicado con anterioridad que desde que los fundadores vivían Slytherin y Gryffindor no se llevaban bien, y sus alumnos a través de los años habían continuado con esa estúpida tradición; era esa la razón por la que los demás no veían tan bien el hecho de que nos habláramos. Ella era muy inteligente, solamente me sonrió, sujeto mi mano y me dijo "Tú no eres como ellos Draco, hay algo más en ti. Es por eso que me gusta estar a tu lado" esas palabras me dieron justo en el blanco, sólo esbocé una sonrisa radiante, era ella toda perfecta, para mí una veela, me vio ensimismado y sólo comenzó a burlarse —para— le dije riendo, ella río también.

Al día siguiente era nuestro primer partido Slytherin vs Gryffindor, estaba nervioso, era obvio que quería que mi casa ganara, pero no sé si ella podría con las palabras burlonas de los demás, no quería que Hermione, mi Hermi se molestará conmigo a causa de los demás. Durante el almuerzo cada quien estuvo en su mesa, aunque me sentó celoso al verla junto a Weasley debe admitir que me agradaron las cientos de miradas que cruzamos durante el desayuno, después salimos, nos vimos por un momento y me susurró ''suerte, Slytherin la necesitará'', y después salió corriendo. Por un momento toqué mi mejilla, sin poder creer aún que la suya acababa de rosar la mía, inhalando con fuerza, queriendo atrapara cada molécula de su olor, guardándola celosamente para mí.

YA ERAN vísperas de navidad, pero aún así las clases  no habían concluido, aunque el castillo ya comenzaba a ser decorado, los alumnos continuaban estudiando, los que más lo disfrutaban eran Hermione Granger, que cada día que transcurría se despertaba con más ganas de asistir a las diferentes aulas y Draco Malfoy que no dejaba de disfrutar el tiempo al lado de la chica. En Hogwarts ya comenzaba a hacer frío, los alumnos utilizaban ya la ropa típica del invierno que la escuela les daba, y aquel apuesto rubio no dejaba de pensar en el regalo perfecto para ella. No fue hasta la mañana del día 15 de diciembre que él supo que regalarle, justo cinco días antes de su partida a casa.

Así pues, era ya la mañana del día 20, una noche antes, justo antes de abandonar la biblioteca para tomar la cena, Draco le dijo a Hermione que se vieran ahí mismo por la mañana, justo antes de irse a casa. La chica lo hizo, estaba un poco nerviosa, nunca se había despedido así de un amigo; aunque Harry y Ron, ahora eran sus mejores amigos tampoco encontraba como decirles que Malfoy y ella compartían más que horas de estudio en sus vistas a la biblioteca, no encontraba momento de hacerlo, pues cada que ellos mencionaban el apellido ´´Malfoy´´, no decían nada bueno.

Hermione entró a la biblioteca, que esa mañana helada se encontraba desierta, no le sorprendió que Draco aún no hubiera llegado, pero no tenía mucho tiempo, a las once en punto tendrían que tomar el tren de regreso a casa y ella tenía que despedirse antes de Harry y Ron. Comenzaba a desesperarse, sólo entró de lleno y caminó hasta la ventana, ahí observó a los alumnos que se encontraban metros abajo, abrigados a causa del frío que hacía, también vislumbró los copos de nieve que comenzaban a caer, disfrutaba del armonioso paisaje que tenía ante sus ojos, cuando el sonido de la puerta al abrirse la hizo regresar, giró velozmente y ahí lo vio, por primera vez Draco Malfoy lucia atractivo para ella, su respiración inexplicablemente comenzaba a acelerarse, sólo pudo decirle.

—Ya veo que no acostumbras llegar temprano.

—Prefiero hacer una entrada triunfal—agregó él sonriendo, provocando que Hermione se ruborizara al mirarlo.

—Ya, dime lo que tenías que decirme—le dijo ella impaciente por lo que le ocurría, pero Draco no le dijo nada, sólo se acercó a ella y la abrazó fuertemente, la tuvo en sus brazos y no la soltó, ambos sintieron la respiración y los latidos del otro, él cerraba los ojos, mientras se recostaba en cuello, pero ella parecía tensa, aún así no se atrevía a separarse de él.

—Feliz Navidad Hermione—le dijo Draco después de unos cuantos minutos, cuando se separó lentamente de ella.

—¿Eso… es todo?—le dijo ella muy nerviosa.

—No—le dijo sonriendo.

Tras eso metió la mano en su bolso, y sacó de él un paquete envuelto.

—Quería darte un gato, pero también algo que fuera especial, sé que esto no lo has leído antes—le dijo al momento que le daba el paquete; ella lo abrió y ahí encontró un libro de cuentos infantiles viejo, cuyo autor apenas y alcanzaba a verse <>—mamá solía leérmelo cuando era niño, y ahora quiero que lo conserves Hermione—añadió Draco sonriéndole.

—Draco, yo no tengo nada para ti—le dijo ella avergonzada de sus palabras.

—Descuida, no te lo doy para que tú hagas lo mismo.

Ya eran las once y los alumnos que regresarían a casa ya abordaban el tren, Crabbe y Goyle subieron al último vagón, esperando que Draco también lo hiciera. Cuando él subió a un tren semivacío miraba compartimiento por compartimiento, buscando en ellos a Hermione; hasta que por fin la encontró, estaba a un lado de una chica de tercero, ella leía el libro que Draco le había regalado, cuando alzó la vista y lo vio, entonces salió del compartimiento, el tres hizo un compartimiento brusco y ambos quedaron de frente, con la nariz pegada al otro, entonces Draco lo comprendió, tomó a Hermione de la mano y la llevó a un vagón vació. Ahí pasaron todo el camino, conversando nuevamente, ahora no de trabajo sino de ellos, pasando momentos muy amenos el uno al lado del otro.

Era 26 de diciembre y Draco Malfoy no paraba de hablar con su madre, Narcisa no paraba de escuchar las aventuras de su pequeñuelo acompañado de Crabbe y Goyle, sin embargo Lucios, su padre, pocas  veces le tomaba interés a las palabras de su hijo, pero esa mañana  el oído agudo del señor Malfoy cambió la vida de su hijo.

—… Y entonces Hermione…

—¿Hermione?—le preguntó Lucios a su hijo—¿Hablas de Granger?—añadió con esa mirada tan suya capaz de atemorizar a cualquiera, incluso a su esposa que no pudo cubrir a su hijo, el sirviente encogiendo los hombros y con la cabeza en el suelo abandonó la habitación a grandes pasos, pues tenía prohibido desaparecerse en frente de sus amos.

—¿Tiene algo malo padre?

—¿Algo malo dices?—le dijo irónicamente—Jajajajaja, es una sangre sucia—le dijo con un tono despectivo, mientras arrugaba la nariz como si tuviera algo maloliente debajo de ella.

—¡¿Qué?!—se sorprendió Draco de inmediato.

—Ya conoces el término Draco. Esos impuros, hijos de muggles que no merecen estar en éste mundo.

—Pero ella…

—No te relacionarás con ella Draco. Tú un sangre pura, no puede ser amigo de un sangre sucia, eso sólo te convertirá en un traidor de la sangre, que es  peor que ser uno de ellos; yo no permitiré que mi hijo se convierta en poco menos que basura a causa de un sangre sucia.

—Pero ella y yo sólo…

—¡NO ME INTERESA DRACO!

—Padre, Granger sólo estudia…

—¿Estudia contigo?—le dijo Lucios mirándolo de nuevo fríamente.

—No padre, ella sólo estudia en mi escuela—le dijo Draco avergonzado de sus palabras, morando el suelo mientras le contestaba a su padre.

—Hogwarts ya no es lo mismo, ahora acepta a cualquiera. Me parece bien Draco que ya hayas detectado a la escoria del plantel y te alejes de ella; porque si me decías que estudiabas con ella, en este mismo instante te trasladaba a Durmstrang.

En ese momento Draco abandonó la sala y se dirigió a su habitación, cerrando la puerta fuertemente tras él, tirándose en su cama y llorando de furia, ahora lo comprendía, eso no sólo se trataba de Slytherin y Gryffindor, sino del resto del mundo que iba a impedir su amistad, no podría contra eso, no podría continuar con ella, pero tampoco lo haría sin ella.

Espero y les haya gustado éste capitulo; ahora inicia lo difícil para Draco, dejen sus comentarios.