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Bad Medicine — capítulo 12

BAD MEDICINE

ENLACE AL FIC ORIGINAL: s/3430175/1/Bad-Medicine

**AUTOR:**Cheryl Dyson.

TRADUCCIÓN: Lore

BETA: Bellatrix_2009

**DISCLAIMER:**Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Cheryl Dyson, sólo la traducción es de nuestro grupo.

RESUMEN: Draco Malfoy, dechado de maldad, sigue a Hermione Granger un día a una sección no utilizada de Hogwarts y descubre su secreto indecible... Oh sí, y la escena del cementerio general no fue así. Cedric Diggory está vivo. Porque yo lo digo.

CAPITULO 12

Draco nunca estuvo más enojado en su vida. Caminó por el corredor y se detuvo, mirando la larga fila de ventanas aunque nunca antes las hubiese visto.

¿Qué demonios le había pasado? En serio se sintió… ¡Herido! Es más, se sintió peor que herido. Se sintió como si Crabbe lo hubiese pateado en el estómago. Muchas veces. De repente se le hizo evidente que fue estúpido permitirse el acercarse a Granger. De hecho se había empezado a preocuparse por la pequeña asquerosa sangre sucia.

Empezó a reír quedamente, sin humor. En cierto modo. Estaba en deuda con la pequeña zorra por alertarlo. Debería agradecerle hacerlo volver a sus sentidos. Para hacer eco de sus palabras, Dios, ¿en qué estaba pensando?

Se felicitó por volver a la normalidad, y esbozó esa odiosa sonrisa burlona que sabía ella despreciaba. Sí, Draco Malfoy estaba de vuelta.

Extendió la varita, súbitamente sobrecogido por la necesidad de destrozar todas las ventanas del corredor. Necesitaba sentir el aire frío en su rostro.

Sujetó la varita, pero de repente eso no era suficiente. Necesitaba herir a alguien del modo en que lo habían herido. Necesitaba lastimarla. Respiró profundo varias veces, respiro enojado, peleando con la urgencia de regresar, medio asustado de lo que podría llegar a hacer.

Tomó cuatro determinados pasos para alejarse de la puerta que repentinamente lo amenazaba como la entrada a su propio infierno personal.

*"Solo vete, Draco"*Le había dicho ella.

No Malfoy, sino Draco.

— ¡Mierda! — Gruñó dándose la vuelta.

El rubio entró a la habitación, esperando encontrar a Hermione arreglándolo todo, tal vez tarareando una alegre canción y palmeándose la espalda. En vez de eso, estaba encogida sobre si en el piso sollozando histéricamente.

Draco se congeló.

Después de un momento, ella o lo escuchó o sintió su presencia.

— Pensé que te habías marchado — comentó en un murmullo grueso mientras se secaba las lágrimas con su camisa.

— Regresé por algo — murmuró el chico. Su candente ira había disminuido ante la inesperada vista de ella llorando. Draco intentó procesar el suceso. No solo lloraba, sino que sollozaba como si alguien hubiese roto su juguete favorito. Ella le había gruñido con pura calculación clínica, sin emociones, como una roca. ¿Entonces por qué...? Empezó a jugar con la varita con sus dedos.

Solo vete, Draco. Le había dicho. Y aún así, nunca antes lo había llamado por su nombre.

La chica aspiró ruidosamente, obviamente intentando traer de vuelta el auto control.

— Agarra lo que se te haya quedado y siéntete libre de irte — Dijo altivamente luego de aclarar su garganta, pero las palabras aun eran casi audibles.

— Volví para darte un pedazo de mi mente. Pero ahora estoy intentando determinar por qué estás tan molesta — le contestó como si leyera en voz alta el interesante artículo de una revista. — Estabas totalmente calmada mientras me decías tus razones para no querer volver a ver nunca mi cara. Ni una sola lágrima mientras enlistabas tus muchas razones del por qué merezco tu odio para siempre. Cada maldita palabra fue calculada para herirme como pequeñas flechas envenenadas. Tuviste buen éxito en eso, como ya lo sabes. Fue lo de crédulo lo que me atrapó. Todo lo demás era bastante cierto. Pero dar a entender que era iluso… Muy astuta. Y Mencionar que has estado fingiendo todo este tiempo. Realmente una excelente actuación. Bastante acorde al plan debería decir. Entonces, me pregunto, ¿por qué estás llorando?

Draco volteó y la miró a través de sus entrecerrados ojos. La chica se levantó. Y envolvió sus brazos a su alrededor como resguardándose del frío. Él, echó a andar deteniéndose frente a ella. Hermione se negó a verlo. Sus ojos estaban firmemente cerrados, sobre sus mejillas empapadas de lágrimas.

— Mírame, Granger — Rugió el rubio. La chica abrió sus ojos y lo observó miserablemente. Él asintió satisfecho. —Justo lo que pensé. Sé por qué lloras.

Hermione movió su cabeza negando mientras comenzaba a alejarse. Él la siguió como bestia acosadora. La furia que sintió en el corredor había cambiado a rabia. Su voz era un ronco murmullo.

— Oh sí. Lo sé. Estás molesta porque mentiste, ¿cierto? Dime que esa no es la razón. La pequeña señorita modelo de los valores Gryffindor, mintió de dientes para afuera y ahora la culpa la está matando, ¿verdad,Mi? ¿No piensas que soy una escoria Slytherin del todo, eh? Estoy seguro que piensas que soy mimado, prejuicioso y egoísta, pero empiezo a apostar que te gusto así.

Granger continuó negando y ojeó la puerta por la cual le encantaría escapar, pero había retrocedido directo hacia una pared, y Draco persistentemente avanzó hacia ella hasta presionarla contra el muro. Su rostro a escasos centímetros del de ella. Hermione tembló como gato aterrorizado, y su pecho se elevó por el pánico.

— Tampoco me odias, ¿verdad Mi? — le preguntó el chico con suavidad. Los ojos de la chica se veían enormes ante la tenue luz. — ¿Verdad?

— No te odio, Draco. — Admitió la castaña en un susurro, con sus lágrimas recorriendo la cara. La victoria inundaba sus sentidos y él la estrelló contra la pared rudamente, atrapándola en el lugar con sus caderas. Sus manos suavemente enmarcaron el rostro de Hermione. Inclinándose la besó.

La Gryffindor, pudo haber colapsado si el cuerpo del Slytherin no la mantuviera en su lugar. Sus ya de por sí sobrecargados sentidos no podían lidiar con el asalto. Sus piernas se sentían inefectivas. Ni siquiera intentó pensar; en lugar de eso enroscó los brazos alrededor del cuello masculino, en un inútil intento de no ahogarse. Ya estaba demasiado lejos de eso. Los besos del chico eran electrizantes, Maltratando sus labios hasta probarla con un cercano instinto salvaje. Ella gimoteó, pero se mantuvo firme sabiendo que podría empujarla. Se merecía cualquier penitencia que quisiera infringirle, después de lo que ella le había hecho. Se aferró a él presionando las manos en su rubio cabello, maravillándose de su increíble suavidad.

Sus besos pasaron de castigo a ternura. Mordisqueó los labios femeninos y los aliviaba con su lengua. La muchacha sentía su sangre en llamas. La boca del chico abandonó la de ella y se deslizó hacia el cuello, dejando un rastro de calor que encendió un infierno en sus entrañas. Necesitaba detenerlo. Las manos de Draco se deslizaban por su cuerpo... bajo su blusa... caliente, tan caliente sobre su piel. Su boca bajaba pasando por la clavícula femenina. La chica se preguntó vagamente donde había parado su corbata... y los botones de su blusa... Dios. Débilmente trataba de hablar. Pero nada salía de sus labios más que un gemido de deseo.

Draco se apartó repentinamente, y ella casi se tambalea por la pérdida del soporte. Cayó contra la pared cuando el chico desenredó las manos de ella de su cabello, y dio varios pasos hacia atrás. Malfoy jadeó y tragó con fuerza, mientras la leona luchaba por permanecer en pie. Sin la pared para estabilizarla, habría colapsado. El aire se sentía frío como hielo donde el cuerpo de él recientemente estaba presionado.

Draco expulsó un aliento cansado.

—Bueno, creo que firmemente hemos establecido que tú, de hecho no me odias — Expresó suavemente. Ella empezó a reír, aunque el sonido bordeara la histeria.

— No, definitivamente mentí sobre eso — Respondió en un murmullo la chica.

— ¿Por qué?

Ella le clavó la mirada.

— ¿Después de lo que acaba de pasar? ¿Cómo me preguntas eso? ¡Estoy aterrorizada de ti!

Él la miró plenamente perplejo. De alguna manera la chica encontró fuerzas para alejarse de la pared. Tembló incontrolablemente y sus dientes comenzaron a castañetear, pero mientras él se mantuviera en una distancia prudente...

—Me aterroriza que todos puedan ver cómo me siento cuando te veo. No puedo dejar de pensar en ti. No puedo mantener mis ojos lejos de ti… ¡Seguramente te has fijado! Te miro constantemente. No puedo pensar en nada que no te incluya. No puedo comer… Le he cogido a mi falda tres veces. No puedo dormir sin soñar contigo. Me siento como un inferi la mitad del tiempo.

Draco dio un paso hacia ella, y ella retrocedió hacia la pared, y con firmeza levantó una mano para bloquearlo. Se detuvo. Ella con furia pestañeó por las lágrimas que llenaban de nuevo sus ojos.

—Tú te quedas ahí. No seré responsable de mis acciones si me tocas de nuevo. — Sonaba como amenaza pero era una súplica. Si él la tocaba de nuevo, se le entregaría sin la más mínima pelea. Lo sabía, y ni toda la racionalización del mundo cambiaría ese hecho. — ¿No lo ves? No podemos estar juntos. No funcionará. No importa cuánto quiera que sea de otra forma.

— Lo hemos estado haciendo bien — Le respondió impasible.

— Sabes que no durará, Draco. Tarde o temprano seremos encontrados. Y entonces, ¿qué haremos? Tienes que enfrentar la realidad.

El chico pasó una mano por su ya de por sí desordenado cabello. Ella cerró los ojos, recordando la fina suavidad de éste. Cuando abrió de nuevo los ojos, él había caminado hacia ella. El latido en su garganta saltó salvajemente. La chica jadeó cuando él alzó una mano para tocarle el rostro.

— Prométeme que nos encontraremos de nuevo — Le pidió Draco. Ella negó con su cabeza.

— No puedo.

— Si no lo prometes, te besaré hasta que lo hagas. — le advirtió el rubio. Ella cerró sus ojos, sabiendo que podría tomar medio milisegundo.

— Lo prometo. — respondió rechinando los dientes.

— Bueno, pequeña Gryffindor. — Se mofó en tono superior. Hermione sintió sus labios siendo tocados por los de él de nuevo, mordisqueando su labio inferior por un momento. Instantáneamente se vio atontada.

Y entonces, él se había ido.

Draco nunca estuvo más enojado en su vida. Caminó por el corredor y se detuvo, mirando la larga fila de ventanas aunque nunca antes las hubiese visto.

¿Qué demonios le había pasado? En serio se sintió… ¡Herido! Es más, se sintió peor que herido. Se sintió como si Crabbe lo hubiese pateado en el estómago. Muchas veces. De repente se le hizo evidente que fue estúpido permitirse el acercarse a Granger. De hecho se había empezado a preocuparse por la pequeña asquerosa sangre sucia.

Empezó a reír quedamente, sin humor. En cierto modo. Estaba en deuda con la pequeña zorra por alertarlo. Debería agradecerle hacerlo volver a sus sentidos. Para hacer eco de sus palabras, Dios, ¿en qué estaba pensando?

Se felicitó por volver a la normalidad, y esbozó esa odiosa sonrisa burlona que sabía ella despreciaba. Sí, Draco Malfoy estaba de vuelta.

Extendió la varita, súbitamente sobrecogido por la necesidad de destrozar todas las ventanas del corredor. Necesitaba sentir el aire frío en su rostro.

Sujetó la varita, pero de repente eso no era suficiente. Necesitaba herir a alguien del modo en que lo habían herido. Necesitaba lastimarla. Respiró profundo varias veces, respiro enojado, peleando con la urgencia de regresar, medio asustado de lo que podría llegar a hacer.

Tomó cuatro determinados pasos para alejarse de la puerta que repentinamente lo amenazaba como la entrada a su propio infierno personal.

*"Solo vete, Draco"*Le había dicho ella.

No Malfoy, sino Draco.

— ¡Mierda! — Gruñó dándose la vuelta.

El rubio entró a la habitación, esperando encontrar a Hermione arreglándolo todo, tal vez tarareando una alegre canción y palmeándose la espalda. En vez de eso, estaba encogida sobre si en el piso sollozando histéricamente.

Draco se congeló.

Después de un momento, ella o lo escuchó o sintió su presencia.

— Pensé que te habías marchado — comentó en un murmullo grueso mientras se secaba las lágrimas con su camisa.

— Regresé por algo — murmuró el chico. Su candente ira había disminuido ante la inesperada vista de ella llorando. Draco intentó procesar el suceso. No solo lloraba, sino que sollozaba como si alguien hubiese roto su juguete favorito. Ella le había gruñido con pura calculación clínica, sin emociones, como una roca. ¿Entonces por qué...? Empezó a jugar con la varita con sus dedos.

Solo vete, Draco. Le había dicho. Y aún así, nunca antes lo había llamado por su nombre.

La chica aspiró ruidosamente, obviamente intentando traer de vuelta el auto control.

— Agarra lo que se te haya quedado y siéntete libre de irte — Dijo altivamente luego de aclarar su garganta, pero las palabras aun eran casi audibles.

— Volví para darte un pedazo de mi mente. Pero ahora estoy intentando determinar por qué estás tan molesta — le contestó como si leyera en voz alta el interesante artículo de una revista. — Estabas totalmente calmada mientras me decías tus razones para no querer volver a ver nunca mi cara. Ni una sola lágrima mientras enlistabas tus muchas razones del por qué merezco tu odio para siempre. Cada maldita palabra fue calculada para herirme como pequeñas flechas envenenadas. Tuviste buen éxito en eso, como ya lo sabes. Fue lo de crédulo lo que me atrapó. Todo lo demás era bastante cierto. Pero dar a entender que era iluso… Muy astuta. Y Mencionar que has estado fingiendo todo este tiempo. Realmente una excelente actuación. Bastante acorde al plan debería decir. Entonces, me pregunto, ¿por qué estás llorando?

Draco volteó y la miró a través de sus entrecerrados ojos. La chica se levantó. Y envolvió sus brazos a su alrededor como resguardándose del frío. Él, echó a andar deteniéndose frente a ella. Hermione se negó a verlo. Sus ojos estaban firmemente cerrados, sobre sus mejillas empapadas de lágrimas.

— Mírame, Granger — Rugió el rubio. La chica abrió sus ojos y lo observó miserablemente. Él asintió satisfecho. —Justo lo que pensé. Sé por qué lloras.

Hermione movió su cabeza negando mientras comenzaba a alejarse. Él la siguió como bestia acosadora. La furia que sintió en el corredor había cambiado a rabia. Su voz era un ronco murmullo.

— Oh sí. Lo sé. Estás molesta porque mentiste, ¿cierto? Dime que esa no es la razón. La pequeña señorita modelo de los valores Gryffindor, mintió de dientes para afuera y ahora la culpa la está matando, ¿verdad,Mi? ¿No piensas que soy una escoria Slytherin del todo, eh? Estoy seguro que piensas que soy mimado, prejuicioso y egoísta, pero empiezo a apostar que te gusto así.

Granger continuó negando y ojeó la puerta por la cual le encantaría escapar, pero había retrocedido directo hacia una pared, y Draco persistentemente avanzó hacia ella hasta presionarla contra el muro. Su rostro a escasos centímetros del de ella. Hermione tembló como gato aterrorizado, y su pecho se elevó por el pánico.

— Tampoco me odias, ¿verdad Mi? — le preguntó el chico con suavidad. Los ojos de la chica se veían enormes ante la tenue luz. — ¿Verdad?

— No te odio, Draco. — Admitió la castaña en un susurro, con sus lágrimas recorriendo la cara. La victoria inundaba sus sentidos y él la estrelló contra la pared rudamente, atrapándola en el lugar con sus caderas. Sus manos suavemente enmarcaron el rostro de Hermione. Inclinándose la besó.

La Gryffindor, pudo haber colapsado si el cuerpo del Slytherin no la mantuviera en su lugar. Sus ya de por sí sobrecargados sentidos no podían lidiar con el asalto. Sus piernas se sentían inefectivas. Ni siquiera intentó pensar; en lugar de eso enroscó los brazos alrededor del cuello masculino, en un inútil intento de no ahogarse. Ya estaba demasiado lejos de eso. Los besos del chico eran electrizantes, Maltratando sus labios hasta probarla con un cercano instinto salvaje. Ella gimoteó, pero se mantuvo firme sabiendo que podría empujarla. Se merecía cualquier penitencia que quisiera infringirle, después de lo que ella le había hecho. Se aferró a él presionando las manos en su rubio cabello, maravillándose de su increíble suavidad.

Sus besos pasaron de castigo a ternura. Mordisqueó los labios femeninos y los aliviaba con su lengua. La muchacha sentía su sangre en llamas. La boca del chico abandonó la de ella y se deslizó hacia el cuello, dejando un rastro de calor que encendió un infierno en sus entrañas. Necesitaba detenerlo. Las manos de Draco se deslizaban por su cuerpo... bajo su blusa... caliente, tan caliente sobre su piel. Su boca bajaba pasando por la clavícula femenina. La chica se preguntó vagamente donde había parado su corbata... y los botones de su blusa... Dios. Débilmente trataba de hablar. Pero nada salía de sus labios más que un gemido de deseo.

Draco se apartó repentinamente, y ella casi se tambalea por la pérdida del soporte. Cayó contra la pared cuando el chico desenredó las manos de ella de su cabello, y dio varios pasos hacia atrás. Malfoy jadeó y tragó con fuerza, mientras la leona luchaba por permanecer en pie. Sin la pared para estabilizarla, habría colapsado. El aire se sentía frío como hielo donde el cuerpo de él recientemente estaba presionado.

Draco expulsó un aliento cansado.

—Bueno, creo que firmemente hemos establecido que tú, de hecho no me odias — Expresó suavemente. Ella empezó a reír, aunque el sonido bordeara la histeria.

— No, definitivamente mentí sobre eso — Respondió en un murmullo la chica.

— ¿Por qué?

Ella le clavó la mirada.

— ¿Después de lo que acaba de pasar? ¿Cómo me preguntas eso? ¡Estoy aterrorizada de ti!

Él la miró plenamente perplejo. De alguna manera la chica encontró fuerzas para alejarse de la pared. Tembló incontrolablemente y sus dientes comenzaron a castañetear, pero mientras él se mantuviera en una distancia prudente...

—Me aterroriza que todos puedan ver cómo me siento cuando te veo. No puedo dejar de pensar en ti. No puedo mantener mis ojos lejos de ti… ¡Seguramente te has fijado! Te miro constantemente. No puedo pensar en nada que no te incluya. No puedo comer… Le he cogido a mi falda tres veces. No puedo dormir sin soñar contigo. Me siento como un inferi la mitad del tiempo.

Draco dio un paso hacia ella, y ella retrocedió hacia la pared, y con firmeza levantó una mano para bloquearlo. Se detuvo. Ella con furia pestañeó por las lágrimas que llenaban de nuevo sus ojos.

—Tú te quedas ahí. No seré responsable de mis acciones si me tocas de nuevo. — Sonaba como amenaza pero era una súplica. Si él la tocaba de nuevo, se le entregaría sin la más mínima pelea. Lo sabía, y ni toda la racionalización del mundo cambiaría ese hecho. — ¿No lo ves? No podemos estar juntos. No funcionará. No importa cuánto quiera que sea de otra forma.

— Lo hemos estado haciendo bien — Le respondió impasible.

— Sabes que no durará, Draco. Tarde o temprano seremos encontrados. Y entonces, ¿qué haremos? Tienes que enfrentar la realidad.

El chico pasó una mano por su ya de por sí desordenado cabello. Ella cerró los ojos, recordando la fina suavidad de éste. Cuando abrió de nuevo los ojos, él había caminado hacia ella. El latido en su garganta saltó salvajemente. La chica jadeó cuando él alzó una mano para tocarle el rostro.

— Prométeme que nos encontraremos de nuevo — Le pidió Draco. Ella negó con su cabeza.

— No puedo.

— Si no lo prometes, te besaré hasta que lo hagas. — le advirtió el rubio. Ella cerró sus ojos, sabiendo que podría tomar medio milisegundo.

— Lo prometo. — respondió rechinando los dientes.

— Bueno, pequeña Gryffindor. — Se mofó en tono superior. Hermione sintió sus labios siendo tocados por los de él de nuevo, mordisqueando su labio inferior por un momento. Instantáneamente se vio atontada.

Y entonces, él se había ido.

Draco nunca estuvo más enojado en su vida. Caminó por el corredor y se detuvo, mirando la larga fila de ventanas aunque nunca antes las hubiese visto.

¿Qué demonios le había pasado? En serio se sintió… ¡Herido! Es más, se sintió peor que herido. Se sintió como si Crabbe lo hubiese pateado en el estómago. Muchas veces. De repente se le hizo evidente que fue estúpido permitirse el acercarse a Granger. De hecho se había empezado a preocuparse por la pequeña asquerosa sangre sucia.

Empezó a reír quedamente, sin humor. En cierto modo. Estaba en deuda con la pequeña zorra por alertarlo. Debería agradecerle hacerlo volver a sus sentidos. Para hacer eco de sus palabras, Dios, ¿en qué estaba pensando?

Se felicitó por volver a la normalidad, y esbozó esa odiosa sonrisa burlona que sabía ella despreciaba. Sí, Draco Malfoy estaba de vuelta.

Extendió la varita, súbitamente sobrecogido por la necesidad de destrozar todas las ventanas del corredor. Necesitaba sentir el aire frío en su rostro.

Sujetó la varita, pero de repente eso no era suficiente. Necesitaba herir a alguien del modo en que lo habían herido. Necesitaba lastimarla. Respiró profundo varias veces, respiro enojado, peleando con la urgencia de regresar, medio asustado de lo que podría llegar a hacer.

Tomó cuatro determinados pasos para alejarse de la puerta que repentinamente lo amenazaba como la entrada a su propio infierno personal.

*"Solo vete, Draco"*Le había dicho ella.

No Malfoy, sino Draco.

— ¡Mierda! — Gruñó dándose la vuelta.

El rubio entró a la habitación, esperando encontrar a Hermione arreglándolo todo, tal vez tarareando una alegre canción y palmeándose la espalda. En vez de eso, estaba encogida sobre si en el piso sollozando histéricamente.

Draco se congeló.

Después de un momento, ella o lo escuchó o sintió su presencia.

— Pensé que te habías marchado — comentó en un murmullo grueso mientras se secaba las lágrimas con su camisa.

— Regresé por algo — murmuró el chico. Su candente ira había disminuido ante la inesperada vista de ella llorando. Draco intentó procesar el suceso. No solo lloraba, sino que sollozaba como si alguien hubiese roto su juguete favorito. Ella le había gruñido con pura calculación clínica, sin emociones, como una roca. ¿Entonces por qué...? Empezó a jugar con la varita con sus dedos.

Solo vete, Draco. Le había dicho. Y aún así, nunca antes lo había llamado por su nombre.

La chica aspiró ruidosamente, obviamente intentando traer de vuelta el auto control.

— Agarra lo que se te haya quedado y siéntete libre de irte — Dijo altivamente luego de aclarar su garganta, pero las palabras aun eran casi audibles.

— Volví para darte un pedazo de mi mente. Pero ahora estoy intentando determinar por qué estás tan molesta — le contestó como si leyera en voz alta el interesante artículo de una revista. — Estabas totalmente calmada mientras me decías tus razones para no querer volver a ver nunca mi cara. Ni una sola lágrima mientras enlistabas tus muchas razones del por qué merezco tu odio para siempre. Cada maldita palabra fue calculada para herirme como pequeñas flechas envenenadas. Tuviste buen éxito en eso, como ya lo sabes. Fue lo de crédulo lo que me atrapó. Todo lo demás era bastante cierto. Pero dar a entender que era iluso… Muy astuta. Y Mencionar que has estado fingiendo todo este tiempo. Realmente una excelente actuación. Bastante acorde al plan debería decir. Entonces, me pregunto, ¿por qué estás llorando?

Draco volteó y la miró a través de sus entrecerrados ojos. La chica se levantó. Y envolvió sus brazos a su alrededor como resguardándose del frío. Él, echó a andar deteniéndose frente a ella. Hermione se negó a verlo. Sus ojos estaban firmemente cerrados, sobre sus mejillas empapadas de lágrimas.

— Mírame, Granger — Rugió el rubio. La chica abrió sus ojos y lo observó miserablemente. Él asintió satisfecho. —Justo lo que pensé. Sé por qué lloras.

Hermione movió su cabeza negando mientras comenzaba a alejarse. Él la siguió como bestia acosadora. La furia que sintió en el corredor había cambiado a rabia. Su voz era un ronco murmullo.

— Oh sí. Lo sé. Estás molesta porque mentiste, ¿cierto? Dime que esa no es la razón. La pequeña señorita modelo de los valores Gryffindor, mintió de dientes para afuera y ahora la culpa la está matando, ¿verdad,Mi? ¿No piensas que soy una escoria Slytherin del todo, eh? Estoy seguro que piensas que soy mimado, prejuicioso y egoísta, pero empiezo a apostar que te gusto así.

Granger continuó negando y ojeó la puerta por la cual le encantaría escapar, pero había retrocedido directo hacia una pared, y Draco persistentemente avanzó hacia ella hasta presionarla contra el muro. Su rostro a escasos centímetros del de ella. Hermione tembló como gato aterrorizado, y su pecho se elevó por el pánico.

— Tampoco me odias, ¿verdad Mi? — le preguntó el chico con suavidad. Los ojos de la chica se veían enormes ante la tenue luz. — ¿Verdad?

— No te odio, Draco. — Admitió la castaña en un susurro, con sus lágrimas recorriendo la cara. La victoria inundaba sus sentidos y él la estrelló contra la pared rudamente, atrapándola en el lugar con sus caderas. Sus manos suavemente enmarcaron el rostro de Hermione. Inclinándose la besó.

La Gryffindor, pudo haber colapsado si el cuerpo del Slytherin no la mantuviera en su lugar. Sus ya de por sí sobrecargados sentidos no podían lidiar con el asalto. Sus piernas se sentían inefectivas. Ni siquiera intentó pensar; en lugar de eso enroscó los brazos alrededor del cuello masculino, en un inútil intento de no ahogarse. Ya estaba demasiado lejos de eso. Los besos del chico eran electrizantes, Maltratando sus labios hasta probarla con un cercano instinto salvaje. Ella gimoteó, pero se mantuvo firme sabiendo que podría empujarla. Se merecía cualquier penitencia que quisiera infringirle, después de lo que ella le había hecho. Se aferró a él presionando las manos en su rubio cabello, maravillándose de su increíble suavidad.

Sus besos pasaron de castigo a ternura. Mordisqueó los labios femeninos y los aliviaba con su lengua. La muchacha sentía su sangre en llamas. La boca del chico abandonó la de ella y se deslizó hacia el cuello, dejando un rastro de calor que encendió un infierno en sus entrañas. Necesitaba detenerlo. Las manos de Draco se deslizaban por su cuerpo... bajo su blusa... caliente, tan caliente sobre su piel. Su boca bajaba pasando por la clavícula femenina. La chica se preguntó vagamente donde había parado su corbata... y los botones de su blusa... Dios. Débilmente trataba de hablar. Pero nada salía de sus labios más que un gemido de deseo.

Draco se apartó repentinamente, y ella casi se tambalea por la pérdida del soporte. Cayó contra la pared cuando el chico desenredó las manos de ella de su cabello, y dio varios pasos hacia atrás. Malfoy jadeó y tragó con fuerza, mientras la leona luchaba por permanecer en pie. Sin la pared para estabilizarla, habría colapsado. El aire se sentía frío como hielo donde el cuerpo de él recientemente estaba presionado.

Draco expulsó un aliento cansado.

—Bueno, creo que firmemente hemos establecido que tú, de hecho no me odias — Expresó suavemente. Ella empezó a reír, aunque el sonido bordeara la histeria.

— No, definitivamente mentí sobre eso — Respondió en un murmullo la chica.

— ¿Por qué?

Ella le clavó la mirada.

— ¿Después de lo que acaba de pasar? ¿Cómo me preguntas eso? ¡Estoy aterrorizada de ti!

Él la miró plenamente perplejo. De alguna manera la chica encontró fuerzas para alejarse de la pared. Tembló incontrolablemente y sus dientes comenzaron a castañetear, pero mientras él se mantuviera en una distancia prudente...

—Me aterroriza que todos puedan ver cómo me siento cuando te veo. No puedo dejar de pensar en ti. No puedo mantener mis ojos lejos de ti… ¡Seguramente te has fijado! Te miro constantemente. No puedo pensar en nada que no te incluya. No puedo comer… Le he cogido a mi falda tres veces. No puedo dormir sin soñar contigo. Me siento como un inferi la mitad del tiempo.

Draco dio un paso hacia ella, y ella retrocedió hacia la pared, y con firmeza levantó una mano para bloquearlo. Se detuvo. Ella con furia pestañeó por las lágrimas que llenaban de nuevo sus ojos.

—Tú te quedas ahí. No seré responsable de mis acciones si me tocas de nuevo. — Sonaba como amenaza pero era una súplica. Si él la tocaba de nuevo, se le entregaría sin la más mínima pelea. Lo sabía, y ni toda la racionalización del mundo cambiaría ese hecho. — ¿No lo ves? No podemos estar juntos. No funcionará. No importa cuánto quiera que sea de otra forma.

— Lo hemos estado haciendo bien — Le respondió impasible.

— Sabes que no durará, Draco. Tarde o temprano seremos encontrados. Y entonces, ¿qué haremos? Tienes que enfrentar la realidad.

El chico pasó una mano por su ya de por sí desordenado cabello. Ella cerró los ojos, recordando la fina suavidad de éste. Cuando abrió de nuevo los ojos, él había caminado hacia ella. El latido en su garganta saltó salvajemente. La chica jadeó cuando él alzó una mano para tocarle el rostro.

— Prométeme que nos encontraremos de nuevo — Le pidió Draco. Ella negó con su cabeza.

— No puedo.

— Si no lo prometes, te besaré hasta que lo hagas. — le advirtió el rubio. Ella cerró sus ojos, sabiendo que podría tomar medio milisegundo.

— Lo prometo. — respondió rechinando los dientes.

— Bueno, pequeña Gryffindor. — Se mofó en tono superior. Hermione sintió sus labios siendo tocados por los de él de nuevo, mordisqueando su labio inferior por un momento. Instantáneamente se vio atontada.

Y entonces, él se había ido.

Quedan todos invitados para "La Gala del Dragón". Celebraremos el cumpleaños de nuestro rubio favorito desde el Cinco hasta el trece de junio, con nuevas historias, imágenes y actualizaciones. El Foro del Dragón les invita a participar desde ya, ya sea leyendo, compartiendo historias o subiendo imágenes de este hermoso dragoncito que nos ha robado el corazón.